solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 9 de octubre de 2017

[194] El aire es libre


“Com ho fa el vent”, de Joan Manuel Serrat (1968)



Hoy comienza la última serie de este blog (al menos, la última de la cuarta temporada, y la última en un largo tiempo). Titularé a la serie “Las diez de última”, no solo para demostrar que sé jugar al tute, sino también porque reseñaré diez temas en total (aunque aparecerán comprimidos en siete posteos). Serán, de alguna manera, canciones de despedida, al menos de chau entre nosotros.

Y comienzo este final con una canción en catalán, la última en ese idioma. Ustedes saben, si me siguen desde hace rato, que mi apellido real es Vagot y mi familia es de origen catalán, así que no podía dejar pasar este momento sin decir algo sobre lo que está ocurriendo en Catalunya.

Porque fuimos a votar: la familia Vagot a pleno (o casi a pleno, porque mi abuela Annunziata, además de que no es catalana, ya no está para estos trotes) nos trasladamos los nueve a Barcelona por vía aérea, con nuestros pasaportes del Reino de España, en los que habíamos tachado esas palabras con birome para escribir arriba, a solicitud de nuestro pare Josep: República Socialista Democràtica (de Veritat) de Catalunya.

Eso, más la negativa de mi padre y mis hermanas primera y cuarta a responder en castellano, en el aeropuerto, a las preguntas que les hacían (en castellano) las autoridades policiales aeroportuarias, nos generó unos cuantos inconvenientes, pues fuimos deportados a Cerdeña y desde allí debimos alquilar una balsa hasta las playas patrias.

Cuando llegamos, un poco mojados eso sí, flameando al viento nuestra bandera Estel×lada y cantando a voz en cuello “Ara és hora, segadors!”, ya era martes, y la votación ya había terminado dos días atrás. 

Ni siquiera llegamos a tiempo para que nos dieran ningún balazo, ni un mamporro, ni un empujoncito de la Guardia Civil conseguimos. En un acto simbólico, nos compramos una caja plástica similar a las utilizadas como urna y votamos allí, en la galería con forma de ola del Parc Güell, con mis padres como autoridades de mesa, y mis seis hermanas y yo como la gente de a pie. 

El conteo final fue: ocho votos para el “sí”, y un voto para el “no”. Cuando salió el voto “no” todos la miramos a mi madre, Condescendencia, que primero se hizo la desentendida pero finalmente admitió que ella había votado por la negativa, y que tenía todo su derecho a hacerlo, porque además ni siquiera era catalana sino vasca, de Fuenterrabía, y que por si fuera poco “no” era su palabra favorita.

Nuestra votación, a pesar de toda la buena voluntad que le pusimos, no fue considerada legal por el gobierno español y tampoco por el gobierno catalán. Consultado al respecto, Rajoy anunció que “El referéndum de los Vagot nunca sucedió”, y los diarios de Madrid publicaron una foto de mi padre meando en plena calle sobre un disco de zarzuela, con el epígrafe “graves disturbios en el referéndum ilegal de una familia de malos españoles, pero españoles al fin, aunque no quieran”.

Pasado el acto, lo pasamos a ver al tío Joan, que ha sido tomado por estos días como bandera por los realistas españoles, esos mismos que lo despreciaron, persiguieron y ningunearon durante cincuenta años desde el momento en que decidió cantar y componer en catalán una parte importante de sus canciones (además: las mejores, lejos).

¿Cómo es que pasó esto? “Estaba borratxo”, confesó el tío Joan. Y aclaró que es cierto que no es partidario de Puigdemont ni le parecía del todo bien el referéndum así como había sido planteado, pero enseguida se dio cuenta de que igual no debería haberlo dicho así, en públic. Sobretot porque si en algo coincidimos los Vagot con Joan es que es ridículo seguir teniendo rey, a estas alturas. Un borbón, para más datos, que se siente con derecho a seguir imponiendo la constitución impuesta por Franco, a punta de pistola, en los setentas. Los que defienden tanto “la unidad de España” harían bien en mirar qué es lo que están, tan monárquicamente y francamente, defendiendo. Y si algo tengo claro es: no sé si Catalunya logrará efectivizar su independencia; pero sí sé que tienen, si la quieren, derecho a ella (igual que, por dar un ejemplo, la tuvimos los argentinos, aunque fue ilegal e inconstitucional, desde el punto de vista español, nuestra independencia); si no más, en tanto los catalanes hasta hablan otro idioma desde hace más de mil años). 

En fin: meu pare Josep lo retó al Joan un rato, lo insultó un poc y luego lo perdonó y se abrazaron.

