solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

miércoles, 14 de diciembre de 2016

[171] La ley es tela de araña


“I fought the law”, original por The Crickets (1959) y covers por The Bobby Fuller Four (1966), The Clash (1979) y The Dead Kennedys (1987)



La justícia em va agafar
i en presó fosca em duia
La justícia em va agafar
i em farà pagar amb la vida.
Adéu clavell morenet,
adéu estrella del dia.
(La justicia me atrapó / y me llevó a prisión oscura. / La justicia me atrapó /
y me hará pagar con la vida. / Adiós clavel morenito, adiós estrella del día.)
“Cançó del lladre”, tradicional medieval catalán


Esta semana me extralimité con dos posteos, pero no se piensen que esta laboriosidad es un propósito de fin de año o un antecedente legal; es solo que hoy me sentí muy punk durante toda la jornada y pensé que era un buen día para protestar contra las leyes y los legisladores (de la nación, de las provincias, hay para elegir) y también, porque hoy es el aniversario de la salida del famoso disco “London calling” de The Clash, uno de los grupos homenajeados en el posteo de hoy

Así que presento e inauguro hoy la serie “Original versus cover”, en la que presentaré covers que, al menos en mi opinión, pueden luchar de igual a igual con sus versiones originales, e inclusive vencerlas.

La canción elegida hoy es un tema que nos llevará de viaje por cuatro generaciones del siglo XX, desde su versión original de fines de los cincuentas, hasta su último cover significativo en plenos ochentas.

Aclaro que cuando hablo de “cover” no me refiero a cualquier interpretación de un tema musical, sino a aquellas que implican un cambio respecto la canción original (en el ritmo, en la musicalización, en la onda, en la letra...). Por ejemplo, la versión de Mercedes Sosa de “Zamba para olvidar” no entra en mi mente como un cover; la de Abel Pintos sí lo es (aunque más no sea por el detalle de que cambia por completo la melodía, asesinándola vilmente).

La canción elegida hoy es “I fought the law” (“Luché contra la ley”), compuesta por Sonny Curtis, del grupo de rock The Crickets (“Los Grillos”). El tema salió editado como parte del disco “En estilo con los Grillos”, y pasó por el mundo sin pena ni gloria. Ninguna radio se dignó pasarla ni una vez. No la cantaban ni las tías de los integrantes de la banda.



Es, sin embargo, una buena canción, de melodía pegadiza y alegre, a pesar de que su letra es tirando a melancólica y bajoneante, pues el cantor es un presidiario que, mientras realiza trabajos forzados en la cárcel, recuerda por qué se dedicó al delito, cómo lo atraparon y lo que perdió (básicamente: perdió a su amada y perdió su diversión). Y mientras cuenta esa historia (con pocas palabras, como hacemos los ex-presidiarios), intercala a cada rato la terminante y decisiva frase que resume su vida entera: “peleé contra la ley, y la ley ganó”.

I fought the law
Breakin' rocks in the hot sun
I fought the law and the law won.

I needed money 'cause I had none
I fought the law and the law won.

I left my baby and it feels so bad
Guess my race is run
She's the best girl that I ever had
I fought the law and the law won.

Robbin' people with a six-gun
I fought the law and the law won.

I lost my girl and I lost my fun
I fought the law and the law won.

I fought the law and the law won.
Luché contra la ley
Partiendo piedras a pleno sol,
luché contra la ley y la ley ganó.

Necesitaba plata porque no tenía,
luché contra la ley y la ley ganó.

Dejé a mi nena y me siento tan mal,
supongo que mi carrera es correr.
Ella es la mejor chica que tuve,
luché contra la ley y la ley ganó.

Robando gente con una pistola,
luché contra la ley y la ley ganó.

Perdí a mi nena y perdí mi diversión,,
luché contra la ley y la ley ganó.

Luché contra la ley y la ley ganó.

Escuchen la versión de The Crickets (1959). El ritmo y la melodía son pegadizos, y se mantienen, con variantes, en todos los covers. Los Grillos no son grandes músicos, eso se nota a la legua. 


