solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

martes, 29 de septiembre de 2015

[141] No me expliquen el amor



“Qué me van a hablar de amor” (1946), de Homero Expósito y Héctor Stamponi, por Roberto Goyeneche y por Julio Sosa


Ya en la segunda mitad de esta larga serie titulada “Tango/Drama”, vuelvo al tango (de los cuatro lectores de este blog, tres me protestaron por haber incluido a Taylor Swift la semana pasada: gente ingrata) con “Qué me van a hablar de amor”, de Expósito (Homero) y Stamponi (Héctor), un tango de mediados de los cuarenta que me permitirá incluir y contraponer a dos grandes cantores: Goyeneche y Julio Sosa.

La música de Stamponi está muy bien: el contrapunto funciona a tiempo completo, y los violines y bandoneones se acomodan, como carreteando, a los recovecos de la historia; pero la letra de Homero (Expósito) “se come” el tango, porque presenta, en pocos rasgos, el prontuario entero de un personaje que, aunque quiere mostrarse recio y “más allá del bien y del mal”, termina generando algo así como un sucedáneo de la simpatía, y una cierta especie de penita.



Toda la letra es como la reacción del protagonista ante las “enseñanzas” de algún/os gil/es que se agranda/n y pretende/n darle lecciones (a él, justo a él) sobre el amor. Y entonces él, que hasta entonces se había mantenido tranquilo con su ginebra espantosa en el bar de mala muerte, se saca el cinto mental y comienza su protesta: “A mí no me vengan a contar cómo se cuecen las habas, porque mientras ustedes van, yo fuivinefuivinefuivine”. Así sería la letra si la hubiera escrito yo: por suerte la escribió Homero (Expósito), un grande de verdad, que ya apareció un par de veces en el blog (cuando hablé de “Fangal”  (entrada 80) y luego, en el último posteo de la segunda temporada (entrada 100), sobre el bolero “Vete de mí”.

De entrada en la canción, el protagonista del tango se presenta como alguien que se ganó lo que tiene (su experiencia) a fuerza de golpes y esfuerzos:

Yo he vivido dando tumbos
rodando por el mundo
y haciéndome el destino...
Y en los charcos del camino,
la experiencia me ha ayudado
por baquiano y porque ya
comprendo que en la vida
se cuidan los zapatos
andando de rodillas.

Él ya sabe cómo son las cosas, y entonces larga la conclusión del argumento:

Por eso
me están sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.

No dice “Me las sé todas”, sino “también tengo cosas que aprender… pero menos que todos ustedes”. El final de la línea argumental sería que NADIE sabe todas “las cosas del amor”, que todos tenemos que aprender todo el tiempo. De alguna manera, todos somos ignorantes del amor, todos somos iguales; pero algunos, aclara el cantor, somos más iguales que otros, y yo (el cantor, no yo-yo) sé lo suficiente como para darles consejos a ustedes, gilastrunes, porque…

Yo anduve siempre en amores,
¡qué me van a hablar de amor!

O sea: la experiencia está de su lado, pareciera. Él se declara Gardel sin sonrojarse.
Sin embargo… inmediatamente empieza a desbarrancar. A desbarrancar mal, contando la verdadera historia: él habrá andado “siempre en amores”, pero en realidad tuvo UN amor en serio, y lo dejó turulato:

Si ayer la quise, qué importa...
¡qué importa, si hoy no la quiero!

Dice él “no importa”, como la zorra dice “están verdes” ante las uvas que no alcanza. Dice “ya no la quiero”, pero se hace difícil creerle, aunque utilice una metáfora extraña para definir los ojos de su ex(?)amada: Pequeño Saltamontes, no te recomiendo utilizar “sos un ancla” como línea seductora. Ni siquiera si aclaran “sos un ancla linda”.

Eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;

Pero en el tango, el cantor zafa, porque enseguida aclara qué quiso decir: ella “ataba sus sueños”, y luego ella se fue “de mis cosas” (es decir: de su vida) y “entró a ser recuerdo” (ella entró en su pasado, como pasa en “Los mareados”, ¿se acuerdan?). Y él quedó desanclado, a la deriva, sin rumbo, llevado por mil corrientes (mil amores que no llegan, entre todos, a opacar a aquel, al verdadero, el que le duele).

Era mi amor, pero un día
se fue de mis cosas
y entró a ser recuerdo.
Después rodé en mil amores,
¡qué me van a hablar de amor!

Y la conclusión de esa historia de amor doliente es: “yo me las sé todas”, pero a esta altura ya no le cree nadie. O mejor dicho: uno le puede creer que sabe de “las cosas del amor”, pero más por aquel amor perdido que por los otros mil amores por los que rodó (desanclado y sin detenerse).