Y finalment nos tuvimos que volver, y aquí me tienen de regreso en mis “obligaciones”. Y hoy debería poner  “L´estaca” de Lluís Llach, un tema fantástic, y que es la canción que mejor refleja políticamente mi postura sobre la cuestión catalana… Pero en vez de eso voy a reseñar un tema del tío Joan: por un lado, porque me gusta. Por otro, para desagraviar un poco al tío, que por más boludeces que diga, es quien es y todos lo conocemos de siempre y no merece las cosas que se dijeron de él estos días. Y por otro, porque también es este, a su manera, un tema que va bien con lo que está sucediendo en Catalunya: una búsqueda de libertad, de querer vivir de otra manera.



En 1968, plena dictadura franquista, con el catalán prohibido y con gente muriendo asesinada por la policía española todos los días, Serrat, que es un pibe de veintipico (y tiene cara de teenager, si se fijan en la tapa del longplay), sigue sacando discos en catalán: su tercer disco se titula Com ho fa el vent  (“Como lo hace el viento”), que es también el título de la primera canción del LP. Tanto la canción como el disco (que es un gran, gran disco) se convierten en un éxito inmediato y rotundo, tanto en Catalunya como en el resto de España.

“Com ho fa el vent” es un tema muy breve (el más breve de todos los del tío, probablemente): más breve que un tema punk, menos de dos minutos. En el minuto y medio que dura la canción, le alcanza a Joanito para cantar cinco estrofas, cinco repeticiones del estribillo, y una más al final como yapa: es, se imaginarán, una canción de ritmo rápido, marcado de entrada por una intro arpegiada de piano, al que luego se van sumando progresicamente cuerdas y (no podían faltar) vientos.

La idea de la canción es sencilla, llena de pasión y frescura juveniles: quiero vivir libre como el viento. En las estrofas, va planteando un paralelismo entre el viento y él, va enumerando todas las cosas que tienen en común el viento y él, y esas estrofas se van encadenando con el estribillo, en el que se reafirma que es así como quiere seguir viviendo: en movimiento, sin ataduras, libre de irse, si se quiere ir, y de volver, si así lo quisiera.

Uno sospecha que esa “nina” a la que le habla en la penúltima estrofa, pidiéndole que abra la puerta por esa noche, que nadie se va a enterar y que se va a ir temprano, es una de sus novias de esos años; posiblemente Susan Holmkvist, “miss naciones unidas”, a quien luego, tras romper con ella, le dedicaría el irónico y adolescéntico “Conillet de vellut” ( “Conejito de felpa”).

Pero no importa: nada importa nada, solo ser libre, solo seguir al viento, solo ser uno con la lluvia, el sol y el destino. Escuchen (si quieren) la canción, que está armada como una ráfaga incesante, y dejen que suene y resuene en ustedes. Dejemos hablar al viento.

Y seamos libres, que lo demás no importa nada.

https://www.youtube.com/watch?v=ByUqY-BeBCo11


Com ho fa el vent

Jo vaig néixer com neix la brisa
a la vora del mar,
amic del sol i de la pluja
vaig aprendre a volar

com ho fa el vent,
és així com jo vull viure,
com ho fa el vent,
el vent que es mou i que és lliure entre la gent.

I vaig créixer buscant uns versos
que va tapar la pols
arrossegant les fulles seques
mortes per la tardor

com ho fa el vent,
és així com jo vull viure:
com ho fa el vent,
el vent que es mou i que és lliure entre la gent.

Jo no he nascut per llosa de marbre
i per jeure al damunt d'un mort,
la terra sols atrapa l'arbre:
jo vaig de port en port.

com ho fa el vent,
és així com jo vull viure:
com ho fa el vent,
el vent que es mou i que és lliure entre la gent.

Obre'm nina, la teva porta,
obre'm i deixa'm passar,
res no ha de saber ningú, escolta:
me n'aniré demá

com ho fa el vent,
és així com jo vull viure:
com ho fa el vent,
el vent que es mou i que és lliure entre la gent.

I així sense mirar endarrera,
m'heu de veure passar:
res no us deixo, ningú no m'espera, me'n puc anar i tornar

com ho fa el vent,
és així com jo vull viure:
com ho fa el vent,
el vent que es mou i que és lliure entre la gent.
Como lo hace el viento

Nací como nace la brisa
a la orilla del mar,
amigo del sol y de la lluvia
aprendí a volar

como lo hace el viento,
es así como quiero vivir:
como lo hace el viento,
el viento que se mueve y que es libre entre la gente.

Y crecí buscando unos versos
que tapó el polvo
arrastrando las hojas secas
muertas por el otoño

como lo hace el viento,
es así como quiero vivir:
como lo hace el viento,
el viento que se mueve y que es libre entre la gente.

