solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

martes, 2 de diciembre de 2014

[101] Aunque me cueste


“No me arrepiento de este amor”, de Gilda (1994)


Luego de unas cortísimas vacaciones, empiezo nomás una nueva temporada de este blog, la tercera. Como cada vez decae más notoriamente el nivel de mis comentarios y me canso más rápido, probablemente sea una temporada corta: durará lo que me aguante la inercia.

Pero ya que empecé, no me voy a demorar con pequeñeces, y comienzo aquí una serie titulada “Elegí: amor o muerte”.

Como primera entrega de la serie, va una cumbia. Ey, no me miren así. No es un género que vaya a aparecer mucho por estos lares, pero no por una cuestión de principios; simplemente, porque la gran mayoría de las cumbias son pobrísimas, tanto musical como poéticamente. Por dar un ejemplo, Los Palmeras es uno de los pocos grupos de cumbia que tienen un estilo musical logrado, y varios de sus temas hasta podría decirse que presentan una cualidad hipnótica (escuchar o recordar, por ejemplo, la línea melódica de “Bombón asesino”); y sin embargo, las letras son tan básicas y denigrantes que solo con guglearlas ya aparece una advertencia del Inadi. El tema preferido de las cumbias, omnipresente casi,  es el culo. Y si bien es un tema que tiene sus bemoles, digamos que el culo, por más noble que sea, genera un corpus poético que presenta ciertas limitaciones. Ya lo sugirió sabiamente Shakespeare en 1608, en su obra Coriolano, cuando en un diálogo entre el tribuno Sicinio Venuto y Virgilia (la esposa de Cayo Marcio), esta señala, mientras les apunta con un cuchillo: “¿Qué tendrá que ver, hombres del Senado, el culo con la memoria?”.

Huyendo del culo, uno llega rápidamente a las pocas cumbias interesantes que hay; como la elegida como tema inicial de esta serie, “No me arrepiento de este amor”, de Gilda.


Gilda (seudónimo elegido a partir del personaje de "femme fatale" de Rita Hayworth; el nombre real de Gilda era Miriam Bianchi) es seguramente el mayor ícono de la cumbia-bailanta argentina, un género dominado por los “cantantes” y “compositores” masculinos. Su carrera musical (que comenzó al responder un aviso en el diario, que pedía vocalistas para un conjunto bailantero) fue breve, y sus años de éxito se concentraron entre 1992 (cuando sacó su primer disco) y 1996, cuando su cuarto disco, “Corazón valiente”, había recibido oro y platino. Su éxito no terminó, pero su vida sí, porque en septiembre de 1996, mientras viajaba por la ruta 12 a un recital en Chajarí, Entre Ríos, el colectivo en el cual viajaba con toda su familia y sus músicos fue embestido por un camión. Murió Gilda, y también su madre, su hija mayor, el chofer, tres músicos. Una tragedia horrible.

(No muchos años después ocurriría, en una situación similar, la muerte del cuartetero cordobés Rodrigo, de quien ya hablamos hace un año casi, el pasado diciembre (ver el posteo 59).)

Desde la muerte de Gilda, sus canciones, que tocaban temas más profundos que el culo, fueron escuchadas casi con veneración, y se le adjudicaron a Gilda cualidades de ángel y de santa, hacedora de milagros, receptora de rezos, etcétera.


Yo con la religión no me meto (ya tengo suficientes problemas lidiando con lo real, como para preocuparme por dios y sus secuaces), así que, respetuosamente, no comentaré sobre la espinosa cuestión de la santidad de Gilda.

Pero sí hablaré, ahora sí, sobre “No me arrepiento de este amor”, una de sus canciones más famosas, un tema de amor interesante desde lo musical, y bastante inquietante desde su letra.

La letra es breve,  apenas 14 versos (sería un soneto, si hubiera tenido Gilda un mínimo interés en la métrica). No menciona a la muerte en ningún momento, y sin embargo es una idea que ronda por todos los versos, sutilmente, a partir de expresiones como “aunque me cueste el corazón”, “siento que la vida se nos va”, “vamos remontando al cielo”.

¿Por qué me resulta inquietante, esta canción? Debe ser porque por más que la escuché mil veces, todavía no puedo decidir si el amante al que ella le habla está en el presente o en el pasado, si es una presencia real o apenas un recuerdo, si está vivo o murió (y si murió, si lo hizo metafóricamente o de verdad feneció).
Ella comienza aclarando que, pase lo que pase, no se arrepiente de este amor. Aunque le convendría. Aunque siente la tentación de hacerlo, de arrepentirse. Usa una expresión muy extraña y difícil de interpretar: “tiendo a arrancarme de tu piel” (en el cover que hicieron de este tema los de Ataque 77, cambiaron por “debo arrancarme de tu piel”, que también es confuso, pero menos).

El amor fue un milagro. A lo largo de la canción, parece que ese amor terminó (se habla del recuerdo, del ayer, de la puerta cerrada y la cama vacía que también recuerda y espera “la locura apasionada del amor”). Y sin embargo, el amor está aquí mismo, presente: es este amor, y los dos juntos van “remontando al cielo” en tiempo presente. El amor, entonces, fue y no fue, terminó y sigue, murió y persiste. Como la vida misma.
Siempre me pareció una canción tremendamente ambigua. Esta serie se titula “Elegí: amor o muerte”, y realmente esta canción parece plantear eso, pedirnos que decidamos si está hablando del amor nomás o también, y sobre todo, de la muerte (del amante, o de los dos amantes, o del amor mismo).