El cantante no es un gran cantante. Es lindo el detalle de que, cuando el cantor habla de la pistola con que salía a robar (la “seis tiros”), hacen seis golpecitos con la guitarra (1:15 en el clip), detalle que se mantendrá en los covers que analizaremos. En general, aunque uno puede escuchar con optimismo la canción, los Grillos la cantan un poco morosa, un poco monótona, un poco chata y un poco demasiado alegre, por lo cual, considerándola por sí sola, creo que es un tema bastante olvidable. Y lo mismo creyeron todos los contemporáneos de The Crickets.



Pero llegó, casi diez años después, el primer cover significativo de este tema, por el cuarteto de Bobby Fuller, The Bobby Fuller Four (1966). 



Esta vez la canción sí resultó un éxito, y pasó por las radios y escaló en los charts y fue reconocida y cantada por la gente. Escúchenla y ya en los primeros segundos entenderán por qué: Bobby le puso batería, ritmo y mucha onda. Y no olvidemos que ya son los sesentas, y además, luchar contra la ley se volvió una cuestión más urgente que diez años atrás. Elegí un clip en vivo, para que vean a los rubios del cuarteto y, sobre todo, la coreo de las chicas pistoleras, que es imperdible.



Si bien no hay cambios en la melodía y casi casi se mantiene el ritmo, Bobby Fuller le pone más garra al canto y a la vez, una necesaria nota de melancolía en la línea del estribillo (después de todo, esta es la canción de un perdedor, no debería ser cantada como si volvieras de ganar la Champions).

El cuarteto de Bobby Fuller tuvo un éxito intenso pero fugaz. Muy fugaz. ¿Por qué? Pues porque seis meses después de lanzar este tema, Bobby, que tenía 23 años, fue hallado muerto (asfixiado con una bolsa) en el asiento de su auto, que estaba estacionado frente a su casa. La ley dictaminó que fue un suicidio, aunque la familia y los amigos sospecharon de un asesinato. El horrendo caso quedó sin resolver.

Trece años más tarde, en pleno auge del punk en Inglaterra, la canción de lucha contra la ley fue retomada por The Clash, lanzada en su disco “El costo de vida” (1979). La canción suena tan bien y tan acorde con la línea del punk, que parece compuesta por The Clash, y efectivamente muchos piensan que la canción es de ellos. Esta es la versión más recordada en nuestros días, y cuando hoy en día se hacen covers de la canción (Green Day hizo uno hace poco, por ejemplo), los hacen a partir de esta versión. Como toda banda punk, los integrantes The Clash no se esfuerzan por cantar bien, ni les importa un pepino tocar bien la guitarra ni la batería. Sin embargo, la canción les quedó bien diferente de las versiones previas, y mantiene su encanto cuasi hipnótico.



Agregaron un videoclip, en el que se ven escenas de ladrones-músicos escapando de la policía, y algunas imágenes documentales de excesos policiales (convenientemente recortadas justo a tiempo, para evitar que efectivamente los engayolaran y los hicieran picar piedras al sol).


Pero faltaba aún un nuevo cover. Casi diez años después (1987), y también desde el lado del punk, con una banda que ya conocemos, The Dead Kennedys (relean, si tienen ganas, mi genial (humildemente) posteo 75, de abril de 2014, sobre “Holiday in Cambodia”). El tema salió como parte del disco Denme comodidad o denme muerte.



Este cover es el primero (y único) que cambió la letra, y lo hicieron en forma significativa. La canción fue motivada por un hecho policial muy puntual: el asesinato a sangre fría de Harvey Milk (el primer funcionario electo abiertamente gay, en los Estados Unidos; pueden ver, si no la vieron aún, la película Milk) y George Moscone, a manos de un ex-compañero político y policía, Dan White. El señor Dan Blanco le pegó cuatro tiros a Moscone y luego cinco a Milk. Por más nefasto que sea el episodio, no resulta extremadamente sorprendente, considerando la larguísima historia de crímenes políticos y armas de fuego que tienen los Estados Unidos del Norte. Lo que sí es increíble es que luego, en el juicio, Dan White zafó de ser condenado por el doble asesinato, y se llevó solamente un cargo de homicidio simple (por el que solamente estuvo preso cinco años), utilizando como defensa el siguiente argumento: “Yo estaba temporalmente con mis facultades mentales alteradas, porque había comido muchas barritas de chocolate (twinkies)”. “Ah bueno, eso explica todo”, dijeron los jueces y lo perdonaron y le dieron lo mínimo posible. Si no fuera indignante, sería graciosísimo.