No nací para losa de mármol
y yacer sobre un muerto,
la tierra solo atrapa al árbol:
yo voy de puerto en puerto

como lo hace el viento,
es así como quiero vivir:
como lo hace el viento,
el viento que se mueve y que es libre entre la gente.

Ábreme nena tu puerta,
ábreme y déjame pasar,
nadie ha de saber nada, escucha:
me iré mañana

como lo hace el viento,
es así como yo quiero vivir:
como lo hace el viento,
el viento que se mueve y que es libre entre la gente.

Y así sin mirar atrás
me han de ver pasar:
nada les dejo, nadie me espera,
me puedo ir y volver

como lo hace el viento,
es así como yo quiero vivir:
como lo hace el viento,
el viento que se mueve y que es libre entre la gente.

Y eso es todo por hoy, podría seguir hablando pero no quiero comprometerme. Así que dejo el resto librado a vuestras imaginaciones y me voy, así, a la que me crié, como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar.

Pero como bonus track, y porque como te digo una cosa te digo la otra, va “L´estaca”, de mi amigo Lluís Llach (“segur que tomba, tomba tomba…”, ¡vamos con las palmas!):


Hasta la próxima, se despide independiente el:

DJ Vago


miércoles, 4 de octubre de 2017

[193] La buena noticia es que el whisky funciona


“Just like honey”, de The Jesus And Mary Chain (1985)



Hoy termina la serie “Canciones de película”, con un poco conocido tema de un poco conocido grupo alternativo escocés de los años ochenta, The Jesus And Mary Chain (“la cadena de Jesús y María”), que parece nombre de grupo de rock religioso pero no lo es: simplemente es el nombre que eligieron, probablemente en una noche de borrachera, los hermanos William y Jim Reid para su banda friki. 

Aparentemente, el nombre de la banda proviene de una promo de una caja de cereales para el desayuno, cuyos compradores podían reclamar, por unos pocos pesos, que les enviaran por correo la cadenita.

“Just like honey” (“Igual que la miel”) es parte de su primer disco, Psychocandy, de 1985. La canción fue el mayor hit de la banda, pues llegó en los charts ingleses al impresionante puesto… 45. 

Bueno, no, no fue un éxito impresionante, la verdad. Pero la canción tiene un lánguido encanto, la letra tiene una lánguida melancolía semirromántica, y lo más importante (para esta serie del blog al menos): apareció en una película.

Apareció en más de una, incluso; pero aquí solamente reseñaremos la última y la más importante en que apareció: Lost in Translation (2003), un juego de palabras que podría haberse titulado en castellano Perdido en la traducción o Perdidos en viaje o algo así, pero los Traductores Mafiosos de Películas decidieron arruinar con Perdidos en Tokio. No coments.



En todo caso, es una gran película, que mi hermana la cuarta vio como quichicientas veces, dirigida por Sofía Coppola y protagonizada por Bob (Bill Murray) y por Charlotte (una jovencísima Scarlett Johannson (quien, increíblemente, protagonizó una semana este blog (posteo 109 (de enero de 2015 (en la serie “Estás tan fuerte que ni te escucho”))))).

No les voy a reseñar la película, porque me da fiaca: es más fácil que la vean ustedes, si es que no la vieron. Es una excelente película sobre el extrañamiento. También me da fiaca explicarles qué es el extrañamiento, pero cuando miren la peli se van a dar cuenta ustedes mismos.

Mis partes favoritas de la película son (extrañamente) las escenas en las que suena esta canción: escenas en las que Bill Murray, extranjero de paso por Tokio, viaja en auto desde o hacia el aeropuerto, y mientras tanto mira, extrañadamente, las ajenas luces de la ciudad a través de la ventanilla.

En ese grupo se incluye la escena final de la película, en la que suena la canción casi entera, y que adjunto aquí con la advertencia de que es un espoiler y no deberían verla si es que no vieron la película antes; en el minuto uno y pico comienza la canción, y en el minutos dos y pico empieza la secuencia de vistas de la ciudad de Tokio, con “Just like Honey” de fondo, un final de película que me parece de una gran genialidad:



Aun sin prestar atención a la letra, habrán notado que la canción tiene su ritmo pero es suavecita y lentona, con versos cortos en los que se destacan claramente algunas palabras (la primera, beehive (“panal” (que suena bastante parecido a behave (“comportarse, portarse bien”)))).