La ambigüedad se mantiene incluso en el último verso, “y no puedo arrepentirme de este amor”, pues no queda claro si quiere o no quiere arrepentirse. Si el arrepentimiento (a lo que tiende) es algo que intenta pero es incapaz de lograr, o algo que no quiere para nada, porque preferiría morir antes que arrepentirse. Y ese verso final conecta con el primero, y permite que la primera estrofa vuelva a comenzar y todo se repita, si uno quiere, interminablemente.


En cuanto a la música, aparece estructurada a partir del riff inicial (en cumbia, los riffs no son de guitarra, sino de trompeta o saxofón): tatarataratá - tara - tatá, que se va repitiendo como en un diálogo y reaparece (“remontando al cielo”) en los bordes de cada estrofa.

Y por todo esto, sostengo, aunque me cueste el corazón, que esta cumbia es un gran tema musical. Y tiendo a no arrepentirme de lo que afirmo (es más fácil alegar demencia temporal o refugiarse en el olvido).

El videoclip, muy sencillo, muestra una presentación en vivo, y su principal virtud es mostrarnos a Gilda cantando y bailando.

Aquí va el clip y la letra. Difrútenlo y después arrepiéntanse (si pueden):


No me arrepiento de este amor
No me arrepiento de este amor
aunque me cueste el corazón
amar es un milagro y yo te amé
como nunca jamás lo imaginé.

Tiendo a arrancarme de tu piel
de tu recuerdo, de tu ayer,
yo siento que la vida se nos va
y que el día de hoy no volverá.

Después de cerrar la puerta
nuestra cama espera abierta
la locura apasionada del amor

y entre un te quiero y te quiero
vamos remontando al cielo
y no puedo arrepentirme de este amor.



Y con esto termino este primer posteo de la temporada. La semana que viene seguiré con otra canción sobre estos temas tan light que elegí para romper el hielo: amor y muerte.

Remontando al cielo, se despide hasta la próxima,


DJ Vago

lunes, 13 de octubre de 2014

[100] No sos vos, soy yo



“Vete de mí”, de Homero y Virgilio Expósito (1946), por Pasión Vega (2009)



A los lectores anónimos y ocasionales del blog,
que no sé quiénes son, pero que los hay, los hay.



¿Me quiere? ¿No me quiere? Retuerzo las manos
y desparramo los dedos destrozados.
Así deshojan y esparcen por mayo
corolas de margaritas del camino.

Aunque las canas cubran pelo y barba,
aunque suene abundante la plata de los años,
espero, confío: que jamás me llegue
el vergonzoso sentido común.

Vladimir Maiakovsky, poema inconcluso, 1930.


Hoy termino la serie “Tachame la doble”.

Y llego a los cien posteos semanales.

Y termino la segunda temporada del blog.

Y (lo más importante) comienzo mis vacaciones, que lamentablemente algún día terminarán, pero no quiero aún pensar en ello.

La canción de hoy es, como corresponde al momento histórico señalado, un tema de despedida. Porque si tengo algún defecto, es que soy muy cohesivo.

Es, increíblemente, un bolero. Lo increíble es que, como señalé varias veces, no me gustan los boleros. Pero también les dije alguna vez (posteo 2) que no soy principista, y que si algún día a Richard Arjona o a algún reguetonero se les ocurriera hacer alguna canción buena, estoy dispuesto a escucharla. Dos años pasaron, y el pescado sin vender.

El bolero no me gusta, decía, en líneas generales, como género: porque sus letras se autolimitan a una sola temática, el amor romántico, y musicalmente son siempre canciones en compás de cuatro tiempos (4/4), tirando a lentas y melosas, tirando a caribeñas, sin disonancias, sin búsquedas rítmicas ni armónicas significativas. (Qué sé yo, en otros géneros, como el fado o el tango, ese tipo de limitaciones me molestan menos; pero en el bolero no me las banco. No sos vos, soy yo.)

Sin embargo, y como soy tal vez demasiado coherente, sí hay unos pocos boleros que me gustan, y aquí va uno de ellos: “Vete de mí”, de los hermanos Expósito. Homero escribió la letra, y Virgilio compuso la música. Ellos fueron, sobre todo, tangueros, y este bolero tiene mucho de tango, en su propuesta (tal vez por eso me gusta).

La canción es breve, y clarísima, y memorable. Podríamos sintetizarla en una sola línea, si tuviéramos que explicarla en un telegrama:

Vos, que sos ­pa´rriba, dejame. Yo estoy pa´bajo, dejame. Es lo mejor.

La situación no se explica demasiado, pero pareciera que el cantor (por comodidad, voy a decir que es un “él”) quiere cortar con la amada (o al amado; pero voy a llamarla “ella”, porque la comodidad me puede). No corta a lo bestia, como Sandro en “Cómo te diré” (ver semana 14), sino sutilmente, con altura. Y planteándolo como algo que la beneficiará, sobre todo, a ella.


De entrada la describe, en la primera estrofa: joven, alegre, lo suficientemente inocente-naif-boluda-perceptiva como para temer a los fantasmas o para escuchar voces celestiales. Alguien que puede conventrarse en “el paisaje del amor”, que puede ver el bosque sin notar que el árbol del centro está seco.

