solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 2 de septiembre de 2013

[45] Bouquet garni de lo imposible

“Scarborough fair”, anónimo del siglo XVII


Escribo desde acá, en el pueblo de Scarborough, Yorkshire. Como sabe cualquiera que haya leído La vuelta al mundo en 80 días (o que haya visto la película, como yo), al cruzar el meridiano de Greenwich se gana un día, así que acá aún es lunes, y por lo tanto no estoy atrasado en mi posteo semanal.

La canción elegida hoy es “Scarborough fair”, es decir, “la feria de Scarborough”. Al igual que sucede con “El testament d´Amelia” y “Tu cuello verde” (vean lejanas notas anteriores), siempre que una canción sobrevive durante 400 años o más, es porque algo bueno debe tener. Digo, si hay seres humanos dentro de cinco siglos, no me los imagino escuchando reguetón o desempolvando los discos de Arjona y pensando “a la mierda con la gente del pasado, qué música espectacular que oían”.

Muy probablemente hayan escuchando alguna vez esta canción. Más que probablemente, en la versión de Simon & Garfunkel, que suena en la película “El graduado” (mientras un jovencísimo Dustin Hoffman viaja a la universidad de Berkeley para buscar a una muy divina Katharine Ross):

https://www.youtube.com/watch?v=7Y_EMhWIcy4



Por más que es buenísima y genial la versión de S&G, no es, ni cerca, la original.Ellos tomaron la versión más conocida de la melodía, con una versión abreviada de la letra, y la mezclaron con “Canticle”, otra canción de letra antibelicista, que va cantando en canon Art Garfunkel (con su facha de John McEnroe en ribotril), mechando los versos entre los de “Scarborough fair” (cantados por Paul Simon).

Pero aquí yo voy a elegir la versión original del tema. Bah, hay tantas versiones, que es imposible decir cuál es la original; pero me refiero a la versión completa.

Si ponen “scarborough fair” en Youtube, les van a salir millones de versiones, desde cantadas por tenores de ópera hasta por el equivalente a las trillizas de oro de la música celta; pero el 90% son re-versiones hechas a partir de la versión de Simon & Garfunkel. Y casi todas, siguiéndolos a ellos, le imprimen a la canción una onda muy lánguida, llena de añoranza y más bien tristona, que hay que cantar entornando los ojitos y quebrando la voz.

Bueno: nada que ver, la canción original. Esta es una canción bastante alegre, más pícara que melancólica, que cuenta una historia y que se canta a dúo: un varón y una mujer. Sería una típica canción de Pimpinela, si ellos hubieran nacido en Inglaterra durante el renacimiento.

Hay tres personajes en esta historia: él, ella, y el cadete (un viajero, que les hace de correo a los dos). De entrada, él le pregunta al viajero si va para la feria, y larga un listado de cuatro especias: perejil, salvia, romero y tomillo (ese verso se repetirá luego en todas las estrofas de la canción, formando una especie de sub-estribillo dentro de cada una).

Leí montones de interpretaciones sobre esas especias, y por qué se las eligió. Algunos proponen, incluso, que el bouquet garni simboliza las virtudes que deben tener (el y/o ella) para llegar a conseguir el “amor verdadero”. En esa línea, perejil es igual a alegría; salvia significa salud y longevidad; romero representa lealtad y tomillo, valentía. Pero eso me suena medio ridículo, porque como veremos, ni la lealtad, ni la alegría ni la valentía los ayudará en nada, para cumplir las tareas que se piden uno al otro…



Otros, más sensatamente, dicen que el nombre de la feria le recuerda a quien canta los aromas de las especias. Puede ser. Pero mi teoría es que el viajero es un mercader, que va a la feria precisamente para comprar al por mayor y vender luego al menudeo, y que por lo tanto lo que el yo poético hace es, básicamente, la lista de la compra: “¿Vas para la feria? Traeme perejil, tomillo, romero y salvia”.

Y ya que estás, de paso, mandale mis saludos a ella, la que vive allá.

Todos los que escuchan la canción dan por sentado que ella es una ferianta, es decir, que vive en la feria. Pero tengo buenas razones, ahora que viajé acá en Yorkshire e hice mi investigación de campo, para proponer que no, que ella no vive EN la feria sino en el camino a la feria (además, como todos sabemos, casi nadie moraba dentro de las ferias renacentistas, eran focos comerciales). El “allá” tiene que ir acompañado (en mi versión, al menos), por un dedito señalando el lugar indicado: “Dale saludos a la que vive allá” [señala con el dedo un punto lejano en la costa].



Para que se entienda bien, dibujé un mapa:



Entonces, él le pide al viajero que le mande saludos a ella que alguna vez fue “un amor verdadero de mí” (como traduciría el maestro Yoda). La mayoría de los intérpretes-traductores ponen acá “mi amor verdadero” (y entornan los ojitos), pero le están pifiando fiero, porque acá no se habla de amores platónicos, sino de amores bien concretos: ellos fueron amantes. Amantes de verdad, no de mentiritas (como en el amor cortés, donde todo eran suspiros, pañuelos de encaje y te toco pero no te toco).
Y él manda decirle a ella que, si quiere ser de nuevo su amante, que le haga una camisa:

¿Vas a la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Salúdame a aquella que vive allá,
porque ella hace tiempo fue mi amante.