Como que a la letra no le pusieron una gran cuota de reflexión lingüística, los hermanitos Reid, pero podríamos decir, al escucharla, que:

- se cuenta una historia, aunque no es del todo claro de qué trata, hay que imaginar bastante;

- hay una muchacha y el cantor mantiene o mantuvo una relación amorosa con ella;

- en algún momento se separaron pero él la extraña, y le propone que vuelvan a estar juntos: aunque sea “lo más difícil que puedo hacer”, él está dispuesto a tragarse todo su resentimiento con tal de volver con ella, que en su recuerdo al menos es “igual que la miel” (fíjense que el cantor se parece un poco al de “Ne me quitte pas” (posteo 32), dispuesto a lo que sea con tal de que ella no lo deje o, en su defecto, lo acepte de nuevo).

Esto entendí yo al menos, pero podría estar equivocado. Lo que no me quita el sueño, como imaginarán: pocas cosas me lo quitan.

En todo caso: una linda canción, intrigante, melanco, sentimental, con una cualidad cuasi-hipnótica, que queda muy bien en el final de Lost in Translation y que seguirá sonando en mi Winco durante esta semana.

El clip, una oda al poco esfuerzo, muestra un fondo fijo con la palabra "candy"(el disco se llama "Psychocandy", recuerden), y a los integrantes de la banda, con su facha thecuresca y una languidez que me hace pensar que son parientes míos. Y unas muy pobres destrezas musicales, por cierto. El baterista, al menos, tiene de baterista lo que yo de Scarlett.



Just like honey

Listen to the girl
As she takes on half the world
Moving up and so alive
In her honey dripping beehive
Beehive
It's good, so good, it's so good
So good
Walking back to you
Is the hardest thing that
I can do
That I can do for you
For you
I'll be your plastic toy
I'll be your plastic toy
For you
Eating up the scum
Is the hardest thing for
Me to do
Just like honey
Just like honey
Igual que la miel

Presta atención a la muchacha
mientras se enfrenta a medio mundo
subiendo y tan viva
en su panal goteante de miel.
Panal.
Es bueno, tan bueno, es tan bueno.
Tan bueno.
Volver de regreso a ti
es lo más difícil
que puedo hacer.
Puedo hacer eso por ti.
Por ti.
Seré tu juguete plástico.
Seré tu juguete plástico.
Por ti.
Tragar la basura
es la cosa más difícil
que puedo hacer.
Igual que la miel.
Igual que la miel.

Y con esto termina la serie “Canciones de película”. La próxima semana, ponele, comenzará la última serie de la temporada (que será, probablemente, la última de este blog (que ya me tiene muy cansado (tanto emocional como físicamente (o tal vez es que me dio sueño nomás)))).

Mientras mira por la ventanilla se despide:

DJ Vago


sábado, 16 de septiembre de 2017

[192] Qué amplia nariz tienes en medio de esos dos pómulos


“Malagueña salerosa” (tradicional mexicano)


La canción elegida para hoy, como penúltima entrega de la serie “Canciones de película”, es “Malagueña salerosa”, que apareció en un montón de cintas. La más reciente y famosa, “Kill Bill”, de Quentin Tarantino (una gran película sobre una venganza sangrienta), pero antes de eso estuvo en montones de filmes, pues es un tema muy famoso.



En 1947, Pedro Galindo y Elpidio Ramírez la registraron como compositores, y de allí en adelante pararon el puchero cobrando derechos de autor, pero en realidad fue una avivada, porque la canción es un son huasteco anónimo que tiene muchos, muchísimos años.

La música con seguridad es popular y anónima; sobre la letra hay algunas dudas, porque al ser tan básica y pobre, me cuesta creer que sea de origen popular. La música mexicana es enormemente rica y se destacan sus letras frescas y plenas de gracia. Piensen, por ejemplo, en “La maquinita”, llena de humor negro, o en “La llorona” (inmortal en la versión de Chavela Vargas), con esa tierna picardía sutilmente erótica:

A mí me dicen el Negro, llorona.
Negro, pero cariñoso.
Yo soy como el chile verde, llorona:
picante pero sabroso.

Ay de mí, llorona, llorona.
Llorona, llévame al río
y tápame con tu manto, llorona,
porque me muero de frío.

Bueno, “La malagueña”, también conocida como “Malagueña salerosa”, no tiene nada de eso. La música es muy bella y la canción se te pega a los huesos, en especial cuando sin aviso de pronto aparece un falsete que parece no tener fin en mitad de una palabra (“eres liiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinda y hechicera”), pero la letra es increíblemente tosca.

La síntesis de la letra de esta canción es: “sos linda”. El resumen, un poco más extenso, sería: “sos linda, malagueña, y aunque yo soy pobre, te tengo ganas”. Para decir esto, el cantor se extiende en unas imágenes y versos que rozan lo ridículo, y a veces lo atraviesan de lleno como con una katana de Hattori Hanzo. Fíjense, si no, en la primera estrofa.