Él, en cambio, se presenta como opuesto: viejo, marchito, cansado (aparentemente luchó él solo contra “toda la maldad”, y por lo que se ve, perdió por goleada). Tiene, como Maiakovsky, las manos deshechas y los dedos rotos, las manos listas para ser deshojadas como margaritas. (Si él deshojara sus manos, se pondría triste si le tocara “me quiere mucho”.) Y con esas manos rotas, no la puede sujetar, no la puede retener.

Y por eso, conociéndote a vos y conociéndome a mí (cómo me salen de bien hoy los cruces, eh: ver posteo 48), lo mejor es que nos separemos. Andate. Vete de mí.


El “Vete de mí” es una hermosa forma de decirlo. Mucho mejor que “Rajá, perro” o que “Dejá, no me llames: te llamo yo”. A mí me recuerda fuertemente a “Ojalá”, la canción de Silvio Rodríguez (semana 31): él le dice a ella que ojalá saliera de su mente, que lo dejara en paz, que “ojalá pase algo que te borre de pronto”. Las canciones no tienen la misma onda ni proponen algo parecido, para nada; pero el “vete de mí” las conecta. El “Vete de mí” sugiere que ella está adentro, clavada como una espina, y que él no puede quitársela por sus propios medios (no puede simplemente dejarla), sino que necesita que sea ella misma la que se aleje, la que lo deje a él. Y le pide que no le tiemble el pulso, que ni siquiera se detenga a mirarlo (él se compara con un viejo rosal que ya no da flores), a ver si al demorarse ella se convierte en estatua de sal o, lo que sería más terrible, el bolero se convierte en tango.

Y en los últimos, preciosos versos, le quiere vender un poco mejor el asunto y le explica las ventajas de la separación: “Quizás cuando me recuerdes la pases mal y tengas nostalgia de nuestro amor; pero sos tan joven que va a llegar un momento en que todo esto sea un pasado tan lejano que se volverá una neblina: y allí, entre la neblina del olvido, mi presencia se convertirá en lo mejor de tu pasado (aunque ya no me recuerdes; o mejor dicho: gracias a que ya no me recordarás)”. Todo esto lo dice Homero con muchas menos palabras y con infinita mayor claridad que yo: “como es mejor el verso aquel / que no podemos recordar”.

Es, en definitiva, una canción muy poética y muy, muy triste. Porque la separación, el final del amor, suena aquí como algo inevitable, incluso positivo. No hay muchos boleros así, se los aseguro (las típicas reacciones del bolero ante la separación son: despecho, arrepentimiento, nostalgia; en síntesis: “estábamos mucho mejor antes” y, tal vez “podríamos intentarlo de nuevo”).

Hay cientos de interpretaciones de este bolero. La versión elegida hoy es la de Pasión Vega, una malagueña salerosa (nació en Madrid, pero vivió en Málaga desde muy chica), que le da un cierto aire lorquiano al bolero, y tiene una voz bellísima (y no hace “abolerado” al bolero, lo cual es, en mi cabeza (semana 1), una gran ventaja.

Y es un buen momento para que les diga que hasta acá llegué. No son ustedes: soy yo, que estoy muy cansado. Postearé hoy también una especie de índice general del blog (que me hizo mi zulú Dudi), por si les da síndrome de abstinencia y quieren leer o releer algo del blog o jugar en el bosque mientras yo no estoy.




Vete de mí

Tú, que llenas todo de alegría y juventud
y ves fantasmas en las noches de trasluz
y oyes el canto perfumado del azul,

vete de mí.

No te detengas a mirar
las ramas viejas del rosal
que se marchitan sin dar flor,
mira el paisaje del amor
que es la razón para soñar
y amar.

Yo, que ya he luchado contra toda la maldad,
tengo las manos tan deshechas de apretar
que ni te puedo sujetar.

Vete de mí.

Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar,
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.




Ya no los puedo sujetar.
Nos vemos la próxima temporada (si me suena el despertador):


DJ Vago

martes, 7 de octubre de 2014

[99] Pueden llamarme Vago (pero acá mando yo)


“Royals”, de Lorde, en su álbum Heroína Pura (2013)



Pueden llamarme Diyei. Qué largos son los lunes últimamente, en este pueblo.

Como ya saben (me los imagino comiéndose las uñas de la angustia) la semana próxima llego a 100 posteos y termino mi segunda temporada. Eso me provoca, ante todo, una reflexión: ¿quién me manda hacer temporadas de 50 posteos? ¿Me querés decir? “Game of Thrones” o Capusotto hacen 10 capítulos por temporada y se van a refrescar la cabeza en la canilla del patio; 13 a 15 capítulos tienen las series yanquis más esforzadas, y los animés japoneses que ve mi hermana la quinta tienen, con toda la furia, 26 capítulos al año. ¿50? Ni soñando. Y en blogs, ni hablemos. Por un decir, el blog de Ursula Le Guin, que lee mi hermana y mencioné la semana pasada, en cinco años tiene 89 posteos.