Los Dead Kennedys, con su característico estilo confrontativo, cambiaron la letra de forma que el cantor es el mismísimo Dan White, quien, ya no melancólico sino exultante, declara lo opuesto que en las versiones previas “Luché contra la ley y yo gané”. Así como Bartolomé Hidalgo y Martín Fierro aseguraban que “la ley es tela de araña”, pues el bicho grande zafa pero el bicho chico queda atrapado, los Kennedys gritan: “La ley no significa una mierda si tenés los amigos correctos: así es como funciona este país”. No solo le voló los sesos a Milk y a Moscone y quedó libre por las barritas de chocolate, sino que piensa escribir un libro y volverse millonario, y además ahora el Klan lo considera un héroe... Si tenés una placa y sos Blanco, dos cargos de homicidio es un temita que se puede conversar...



I fought the law
Drinkin' beer in the hot sun
I fought the law and I won

I needed sex and I got mine
I fought the law and I won

The law don't mean shit
If you got the right friends
That's how this county's run

Twinkies are the best friend I ever had
I fought the law and I won

I blew George and Harvey's brains out with my Six gun!

I fought the law and I won

Gonna write my book and make a million
I fought the law and I won

I'm the new folk hero of the Ku Klux Klan
My cop friend thinks it's fun
You can get away with murder if you got a badge

I fought the law and I won
I AM the law so I won.
Luché contra la ley
Tomando cerveza al sol,
luché contra la ley y gané.

Necesitaba sexo y tomé el mío,
luché contra la ley y gané.

La ley no significa ni mierda
si tenés los amigos correctos,
así es como funciona este país.

Las barritas de chocolate son mis mejores amigos,
luché contra la ley y gané.

¡Volé los sesos de George y Harvey
con mi pistola!

Luché contra la ley y gané.

Voy a escribir mi libro y ganaré un millón,
luché contra la ley y gané.

Son el nuevo héro local del Ku Klux Klan,
mi amigo cana piensa que es gracioso.
Podés zafar del asesinato si tenés una placa.
Luché contra la ley y gané.
Yo soy la ley, así que gané.


Y con eso termina esta triste historia de luchas y derrotas contra el poder y los poderes. El pobre siempre pierde, el poderoso siempre gana.

Y sin embargo, ante ciertas leyes, ante ciertos poderes, es mejor luchar y perder, perder y luchar toda la vida.

Desde la sombra de la celda los saluda,


DJ Vago

lunes, 12 de diciembre de 2016

[170] Althusser, pase al frente


“What do you learn in school today?”, de Tom Paxton (1964)


Tenía tres series listas para comenzar hoy, y para no gastar energía en decidir el orden, opté por inaugurar las tres, e ir presentándolas alternadamente en las próximas semanas.
Las series en cuestión son:
- “Preguntas sin respuesta”;
- “Cover versus original”;
- “Voces notables”.

Pero había que empezar alguna primero, y decidí comenzar por las preguntas sin respuesta. Como siempre fui un alumno aplicado (?), elegí para hoy una hermosa canción escolar, pletórica de edificantes moralejas.

(Digresión/confesión: en realidad yo no era un buen alumno, en la escuela primaria. En la secundaria, en cambio, fui un desastre. No prestaba atención más que a mis amigos y, a partir de séptimo grado, preferentemente a mis amigas. Mi religión me prohibía hacer la tarea y mis principios éticos me impedían callarme incluso cuando la autoridad escolar lo exigía o lo imploraba. Hacía rimas graciosas y/o obscenas con cada frase que pronunciaban los docentes, y soñaba con un futuro lleno de libertad, rock pesado y milanesas napolitanas. La única libertad que conseguía era quedar libre por faltas. Si no repetía, era apenas porque repetir me sonaba a estudiar. Solamente la extensión de mi memoria auditiva y la pesadez de la mano de mi padre consiguieron que transcurriera, con más pena que dignidad, mis años escolares hasta conseguir un título que hoy mostraría orgulloso, si recordara dónde lo dejé. Fin de la digresión.)