Qué bonitos ojos tienes
debajo de esas dos cejas,
debajo de esas dos cejas
qué bonitos ojos tienes.

Esto nos da mucha información: que ella tiene ojos (más de uno seguro), que son bonitos, que están ubicados debajo de las cejas, y que las cejas son dos. Toda esta información sería muy pertinente, digamos, si estuviéramos en “Star Wars”, pero localizándonos en México o en cualquier lugar razonablemente terrestre, es totalmente innecesario aclarar dónde tiene ella los ojos, y qué cantidad de cejas posee.

Durante meses estuve yo pensando otros versos similares a este:

“Qué anchos tobillos posees
arriba de esos dos pies”;

“Qué turgentes pechos tienes
bajo esos dos esternones”;

“Qué puntiaguda mandíbula
presentas encima del cuello”;

“Qué amarillos dientes tienes
en el interior de esa boca”

etcétera,

pero creo que ninguna de mis invenciones iguala la ridiculez de “qué bonitos ojos tienes / debajo de esas dos cejas”.

La segunda estrofa nos presenta también enormes inconvenientes:

Ellos [los ojos bonitos, acuérdense] me quieren mirar,
pero si tú no los dejas,
pero si tú no los dejas
ni siquiera parpadear.

O sea: los ojos de ella, que al parecer tienen voluntad propia, quieren mirar al cantor (cómo él lo sabe es un misterio más de esta misteriosa letra). Pero ella, que es como una gobernante totalitaria de sus propios ojos, los censura, no los deja que lo miren a él. Y no solo eso: no los deja hacer nada, “ni siquiera parpadear”.

Entonces, ¿ella no parpadea? ¿Va con los ojos cerrados por todas partes? ¿No se choca con las cosas? Pero si caminara con los ojos cerrados, ¿cómo él sabría que tiene “bonitos ojos”? Solo queda que ella no parpadee porque va con los ojos eternamente abiertos: ¿no se le secan, los ojos? ¿No tiene problemas en la vista? (“Qué secos y rojos tus ojos / arriba de esas dos mejillas”). Y si va siempre con los ojos abiertos, ¿cómo hace ella para impedirle a los ojos que lo miren a él? (en especial, cuando se le pone delante y le canta esos sapucais mexicanos que te vuelan la peluca).

En fin: muchas preguntas, ninguna respuesta. Pasemos al estribillo, una estrofa doble:

Malagueña salerosa,
besar tus labios quisiera,
besar tus labios quisiera
malagueña salerosa

A esta altura, ya nos damos cuenta de que ella no es una persona para él, sino apenas una suma de partes sueltas: ojos, cejas (dos), labios… Ma qué “mujer-objeto”: esto es peor todavía, es la cosificación máxima. Las feministas se lo comerían crudo (con esas bocas), al cantor.

“Salerosa” significa, claro, “que tiene salero”. El salero es una palabra española para aludir a la gracia, el atractivo y la picardía (no necesariamente acompañados de belleza física).

y decirte, niña hermosa,
que eres linda y hechicera
eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.

Ya le dijo que tiene bonitos ojos y que es hermosa (decirle “niña” no es buena idea, tampoco: supongo (espero) que sea una imagen para decirle a ella que es muy joven, y no que la malagueña sea efectivamente menor de edad); pero lo que el cantor necesita, además de besarle los labios, es decirle (no mientras la está besando, espero) “que es linda y hechicera”. ¿Hay necesidad? ¿No estaba claro, a esta altura?

Pero aún faltaba un verso para completar la estrofa, y el cantor se las ingenia para arruinarlo, pues compara la lindura de la malagueña con “el candor de una rosa”.

¿No podía decirle: “eres linda como una rosa”? Sería un cliché bastante pavote, pero al menos tendría sentido. “Candor” significa “ingenuidad”, “pureza”. ¿Las rosas tienen candor? ¿El candor (una cualidad abstracta) es “lindo”? ¿El candor es “hechicero”? ¿Por qué el candor sería lindo? ¿Por qué el cantor, en vez de apelar al candor, no le dice, ya que vemos que no estaría participando de las marchas por “ni una menos”, de última un piropo más tradicional y que se entienda?: “estás que te partís de buena, malagueña”, “¿qué comés, bulones, malagueña?”.

Y las dos últimas estrofas, si bien corren el foco hacia la cuestión social, tampoco evitan el naufragio:

Si por pobre me desprecias,
yo te concedo razón,
yo te concedo razón
si por pobre me desprecias.

