“Something good”, de Richard Rodgers (1959), en la banda de sonido del film “La novicia rebelde” (1965)
Como tercera y penúltima entrega de la serie “ella dice él
dice” va una canción romántica, tranqui, en 4/4, conocida por participar de la
banda de sonido de uno de los filmes más vistos y recordados de la historia del
cine: “The sound of music” (“el sonido de la música”), título que los
Traductores Mafiosos de Títulos de Película tuvieron el buen tino de reemplazar
por el genial “La novicia rebelde”, que parece título de película porno y tiene
mucho más que ver con la obra que “el sonido de la música”, por más musical que
sea la película de Julie Andrews en el papel de la novicia rebelde, pero
recatada, que cambia su noviazgo con Jesús por el casamiento con un militar
austríaco, con lo cual ella consigue un buen pasar y él se asegura de contar
con una buena niñera ad infinitum: “a win-win situation”, evidentemente. El
capitán von Trapp fue representado por Christopher Plummer, quien recién a los
80 aprendió a actuar, pero entretanto, en su juventud, era un galán recio, o
más bien durengue, a quien hubo que doblar en las canciones (Julie, en cambio,
sí cantó ella sus partes de los temas).
Ya sé que la vieron a la peli, pero probablemente no tantas
veces como yo, gracias a mi hermana la quinta, que además de “Casablanca”, es
fanática también de “La novicia rebelde” (y de otras cuantas películas
semiépicas, semimusicales y telenovelescas). Así que, aunque ya la hayan visto,
igual les voy a contar brevemente de qué trata la película, solo para quitarme
ese peso de encima:
Una novicia quilombera, María, tiene locas a las demás
monjas, que cuestionan su vocación religiosa y/o no se la bancan más. Surge una
gran oportunidad de deshacerse de María cuando un militar de la zona
(Salzburgo, en Austria) pide una niñera-institrutriz para sus siete hijos,
preponderantemente rubiones. La niñera calma a los niños-fieras con la música
de su guitarra, su voz algo nasal y un repertorio bastante empalagoso, pero de
canciones memorables y simpáticas. Finalmente, la niñera Blancanieves y los
siete niños se hacen amigos, y con eso termina la fase 1.
La segunda parte es que, paralelamente, María se enamora de
su jefe, el capitán von Trapp, que está comprometido sentimentalmente con una
baronesa rubia, y patrióticamente con la resistencia austríaca antinazi (están
justo en los momentos pre-Segunda Guerra, y post-anexión de Austria a
Alemania). Pero la inocencia, el candor, la buena onda y el trepadorismo de la
ex novicia terminan por minar la relación del capitán con la baronesa, e
inmediatamente después de confesarse mutuamente su amor, ambos se casan. Con
eso termina la fase 2.
En la fase 3, la ex novicia rebelde formó, con sus hijastros
y su flamante esposo, una banda musical, al mejor estilo de los Jacksons Five.
Ellos están vigilados, porque los nazis ya junan sobre el pensamiento rebelde
de Von Trapp, y le quieren pasar el trapp lo antes posible, atrapp-ándolo. Pero
ellos utilizan una actuación en un festival musical para escabullirse entre las
sombras, a pie y hacia las montañas, a pesar de que el buchoneo del noviecito
nazi de la nena mayor casi los hace arrestar y terminar en otra película mucho
menos simpática, como “La lista de Schindler”. Y la película termina con los
siete niños y los dos adultos salticando felices y libres por los verdes y
soleados prados de los Alpes suizos.
La película nació a partir de un musical de Broadway (de
1960, ya con el título “The sound of music”), y el musical nació a partir de la
biografía de María von Trapp, que era una mujer real (aunque probablemente no tan
parecida al personaje de Julie Andrews). La critica la consideró melosa, pero
como sabemos, no hay mejor receta para el éxito en cine que juntar nazis con
monjas y música: es el Oscar garantizado, y efectivamente así fue, “La novicia
rebelde” arrasó como ninguna película antes, estando en cartel durante añares.
Y la banda de sonido ayudó, porque las canciones son muy
buenas. En todos los temas de la película, la música es de de Richard Rodgers y
la letra es de Oscar Hammerstein II (hijo de Oscar Hammerstein I y padre de
Oscar Hammerstein III [me pregunto cómo habrán llamado al nieto]). Excepto en el
tema de esta semana, “Something good”, cuya letra y música pertenecen a Rodgers
exclusivamente.