La siguiente estrofa es muy bella, nos recuerda por qué Homero es Homero y nosotros no: el Invierno asesino le echa al cantor “la soga del recuerdo” al cuello, como para ahorcarlo, y utiliza la ausencia como una viga desde la cual echarle la soga. Pero él se suelta, como se suelta “un potro mal domado” (otro tanguero que se compara con un caballo, como en “Por una cabeza”), mañero. Y nuevamente suelto (desanclado, sin rumbo) rompe “las cosas del pasado” como quien rompe una rosa entre las manos… y se clava al hacerlo todas las espinas, claro: no le es gratuito, ese “sabérselas todas”:

Muchas veces el invierno
me echó desde la ausencia
la soga del recuerdo,
y yo siempre me he soltado
como un potro mal domado,
por mañero y porque yo,
que anduve enamorado
rompí como una rosa
las cosas del pasado.

Ahora, en el presente, él declara “estar viviendo en otra aurora” (pero quién le cree), y pide, suplica: “No me expliquen el amor”. Está muy bien, ese verso: no hay que explicar el amor, es inútil. O se sabe o no se sabe, o se tiene o no se tiene, explicarlo sirve tanto como definirlo: es decir, no sirve para nada. Y él, dolido como está (desanclado), y aunque solo sabe que no sabe nada, igual le alcanza para saber que sabe más que cualquiera:

Y ahora
que estoy viviendo en otra aurora
no me expliquen el amor,
que aunque tenga que aprender,
nadie sabe más que yo.

Es, bajo la apariencia de una historia de puro canchereo, un tango que va bailando por la cornisa del desencanto, pero no se cae.

Hay, al menos en shutub, dos grandes versiones de este tango: la de Goyeneche y la de Julio Sosa. La de Julio Sosa exhibe su enorme voz, y él (“El Varón del Tango”) era muy canchero, así que la parte del canchereo la hace muy bien. No es mi versión preferida, porque él como que la canta medio enojada, a la canción, como diciendo “Rajá de acá, perro” (onda “Walk”, de Pantera). Y hace otra cosa que odio pero que a él le encantaba: el recitado. Cómo le gustaban los recitados, a Julio Sosa. Acá el recitado (empieza en el minuto 2:05) lo único que hace es parafrasear lo que ya dice la letra de la canción. O sea: te escuché la primera vez, ¿para qué me lo decís de nuevo? Pero si no hubiera la versión siguiente, esta sería, sin dudas, la elegida, porque Julio tenía esa voz que no hay con qué darle.

Por Julio Sosa:


Pero mi favorita es esta otra, del Polaco Goyeneche. Él podría haber sido un cantor onda Julio Sosa, porque voz tenía (tal vez no tanta como Julio, pero…). Eligió, sin embargo, otro estilo, el de “decir” el tango, lo que significa, supongo, esa forma de cantar dándole a cada palabra su espacio, su tono y su tiempo. Como hacen, por ejemplo, Ute Lemper, o Billie Holiday: cada sílaba vale por sí misma, en un tango cantado por Goyeneche. Nada se desperdicia. Y eso le permite, cuando llega el salto final de dominante-tónica (el chaaaan-chán que cierra todo tango), haber dicho mucho más que la letra. 



Solo por dar un ejemplo, cuando el Polaco canta por primera vez la línea “qué me van a hablar de amor” la hace como riéndose, como que le causa gracia que otros vengan a querer explicarle algo que él ya se sabe de memoria. Y cuando reafirma “no me expliquen el amor”, la palabra “expliquen” (eSpliquen) la hace con una entonación de hastío, de impaciencia, como diciendo “no sean nabos, qué es lo que se creen que son, para querer eSplicarme lo que no tiene eSplicación, porque si la tuviera, yo sería el primero en saberlo”. Y todo eso, metido en la palabra. Eso me parece a mí, al menos, y por eso Goyeneche es mi cantor de tangos favorito. Sus discípulos nunca lograron igualarlo, y está sin dudas en el selecto grupo de los tangueros más inolvidables.

Por Goyeneche:



Qué me van a hablar de amor

Yo he vivido dando tumbos
rodando por el mundo
y haciéndome el destino...
Y en los charcos del camino,
la experiencia me ha ayudado
por baquiano y porque ya
comprendo que en la vida
se cuidan los zapatos
andando de rodillas.
Por eso
me están sobrando los consejos,
que en las cosas del amor
aunque tenga que aprender
nadie sabe más que yo.

Yo anduve siempre en amores,
¡qué me van a hablar de amor!
Si ayer la quise, qué importa...
¡qué importa, si hoy no la quiero!
Eran sus ojos de cielo
el ancla más linda
que ataba mis sueños;
era mi amor, pero un día
se fue de mis cosas
y entró a ser recuerdo.
Después rodé en mil amores,
¡qué me van a hablar de amor!