La canción es de 1964 y se titula: “¿Qué aprendiste hoy en la escuela?”. La compuso Tom Paxton, un chico de veintipico de años, en su disco Ramblin` boy (“chico distraído”, “chico divagante”, se ve que yo no era el único con ese problema...). Tom se dedicó a la música country, que como comenté alguna vez, es algo así como una versión aburrida y poco interesante del folclore.


Sin embargo, esta canción no es nada aburrida. Y es breve, no llega a dos minutos, a pesar de que en ese breve lapso el cantor entona cuatro veces el estribillo y cuatro estrofas, un total de nada menos que 40 versos... Para lograrlo, sin dudas que hay que cantar rápido, casi sin pensar, como si la letra se supiera de memoria...

Que es efectivamente lo que propone la canción, en la cual un escolar responde, con total candor, a la pregunta que le hace un adulto (presumiblemente, su madre, padre, tutor o encargado) sobre qué aprendió hoy en la escuela.

¿Qué aprendiste en la escuela hoy,
querido niño de mi corazón?

El chico, sin repetir ni soplar, empieza a desgranar la sabiduría que le fuere impartida en el sacrosanto establecimiento. Por ejemplo, la veneración por los próceres y los soldados nacionales que nos consiguieron a fuerza de disparos la libertad en la cual vivimos desde entonces.

Aprendí que Washington nunca dijo una mentira.
Aprendí que los soldados casi nunca mueren.
Aprendí que todo el mundo es libre
y eso es lo que la maestra me dijo.
Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.

El adulto no queda conforme con esa respuesta, y pregunta varias veces más, lo que permite que el menor se despache con el listado de todas las maravillas que aprendió en la escuela. En la segunda estrofa, detalla el respeto por las instituciones, los poderes y los servidores públicos, por “el Sistema” en todas sus facetas (“aunque a veces no funcione, este es el mejor sistema del mundo”):

Aprendí que los policías son mis amigos.
Aprendí que la justicia nunca se acaba.
Aprendí que los asesinos mueren por sus crímenes
incluso si a veces nos equivocamos.

En la tercera estrofa se habla de la guerra, y que “no es tan mala”. El chico termina la estrofa con un tan orgulloso como escalofriante “y algún día yo tendré mi oportunidad de ir a la guerra”.

Aprendí que la guerra no es tan mala.
Aprendí sobre las grandes que tuvimos.
Peleamos en Alemania y en Francia,
y algún día yo tendré mi oportunidad.

Y en la última estrofa se cuenta lo que se aprendió sobre el gobierno: que debe ser fuerte, que nunca se equivoca, que nuestros líderes son lo más de lo más y por eso es justo y necesario que los elijamos (como efectivamente sucede) una y otra y otra y otra vez.

Aprendí que nuestro gobierno debe ser fuerte,
siempre tiene razón y nunca se equivoca.
Nuestros líderes son los mejores hombres
y los elegimos una y otra vez.

Y termina cada estrofa, siempre, con la exacta e innecesaria confirmación de que eso que dijo es solamente la respuesta a la pregunta del adulto:

Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.


A lo largo de la canción no hay ninguna palabra, ningún tono casi que ponga en duda esos “aprendizajes” obtenidos en la escuela. Y efectivamente, si cambiamos “Washington” por “San Martín” y algunos otros detalles menores, tranquilamente nosotros podríamos cantar esta misma canción, porque no es tan distinto lo que aprendimos en la escuela. Y tan bien aprendimos la lección que, efectivamente, elegimos una y otra vez a los mismos gobernantes y creemos que nuestro país (el mejor) está construido sobre valores (sólidos) y normas (justas) que lo hacen (sin dudas) más pulenta que el resto de los paicejos del orbe, en particular los que nos rodean, que son de cuarta. Eso aprendimos en la escuela.

También aprendimos otras cosas, claro. No hay que ser más althusserianos que Althusser. Aprendimos a leer y a escribir, a sumar y a restar y, si tuvimos suerte, incluso algunas cosas buenas. Pero esas cosas buenas que aprendimos, las aprendimos siempre gracias a maestras y maestros que, al menos por un rato, se corrieron un poco de su rol de guardiacárceles del “AparatoIdeológicodelEstadoporAntonomasia” (así se llamaba mi escuela primaria, aunque los alumnos, por ahorrar, la llamábamos Escuela 17).