¿Y por qué, por qué justo a mí se me ocurre? Yo les voy a decir por qué. Porque imaginé que un solo tema por semana era poco. Ja. Porque cuando tuve que pensar un número, no quise contar, y por eso lo primero que pensé es “cincuenta”. Y sobre todo, porque preví que me cansaría mucho antes de llegar a este punto. Pero evidentemente, la Fuerza es poderosa en mí (y cuando hablo de “Fuerza” no me refiero a la cosa esa de Darth Vader y los jedis, sino a la Inercia), así que terminar algo también me da fiaca. Como me dijo mi hermana la tercera que escribió Haroldo Conti, “para ser un vago perfecto hace falta dedicación, y soy demasiado vago para tenerla”.

Pero ya estoy llegando nomás a 100 posteos. Y voy a tirar la casa por la ventana. Mentalmente, claro. Además, tirar una casa por su propia ventana es más difícil que hacer pasar una aguja por el ojo de sí misma, como dice la Biblia (o era algo así).

Y lo peor de todo es que hay tantas canciones y músicos que me gustan y aún no aparecieron en este blog, que podría llenar casi sin esfuerzo (mentalmente) una tercera temporada, si me decidiera a hacerla. El mundo es muy injusto.

Hoy, como tercera y penúltima entrega de “Tachame la doble”, va un tema de Oceanía. Bueno, en realidad, Natalie Imbruglia (semana 36) es australiana, pero como que la música que hace no me da muy oceánica que digamos (así como la música de Aute no me da filipina, aunque él haya nacido en Manila). Así que hoy va “Royals”, de la adolescente cantautora neocelandesa Lorde. En su álbum debut, Pure Heroine (“heroína pura”, que es, obviamente, un juego de palabras entre una droga mortal y una protagonista de historietas católicas).



Ustedes seguro no me van a creer, pero yo tenía en carpeta esta canción desde meses antes de que la nominaran al Grammy (ganó dos de los más importantes: mejor canción del año y mejor interpretación femenina), y desde mucho antes de que llegara al tope de los rankings. Ustedes ahora pensarán que soy un hueco que hago la plancha por el oleaje de las modas musicales, pero no, al menos en este caso, vi algo en la canción desde antes de que fuera famosa. No fui el único, evidentemente. Tampoco me creo uau, sería mucho esfuerzo.

¿Qué es lo que tiene, entonces, esta canción, para catapultar a la fama a una piba de 17 años? Veamos.
Musicalmente, Lorde propone un tipo de pop suburbano, un poco emo un poco dark, como si mezcláramos The xx con Lana del Rey. Un poco depre, un poco aburrido, no especialmente bien cantado. Tampoco la letra es para golpearse la cabeza contra la pared del embelesamiento poético.

Todo eso es cierto; sin embargo, en esta canción Lorde (es un seudónimo, se llama Ella Yelich-O'Connor), logró armar un clima y una voz que suenan creíbles y sinceras, y logra darle a una generación de adolescentes sin grandes perspectivas y sin un mango una mano de barniz que los hace ver no glamorosos, pero inmersos en algo que puede funcionar como si fuera el glamur real. Y este glamur de los desposeídos es más que verdadero, porque realmente sucede (como diría Gogol Bordello) y podemos ver sin esfuerzo a sus príncipes y princesas, vestidos apenas un poquito mejor que los linyeras, coronados por acné y peinados para el culo.

De entrada, ella, la cantora, plantea una división entre el mundo tal como se lo quieren vender a los jóvenes, en las canciones y las publicidades: un mundo lleno de lujos y belleza y consumo y moda; y la realidad tal como es para ella y sus amigos, que son (al menos en esta canción) gente común, en un barrio periférico de un país periférico.


Utiliza, Lorde, un recurso que a mí me gusta mucho, que es el de la enumeración. En vez de definir ese mundo de los “royals” (no los postrecitos, sino los Regios, la Realeza, las Divinas), lo que hace es nombrar las cosas que funcionan como símbolo de pertenencia a ese mundo; no solo objetos, sino también marcas, acciones, preocupaciones, formas de hablar y pensar:

· dientes de oro
· Grey Goose (marca lujosa de vodka)
· excursiones al baño
· manchas de sangre (para nosotros, en cambio, la sangre no mancha, viste)
· vestidos de baile
· destrozar la habitación del hotel
· manejar Cadillacs (ellos lo hacen, pero en sueños)
· Cristal (el vidrio y la marca de champán, tal vez también la droga)
· Maybach (marca de autos de súperlujo)
· diamantes en tu rolex
· aviones jet
· islas (privadas, seguramente, no está hablando de Martín García)
· tigres con correa dorada
· affaires amorosos (ellos tienen un affaire, nosotros cogemos nomás)


Dice Lorde: esos lujos no son para nosotros: nosotros contamos nuestras monedas en el tren a la fiesta (me encanta ese verso, es muy gráfico). A diferencia de los Royals, ansiamos otro tipo de emoción (usa, para “emoción”, la palabra buzz, que significa también “zumbido”, lo que conecta con la idea que viene).

Y ahí se manda, Lorde, con su propuesta. No somos Royals, pero podemos jugar a serlo. Para empezar llamame Queen Bee, Reina Abeja (“abeja reina”, pero también suena como “Reina B”, reina suplente, reina del descenso). Y nene, no me va a costar nada ponerme en ese rol: porque ustedes son unos zánganos, y yo, cuando me pongo a mandar, mandaré mandaré mandaré de lo lindo. Aunque después se acuerda de que no es reina, después de todo, y les pide a los compas, casi les ruega: dale, déjenme vivir esa fantasía.