Muchas veces el invierno
me echó desde la ausencia
la soga del recuerdo,
y yo siempre me he soltado
como un potro mal domado,
por mañero y porque yo,
que anduve enamorado
rompí como una rosa
las cosas del pasado.
Y ahora
que estoy viviendo en otra aurora
no me expliquen el amor,
que aunque tenga que aprender,
nadie sabe más que yo.


Bueno, voy terminando nomás. Como despedida, una pastillita de color: mientras buscaba versiones de este tango, descubrí que Cristian Castro (de quien no voy a opinar, pero imagínense) tiene una canción a la que le puso exactamente el mismo título: “Qué me van a hablar de amor”. El tema es tan malo (música somnífera, letra sin gracia ni sentido, canto “very forgettable”) que para lo único que sirve es para contrastar: nos enseña a apreciar cómo se puede hacer con una misma idea dos canciones tan nadaquever.



Y con esto me despido y me voy a dormir una larga siesta hasta la semana que viene. Porque ¿sabés, piscuí?: en las cosas del dormir nadie sabe más que yo.


DJ Vago 

martes, 22 de septiembre de 2015

[140] Puedo mostrarte cosas increíbles


“Blank space”, de Taylor Swift (2014)


A mitad de camino en la serie “Tango/Drama”, voy con un pop de lo más comercial pero que tiene su gracia. Obviamente no es un tango: pero sí es una canción con drama, una buena cuota de humor y una protagonista que, al igual que el infeliz del tango de la semana pasada, es capaz de verse a sí misma y autocriticarse, mientras le da con un caño al otro.

La canción es de Taylor Swift, una de las mayores ídolas del pop juvenil estadounidense actual, pero a pesar de ese nefasto status, la chica sí tiene alguna idea de cómo hacer canciones decentes (más que, por ejemplo, Katy Perry, Miley Cirus, Niki Minaj o Ariana Grande: si no conocen a ninguna, ¡bienaventurados ustedes!). El tema de hoy se titula “Espacio en blanco”, pertenece a su álbum 1989, editado en 2014, y fue top de los charts en Estados Unidos y en varios países del mundo. Cuando veas el videoclip, pasarás a ser uno más en el listado de 1.164.000.000 de visualizaciones (aprox.) del mismo. No es que lo vieron más de mil millones de personas, pero igual supongo que el clip tiene más visualizaciones que este blog. Probablemente.

En la canción, Taylor se burla de la fama de vampiresa-yegua ligera de cascos que le atribuyen los programas de chimentos del espectáculo. Y lo hace en la mejor forma, al estilo Meat Loaf: si todos me critican y cargan por ser un rockero gordo, entonces me pongo “Pan de Carne” como nombre artístico. Como diciendo: soy gordo y qué. Taylor, en la misma línea, larga esta canción en la que declara que tiene “una larga lista de ex amantes” dispuestos a jurar que es una loca, y efectivamente en la canción ella pasa de una situación idílica y tranquila, un romance de cuento de hadas, a un drama lleno de violencia con cuchillos que rasgan palos que rompen automóviles y rímel corrido. Taylor parece decir: “Soy loca, y a mucha honra: loca de atar. ¿No te encanta?”.



La canción traza la parábola del noviazgo fugaz: en la primera mitad de la canción, la gráfica sube desde el primer encuentro, el deslumbramiento y el comienzo de un amorío idílico, perfecto; en la segunda mitad, se baja de esas alturas a un pozo de celos, peleas, amenazas y odio, hasta llegar a la separación.

De entrada, al verlo, ella no disimula con esas paparruchadas de “lo que importa es el interior” ni nada por el estilo: “¡Oh mi dios, mirá esa carita!”, declara, porque él podría tranquilamente ser modelo (supongo que el pibe del videoclip lo es). 



Ella, más o menos como haría un obrero de construcción ante una chica que pasa por la calle, le empieza a tirar frases babosas, tipo “¿pero dónde te habías escondido todo este tiempo, bombón?”, “vení que tengo algo para mostrarte”, “ay dios mío mirá lo que es eso”, “si el amor es un juego quisiera tenerte en mi equipo”, y demás. Ella, cual diablo tentador, le promete “Puedo mostrarte cosas increíbles” (lo que no significa, por supuesto, que sean todas cosas lindas y buenas): magia y locura, cielo y pecado. Lo más más y lo menos menos. Ella “puede leerlo como a una revista”, y sabe que él escuchó rumores sobre su pasado (el de ella). Y la estrofa termina con ella pidiéndole que agarre su pasaporte y le tome la mano, porque lo va a llevar a volar: “puedo volver buenos a los chicos malos por un fin de semana”.