A pesar de que la canción no da indicios, es inevitable leerla como una crítica, como una canción sarcástica: eso que nos enseñaron no está bien. Los policías no son tus amigos, la justicia no es justa, los gobernantes no son la crema y nata de tu sociedad (leer “tu sociedad” con el tono asqueado de Luca Prodan en “La rubia tarada”). Y la guerra sí “está tan mal”: esta canción fue retomada por Peter Seeger y otros cantautores como una de las más divertidas y, a la vez, ácidas canciones en contra de la guerra (en particular, la de Vietnam).


What did you learn in school today?

What did you learn in school today,
Dear little boy of mine?

I learned that Washington never told a lie.
I learned that soldiers seldom die.
I learned that everybody's free
And that's what the teacher said to me.
That's what I learned in school today.
That's what I learned in school.

What did you learn in school today,
Dear little boy of mine?

I learned that policemen are my friends.
I learned that justice never ends.
I learned that murderers die for their crimes
Even if we make a mistake sometimes.
That's what I learned in school today.
That's what I learned in school.

What did you learn in school today,
Dear little boy of mine?

I learned that war is not so bad.
I learned of the great ones we have had.
We fought in Germany and in France.
And some day I might get my chance.
That's what I learned in school today.
That's what I learned in school.

What did you learn in school today,
Dear little boy of mine?

I learned our government must be strong,
It's always right and never wrong.
Our leaders are the finest men.
And we elect them again and again.
That's what I learned in school today.
That's what I learned in school.

¿Qué aprendiste en la escuela hoy?

¿Qué aprendiste en la escuela hoy,
querido niño de mi corazón?

Aprendí que Washington nunca dijo una mentira.
Aprendí que los soldados casi nunca mueren.
Aprendí que todo el mundo es libre
y eso es lo que la maestra me dijo.
Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.

¿Qué aprendiste en la escuela hoy,
querido niño de mi corazón?

Aprendí que los policías son mis amigos.
Aprendí que la justicia nunca se acaba.
Aprendí que los asesinos mueren por sus crímenes
incluso si a veces nos equivocamos.
Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.

¿Qué aprendiste en la escuela hoy,
querido niño de mi corazón?

Aprendí que la guerra no es tan mala.
Aprendí sobre las grandes que tuvimos.
Peleamos en Alemania y en Francia,
y algún día yo tendré mi oportunidad.
Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.

¿Qué aprendiste en la escuela hoy,
querido niño de mi corazón?

Aprendí que nuestro gobierno debe ser fuerte,
siempre tiene razón y nunca se equivoca.
Nuestros líderes son los mejores hombres
y los elegimos una y otra vez.
Eso es lo que aprendí en la escuela hoy,
eso es lo que aprendí en la escuela.



Para resumir (como nos pedían en la escuela): la pregunta de la canción es respondida con toda claridad. ¿Por qué, entonces, incluirla en una serie titulada “Preguntas sin respuesta”? Es que la canción deja, entre líneas, varias preguntas sin contestar. Algunas de ellas podrían ser, tal vez: ¿cuándo vamos a desaprender todo lo que aprendimos? ¿Cuándo vamos a aprender en serio?

Mientras tanto, saquen una hoja. Y apantállenme.

DJ Vago


lunes, 5 de diciembre de 2016

[169] ¡Hola, doctor Jekyll! ¡Hola, señor Hyde! ¿Pasó usted por mi casa?



“Y sin embargo”, de Joaquín Sabina (1994)


Hoy concluye al fin (nada puede escapar) la serie “Romant... bué, ponele sí, romántico masomeno”, con un tema en castellano. Estuve a punto de elegir “Nada”, mi canción preferida de Aute, pero al final me decidí por esta de Sabina, que me gusta menos, pero que cuadra mejor con la serie y tiene cosas interesantes para comentar y escuchar.