Dile que me haga una camisa cámbrica
(perejil, salvia, romero y tomillo)
sin ninguna costura ni fino bordado,
y entonces volverá a ser mi amante.

La camisa es cámbrica, pero eso no tiene nada que ver con los dinosaurios, sino con el material: debe estar hecha de fino lino de Cambrai. Ahora bien, la tiene que hacer, a la camisa, sin coser ni bordar.

No sé mucho de costura, pero le pregunte a mi hermana la segunda y me confirmó que eso es imposible: no se puede hacer una camisa de lino sin costuras.

Pero además, él pide más: a esa camisa de fuerza, hay que lavarla en un pozo seco de toda sequedad, y luego secarla (es decir, la camisa debe salir mojada, del pozo seco) en un espino que tiene miles de años pero que nunca floreció.

Tampoco sé mucho sobre botánica, pero mi hermana la mayor me confirmó que no es posible, que haya una planta de espino que haya vivido miles de años, y mucho menos, sin florecer periódicamente.

Dile que la lave en aquel pozo seco
(perejil, salvia, romero y tomillo)
de donde jamás surgió agua ni cayó lluvia nunca,
y entonces volverá a ser mi amante.

Dile que la seque sobre aquel espino
(perejil, salvia, romero y tomillo)
que nunca ha florecido desde que Adán nació,
y entonces volverá a ser mi amante.

Entonces, estamos en presencia de un ramillete de tareas imposibles. Él le pide lo imposible, para que vuelvan a ser amantes. Entonces, está diciéndole a ella, pareciera, que NUNCA van a volver a estar juntos: que no se haga ilusiones.

Por supuesto que si él no tuviera ningún interés en el asunto, no hay nada más fácil que no mandar ningún mensaje… Más bien, él le está coqueteando, al pedirle esas tareas imposibles.

En la segunda mitad de la canción, ella recibe el mensaje de él. Después de comprarle al viajero-mercader su cuota de especias surtidas (“¿Venís de la feria? Dame tomillo, salvia, etc.”), le pide también que le haga, por segunda vez, de mensajero, para llevarle la respuesta a aquel “que vive allá” [señala con el dedo la casa de él].

¿Estuviste en la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Salúdame a aquel que vive allá,
porque él hace tiempo fue mi amante.

[Nótese cómo ella no puede vivir en la feria, porque entonces no tendría sentido que le preguntara al viajero si viene de allí.]

En algunas versiones, aquí hay una (innecesaria) estrofa de transición, en la que ella hace un recuento de lo sucedido y anticipa lo que vendrá:

Ahora que él me hizo tres pedidos
(perejil, salvia, romero y tomillo)
espero que me responda otros tantos
antes de que vuelva a ser mi amante.

Y entonces ella, espejando las primeras estrofas, le pide a él también tres tareas imposibles. Mientras que las tareas que se le piden a ella están relacionadas con la costura (labor femenina si las había, en el siglo XVII), las tareas de él se relacionan con trabajar la tierra (tarea, tradicionalmente, masculina).

Ella le pide, como paso uno, que le encuentre una parcela de tierra ubicada entre el borde de la costa y el agua del mar (“¡Es imposible!”, diría Juan Carlos P., de Capusotto).

Pídele que me encuentre un acre de tierra
(perejil, salvia, romero y tomillo)
entre el agua salada y la línea de la costa
para que vuelva a ser mi amante.

A esa tierra imposible, él debe ararla con un cuerno de oveja (o de carnero, en otras versiones: o sea, con un cuerno inexistente o con uno todo encorvado hacia adentro; ambas opciones son bastante impracticables) y sembrarlo todo con un solo grano de pimienta; después, debe segarlo con una hoz de cuero (blandita) y reunir toda la cosecha con una sola pluma de pavo real (o con una soga hecha con los finos y quebradizos tallos de brezo, en otras versiones).

Pídele que lo are con un cuerno de oveja
(perejil, salvia, romero y tomillo)
y que lo siembre todo con una sola pimienta,
para que vuelva a ser mi amante.

Pídele que lo siegue con una hoz de cuero
(perejil, salvia, romero y tomillo)
y que lo reúna con una pluma de pavo real
para que vuelva a ser mi amante. 

Y llega aquí una estrofa de conclusión (aunque en algunas versiones no es la última), en la que ella anuncia, pícara: “Cuando él termine su trabajo, que venga nomás a buscar su camisa sin costuras”, y seremos amantes todo lo que quiera.

Cuando lo haya hecho y acabe su tarea
(perejil, salvia, romero y tomillo)
dile que venga a buscar su camisa,
y entonces será mi amante.

Digamos, pues, que ella le sigue el juego, y coquetea también.