Ella maneja dos posibles finales para esa nueva relación: o es para siempre, o se pudre todo. Ella tiene curiosidad y ansiedad por que comience el juego del amor. Pero ella no juega (como él) solo por jugar: simplemente le gustan los jugadores. Anticipa que, como son jóvenes imprudentes, “irán demasiado lejos”. “Todos mis ex amantes”, dice ella, “te dirán que estoy loca, pero tengo un espacio en blanco, y escribiré tu nombre”. Puede parecer una pavada, pero me gusta la imagen de tener un espacio interior en blanco y escribir un nombre allí. Está bien, no será Discepolo, pero no cualquier cantante pop puede salirte con una imagen de esas, que tienen una cierta poesía. Yo la banco a Taylor.


En la segunda parte de la canción, claramente se llega a uno de los dos posibles finales anticipados: se pudre todo. Lo que era un lecho de rosas se vuelve corona de espinas, la roja manzana de la tentación se escupe agria y agusanada. Ella está vestida como un sueño, pero en realidad es una pesadilla, celosa y fatal, dispuesta a llegar (en el videoclip) al mayor pecado, al nonplusultra de la crueldad: destrozarle el auto nuevo (un Porsche de lujo) con un palo de golf. Todo con mucha lágrima, mucho grito y cosas que vuelan por el aire y cuchillos que rasgan lo que sea que se cruza por su camino.

Hacia el final, la cantora propone que “los chicos solo quieren amor si es tortura”, declaración con la que no acuerdo para nada, pero que le permite tirar la pelota del otro lado de la cancha: “Yo estaré loca, pero los que adoran la locura y el drama son ustedes, los varones. Así que… no digas que no te dije que no te lo advertí” (es un poco confusa esta última frase, pero bueno, considerando que ella está reloca, más o menos se le entiende).

Y aun así, aunque sabe que todo se irá al carajo, ella termina la canción reafirmando que, por todo y a pesar de todo, escribirá (como en un tiquet para el sorteo o como en una condena) el nombre de él en el renglón en blanco del libro de su vida.

https://www.youtube.com/watch?v=e-ORhEE9VVg


Blank space

Nice to meet you, where you been?
I could show you incredible things
Magic, madness, heaven, sin
Saw you there and I thought
Oh my God, look at that face
You look like my next mistake
Love's a game, wanna play?

New money, suit and tie
I can read you like a magazine
Ain't it funny, rumors fly
And I know you heard about me
So hey, let's be friends
I'm dying to see how this one ends
Grab your passport and my hand
I can make the bad guys good
for a weekend

So it's gonna be forever
Or it's gonna go down in flames
You can tell me when it's over
If the high was worth the pain
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
'Cause you know?, I love the players
And you love the game

'Cause we're young and we're reckless
We'll take this way too far
It'll leave you breathless
Or with a nasty scar
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
But I've got a blank space, baby
And I'll write your name

Cherry lips, crystal skies
I could show you incredible things
Stolen kisses, pretty lies
You're the King, baby, I'm your Queen
Find out what you want
Be that girl for a month
Wait, the worst is yet to come, oh no

Screaming, crying, perfect storms
I can make all the tables turn
Rose garden filled with thorns
Keep you second guessing like
"Oh my God, who is she?"
I get drunk on jealousy
But you'll come back each time you leave
'Cause, darling, I'm a nightmare
dressed like a daydream

So it's gonna be forever
Or it's gonna go down in flames
You can tell me when it's over
If the high was worth the pain
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
'Cause, you know?, I love the players
And you love the game

'Cause we're young and we're reckless
We'll take this way too far
It'll leave you breathless
Or with a nasty scar
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
But I've got a blank space, baby
And I'll write your name

Boys only want love if it's torture
Don't say I didn't say, I didn't warn ya
Boys only want love if it's torture
Don't say I didn't say, I didn't warn ya

So it's gonna be forever
Or it's gonna go down in flames
You can tell me when it's over
If the high was worth the pain
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
'Cause you know I love the players
And you love the game

'Cause we're young and we're reckless
We'll take this way too far
It'll leave you breathless
Or with a nasty scar
Got a long list of ex-lovers
They'll tell you I'm insane
But I've got a blank space, baby
And I'll write your name
Espacio en blanco

Encantada de conocerte, ¿dónde estabas?
Puedo mostrarte cosas increíbles:
magia, locura, cielo, pecado.
Te vi ahí y pensé:
“¡Oh dios mío, mirá esa carita!”.
Tenés pinta de ser mi próximo error.
El amor es un juego, ¿querés jugar?