No es la primera vez que aparece Joaquín Sabina en el blog (vean el posteo 104 de diciembre de 2014, en el que, como de costumbre, me lucí). Aunque probablemente será la última vez que reseñe un tema de él, porque la verdad no es que me gusten tanto las canciones de Sabina. Y sin embargo, opino que algunas están muy logradas, en su particular estilo.

Como la canción elegida hoy, titulada “Y sin embargo”. Que nació de un reclamo: le hicieron notar a Joaquín que tenía ya varios discos editados y sin embargo, ninguna canción de amor. Y entonces compuso este tema que es, si uno lo mira con un ojo, una canción de amor, y si uno lo mira con el otro ojo, no sé lo que es, pero es otra cosa.

Según declaró Joaquín, “Y sin embargo” es la historia de un tipo que camina por la calle tomado del brazo con el amor de su vida, y sin embargo cuando pasa por al lado una mina se da vuelta para mirarle el culo. Una definición que me parece muy exacta.

Sabina fue el primer sorprendido por la buena aceptación que tuvo el tema entre el público femenino, y eso lo llevó a darse cuenta que la mujer que caminaba tomada del brazo con el amor de su vida también le miraba el culo al tipo que pasaba por al lado. Podría haberlo imaginado de entrada, pero bueno, es Sabina.

Por supuesto que no todo amor es infiel, y que una cosa es mirar un culo ajeno y otra muy diferente es pedir un champán francés a medianoche en un cuarto de hotel. Pero para el cantor de este tema eso son apenas detalles. No está orgulloso de cómo es, y sin embargo, luego de describir su situación (la ama a ella, pero constantemente se entrevera con otras) la juzga casi como algo inevitable. Él se presenta como una especie de adicto, onda el cantor de tangos que asevera, canyengue y aplomado: “Si soy así, ¿qué voy a hacer?”. No puede evitar ser como es, y en el fondo tampoco lo intenta: como a Amy Winehouse, quieren hacerlo ir a rehabilitación, pero responde: “No, no, no”.

Pero Sabina lo plantea en una bella canción en 4/4, armada sin estribillo pero con tres tipos de estrofas:

a) Estrofas lentas de siete versos, que comienzan con palabras de dos letras: “De”, “Ni”, “No”. Son las dos primeras estrofas y la quinta. En ellas se plantea la situación del cantor, que le habla a su amada y muy suelto de cuerpo, comienza su alegato con el verso “De sobra sabes que eres la primera”. 

Pequeño Saltamontes: nunca le digas algo así a la persona que te ama, porque te responderá, probablemente, que preferiría ser la única. Aun así, con esa frase sola probablemente evitarías el piñón en la cara, si quedara allí la cosa. 

Pero el cantor sabino se embala rápidamente y luego de proclamar, muy romántico, que daría la vida entera por ella:

De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera

... en vez de un punto seguido (que caía redondo ahí en la frase) sigue la oración con un “y sin embargo”, y ya como que ni necesitamos escuchar lo que viene para saber que la está por embarrar fiero:

y sin embargo un rato cada día
ya ves, te engañaría con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.

Lo que no sería tampoco definitivamente terrible, si no estuviera ese “ya ves”, que indica que ella sabe perfectamente cómo es él, y que eso que le está diciendo no es novedad ni noticia para ninguno de los dos.

En la segunda estrofa intenta llevar agua para su molino incluyéndola a ella en su grupo de wasap filosófico: “vos sabés mejor que yo que las cosas son así”. ¿Y cómo son las cosas, según él?:

... sabes mejor que yo que hasta los huesos
solo calan los besos que no has dado,
los labios del pecado.

La canción no dice si ella está de acuerdo con esto, pero este es el núcleo de la justificación de él por ser como es (fiel de corazón pero infiel de cuerpo) y es, a la vez, lo más discutible de la canción: uno podría pensar que calan más los besos que SÍ se han dado (a esa persona que amamos), que “los labios del pecado”.

Pero bueno. Él es así y ella lo sabe bien (como repite en la tercera estrofa lenta, donde cuenta que cuando está en un hotel y pide champán y cena con velitas siempre es con otra y nunca con ella).

b) Estrofas rápidas de siete versos, que empiezan con la palabra “Y” y que resaltan ese ritmo con la repetición de esa (según mi hermana la tercera:) conjunción copulativa en polisíndeton.