Se puede, entonces, ser reina desde un barrio dado vuelta, entre un montón de zánganos sin futuro, y pasarla igualmente bomba. Eso dice Lorde, al menos, y yo, sumiso, le creo.

Hay dos versiones del clip:
El videoclip original los muestra únicamente a ellos: dos pibes-zánganos, vestidos como linyeras, pegándose, sangrando, mirándose los granos en el espejo sucio; y a la vez, con onda, con cara de buenos tipos. Y entonces, en la segunda mitad del clip (a los dos minutos y medio), aparece ella, maquillada como una reina (y a la vez, con una cara y un maquillaje como de insecto, que no la muestra como la típica “belleza pop” que aparece en los clips yanquis). Y después desaparece otra vez.

En la versión yanqui del clip, aparecen mucho menos los zánganos, y mucho, mucho más ella, de entrada, lo que permite que el clip sea, a la postre, mucho más light, menos sangriento y menos suburbano. Y le sacaron los últimos treinta, cuarenta segundos, que “cerraban” la película del clip original, pero no aportaban mucho a la idea (comercial) de la canción. Una cagada, bah, pero se entiende la idea, desde un punto de vista comercial (y como Lorde quiere ser reina…).









Royals

I've never seen a diamond in the flesh
I cut my teeth on wedding rings
 in the movies
And I'm not proud of my address,
in the torn up town
No post code envy

But every song's like:
gold teeth, Grey Goose, trippin' in the bathroom
Bloodstains, ball gowns,
trashin' the hotel room
We don't care,
we're driving Cadillacs in our dreams.

But everybody's like: Cristal,
Maybach, diamonds on your timepiece,
Jet planes, islands, tigers on a gold leash.
We don't care,
we aren't caught up in your love affair.

And we'll never be royals.
It don't run in our blood,
that kind of lux just ain't for us,
we crave a different kind of buzz.

Let me be your ruler,
you can call me Queen Bee,
And baby I'll rule, I'll rule I'll rule I'll rule.
Let me live that fantasy.

My friends and I we've cracked the code,
We count our dollars on the train
 to the party.
And everyone who knows us knows that we're fine with this,
We didn't come from money.

But every song's like:
gold teeth, Grey Goose, trippin' in the bathroom
Bloodstains, ball gowns,
trashin' the hotel room
We don't care,
we're driving Cadillacs in our dreams.

But everybody's like: Cristal,
Maybach, diamonds on your timepiece,
Jet planes, islands, tigers on a gold leash.
We don't care,
we aren't caught up in your love affair.

And we'll never be royals.
It don't run in our blood,
that kind of lux just ain't for us,
we crave a different kind of buzz.

Let me be your ruler,
you can call me Queen Bee,
And baby I'll rule, I'll rule I'll rule I'll rule.
Let me live that fantasy.

We're bigger than we ever dreamed,
and I'm in love with being queen.

Life is great without a care,
We aren't caught up in your love affair.

And we'll never be royals.
It don't run in our blood,
that kind of lux just ain't for us,
we crave a different kind of buzz.

Let me be your ruler,
you can call me Queen Bee,
And baby I'll rule, I'll rule I'll rule I'll rule.
Let me live that fantasy.
.
Regios

Nunca vi un diamante en carne y hueso.
Corté mis dientes con anillos de boda en las películas.
Y no estoy orgullosa de mi dirección:
En la ciudad rota
no hay envidia de código postal.

Pero cada canción es como: dientes de oro, Grey Goose, excursionar en el baño,
manchas de sangre, vestidos de baile, destrozar la habitación de hotel.
No nos importa,
manejamos Cadillacs en nuestros sueños.

Pero todo el mundo es como: Cristal, Maybach, diamantes en tu rolex, aviones jet, islas, tigres con correa dorada.
No nos importa,
no nos agarraron en tu affaire amoroso.

Y nunca seremos de la realeza.
No corre en nuestra sangre,
ese tipo de lujo no es para nosotros,
ansiamos otro tipo de zumbido.

Dejame ser tu dueña;
podés llamarme Abeja Reina,
y nene, yo dominaré, dominaré, dominaré.
Dejame vivir esa fantasía.

Mis amigos y yo desciframos el código,
Contamos nuestros billetes en el tren
a la fiesta
y cada uno que nos conoce sabe que nos parece bien,
no vinimos por la plata.

Pero cada canción es como: dientes de oro, Grey Goose, excursionar en el baño,
manchas de sangre, vestidos de baile, destrozar la habitación de hotel.
No nos importa,
manejamos Cadillacs en nuestros sueños.

Pero todo el mundo es como: Cristal, Maybach, diamantes en tu rolex, aviones jet, islas, tigres con correa dorada.
No nos importa,
no nos agarraron en tu affaire amoroso.

Y nunca seremos de la realeza.
No corre en nuestra sangre,
ese tipo de lujo no es para nosotros,
ansiamos otro tipo de zumbido.

Dejame ser tu dueña;
podés llamarme Abeja Reina,
y nene, yo dominaré, dominaré, dominaré.
Dejame vivir esa fantasía.

Somos más grandes que lo que soñamos,
y estoy enamorada con ser reina.