Dinero nuevo, traje y corbata,
puedo leerte como a una revista.
¿No es gracioso cómo vuelan los rumores?
Y sé que escuchaste de mí.
Así que seamos amigos,
me muero por ver cómo termina este asunto.
Agarrá tu pasaporte y mi mano,
puedo hacer buenos a los chicos malos
por un finde.

Así que será para siempre
o se derrumbará en llamas.
Podés decirme, cuando se termine,
si el viaje valió la pena.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
porque, ¿sabés?, yo amo a los jugadores,
y vos amás el juego.

Como somos jóvenes e imprudentes
iremos demasiado lejos,
te dejaré sin aliento
o con una fea cicatriz.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
pero tengo un espacio en blanco, nene,
y escribiré tu nombre.

Labios cereza, cielos cristal,
puedo mostrarte cosas increíbles.
Besos robados, lindas mentiras,
Sos el rey, nene, y yo tu reina.
Descubrir lo que quieres,
ser esa chica especial por un mes.
Esperá, lo peor aun no llegó, oh no.

Gritos, llanto, tormentas perfectas,
puedo dar vuelta todas las tortillas,
jardín de rosas llenas de espinas,
Te dejo preguntándote onda
“Oh mi dios, ¿quién es ella?”.
Me emborracho de celos,
pero volvés cada vez que te vas,
porque, querido, soy una pesadilla
vestida como un sueño.

Así que será para siempre
o se derrumbará en llamas.
Podés decirme, cuando se termine,
si el viaje valió la pena.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
porque, ¿sabés?, yo amo a los jugadores,
y vos amás el juego.

Como somos jóvenes e imprudentes
iremos demasiado lejos,
te dejaré sin aliento
o con una fea cicatriz.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
pero tengo un espacio en blanco, nene,
y escribiré tu nombre.

Los chicos solo quieren amor si es tortura.
No digas que no dije que no te lo advertí.
Los chicos solo quieren amor si es tortura.
No digas que no dije que no te lo advertí.

Así que será para siempre
o se derrumbará en llamas.
Podés decirme, cuando se termine,
si el viaje valió la pena.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
porque, ¿sabés?, yo amo a los jugadores,
y vos amás el juego.

Como somos jóvenes e imprudentes
iremos demasiado lejos,
te dejaré sin aliento
o con una fea cicatriz.
Tengo una larga lista de ex amantes
que te dirán que estoy loca,
pero tengo un espacio en blanco, nene,
y escribiré tu nombre.



Y con esto termina mi posteo de hoy. La semana que viene volveré al tango, aunque seguirá, conceptualmente, una onda similar a la de esta canción. Digo yo. Pero no me hagan caso, porque me chifla el moño.



No digan que no les dije que no se los advertí.

Hasta entonces,


……………………………

martes, 15 de septiembre de 2015

[139] Vos sabés, no hay que jugar


“Por una cabeza” (1935), de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera



Yo ponía un blues
y mi abuela a Jesús
le pedía que Gardel
no fuera de Toulouse.
En “Raro”, del Cuarteto de Nos


Como tercera entrega de la serie “Tango/Drama”, vamos con “Por una cabeza”, uno de los más famosos tangos de la historia, letra de Le Pera y música de Carlos Gardel. Aunque hubo montones de versiones y covers a lo largo de la historia, elegiré, obviamente, la versión cantada por Gardel, que no necesita cantar cada día mejor para ser gigantesco.

Este tango fue compuesto y grabado en 1935, muy poco antes de que ambos, el letrista Le Pera y el cantor-compositor Gardel, fallecieran en un accidente de avión en Colombia, en junio de ese mismo año. Cuando un artista de la magnitud de Gardel muere en la cumbre de su carrera, sin tiempo de decaer, automáticamente se convierte en un mito, y a la vez, nos quedamos todos con ganas de saber qué más hubiera compuesto y, sobre todo, cantado.


No voy a entrar aquí a contar quién fue Gardel, y menos, a definir cuál fue su verdadera nacionalidad. Es que me tiene sin cuidado si vio la luz por primera vez (y, con pocos minutos de edad, sonrió ya con la dentadura completa y la sonrisa canchera) en Francia, en Uruguay o en Argentina. No soy muy fan de las nacionalidades, y no me siento extranjero en ningún lugar (como dice el tío). Entiendo, igual, que el mundo es como es, y seguramente cuando yo ya no esté también se arrancarán los ojos para adjudicarse mi cuna cuatro territorios: el País Vasco, la República de Catalunya, el Sultanato de Córdoba y el Reino del Plata. Pero yo sugeriré, desde la tumba (o desde donde sea que esté durmiendo la siesta): “Mi patria es la Música”, y volveré a lo mío.