Esta estrofa, que es la única diría que parece algo que podría decir un ser humano normal, invalida el resto de la canción: si ella tiene razón en despreciarlo, ¿qué hace él ahí, rompiéndole las bolas con sus frases ininteligibles sobre cejas (dos), candores de rosa y bonituras-linduras? La secuencia lógica sería:

Él: tenés razón en despreciarme.
Ella: okey, adiós.

Pero no, él sigue ahí para una estrofa más:

Yo no te ofrezco riquezas,
te ofrezco mi corazón,
te ofrezco mi corazón
a cambio de mi pobreza.

¿Cómo “a cambio de mi pobreza”? ¿Deja de ser pobre, al ofrecerle el corazón? No. Sigue siendo pobre. ¿Entonces? ¿No debería decir “en compensación por mi pobreza”, “para contrarrestar el inconveniente de que yo sea un pelagatos”? Es decir: no le ofrece riquezas, y tampoco le ofrece oraciones sintácticamente válidas.

Pero claro, repite el estribillo y espera que la malagueña salerosa se concentre en el sapucai y los gorgoritos y no en las palabras que él le está diciendo.

La versión elegida es la de Chingón, grupo de rock-ranchero mexicano-estadounidense, que se popularizó por haber sido utilizada en la película Kill Bill, en 2003. Mantienen la gracia y la melodía de la versión original, pero la hacen más roquera y rasposa (como Avenged Sevenfold, solo que los de Chingón pronuncian bien el castellano).



Malagueña salerosa

Qué bonitos ojos tienes
debajo de esas dos cejas,
debajo de esas dos cejas
qué bonitos ojos tienes.

Ellos me quieren mirar,
pero si tú no los dejas,
pero si tú no los dejas
ni siquiera parpadear.

Malagueña salerosa,
besar tus labios quisiera,
besar tus labios quisiera
malagueña salerosa

y decirte, niña hermosa,
que eres linda y hechicera
eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.

Si por pobre me desprecias,
yo te concedo razón,
yo te concedo razón
si por pobre me desprecias.

Yo no te ofrezco riquezas,
te ofrezco mi corazón,
te ofrezco mi corazón
a cambio de mi pobreza.

Malagueña salerosa,
besar tus labios quisiera,
besar tus labios quisiera
malagueña salerosa

y decirte, niña hermosa,
que eres linda y hechicera
eres linda y hechicera
como el candor de una rosa.

Esta canción apareció en un montonazo de películas mexicanas, y recientemente, en algunos filmes hollywoodenses. Aquí va, como cierre de este largo posteo, un popurrí de ejemplos.

- En la película “Enamorada” (1946), por unos mariachis anónimos, con María Félix (a.k.a. “María Bonita”) en el papel de La Chica Que Revolea Los Ojos, y Pedro Armendáriz en el rol de El Militar Tímido.


- Por Antonio Aguilar y Joselito, en la película “El caballo blanco” (1961). El clip comienza con una música de suspenso que no tiene nada que ver, y luego Antonio y Joselito, ambos sobre un caballo (que no, no es blanco) empiezan a cantar esta canción a dúo (choca un poco, a mí al menos, escuchar al pibito de pantaloncitos cortos decir que quisiera besar en los labios a la misma malagueña que el adulto de sombrero gigante y enterito mostaza).
El niño canta “a la española” y el grande “a la mexicana” (muy buenas voces ambos, imposible negarlo), acompañados por unas trompetas y una orquesta que no sabemos dónde están, ahí en medio del campo, y mientras tanto, por si fuera poco, desde el minuto 3 del clip hacen destrezas con el caballo, en una demostración circense bastante innecesaria.


- Miguel Aceves Mejía, “El Falsete de Oro”, que cantó esta canción en varias películas (por ejemplo, “Amor se dice cantando”, de 1959, y la de este clip, “Las canciones unidas”, de 1960). Aquí, acompañado por el famosísimo Mariachi Vargas, Miguel en su caballo blanco y con su traje típico empieza a perseguir a la malagueña (Elvira Quintana Molina), mientras le canta. El tipo es un pesado del año cero, y realmente resulta amenazante, eso de perseguir a la pobre chica mientras le canta a voz en cuello. Para nuestro alivio, la muchacha llega a refugiarse en una iglesia y lo deja cantando solo al quía con su falsete de oro y su caballo blanco.