En algunas versiones, hay una estrofa más, que cantan los dos juntos, y en la que se refuerza la idea de que las tareas imposibles son en realidad una excusa, o una invitación velada y elegante, para el reencuentro; y que no es importante cumplir esas tareas, sino más bien intentarlo o, mejor dicho, tener ganas:

Si dices que no puedes, entonces responderé:
(perejil, salvia, romero y tomillo)
oh, hazme saber que al menos lo intentarás,
o nunca serás mi amante.

Hay, en las infinitas versiones, algunas pacatas, o filosóficas, donde un tercero que no es él ni ella plantean reflexiones del tipo “la puta, qué manera de pedir imposibles estos dos enamorados, pero ¿no son acaso imposibles todas las tareas que nos plantea el amor?”. Pero la mejor versión (para mí) es esta que elegí.

No hubo forma de conseguir una grabación de esta versión, así que le pedí a mi nuevo amigo Geoff Tootlin, vendedor de mermeladas y vecino de acá de Scarborough, que me la cantara, acompañado por su ukelele:


Geoff es muy buena onda, pero no es un gran cantor. Aquí va, por lo tanto, otra versión, menos completa, pero con más onda, por el grupo Folkal Point:



Y para que vean que hay muchas versiones, aquí les paso también esta de Joel Frederiksen, con melodía completamente diferente (muy bella también), y tan grave que algunas notas solo pueden escucharlas las ballenas:



[He:]
Are you going to Scarborough Fair?
Parsley, sage, rosemary and thyme.
Remember me to one who lives there,
for she once was a true love of mine.             

Tell her to make me a cambric shirt
(parsley, sage, rosemary and thyme)
without any seam nor fine needlework
and then she'll be a true love of mine.            

Tell her to wash it in yonder dry well
(parsley, sage, rosemary and thyme)
which spring never water nor rain ever fell
and then she'll be a true love of mine.

Tell her to dry it on yonder thorn
(parsley, sage, rosemary and thyme)
which never bore blossom since Adam was born
and then she'll be a true love of mine.

[She:]
Now he has asked me questions three,
(parsley, sage, rosemary, and thyme)
I hope he'll answer as many for me,
before he shall be a true lover of mine.          

Have you been to Scarborough Fair?            
Parsley, sage, rosemary and thyme.
Remember me from one who lives there,
for he once was a true love of mine.               

Ask him to find me an acre of land
(parsley, sage, rosemary and thyme)
between the salt water and the sea-strand,   
for then he'll be a true love of mine.

Ask him to plough it with a sheep's horn
(parsley, sage, rosemary and thyme)
and sow it all over with one peppercorn,      
for then he'll be a true love of mine.

Ask him to reap it with a sickle of leather
(parsley, sage, rosemary and thyme)
and gather it up with a peacock feather,
for then he'll be a true love of mine.

When he has done and finished his work,    
(parsley, sage, rosemary and thyme)
tell him to come and he'll have his shirt,
and then he'll be a true love of mine.

[Both:]
If you say that you can't, then I shall reply  
(parsley, sage, rosemary and thyme):            
oh, let me know that at least you will try,      
or you'll never be a true love of mine.

[Él:]
¿Vas a la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Salúdame a aquella que vive allá,
porque ella hace tiempo fue mi amante.

Dile que me haga una camisa cámbrica
(perejil, salvia, romero y tomillo)
sin ninguna costura ni fino bordado,
y entonces volverá a ser mi amante.

Dile que la lave en aquel pozo seco
(perejil, salvia, romero y tomillo)
de donde jamás surgió agua ni cayó lluvia nunca,
y entonces volverá a ser mi amante.

Dile que la seque sobre aquel espino
(perejil, salvia, romero y tomillo)
que nunca ha florecido desde que Adán nació,
y entonces volverá a ser mi amante.

[Ella:]
Ahora que él me hizo tres pedidos
(perejil, salvia, romero y tomillo)
espero que me responda otros tantos
antes de que vuelva a ser mi amante.

¿Estuviste en la feria de Scarborough?
Perejil, salvia, romero y tomillo.
Salúdame a aquel que vive allá,
porque él hace tiempo fue mi amante.

Pídele que me encuentre un acre de tierra
(perejil, salvia, romero y tomillo)
entre el agua salada y la línea de la costa
para que vuelva a ser mi amante.

Pídele que lo are con un cuerno de oveja
(perejil, salvia, romero y tomillo)
y que lo siembre todo con una sola pimienta,
para que vuelva a ser mi amante.

Pídele que lo siegue con una hoz de cuero
(perejil, salvia, romero y tomillo)
y que lo reúna con una pluma de pavo real
para que vuelva a ser mi amante.

Cuando lo haya hecho y acabe su tarea
(perejil, salvia, romero y tomillo)
dile que venga a buscar su camisa,
y entonces será mi amante.

[Ambos:                ]
Si dices que no puedes, entonces responderé:
(perejil, salvia, romero y tomillo)
oh, hazme saber que al menos lo intentarás,
o nunca serás mi amante.



Aunque no lo parezca, escribí este posteo en cinco minutos, lo arreglé con el corrector ortográfico del word y lo subí al blog sin conectarme a internet.