La vida es bárbara sin preocuparse,
no nos agarraron en tu affaire amoroso.

Y nunca seremos de la realeza.
No corre en nuestra sangre,
ese tipo de lujo no es para nosotros,
ansiamos otro tipo de zumbido.

Dejame ser tu dueña;
podés llamarme Abeja Reina,
y nene, yo dominaré, dominaré, dominaré.
Dejame vivir esa fantasía.


Eso es todo por hoy, zanganitos. Descansen y cómanse las uñas, que la semana próxima termina la serie, y mi año laboral.  

DJ Vago






martes, 30 de septiembre de 2014

[98] En las antípodas del esfuerzo


“Tengo que” (لازم), de Tania Saleh (2011)


Ayer fue lunes, y sabía, yo sabía que tenía que hacer algo. Pero en honor del tema de hoy, me rebelé y no hice nada. Excepto dormir. Ni soñar quise.

Pero hoy, ya más dócil, transé con el sistema y aquí va mi posteo semanal, segundo de la serie “Tachame la doble”, que aquí trae la primera canción árabe en el blog.

Pertenece a Tania Saleh, joven artista libanesa, y se llama “Lisen”, palabra árabe que significa “tengo que” y se escribe… como ven arriba. Forma parte de su segundo disco, "Wehde", de 2011. 



El árabe no es mi fuerte, pero por suerte el pago que le hice a Dudi, el zulú que me ayudó con el tema de la semana pasada, alcanzó para tenerlo trabajando en mi favor un par de días extra, lo que aproveché para pedirle:

• que me numerara todas las entradas del blog, como me dijeron que hizo Le Guin;

• que me armara una tabla con todos los artistas y temas que aparecen en el blog (y que seguramente incluiré en la entrada número 100, la última de esta temporada);

• que me consiguiera un árabe que tradujera esta canción.

Dudi hizo todo esto, y podría haber seguido trabajando más, porque es voluntarioso y buena onda; pero no quise abusar de la laboriosidad del morocho, para no tener más problemas con el INADI. Así que desde la semana que viene vuelvo a estar por mi cuenta, y tendré que esforzarme más.

El tema de hoy es realmente agotador. La canción mezcla una letra rapeada con una musicalización pop y una base de ritmos árabes (lo que se nota especialmente en el breve estribillo, que recuerda al de una canción de Sumo: "sé que tengo que seguir adelante, pero no sé adónde estoy yendo"). Y lo único que hace la cantante, durante todo el tema, es enumerar todas las cosas que tiene que hacer.

Y vaya que tiene que hacer cosas. La canción es, en ese sentido, un buen reflejo (un poco exagerado tal vez, pero no tanto) de qué significa ser una persona moderna, y en particular, una mujer. Porque seamos sinceros: ser varón es mucho más sencillo. Por eso soy varón.


Con respecto a Tania y su “Tengo que”, yo me ubico en las antípodas. Geográfica, genérica y superyoicamente. Estoy escribiendo, ahora mismo, en las antípodas del esfuerzo. Y contento de ello.

Ya con lo poco que tengo que hacer (escribir este blog no es la única tarea que tengo en la semana, pero sí la principal), yo también “siento que me quedo sin aliento” cada vez que termino mi posteo.

Así que, aunque no comparta la enorme cantidad de tareas que tiene que hacer Tania (y uno imagina que no le esquiva al bulto, que realmente hace o intenta hacerlas todas), puedo imaginar su cansancio, y empatizar-simpatizar con su causa.

Y como siguiente paso lógico en la argumentación, ya me cansé.




https://www.youtube.com/watch?v=QBYx506k5uA

لازم
لازم نام لازم قوم لازم آكل لازم صوم
لازم إطلع لازم روح لازم إضحك لازم نوح
لازم فضي لازم عبّي لازم دايما إشكر ربّي
لازم روق لازم فوق لازم إمشي لازم سوق
لازم خاف لازم إبكي لازم قول لازم إحكي
لازم حب لازم غار لازم ما إلعب بالنّار
لازم آخد لازم أعطي لازم كشّف لازم غطّي
لازم إمزح لازم إفلح لازم سكّر لازم إفتح
ولوين لوين بعدين
لازم إرسم لازم ألف لازم كنسل لازم سيّڤ
لازم إقرا لازم فوكس لازم سلّم لازم بوّس
لازم عرّب لازم رتّب لازم نضّف لازم كبكب
لازم إلبس لازم إشلح لازم إجمع لازم اطرح
لازم طفي لازم ولع لازم إقسى لازم دلع
لازم إهرب لازم إكتب لازم إخسر لازم إغلب
لازم طير لازم رفرف لازم إفرح لازم كيّف
لازم إخوت لازم إحلم وين بصير الله بيعرف
ولوين لوين بعدين
لازم روح لازم إرجع لازم إنزل لازم إطلع
لازم إقشع لازم إسمع لازم كفّي لازم إقطع
لازم ثور لازم غيّر لازم طحبش لازم كسّر
لازم دايما كون قويّة لازم دايما كون هنيّة
لازم سافر لازم سوح مش رح تفرق وين بروح
لازم فشّط لازم عيّط لازم ساير لازم بيّض
لازم إصدق لازم كذّب لازم بعّد لازم قرّب
ما بقا عندي نفس كفاية لازم إقفل بالنّهاية


Tengo que

Tengo que dormir, tengo que levantarme, tengo que comer, tengo que ayunar,
tengo que ir con la corriente, tengo que desvanecerme, tengo que brillar,
tengo que vaciarme, tengo que llenarme, tengo que estar siempre de buen ánimo,
tengo que calmarme, tengo que esforzarme, tengo que pasear, tengo que manejar,
tengo que temer, tengo que llorar, tengo que charlar, tengo que decir,
tengo que amar y nunca desfallecer, debo evitar jugar con fuego,
tengo que dar, tengo que tomar, tengo que desvestirme, tengo que fingir,
tengo que jugar, tengo que pausar,
tengo que abrir, tengo que cerrar.