- Otra por Miguel, en la película “Los cinco halcones” (1962). En la escena, que transcurre en una especie de pulpería, prueban una guitarra (“Ráscale, a ver qué tal suena”), y de repente Miguelito se da vuelta y, así porque sí, le empieza a cantar a una mujer que está ahí viendo si compra una cortina. Al cumplirse el minuto 1 del clip, e igual que en la película anterior, aparecen trompetas de la nada, y lo más gracioso es que Miguel decide alejarse de la mujer, camina cinco pasos y empieza a cantarle la segunda estrofa a otra mujer que está ahí (esta, por lo menos, le devuelve la mirada), y luego se van sucediendo las mujeres, les va cantando a todas por turnos, es muy ridícula la escena, muy graciosas las caras que ponen las distintas mujeres cuando él les canta. Miguel hace la canción un poco más lenta e íntima, y canta muy bien sin dudas.
https://www.youtube.com/watch?v=LLPekLFTBz4


- Comienzo de la película “Érase una vez en México” (2003), con Salma Hayek y Antonio Banderas (y Enrique Iglesias, que habría hecho mejor en seguir su carrera como actor). Aquí Antonio, mientras pasan los créditos de la película, simula tocar la guitarra (una guitarra bastante chota y pobretona, que sin embargo suena como de súper concierto).


- Final (alerta spoiler…!) de la película “Kill Bill” (2003), de Quentin Tarantino incluyendo los créditos finales. La versión es la de Chingón.


Y eso es todo por hoy. Me voy a poner un colirio en los (dos) ojos enrojecidos que tengo debajo de mi (una) ceja, y a descansar hasta la semana que viene, cuando terminará esta serie de canciones de cine.

Candorosamente se despide:


DJ Vago

lunes, 4 de septiembre de 2017

[191] Hay que escucharnos más, Vincent


“Stuck in the middle with you”, de Steelers Wheel (1972)



Y llegó por fin el día en que te diste cuenta de que estás rodeado de infelices. A un tercio de los que te rodean los querés ver muertos, a otro tercio los querés matar con tus propias manos, y al tercer tercio no los querés matar solo porque te dan tanta lástima que no quisieras gastar energía en ello. Pero sabés que vas a tener que seguir en este país unos cuantos años más, posiblemente hasta que te mueras vos mismo, posiblemente muy pronto porque suicidarse es una opción también, solo para no tener que escuchar más las cosas que estás escuchando. Algunos dicen que el diálogo, que si nos escucháramos más y fuéramos más tolerantes, se solucionaría todo, pero a esos también querrías callarlos los primeros, en lo posible cortándoles la lengua como para que no reincidan, y también cortarles las orejas quizás, solo de yapa y sin cobrar horas extra.

Tal vez te pase algo así, estos días. A mí podría pasarme también, pero por suerte tomé desde hace mucho tiempo la precaución de no existir. O de existir tan apenas que ni me noto. Será de tanto que duermo.

Pero como sí me das pena vos, que estás clavado en el tercio que da lástima, te traigo, para que te relajes un rato antes de volver a tu sufrimiento, este simpático tema escocés de los setentas que trata, con una musiquita muy simpática, sobre la incomodidad que trae estar rodeado de gente a la que no se aguanta.

Seguimos con la serie “Canciones de película”, y presentamos pues la poco conocida “Clavado en el medio con vos”, de Steelers Wheel (“la rueda del ladrón”), un grupo escocés que duró lo que un pedo en el huracán Harvey, y cuyo único tema medianamente conocido fue este.

La canción ganó, muchos años después, una tenue e inesperada fama cuando fue utilizado como “música de fondo” para una escena tremendamente violenta y sádica de una película de Tarantino.



La película es “Reservoir dogs”, que trata de un grupo de ladrones de banco que se reúnen en un aguantadero después de que el robo salió mal. Si viste la película, recordarás la escena: el más loco de los ladrones, el señor Rubio (Michael Madsen) tortura a un policía que capturó. La tortura incluye cortarle una oreja con una navaja. Para “amenizar” la tortura, pone la radio, que comienza a pasar este tema tan alegre y simpático y, a la vez, extrañamente apropiado para la escena (Tarantino dice que probaron con otras canciones, pero ninguna “funcionaba” como esta, para la escena).

En el mundo real es mucho más fácil que los roles estén cambiados, y que sea el policía el que tiene la navaja y una persona cualquiera (vos, por ejemplo) quien esté atado en la silla. Las fuerzas de “seguridad” están esforzándose mucho para recordárnoslo, últimamente. Tal vez por eso la escena tarantinesca se siente artificiosa, casi irreal, aunque no tanto como para dejar de dar mucha impresión: si no viste la película y sos una persona impresionable, o si sos policía, no sé qué estás haciendo acá, pero te aconsejo que al menos no veas el clip de acá abajo, que es la escena en cuestión.

El señor Rubio le avisa al pobre policía que lo va a torturar, no para sacarle información, sino solo para divertirse. Enciende la radio, y, tras la presentación del locutor, comienza la canción y el simpático y muy memorable bailecito canchero de Michael Madsen mientras se acerca con su navaja abierta…





“¿Fue tan bueno para ti como lo fue para mí?”
“Ey, ¡hola!... ¿Escuchaste eso?”