Agotado de cumplir lo imposible, se despide desde estas hermosas playas,
y hasta cuando vos quieras,

DJ Vago


lunes, 26 de agosto de 2013

[44] Lejos está lo que estoy buscando

“Patri” de Los Caballeros de la Quema, en su álbum Manos vacías (1993) y
“Chino” de Mancha de Rolando, en su álbum Espíritu (2006)


Acá termina hoy mismo, por razones de fuerza mayor (bah: porque me canso), la serie dedicada a Rock del Rioba. Sé que me fui por las ramas en semanas anteriores, pero esta vez nadie me va a protestar que estos temas no son lo suficientemente barriales y/o roqueros.

Y sí, es una entrega doble: dos temas por el precio de uno. Es un exceso, me doy cuenta. Pero no podía decidirme por ninguno de los dos títulos: uno (“Patri”) tiene una letra que me encanta, pero no soporto lo mal que está cantado (una cosa es desafinar, como 2 Minutos o Luca Prodan: otra cosa es, como hacen Los Caballeros de la Quema, cantar para el culo como una forma de linkear a www.soybiendebarrioycantarbienesdecaretasputos.com.ar). El otro tema, Chino, tiene una letra con menos vuelo, pero su sencillez está musicalmente muy bien lograda (y tiene un videoclip interesante, de paso).

No podía decidirme, y me di cuenta que los dos temas trataban sobre lo mismo: un viaje de salida, el abandono del barrio. Así que los mando a los dos, como si fueran gemelos de padres y madres diferentes (pero nietos del mismo abuelo) y arréglense ustedes, si quieren, con ellos.




Porque el barrio, a pesar de lo que podríamos haber pensado en virtud de las canciones previas, no es ninguna maravilla, sino un lugar más bien maldito, por momentos insufrible. Ser pobre y sin perspectivas no es, por inevitable, glorioso (“Jamás podré elogiar a mi pobreza / tan solo es el cristal de mi pasado”, la Bersuit, en “Al olor del hogar”). Pululan la guerra, las caras de culo, los turros manolargas y otras desgracias, como tener que cenar con un pobre alfajor (hoy en día hay opciones peores que el guaymallén, pero en 1993 podríamos consensuar que no había alfajor más triste). Patri llega a pensar en robar un cuchillo, lo cual no puede terminar en nada bueno (porque no creo que quiera el cuchillo para cortar apio en brunuá).

Y entonces, a Patri o al Chino se les prende la lamparita y piensan: Tengo que irme de acá. No importa dónde, siempre y cuando sea bien lejos (La Paternal, Yugoslavia o Madagascar son opciones equivalentes: lo importante es que sea bien lejos de aquí). ¿Por qué? Porque “lejos está lo que estoy buscando”. Ojo: eso no significa, de ninguna manera, “estoy lejos de hallar lo que busco”, sino “estoy cerca de hallarlo: tan solo necesito irme muy lejos”.

Patri, hastiada de esa vida que se le hace “demasiado puta”, transita por última vez las malditas calles del barrio buscando un medio de transporte y piensa que necesita un amigo nuevo, que la ayude a escapar (por ejemplo, vendiéndole la droga barata).

Y lo encuentra, para mí, en la siguiente canción, la de la Mancha de Rolando: propongo que la Rubia coprotagonista es Patri, que aunque no consiguió un bondi a Sarajevo ni un metrobús a Paternal, sí halló un Falcon 73 con un chino adentro, dispuesto a llevarla bien lejos, por el bien de los dos.

El videoclip de “Chino” nos muestra a una Rubia que no es rubia, y a un Chino que no es chino (ni siquiera tiene los ojos mínimamente achinados).

Para reforzar mi teoría de la interconexión de estos dos temas, la Rubia-morocha del videoclip de “Chino” comienza, antes de que suenen los primeros palillos de batería, escribiendo, como Patri, un mensaje final en el espejo del baño. Y no la está pasando bien, como pueden apreciar. La Rubia recibe, de un cartero de traje, una carta de cielo, con una reflexión bastante filosófica (y bastante poco de barrio) sobre los extremos de los arcoiris y otros conceptos que bien pudiera haber ideado Patri después de un buen tamilán (psicofármaco estimulante del sistema nervioso central).

Pero ella llama al Chino, se pone su mejor vestido (que le valdría un aufidersen en cualquier ronda de Proyect Runway) y emprenden viaje juntos. El video es una road movie concentrada en tres minutos: ellos dos, mientras salen del barrio, se coquetean, se quieren, se pelean, se hieren, se separan y, finalmente, lágrima mediante del Chino (trasmutada en cielo de carta y reflexión final de arcoiris subtitulada, al estilo del videoclip de “Everybody hurts” de REM) se reconcilian.