Sé que tengo que seguir adelante, pero no sé adónde estoy yendo.

Tengo que trabajar, tengo que ser una esclava, tengo que cancelar, tengo que salvar,
tengo que enfocarme, tengo que leer, tengo que cocinar, tengo que alimentar,
tengo que tener, tengo que sostener, tengo que lavar, tengo que tapar,
tengo que vestir y desvestir, tengo que agradar e impresionar,
tengo que ser caliente, tengo que ser fría, tengo que ser gentil, tengo que renegar,
tengo que huir, tengo que escribir, tengo que ser pacífica, tengo que luchar,
tengo que ser libre, tengo que volar, abrir mis alas y llegar alto,
tengo que soñar, tengo que volverme loca,
tengo que ser ambiciosa y nunca haraganear.

Sé que tengo que seguir adelante, pero no sé adónde estoy yendo.

Tengo que venir y que irme, tengo que partir, tengo que quedarme,
tengo que atender, tengo que mirar fijo, tengo que gritar, tengo que jurar,
tengo que rebelarme, tengo que cambiar, tengo que romper y reordenar,
pero siempre debo ser fuerte, y nunca debo equivocarme,
tengo que viajar lejos de casa, no importa por dónde me pierda,
tengo que comenzar conversaciones y estar a la altura de las expectativas,
tengo que ser amable, tengo que ser grosera, tengo que ir demasiado lejos, tengo que estar cerca.

Siento que me quedo sin aliento.
Tengo que terminar ahora, este es el final.




Ídem,

DJ Vago

lunes, 22 de septiembre de 2014

[97] Pal Moliva me voy, zulu



“Moliva”, por Johnny Clegg y Savuka, en Cruel, loco, hermoso mundo (1989)



Empieza la serie final de esta segunda temporada, que se me hizo eterna. En esta serie, que titularé “Tachame la doble”, iré llenando algunos de los muchísimos huecos que fui dejando a lo largo de las hasta hoy 97 entradas de este blog.

Algunas de las deudas que NO pagaré este año son, por ejemplo, las ausencias de los Beatles, de The Who, de Zitarrosa, de chacareras y chamamés, de canciones en gallego, en coreano, en holandés, en guaraní, de Paul Simon, de Ozzy Osbourne, por Sarah Vaughan, por Gardel, por Dina Rot, de Sting, de Chicago, de Foo Fighters, de Beethoven, de Chopin, de Gorillaz, de R.E.M., de Mano Negra, de Bob Dylan… me cansé.

Pero bueno, unas pocas pero importantes deudas sí saldaré, y empiezo hoy, como primera entrega de la serie “Tachame la doble”, con una canción africana, la primera en el blog. Por un lado, no es que nos llegue tanta música africana, como para elegir (y jamás me rebajaría a poner “Hakuna Matata” o algún engendro disneico eltonyónico similar). Por otro lado, la traducción de los idiomas africanos no es sencilla (no se imaginan lo que tuve que buscar para encontrar un zulú que me ayudara, y ya saben que esforzarme no es lo mío).

Esta canción zulú nos llega a través de Johnny Clegg y su banda Savuka. Johnny es un inglés que, además de músico, salió antropólogo, y estudió un toco sobre la música de los pueblos sudafricanos. Y sacó tres o cuatro discos bastante buenos, como el que incluye “Moliva”, titulado Cruel, loco, hermoso mundo, de fines de los ochentas.



La canción está en un rápido compás 4/4, y logra ser rítmica y pegadiza a pesar de que tiene más letra que un policial sueco. El cantor (que no es, por cierto, Johnny, quien tiene una voz finita y bastante olvidable) va contando, mitad en canto y mitad en recitado, el gran tema de la canción, que es: ¡por fin me casé, papá!

En general la gente no se pone taaaaaan contenta por casarse, pero este hombre está que no da más de gusto. Y se ve que ni el padre le ponía muchas fichas tampoco, ya nadie creía que iba a conseguir una mujer que le diera bola. Por eso él está, además de contentísimo, agradecido, y además de contar algunos pormenores de la ceremonia y el festejo, va agradeciendo a distintas personas y grupos de personas.

No se casa con cualquier mujer, claro: se casa con una zulú. El cantor es zulú por adopción, pero no por nacimiento, y por eso tuvo que pasar por un largo proceso para llegar a formar parte de la comunidad y así “convertirse en persona” (una idea que tomaron, por cierto, los guionistas de la película Avatar). Cuando empieza a agradecer, no solo le agradece a quienes le enseñaron las costumbres zuluces, sino hasta a quienes lograron que las distintas tribus se juntaran en la nación zulú, sin lo cual, aparentemente, él no hubiera conseguido esposa y sería un infeliz.