Gardel era Gardel. No es el estilo de tangos ni de canto del tango que más me llama (soy más bien goyenecheano), pero nadie puede negarle una gran, gran voz, un gran estilo y un gran carisma. Y era buen músico también, porque los tangos que él compuso están más que bien.

“Por una cabeza” es una buena muestra de ello: un tango sentimental, sinuoso, cuya música se te pega como la llovizna, ideal para bailar, que suele aparecer en cuanta película yanqui donde un personaje tiene que saber bailar tango (Al Pacino en la remake de “Perfume de mujer”, Arnold Zwarzenegger en una de esas películas malísimas que hacía, y tantos, tantos otros), cuando en realidad, por lo general, eso que hacen se parece muy poco y muy lejanamente, o directamente nada de nada, a bailar tango.


https://www.youtube.com/watch?v=FiqkrBh1VOI




La letra es, admitámoslo, bastante misógina. Bueno, es un tango de los años 30, tampoco le podemos pedir peras al olmo. Él (el cantor) es un desastre, pero no se ahorra de tirarle palos a ella, la “coqueta y risueña mujer”, a quien tacha de mentirosa y le reclama su inconstancia, siendo que él mismo confiesa que es un tarambana de aquellos (y solo puede decir, para justificarse, “qué le voy a hacer”). Y claro, el otro pequeñito tema no-feminista es que toda la letra está armada en la analogía entre la mujer y un caballo. Detalles.

Al menos, Le Pera tuvo la delicadeza de que el caballo que protagoniza la canción fuera un potrillo, y no una yegua. Gracias, Alfredo.

A lo largo de la canción, se compara la adicción al juego con la adicción a las mujeres. Él se propuso sentar cabeza y abandonar el juego (los juegos) cientos de veces… peeero: no hay caso, apenas se le cruza una falda por delante, ahí va él atrás. Y lo mismo le pasa con las carreras de caballos:

Cuántos desengaños
por una cabeza,
yo juré mil veces
no vuelvo a insistir,
pero si un mirar
me hiere al pasar,
su boca de fuego
otra vez quiero besar.
Basta de carreras,
se acabó la timba,
¡un final reñido
yo no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero,
¡qué le voy a hacer!

A lo largo de la canción habla de una sola chica, pero en realidad es como si hablara de cien, de todas a la vez. Se lamenta de que “si ella me olvida qué importa perderme mil veces la vida, para qué vivir”, pero no suena sincero: él parece ser, por sus acciones, quien olvida y se deja llevar por la corriente de cualquier mirada. El amor es más bien un “metejón de un día”, y él tiene por ella un gran amor, pero que dura exactamente lo que dura su cariño hacia el noble potrillo: solo hasta que cruzan el disco y entonces él, desengañado, rompe los boletos perdedores y los quema en la hoguera donde ya se consume arde, apasionado e inútil, todo su querer. Al menos, hasta que la insana pasión renazca Fénix la próxima vez, el próximo domingo, cuando haya un nuevo dato de un caballo “que no puede perder” (una fija) o un mirar lo hiera al pasar. Y él, como Sísifo, está destinado a perder siempre, siempre ahí nomás, siempre por una cabeza.

Este antihéroe tanguero no es enternecedor, y no lograría captar muchas simpatías, si es que el tango no lo cantara Gardel.

Pero el tango comienza con una imagen que me encanta. Me hace reír siempre, y me parece un gran logro: el caballo está por ganar pero afloja al llegar y pierde (apenas por una cabeza); y al regresar, ya caminando, hacia los establos, él (el apostador que perdió todo) cruza miradas con el animal, y el caballo, al pasar le habla con los ojos (esos ojazos grandes y sinceros de caballo) y le lanza un mudo pero elocuente reproche: “No olvidés, hermano: vos sabés, no hay que jugar”. 


Hasta lo llama “hermano”, lo cual es como decirle que él también es un caballo (de hecho sí, él “entra como un caballo” en las trampas de la timba y del amor).
¿No es una genialidad, que le hable el potrillo? Me mata, esa primera estrofa. Solo con eso ya me gustaría este tango, aunque no lo cantara Gardel.


Por una cabeza

Por una cabeza
de un noble potrillo
que justo en la raya
afloja al llegar
y que al regresar
parece decir:
“No olvidés, hermano,
vos sabés, no hay que jugar”.
Por una cabeza,
metejón de un día
de aquella coqueta
y risueña mujer
que al jurar sonriendo
el amor que está mintiendo
quema en una hoguera
todo mi querer.

Por una cabeza
toda la locura.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida,
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.