Y me envenenan los besos que voy dando
y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado
y si te vas, me voy por los tejados
como un gato sin dueño ...

Los “y” repetidos no solo aceleran las escenas, sino que hacen que resalte mucho más el contraste (lo adversativo del “sin embargo”): da besos (a otras) que lo envenenan, pero cuando no está con ella la extraña, pero cuando sí está con ella no la aguanta y él “se va por los tejados”, y cuando ella vuelva es una fiesta, pero al día siguiente vuelve a comenzar “la guerra fría”...

Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina
y baile sin orquesta y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes, al café del desayuno,
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio el pan de cada día.

O sea, este adicto a la inconstancia no solo se siente incapaz de cambiar: tampoco tiene ganas. Cual apocado doctor Jekyll, siente que su otro yo es diabólico pero igual sigue tomando la pócima burbujeante, hasta que ya duda si su DNI no tendrá Hyde como apellido.



Y sin embargo, lo que sería solamente una especie de canción semisicótica se hace más complejo e interesante porque aparecen intercaladas...

c) Estrofas de cuatro versos que comienzan con “Porque”. Son dos estrofas simétricas que incluyen un listado de comparaciones (“metáforas” me dice mi hermana, y sin embargo no le doy bola). El primer término de la comparación es siempre el mismo: “una casa sin ti”. Esa casa sin ella es comparada, entonces, con ocho elementos:

Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
(...)
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.

Bellas imágenes, ¿no? “Una casa sin ti es una emboscada” es un lindo verso; también es un hallazgo comparar la casa sin ella con “el pasillo de un tren de madrugada”: algo solitario, frío, ruidoso, impersonal, vacío, inquieto y mal iluminado.

En estas estrofas se aclara que es la presencia de ella lo que hace que una casa sea una casa (“El paraíso era allí donde ella estaba”, como dice de Eva el Adán de Mark Twain). Si la canción fuera solamente este listado (y Sabina tiene buenas canciones que son pura lista, como “Y ahora” o “Nos sobran los motivos”), sería una canción indudablemente romántica y buena onda. Y probablemente, más olvidable. Al estar estas estrofas mechadas con las otras, el mensaje de la canción es mucho más ambiguo, incierto y, en cierta forma, humano. Uno puede no compartir esa forma de sentir y de ver el mundo, pero sin dudas puede comprender que alguien sea así.


El videoclip es interesante también. Está en blanco y negro (en gris, mejor dicho), y lo protagoniza una ella (que es Olga Román, cantante amiga de Sabina), que muestra una vida típica y tranquila, un matrimonio de mediana edad con felicidad moderada y sin sobresaltos; e intercalado en esas escenas de vida cotidiana, aparece él (Sabina) como un ciego de traje y con anteojos oscuros (“un velo de alquitrán en la mirada”) al que le hace falta ir urgente al dentista, sentado en una terraza vacía, inhóspita a fuerza de sol pleno. Hacia el final del clip ella se despide del marido y se cruza con él en el pasillo de un tren: intercambian una mirada, él fuma, la deja pasar, cuando se va la sigue mirando (probablemente, sabiendo cómo es Sabina, le mire el culo), luego se apoya en la ventanilla y mira hacia afuera mientras sigue fumando. No hay nada que sugiera un asunto amoroso entre ellos dos, “y sin embargo”...



Y sin embargo

De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera
y sin embargo un rato cada día
ya ves, te engañaría con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.

Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso:
tú que tanto has besado,
tú que me has enseñado
sabes mejor que yo que hasta los huesos
solo calan los besos que no has dado,
los labios del pecado.

Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.

Y me envenenan los besos que voy dando
y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado
y si te vas, me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.

No debería contarlo, y sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a medianoche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor, nunca contigo,
bien sabes lo que digo.

Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.

Y me envenenan los besos que voy dando
y sin embargo cuando duermo sin ti, contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas, me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.

Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina
y baile sin orquesta y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes, al café del desayuno,
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio el pan de cada día.

Y me envenenan los besos que voy dando...



Con esto termino mi lunes. El martes, al café del desayuno, me encontrarán durmiendo, por supuesto: ese es mi pan de cada día. Ya saben lo que digo.

DJ Vago