Y lo que es más importante, se van del barrio por fin. Lo que no significa traicionarlo (como sucede en “Ya no sos igual”, de 2 Minutos: allí, Carlos no traiciona al barrio por irse, sino por seguir en él pero cambiándose de bando, volviéndose un buchón). Eso deja abierta la puerta para un eventual regreso, como en los tangos (¿cuántos tangos hay que se centren en el retorno al barrio? “Miles y miles”, podría decir, parafraseando a Mancha de Rolando.

Hablando de eso: la declaración de principios repudiando a las bandas de rock “que buscan ganar dinero y a las que todo les chupa un huevo” opuestas a aquellas “que buscan la claridad” es bastante mala onda, porque una cosa no necesariamente implica la otra. Una banda bien podría ser fiel a sus principios y querer (y hasta lograr) ganar dinero mientras busca su propia “claridad”. Creo que Mancha de Rolando podría haber ajustado la letra levemente, diciendo “miles y miles de bandas de rock SOLO buscan ganar dinero”, y así quedaría clara la diferencia entre los que tienen una mínima ética y/o búsqueda musical y aquellos que no (por ejemplificar: todos los reguetoneros del universo, que entre todos se chupan el mismo, un único huevo, ya muy gastado).

Reflexión cuasi final: díganme si los títulos de los dos discos, Manos vacías y Espíritu, no son graciosamente complementarios.




Patri
Patri se va, vende los anillos de la abuela y se va,
carga en el bolso al gatito y al tamilán.
Patri se va, no saluda a nadie y se va,
escribe en el espejo del baño "los odio, chau”.

Busca un tren que la escupa bien lejos:
Ciudad Evita o Madagascar.

Necesito un amigo nuevo
que la venda buena y barata,
la noche se hace demasiado larga
con un guaymallén de cena.

Necesito un amigo nuevo
que la venda buena y barata,
la noche se hace demasiado larga
con un guaymallén de cena.

Patri gasta las veredas y se siente más vieja,
ya sabe de memoria las caras de culo del maldito barrio.
En cada laburo hay un turro que la estafa y le toca las tetas.
Está pensando en robarse un cuchillo.

Busca un bondi que la escupa bien lejos:
Yugoslavia o la Paternal.

Necesito un amigo nuevo
que la venda buena y barata,
la noche se hace demasiado larga
con un guaymallén de cena.

Necesito un amigo nuevo
que la venda buena y barata,
la vida se hace demasiado puta
con un guaymallén de cena.




Chino

Una rubia y un chino buscan asilo
en un falcon 73.
No conocen más que la soledad,
pero quieren salir a ver.

Él, cansado de tanta guerra,
decide vender sus piernas;
ella solo quiere irse a la mierda
porque nadie la vio crecer.

Miles y miles de bandas de rock
buscan ganar dinero,
solo algunos persiguen la claridad:
a otros todo les chupa un huevo.

La rubia le dice al chino
"Dame el vino, que está frapé,
a la noche pasan `Busco mi destino´
y yo no quiero mirar tevé”.

Es que de ahora en más viviré viajando
lejos de todo lo que me hace mal,
lejos está lo que estoy buscando.

"Cuidado, no soy tu amigo:
viajamos juntos alguna vez”,
“A la noche yo tengo frío”,
la rubia dijo y se echó a correr.
Es que quiere alguien que esté con ella
y que le dé un poco más de bola. 
Le pidió un regalo a los Reyes:
un hombre que nunca,
pero nunca la deje sola.

Dijo: de ahora en más viviré viajando
lejos de todo lo que me hace mal,
lejos está lo que estoy buscando.
Uh…

Es que de ahora en más viviré viajando
lejos de todo lo que me hace mal,
lejos está lo que estoy buscando.

Una rubia y un chino buscan asilo
en un Falcon 73.
No conocen más que la soledad,
pero quieren salir a ver.

Es que él, cansado de tanta guerra,
decide vender sus piernas;
y ella solo quiere irse a la mierda
porque nadie la vio crecer.

Miles y miles de bandas de rock
buscan ganar dinero,
solo algunos persiguen la claridad:
a otros todo les chupa un huevo.

La rubia le dice al chino
"Dame el vino, que está frapé,
a la noche pasan `Busco mi destino´
y yo no quiero mirar tevé”.

Es que de ahora en más viviré viajando
lejos de todo lo que me hace mal,
lejos está lo que estoy buscando.

Viajando, uoh.


Eso es todo por hoy. 

Mi hermana Pata (la quinta, la abogada sentimental) cree que yo todavía sigo estudiando para Profesor de Canto en el conservatorio municipal (pobre, no sabe que dejé hace dos años y medio), y se ofreció a bancarme económicamente mi viaje de posgrado a Gran Bretaña. Mi hermana Peta, aprovechando sus dotes como bailarina y su don de gentes, me adelantó los trámites de visados y demás. Y mi hermana Peti me hizo una tarjeta de despedida, cortada con tijera de zigzag y decorada con brillantina y mostacholes.

Así que yo también me iré muy lejos del barrio, esta misma noche. De ahora en más, viviré viajando.

Se imaginarán que no haré ningún posgrado: viajo solamente para ajustar algunos detalles de mi próximo posteo. Y porque sé muy bien que hoy repiten “Busco mi destino”, pero tampoco quiero mirar tevé.