La canción se llama “Moliva”. Me explicó mi traductor zulu (el muchacho es oriundo de Soweto y se llama Kwentoyzidudi Mntowaziwayo, pero los amigos le decimos Dudi) que “Moliva” es el nombre de un pueblito en la provincia de Kwazulu (también conocida como Natal), es decir, los territorios que los holandeses les afanaron a los zulu y que ahora forman parte del país Sudáfrica (donde vivía, hasta hace poco, mi amigo Mandela). La palabra Moliva es la traducción fonética (y a las apuradas, mientras los corrían a escopetazos) que hicieron los zulu del término mooi rivier, lo que en holandés significa, ovbiamente, “río hermoso”.



En el pueblo de Río Hermoso, entonces, es donde sucede la boda. No hay iglesia, en el pueblo. O, más probablemente, la iglesia que hay es cristiana, y no permite que la gente se case a lo zulu, ceremonia que, según me explica Dudi, es más cercana a un recital de la Mona Giménez que a un aburrido ritual parsimonioso con curas excesivamente abrigados y “Pompa y circunstancia” sonando de fondo.


Así que se casan en la escuela, que debe ser el mejor local alquilable del poblado. Le regalaron (como dote de la novia) un motor de auto, y el suegro hizo sus típicas payasadas, que todos festejaban, y todos iban de acá para allá con los preparativos, hasta que al fin de hizo la ceremonia y él puede exclamar, fuera de sí, “por fin me casé, por fin tengo esposa”, frase que el corito repite alegremente en un montón de ocasiones. Ojalá la esposa esté la mitad de contenta, con el asunto, porque es sabido que las zulu son bastante bravas, si el marido no cumple con sus expectativas (Dudi asiente con la cabeza, temeroso).

Yo, por cierto, no estoy nada apurado por casarme, pues anticipo que debe ser demasiado trabajoso. Y todo lo que sea trabajo, como dice el lema de mi escudo heráldico, “preferiría no hacerlo” (Dudi asiente con la cabeza, comprensivo).


Esta es, en cierta forma, una canción-río, donde las palabras se van repitiendo para formar, junto con la música, un ritmo incesante, como de olitas sucesivas, casi iguales pero todas diferentes; así que está muy bien que se titule “Río Hermoso”; mejor dicho, esa palabra que suena más o menos como río hermoso pero no lo es.



Moliva

Hawu baba ngashada intombi yami esikolweni emoliva
kwashunqa uthuli kwandlovu madoda silwela lobuhle
usipho wakipha izinkomo ezamalobolo ezinamasondo
wadlala umukwa wami wadlala engalindile
wadlala umukwa wami engalindile kwakhikhiza abafazi
ngisho izulu eliphezulu lalihleka kancane
'zulu eliphezulu lalikhona lalihleka kancane
emoliva emoliva emoliva
yamnandi lendaba ngaze ngashada emoliva ngiyabonga webanguni
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
wemzila wangincelisa amasiko ngaze ngaba wumuthu
hawu wemakhabela nangikhulisa ngaze ngaba wumuthu
kungathiwani ngani nanguni nahlanganisa zonke izizwe
nahlanganisa zonke izizwe ubesehlulekile ubotha
nahlanganisa zonke izizwe ngobuhle ubesehlulekile ubotha
emoliva emoliva emoliva emoliva emoliva
yamnandi lendaba ngaze ngashada emoliva ngiyabonga webanguni
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
yamnandi lendaba ngaze ngashada emoliva ngiyabonga webanguni
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami
ngaze ngashada ngaze ngathola nowami.


Moliva

Oh, Padre, me casé con mi chica en la escuela en Moliva,
se hacía polvareda con los preparativos en la casa de Dilovu,
Sifo pagó la dote de la novia con un motor de auto
y mi suegro hizo una inesperada danza guerrera
que le surgió en el momento.
Mi suegro hizo una inesperada danza guerrera
y las mujeres lo alentaban con gritos agudos,
hasta el cielo allá arriba hizo una breve sonrisa.
El cielo allá arriba estaba allí e hizo una pequeña sonrisa
en Moliva, en Moliva, en Moliva.
Fue un maravilloso evento en el cual
por fin me casé en Moliva
y les agradezco, gente del clan Chunu.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Mazila, vos me nutriste en las tradiciones y costumbres
de los zulu, y me convertí en persona.
Oh, ustedes, gente de Maklabeleni, me criaron
hasta que me volví una persona,
y qué puedo decir de ustedes, gente de Chunu,
que reunieron a todas las naciones,
trajeron a las naciones juntas,
lo que por tanto tiempo no había sido posible,
ustedes reunieron a todas las naciones en buena voluntad,
lo que no habían logrado desde hacía tanto.
En Moliva, en Moliva, en Moliva, en Moliva, en Moliva.
Fue un maravilloso evento en el cual
por fin me casé en Moliva
y les agradezco, gente del clan Chunu.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Fue un maravilloso evento en el cual
por fin me casé en Moliva
y les agradezco, gente del clan Chunu.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.
Por fin me casé, por fin tengo esposa.



Eso es todo por hoy. Me despido, con la piel oscurecida y el corazón iluminado,

DJ Vago


(y también se despide Dudi)