Cuántos desengaños
por una cabeza,
yo juré mil veces
no vuelvo a insistir,
pero si un mirar
me hiere al pasar,
su boca de fuego
otra vez quiero besar.
Basta de carreras,
se acabó la timba,
¡un final reñido
yo no vuelvo a ver!
Pero si algún pingo
llega a ser fija el domingo,
yo me juego entero,
¡qué le voy a hacer!

Por una cabeza
toda la locura.
Su boca que besa,
borra la tristeza,
calma la amargura.
Por una cabeza,
si ella me olvida,
qué importa perderme
mil veces la vida,
para qué vivir.



Y eso es todo por hoy. Apostaré lo que tengo a que esperarán ansioso por mi próximo posteo, en donde cosecharé reproches agrios por el tema elegido, una historia de tanguero desengaño amoroso en una canción cero-tango.

Hasta entonces, qué importa perderme mil veces la vida:


DJ Vago

martes, 8 de septiembre de 2015

[138] Tiene que haber payasos


“Send in the clowns” (“que entren los payasos”), de Stephen Sondheim, 1973, por Judy Collins y por Barbra Streisand



Sigo la serie “Tango/Drama”, y como la semana pasada fue de tango, esta será de drama, con una canción que por cierto no tiene un pelo de tango, pero que conceptualmente podría serlo, si estuviera en 2/4 en vez de en una mezcla medio ebria de 9/8 y 12/8.

Se trata de “Send in the clowns”, que se traduce como “manden a los payasos” o “que entren los payasos”, y es una canción de teatro musical. Odio los musicales, así que no hubo ni habrá muchas de esas, por acá, pero tener principios inquebrantables requiere mucho esfuerzo, así que aquí va esta canción del musical “A Little Night Music”, que debe ser un bodrio (o no, no sé), pero contiene esta curiosa canción llena de ironía y desencanto, tan difícil de interpretar que casi ningún cantante la hace bien, y tan difícil de cantar que casi ningún actor la zafa.

Porque es una canción muy entrecortada y pausada, llena de matices y con un ritmo quebrado y oscilante (entre un compás ternario de tres tiempos y otro de cuatro tiempos), cuya melodía se va como escondiendo y aparece aquí y allá, como desparejamente. Si se cantan solo las notas, por más buena voz que se tenga, se naufraga estrepitosamente, con esta canción. Y si solamente se actúa, el naufragio es menos estrepitoso (porque la canción pide a gritos que el intérprete se “meta en el personaje”), pero igual no estaríamos llegando a la costa (como les pasa a muchos últimamente). Salvo raras excepciones (Frank Sinatra, por ejemplo), siempre la cantan mujeres.

Desde que salió la canción, se armaron algo así como dos grupos de intérpretes.
· Las cantantes, que la cantan bien pero hacen caso omiso de lo que significa la letra.
· Las actrices, que la actúan y pilotean el canto como pueden.

Voy a poner, en mi humilde opinión, a las mejores representantes de ambos grupos: Judy Collins, la cantante que supo darle más onda a la canción y a la vez, cantarla como la gente (aunque para mí se equivocó fiero al modificar la letra, cambiando el final), y Barbra Streisand, que siempre me pareció un poco imbancable como cantante y un poco bizcocha, pero hace una buena versión actuada.

La idea de la canción es esta: él la estuvo persiguiendo a ella durante años y años, y ahora que ella finalmente, después de revolotear (“ir por el aire”) por montón de otras relaciones (“abrir puertas”) llega a quererlo a él, y se lo dice, él le dice que no, que ahora no puede/no quiere (no lo explica, pero la idea es que él está atrapado en una especie de matrimonio sin amor pero que le queda cómodo, como pasa a menudo en los cuartetos de Rodrigo). Ahora que es ella la que está con los pies sobre la tierra, él es el que está por el aire, incapaz de volver a tierra y dar un paso.

¿No es fuerte?
¿No somos un par bárbaro?
Yo aquí por fin sobre la tierra,
vos por el aire.
Manden a los payasos.

El desencuentro sería gracioso, si no fuera ridículamente trágico. La obra de teatro en la que ellos participaron se volvió una farsa, una charada, y solo falta, para completar el efecto, que entren payasos al escenario.


¿No tiene su gracia?
¿No te parece?
Uno que sigue dando vueltas
y uno que no se puede mover.
Pero ¿dónde están los payasos?
¡Que entren los payasos!

Justo cuando dejé
de abrir puertas,
al descubrir por fin que la única que quería era la tuya,
hago mi entrada de nuevo
con mi usual donaire
segura de mis líneas:
no hay nadie allí.