Hasta el infinito y más allá,


DJ Vago

lunes, 19 de agosto de 2013

[43] Veo veo

“¿Qué ves?”, de Divididos, en su álbum La era de la boludez (1993)



Volví a vagar.
Luigi Pirandello, en 
El difunto Matías Pascal, cap. XVI.


En el ferrocarril General Vago, el ramal Sumo vía Barrio te lleva hasta Divididos. Pueden protestar todo lo que quieran: las afirmaciones tajantes y las clasificaciones me sirven (como a los científicos de la Universidad de Michigan) para decir cualquier barbaridad impunemente (más, cuando estoy por comentar un tema del disco La era de la boludez). Y que me vengan a buscar, si tienen ganas.



Suponiendo entonces que este es un rock de barrio (y lo es aquí, en tanto constituye el tercer peldaño de la serie Rock del Rioba), tiene, al igual que los anteriores ejemplos, un planteo filosófico relacionado vagamente (ja) con la identidad y con la entrada y salida al-del lugar de pertenencia. En este caso, El Palomar, en el lejano oeste del conurbano bonaerense.

Divididos, también conocido como “la aplanadora del rock”, está formado por dos sobrevivientes de Sumo: Ricardo Mollo (voz y guitarra) y Diego Arnedo (bajo), a los que se sumó Catriel Ciavarella en batería.



 “¿Qué ves?” es probablemente su tema más famoso. Deben pulular sobre él decenas de interpretaciones y comentarios mucho más interesantes y acertados que el que voy a hacer, pero no tengo espíritu investigativo, así que ni siquiera me voy a molestar en guglear sobre el asunto.

Comienza memorablemente, con notas sueltas y recias de guitarra + bajo que marcan los tiempos, lentísimos, del compás, como queriendo arrancar en falso (al igual que el “guagua” de Troilo). Recién al tercer compás entra la batería, y recién al quinto, es decir ocho notas después, comienza la letra, que Mollo canta con una dicción casi castiza, pronunciando la “v” corta como maestra normal de los 50 y haciendo sonar las “d” finales como “t” semiescupidas, cuando dice “verdat”.

¿Qué plantea la canción? No lo sé. Pero poniéndome a adivinar, tiro que se dan una serie de datos sueltos, de escenas entrecortadas, de instantes desconectados, de frases hechas o de términos en jerga, que solamente tienen sentido en contexto y para determinadas personas (del barrio de El Palomar), pero desconocemos ese contexto y somos, claramente, de otro barrio. Vemos (oímos), por lo tanto, solamente un recorte de la realidad. Una versión diferente del otro, así como cualquier otra persona nos conoce en una forma distinta de como nosotros nos creemos que somos.

Como me dijeron que planteaba Pirandello, Machado (el de España) y algún griego esdrújulo antes que ellos:
· el espejo (en especial, el de la mirada de otra persona cuando nos mira) nos devuelve cada vez la imagen de alguien diferente;
· si hacemos rodar una naranja, cuando se detiene ya es una naranja distinta;
· nadie se baña en el mismo río dos veces, y algunos no se bañan dos veces en ningún lado;
· ya no sos igual, sosbuchón-sosbuchón-sosbuchón.

Digo: podría ponerme a interpretar qué podría ser “la prensa de dios”, y por qué lleva, como las revistas pornográficas o las de fútbol, “póster central”. O podría intentar dilucidar si Mollo dice “fía la chapita porrón en Palomar” (con lo cual hablaría de una almacenera a la cual le chifla el moño y por lo tanto les da cerveza sin cobrarles) o “vía la chapita-porrón-El Palomar” (como prefiero, porque me da más ferroviaria, la imagen, en tanto “chapa” se les dice a las locomotoras, y el verso hablaría entonces de un recorrido, lo que me viene bien para mi ridícula clasificación temática). Pero da lo mismo.

El estribillo retoma un juego infantil, el “veo veo”. Supongo que todos lo conocen, pero si no lo conocen, busquen las reglas en otra parte, por favor. Los espero.



¿Listo? Genial.

“Veo veo” es el juego infantil más fácil para hacer trampa. Alcanza con identificar una cantidad x de cosas de un color z en el campo visual, y decirle al rival que está equivocado x - 1 veces, o hasta que se canse.

[Digresión: hay otro juego en que es muy fácil hacer trampa: el ahorcado (que ahora se llama, por cuestiones de corrección política, “la persona que se sube a un banquito para probarse una corbata, porque tiene que ir a un casamiento”). Para ganar en el ahorcado (haciendo trampa) solamente hay que escribir esto:

_ A _ A.

Y a partir de ese momento, decirle al contrincante que todas las letras que elige para completar la palabra son incorrectas, hasta que se le acaben los intentos (“hasta que la persona se vaya al registro civil”), y entonces decir que la palabra elegida requería alguna/s de la/s letra/s que el contrincante no eligió, por ejemplo “zapa” (si él no propuso zeta ni pe; si no, cambiar por “mamá”, o “tata”, o “caca”, o “vaga”, o lo que sea). Fin de la digresión.]