Bueno, eso es todo, en relación con la película. A mí me gusta Tarantino, no me molesta la sangre ni la violencia (fílmica). Además, más violencia es el reguetón, y ahí lo tenés en las radios todo el santo día.

Pero comentaré un poquito sobre la canción en sí, porque, no sé si lo recuerdan, este es un blog de música, y me pagan para eso. No, mentira, nadie me paga para escribir esto, ¿quién lo haría? Eso sí que sería loco.
La letra no trata, como suelen hacer las demás canciones en su apabullante mayoría, de amor ni de muerte, sino de una sensación también poderosa y cotidiana: la incomodidad.

El cantor está en una fiesta, rodeado de desconocidos con los que no tiene nada en común, sintiéndose físicamente muy mal (tal vez, a causa de todos los tragos que ya se bebió para intentar, sin conseguirlo, sobrellevar la noche). Payasos a la izquierda, bromistas a la derecha, y ahí en el medio él y su acompañante-anfitrión, un insoportable, que se la pasa contándole cómo “se hizo de abajo” hasta llegar a ser un empresario exitoso, y que es saludado a cada rato por amigos y solicitantes que lo palmean amistosamente y le dicen (acá la voz del cantor se alarga en un lamento puneño muy expresivo): “por favoooorrrr… por favoooorrrr”.

Nada tiene sentido, en ese lugar de locos, y él quisiera saber si tirarse al piso y dormir está socialmente aceptado, porque no cree poder hallar una mejor opción para escapar de ese loquero infernal.

Esa letra de inmensa incomodidad está acompañada por una música muy rítmica y pegadiza, y se nota (como en pocas canciones lo lograron) la onda que tenían juntos los ex compañeros de colegio Joe Egan (el que canta) y Gerry Rafferty (el de la guitarra), y que los llevó a formar esa banda que tan poco duró, pues antes de que saliera el disco ya habían empezado a desmantelarse de a poco.

El clip, además de mostrarnos a los integrantes de la banda, nos muestra a otros personajes igualmente bizarros y tal vez, un poquitín siniestros, que completan el panorama de inadecuación e incomodidad total, de la que esta canción es como un himno.



Stuck in the middle with you

Well, I don't know why I came here tonight
I got the feeling that something ain't right
I'm so scared in case I fall off my chair,
And I'm wondering how I'll get down those stairs

Clowns to the left of me, jokers to the right,
Here I am, stuck in the middle with you

Yes, I'm stuck in the middle with you,
And I'm wondering what it is I should do
It's so hard to keep this smile from my face,
Losing control, and I'm all over the place

Clowns to the left of me, jokers to the right,
Here I am, stuck in the middle with you

Well, you started off with nothing,
And you're proud that you're a self-made man
And your friends they all come crawling,
Slap you on the back and say:
please, please

Trying to make some sense of it all,
But I can see it makes no sense at all
Is it cool to go to sleep on the floor?
'Cause I don't think that I can take anymore

Clowns to the left of me, jokers to the right,
Here I am, stuck in the middle with you

Clavado en el medio con vos

Bien, no sé porqué vine con vos acá esta noche,
tengo la sensación de que algo no está bien,
tengo tanto miedo de caerme de la silla
y me pregunto cómo bajaré esas escaleras.

Payasos a mi izquierda, bromistas a mi derecha
y aquí yo, clavado en el medio con vos.

Si, estoy clavado en el medio con vos
y me pregunto qué es lo que debo hacer.
Es tan difícil mantener esta sonrisa en mi cara,
pierdo el control y me vuelvo un desastre.

Payasos a mi izquierda, bromistas a mi derecha
y aquí yo, clavado en el medio con vos.

Bueno, empezaste de cero
y estás orgulloso de haberte hecho de abajo
y todos tus amigos vienen arrastrándose,
te palmean en la espalda y dicen:
por favor, por favor…

Intento entender algo de todo esto,
pero lo que veo no tiene ni el menor sentido.
¿Está de moda dormirse en el piso?
Porque no creo que pueda aguantarlo más.

Payasos a mi izquierda, bromistas a mi derecha
y aquí yo, clavado en el medio con vos.


Y eso es todo por hoy, quedan un par de canciones más en esta serie de películas (una más de Tarantino entre ellas) y luego entraremos en la recta final de este blog, lo aviso como para que no se tomen el trabajo de matarme, ya lo iré haciendo yo mismo, chagracias.

DJ Vago


PD: ¿Dónde está Santiago Maldonado?