Ella se da cuenta de que la situación es un total cliché, algo poco creíble, poco verosímil: como una peli con guión malo. Pero es lo que hay. Nadie puede mejorar esta escena… excepto unos buenos payasos, que entren ya mismo a sacar las papas del fuego o, al menos, a permitir que los dos hagan mutis por el foro con los últimos harapos de dignidad que les quedan, después de decirse la verdad desnuda. Ella insiste en que manden rápido a los payasos: tiene que haber payasos. Esto tiene que ser una cámara oculta, una joda de Tinelli, no puede estar pasando de verdad:



¿No te gusta la comedia?
Mi culpa, me temo.
Pensé que querrías
lo que quiero,
perdón, querido.
¿Pero dónde están los payasos?
Tiene que haber payasos.
Rápido, ¡manden a los payasos!

Pero qué sorpresa,
¿quién lo habría previsto?
Llegué a sentir por ti
lo que sentiste por mí.
¿Por qué recién ahora veo
que vos ya volaste?
Pero qué sorpresa, qué cliché.

Ella, hacia el final, reflexiona que esto no debería haberle pasado, a esta altura de su carrera (de su vida): ya somos grandes, loco. Pero cuando vuelve preguntarse dónde es que están los payasos y por qué no entraron todavía, entonces por fin se da cuenta. Los payasos ya entraron a escena hace rato: son ellos dos.

¿No es fuerte? ¿No es curioso?
Perder mis reflejos a esta altura
de mi carrera.
¿Y dónde están los payasos?
Rápido, manden a los payasos.

No te molestes, ya están aquí.

La versión de Judy está muy bien, pero ella hace que este final quede en la penúltima estrofa, elimina la estrofa que menciona el cliché, y para el final agrega, después del “¿Pero dónde están los payasos?”, un verso totalmente anticlimático: “Bueno, tal vez el año que viene”. Como si esta situación fuera algo que se repite y sucede todos los años, cuando claramente no lo es. Me resulta muy molesto ese final cambiado, pero hay montones de versiones (la mayoría de ellas) que lo toman así. En todo caso, Judy tiene una bella voz y hace una muy buena versión, casi nunca igualada en los últimos cuarenta años:




Send in the clowns

Isn't it rich?
aren't we a pair?
Me here at last on the ground
You in mid-air
Send in the clowns

Isn't it bliss?
don't you approve?
One who keeps tearing around
One who can't move
Where are the clowns?
Send in the clowns

Just when I stopped
opening doors
Finally knowing the one that I wanted
was yours
Making my entrance again
with my usual flair
Sure of my lines
no one is there

Don't you love the farce?
My fault I fear
I thought that you'd want
what I want
Sorry my dear
but where are the clowns?
There ought to be clowns,
quick send in the clowns

What a surprise,
who could foresee?
I've come to feel about you
what you felt about me
Why only now when I see
that you've drifted away
What a surprise, what a cliche.

Isn't it rich, isn't it queer?
Losing my timing this late
in my career
And where are the clowns?
Quick send in the clowns

Don't bother, they're here.
Que entren los payasos

¿No es de salón?
¿No somos un par bárbaro?
Yo aquí por fin sobre la tierra,
vos por el aire.
Manden a los payasos.

¿No tiene su gracia?
¿No te parece?
Uno que sigue dando vueltas
y uno que no se puede mover.
Pero ¿dónde están los payasos?
¡Que entren los payasos!

Justo cuando dejé
de abrir puertas,
al descubrir por fin que la única que quería era la tuya,
hago mi entrada de nuevo
con mi usual donaire
segura de mis líneas:
no hay nadie allí.

¿No te gusta la comedia?
Mi culpa, me temo.
Pensé que querrías
lo que quiero,
perdón, querido.
¿Pero dónde están los payasos?
Tiene que haber payasos.
Rápido, ¡manden a los payasos!

Pero qué sorpresa,
¿quién lo habría previsto?
Llegué a sentir por ti
lo que sentiste por mí.
¿Por qué recién ahora veo
que vos ya volaste?
Pero qué sorpresa, qué cliché.

¿No es fuerte? ¿No es curioso?
Perder mis reflejos a esta altura
de mi carrera.
¿Y dónde están los payasos?
Rápido, manden a los payasos.

No te molestes, están aquí.


En esta versión de Barbra Streisand, podrán notar a qué me refiero cuando hablo de “actuar la canción”, y cómo ella aprovecha al 100% el final correcto de la letra.

https://www.youtube.com/watch?v=UBkM0kuIAY8



Si me tienen paciencia y cariño entenderán por qué conecté esta canción a “Los mareados”, de la semana anterior, si bien la verdad no tienen un joraca que ver, musicalmente.

La semana que viene tocará tango, y allí estaré, seguro de mis líneas, listo para abrir la puerta y encontrarme con nadie.

DJ Vago