Esta canción se da en una escena sumamente íntima. Los críos
ya se fueron a dormir, después de despedirse en todos los idiomas (“so long,
farewell, aufwiedersehen adieu”), los nazis están maquinando en otras
locaciones, y ellos dos, María y el Capitán, están solos por fin. La canción se
canta en voz baja, y en penumbras: en un mundo tenue de paredes de cristales y
árbole alimentados por el claro de la luna, donde todo lo demás parece
accesorio e innecesario. Lo único importante es ella (para él) y él (para
ella).
En este momento romántico, al verse sumidos en una
improbable felicidad, ellos hacen un raconto y se hacen una pregunta.
El raconto los lleva a repasar su infancia y juventud,
llenos de infelicidad y de maldades, destinos descarriados y errores.
Y a partir de eso, llega la pregunta, la misma que se hace
uno cuando se ve hundido en una inmerecida desgracia: “¿Qué hice yo para
merecer esto?”. La respuesta frecuente del inconsciente (cualquiera que esté
cerca) es, tanto en los casos felices como desgraciados, falaz y conocida “algo
habrás hecho”. Porque nada es gratuito e inmerecido: el azar es apenas una
excusa, el nombre de nuestra incapacidad de conocer los sutiles motivos del
destino. Y por lo tanto, si ahora estamos juntos y felices, en algún momento de
mi vida descarriada “debí haber hecho algo bueno”.
Pues “nada viene de la nada”, o lo que es lo mismo: todo es
por algo. Entonces, algo bueno tuve que haber hecho, dice ella dice él, para
que estés aquí amándome así… aunque probablemente no deberías (pero no voy a
protestar, quedate nomás). Ese “algo bueno”, ese punto blanco en un pasado
negro es el cheque al portador del destino que nos presentamos a cobrar en el
Banco Karma, mientras rogamos que el cajero no nos pida el documento.
La idea de la canción es sencilla, y no tiene más estrofas
que la primera. Le alcanza para sonar en mi blog y permitirme soñar con un
futuro en el que el destino kármico me recompense con creces por esta impensada
semana de buena onda. O si no.
Something good
[She:]
Perhaps I had a wicked childhood.
Perhaps I had a miserable youth.
But somewhere in my wicked, miserable past
there must have been a moment of truth.
For here you are standing there,
loving me whether or not you should.
So somewhere in my youth
or childhood,
I must have done something good.
Nothing comes from nothing.
Nothing ever could.
So somewhere in my youth
or childhood,
I must have done something good.
He:
For here you are standing there,
loving me whether or not you should.
She:
So somewhere in my youth
or childhood,
I must have done something good.
Nothing comes from nothing,
Nothing ever could:
So somewhere in my youth
or childhood
I must have done something good.
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Algo bueno
[Ella:]
Tal vez tuve una infancia terrible,
tal vez tuve una juventud infeliz.
Pero en algún lado en mi terrible, infeliz pasado
debió haber un momento de verdad.
Ya que tú estás parado aquí,
amándome aunque tal vez no debieras.
Así que en algún momento en mi juventud
o infancia
debí haber hecho algo bueno.
Nada viene de la nada,
nada nunca podría;
así que en algún momento en mi juventud
o niñez
debí haber hecho algo bueno.
[Él:]
Ya que tú estás parado aquí,
amándome aunque tal vez no debieras.
Ella:]
Así que en algún momento en mi juventud
o infancia
debí haber hecho algo bueno.
Nada viene de la nada,
nada nunca podría;
así que en algún momento en mi juventud
o niñez
debí haber hecho algo bueno.
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Se despide hasta la próxima, abrazado por las dudas a su terrible
juventud,
DJ Vago
A mí la letra de la canción me encanta, la tengo muy presente, sobre todo la frase
ResponderEliminar" So somewhere in my youth
or childhood
I must have done something good.",
como una forma de que sí, uno a veces se merece disfrutar de lo bueno que le toca y no sentirse culpable por ello.
Muy bueno el resumen argumental, cargado de ironía pero correcto. En verdad, es empalagosa la peli, pero es parte de mi vida, canté "I am sixteen, going on seventeen" y The hills are in light, el tema central, muchísimas veces. Solo Edelweis me sigue haciendo llorar. Gracias DJ por recordar esta música que se lo merece.
ResponderEliminarGracias, Vivi! Abrazo.
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