Volviendo: es fácil hacer trampa en el veo veo porque cada uno ve cosas diferentes. Lo que veo yo no es lo que vos ves, y lo que cada uno interpreta el ver (oír) fuera de contexto a esos seres de barrio que van y vienen, alrededor de la estación del tren, tomando cerveza y jugando con naipes gastados, seguramente será verdadero, pero lo verdadero no es más cierto que la mentira, así como el bien y el mal, empatados, deben recurrir al azar para definir cualquier encuentro.

La única verdad tal vez sea la realidad, pero el problema es que la realidad, así con artículo, no existe. Hay cosas que suceden, y hay palabras; y las palabras son también cosas que suceden, en ocasiones tan sólida y fatalmente como balas de cañón. Y en esa línea (en esa vía), la mentira se diferencia de la verdad únicamente porque está última en la fila.

De todo eso habla, ponele, este tema. Lo dicho: un rock de barrio, claramente.


El videoclip es casi un calco del de “Ya no sos igual”, de 2 Minutos: ellos tres tocando en vivo, en blanco y negro, con imágenes semiquemadas. En el Oeste son más finos (y afinados) que en zona Sur, eso sí.




¿Qué ves?

El guagua de Troilo no quiere arrancar.
Falta envido y truco, chiste nacional.
"Estamos en vena", grita el mayoral
y pagás el vale un día después.

¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
Cuando la mentira es la verdad.

La prensa de dios lleva póster central,
el bien y el mal definen por penal.
Vía la chapita porrón El Palomar,
cruzando la vía pa' poderla pasar.

¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
Cuando la mentira es la verdad.

Vía la Chapita, porrón, El Palomar,
cruzando la vía pa' poderla pasar.

¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
Cuando la mentira es la verdad.

¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me ves?
La mentira es la última verdad.



No van covers esta semana, porque ningún cover (ninguno) suena decente, comparándolo con el original de Divididos.


Hasta la próxima última verdad, los saluda tramposamente,

D__    __A__O.



martes, 13 de agosto de 2013

[42] Chica pasa con temor, hombre sentado ahí

“Mañana en el Abasto”, de Sumo, en su disco After Chabón (1987)


Estuve a punto de titular este posteo “Una épica del instante”, pero después me dije que no podía ser tan caradura de hacerme el intelectual, así que le cedo el título ese a mi hermana la tercera, que está al lado mío, de visita, tomando unos mates.

Va pues, tarde y a regañadientes (es ya mi hora de la siesta), esta segunda entrega de la serie “Rock del Rioba”. Estuve pensando qué es lo que (para mí) define que una canción sea “de barrio”. Y llegué, nebulosamente, a la conclusión de que las canciones de barrio hablan, de una u otra forma, de un lugar preciso y de un viaje: alguien entra al barrio, o sale de él, o vuelve a él. Las personas vamos y venimos, pero el barrio, que siempre (aunque cambie) está en el mismo lugar, nos permite anclar en él una forma de ser, un tiempo preciso, un momento de nuestra historia. Digo mientras me bajo el tetrabrik de “Uvita” (faltando el Resero en el chino de mi cuadra).

“Mañana en el Abasto”, de Sumo, es una de las más notables canciones argentinas de la historia. Probablemente sea también una de las mejores canciones de rock en español de todos los tiempos (según, claro, qué definición le demos a los términos “rock”, “español” y, sobre todo, “mejor”).

Parece increíble decir eso de una canción armada sobre un único acorde de cuatro notas (re, fa sostenido, la, si). Y con una letra que parece escrita, como tarea para el hogar, por los alumnos de un curso inicial de castellano para extranjeros.

Pero así es, al menos en mi universo. Son libres de no coincidir: les juro que no me enojo.

Algo breve sobre Sumo. Banda de rock-reggae-dub-punk creada por Luca Prodan (italiano él, por si hiciera falta aclararlo), con Ricardo Mollo en guitarra, Alberto Troglio en batería, Roberto Pettinato (sí, el conductor televisivo…) en saxo, Diego Arnedo en bajo y Germán Daffunchio en la segunda guitarra. Hicieron juntos solamente tres discos, de los cuales After Chabón fue el mejor y el último. Porque Luca, poquito después de salir el disco, murió de un paro cardíaco causado por una cirrosis galopante, en diciembre de 1987.



Volvamos al tema. Es, indudablemente, muy simple. Como decía Prodan: “El rock tiene que ser simple: do acorde” (lo que no significa, aquí, “acorde de do”, sino “doS acordeS”, en dialecto Luca). Aquí, simplificando lo simple, le alcanza con un acorde solo, por el que viaja mínimamente, en un recorrido por las calles de uno de los barrios más tradicionales de Buenos Aires, el de Gardel (el argentino): el barrio del Abasto.

