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lunes, 23 de diciembre de 2013

[58] Yo te avisé, y vos no me escuchaste

  

“Azul quedó”, por el Cuarteto Berna (1971)


Está haciendo acá 35 grados de térmica, así que para enfriar el asunto va, como tercera entrega de la serie “Cuartetazononones”, este clásico del gran boom cuartetero entre fines de los sesentas y comienzos de los setentas. Es del cuarteto de Berna “El Pibe de Oro” (nombre real: Bernardo Bevilacqua), quien a los 16 años, en 1967, comenzó su carrera musical liderando en piano su propio cuarteto, en el cual comenzó a cantar nada menos que Carlitos Jiménez, de 15 años, quien se convertiría con el tiempo en La Mona. Completaban el cuarteto Daniel Franco en acordeón (11 años), su hermanito menor Dante (8 años) en guitarra, y Horacio Luna, de 15, en violín.



El tema elegido, “Azul quedó”, no tiene que ver con el film “Avatar” ni con los pitufos: es un cover de un tema compuesto por el humorista uruguayo Wimpi en los años 50, para ser cantado por el también uruguayo (y posteriormente “Rey del Verano”) Juan Carlos “Pinocho” Mareco. Este había popularizado ya la frase mediante su personaje “El Funebrero”, quien se la pasaba contando anécdotas que terminaban invariablemente con el protagonista muerto, lo que se expresaba cromáticamente mediante la frase “Azul, azul quedó” (en referencia, claro, al tono cadavérico del fiambre frío).



La canción original es un bahión, y el cover-cuarteto mantiene bastante el ritmo, aunque lo hace menos cadencioso y un poco más rápido. Se distinguen perfectamente los cuatro instrumentos: piano, violín, guitarra, acordeón (más alguna maraca o similar).

El yo poético se plantea de entrada como la voz de la razón y el sentido común, y recuerda un diálogo con un amigo, en el que le advierte que el verano tórrido no es una buena época del año para disfrazarse de oso pardo. El amigo, por su parte, está contentísimo con su elección de disfraz, y no escucha ninguna sugerencia.



Inmediatamente, el diálogo se corta en forma abrupta, y estamos de repente en otro lugar y en otro momento: pronto nos damos cuenta de que es un funeral, y de que el pintoresco rejunte de dolientes (entre los que hay un oso marrón, que no sabemos si será un oso pardo de verdad u otro negreli del barrio, rebeldón y disfrazado) se completa con la figura del muerto, que no es otro que el “amigo”, que no escuchó los avisos y terminó, inevitablemente, azul. Azul.

La canción podría terminar allí, pero viene otra estrofa, en la que el mismo yo poético, pura sensatez, aconseja otra vez a un amigo. Suponemos que a otro diferente, a menos que el mismo amigo tenga la capacidad de morir varias veces, como Kenny en los dibujitos de South Park. El amigo, esta vez, está muy concentrado escuchando música en la radio, y no se digna distraerse del aparato ni siquiera para cruzar la avenida, y le responde al aguafiestas que la corte de una vez, que no le arruine el bahión...

En la versión original de Mareco (ver link abajo) no está la estrofa del carnaval, pero sí otra, bastante repulsiva, en el que el amigo decide operarse por su cuenta de apendicitis, y responde a la sugerencia de que vaya al hospital (o al menos se baje el pantalón) con “pa´ operar de apendiciti no hace falta tanto lío, ¡por favor!”.

Y así le va, claro.



Por eso quiero pedirles encarecidamente que eviten, después de escuchar este cuarteto, vestirse con disfraces de plush y/o felpa y salir al sol de la tarde cunicular a danzar cuartetos animales. Sé que les va a costar, pero sofrenensé, se los pido, que tengo pocos lectores y podría perderlos a todos en una sola ola de osos insolados.





Azul quedó
(¿Y su amigo? Azul quedó.)

Le dijimos: “No te disfracés de oso,
que es en verano que cae el carnaval”,
y nos dijo: “Qué me importa, me hago el oso,
y van a ver pero qué bien lo he de pasar”.

Le dijimos: “Che, cuidao que la alpillera
es inflamable, mirá si te quemás”,
y nos dijo: “Terminala, derrotista,
que estás hablando con el gran rey del disfraz”.

La manija de adelante la llevaba el presidente
de la digna Comisión del Carnaval;
la del medio, el que tiró el cigarrillo,
y la de atrás, un oso de color marrón.

¿Y su amigo? Azul quedó.
¿Y su amigo? Azul azul, azul azul quedó.

(Báilalo, báilalo.
¡Abrázame mi amoooorrrrr!
¿Y su amigo? Azul quedó.
¡Uajúuuu!)


Le dijimos: “No cruces la avenida
escuchando la radio transistor”,
y nos dijo: “Me divierte el aparato,
vamos viejito, por favor, finishelá”.

Le dijimos: “Mirá la rayas blancas,
tené cuidado, que ahí viene ese camión”,
y nos dijo: “Dejenmé que estoy oyendo
a transistores este último bahión”.

La manija de adelante la llevaba el camionero,
muy elegante iba vestido de overol;
la del medio el marinero rubiecito
que le vendiera la radio a transistor.

¿Y su amigo? Azul quedó.
¿Y su amigo? Azul azul, azul azul quedó.

Azul quedó.

No, no, no.



Va la versión de Mareco:


Y como bonus track, uno de los temas más divertidos entre los que aparecen en el Index Cuartetorum Prohibitorum del INADI: “La maratón del gordo”, por el Cuarteto de Oro:



 Se despide hasta la próxima (si hubiere), acalorado pero feliz en su terquedad,

DJ Vago






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