La canción está planteada como una letanía interminable de acciones mínimas, de imágenes que se suceden y se apilan. Cada verso tiene dos partes, como los hemistiquios del tema chino “Tu cuello verde” (¿se acuerdan?). Cada verso presenta un interrogante, una propuesta, y cierra con una conclusión-respuesta (“prótasis y apódosis”, me dice mi hermana con ese tonito nerd que usa ella, pero yo no recuerdo bien el griego). Y tal vez Prodan (cuya madre era china [hija de escoceses] ) conociera la canción del cuello verde, porque el suyo es un tema con un aire milenario también, mitológico. Una mitología de baldosa. Una Odisea de un día solo (“como la de Joyce”, sopla mi hermana, que hoy está insoportable).

Goyeneche, el genial cantor de tangos, despreciaba un poco el rock, pero reconocía que esta canción era la única que había sabido, fuera del tango, hacerle honores al Abasto, a pesar de que su autor no era argento sino tano.

Sin embargo, este tema no tiene nada que ver con un tango. Ni desde el ritmo (4/4) ni desde la melodía ni desde la onda, que es “alegre a pesar de todo”. Retrata una realidad mas bien decadente, el final de una era (el cierre del Mercado del Abasto, que poco después pasaría a convertirse en un enorme shopping).



Y es, como se adelantó, la historia de un viaje: un pequeño descenso a los infiernos, desde las alturas de un departamento (seguramente alquilado o prestado), pasando por las calles aledañas al Abasto, y llegando al subterráneo. La letra empieza con “Mañana de sol” y termina con “estoy en el subsuelo”. Dijo Luca Prodan, sobre su canción: “La letra es como una película. Así, bajando por el ascensor, caminando por la calle, la mina que pasa... Era perfecto para un video. Yo todas las mañanas bajaba por el ascensor y me iba a visitar a una amiga, a la que siempre despertaba con flores. Era una amiga mía, estaba mal y yo la despertaba con las flores. Y nada... Era ese recorrido por el Abasto. José Luis y su novia existían de verdad”.



También aparece, como en muchos temas de Luca, el rechazo de algunas personas hacia él y el asco que le generan, a su vez, esos “caretas”, paladines de una sociedad que uniforma, inculca a fuego ciertas ideas y aplasta lo diferente (“no vayas a la escuela / porque San Martín te espera”). Tiene que aclarar, el yo poético, que no es un “pelado loco”, del estilo de los que odia Bob Marley, y que se peló por obligación (no por gusto) y usa lentes para no lastimarse los ojos (a causa el sol y/ de mirar “caretas” sin protección).

Lo que no señaló Luca, de su propia canción, es que es kafkiana. Así como Kafka escribía en ese idioma alemán que sonaba raro, mal aprendido, desencajado, con palabras fuera de registro y sintaxis trunca (y que el 99% de los traductores, creyéndose que son geniales y que hacen lo correcto, “arreglan” para que suene literariamente “potable”, con lo cual casi nadie que leyó a Kafka en castellano leyó realmente a Kafka); decía, así igual escribe Luca, en oraciones sin artículos ni nexos, diciendo “bare”, “la calles”, “chica pasa con temor”, “hombre sentado ahí”. El lenguaje se vuelve algo extraño, que se va descubriendo a cada paso, y la caminata por las calles del barrio se siente como caminar por la Luna.

En ese mundo armado con cuatro notas y un puñado de palabras extrañadas, el barrio es el universo, y las escaleras del subte son un pasaje al infierno, pues alejarse del suelo es al mismo tiempo alejarse del cielo. Un cielo mediopelo pero soleado.



Y ya se acabó el agua del mate y llega el tren de mi siesta, así que la echo a mi hermana Pita y, metafóricamente, me echo a mí mismo de la presencia de ustedes. Abajo del tema original de Sumo, incluyo solamente un cover que me gustó, de Hilda Lizarazu con Mollo.



Mañana en el Abasto
Mañana de sol,                         bajo por el ascensor.
Calle con árboles,                     chica pasa con temor.
No tengas miedo, no:                me pelé por mi trabajo.
Las lentes son para el sol           y para la gente que me da asco.
No vayas a la escuela,               porque San Martín te espera.
Estás todo el día sola                y mirás a mi campera.
Tomates podridos                     por la calles del Abasto.
Podridos por el sol                    que quiebra el asfalto del Abasto.
Hombre sentado ahí                  con su botella de Resero.
Los bare tristes vacíos ya           por la clausura del Abasto.
José Luis y su novia                   se besan ahí por el Abasto
Yo paso y me saludan               bajo la sombra del Abasto.
Mañana de sol,                         bajo por el ascensor.
Calle con árboles,                     chica pasa con temor.
Parada Carlos Gardel                es la estación del Abasto.
Sergio trabaja en el bar             en la estación del Abasto.
Piensa siempre más y más,        será por el aburrimiento.
Subte línea B                             y yo me alejo más del suelo
y yo me alejo más del cielo, también.
Ahí escucho el tren                    ahí escucho el tren,
estoy en el subsuelo,                 estoy en el subsuelo.
Mañana de sol,                         bajo por el ascensor…



Lizarazu con Mollo:



Diyei saluda ahí,


DJ Vago