solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 25 de febrero de 2013

[18] Mientras vos fuiste, yo fuivinefuivinefuivine


“No me importa nada”, de Luz Casal, en su álbum Luz V (1989)


Y sí, este tema va a dedicado a ustedes, jovencitas y no tan jovencitas que me cortaron como a un queso cuartirolo y me dejaron como a los hidratos de carbono en noviembre. Prefiero no dar nombres, comprenderán; es que son muchas.

Porque claro, con este largo cabello rubio, estos ojitos de ternero degollado y la capacidad adquirida (seis hermanas mediantes) de hablar de casi cualquier tema sin pasar vergüenza, nunca tuve problema en entablar relaciones amistosas y/o románticas.

Ahora bien, después de un tiempo (algunos días, unas pocas semanas), se plantea un problema casi irresoluble: mantener en pie la relación. Porque siempre ella (nombres y caras cambian, pero situaciones y hasta palabras se repiten con inquietante insistencia, como si las mujeres actuaran en bloque, atrincheradas en consignas gremiales prefabricadas) comienzan a exigir que él (o sea yo, pero permítanme hablar como Maradona por un rato) haga algo. Ponele: ir a bailar. O al cine. O a caminar en la plaza. O a hacer compras en el supermercado. Y no solo quieren que él vaya a bailar: quieren que él organice la salida. Que contacte a pendejos que reparten cartoncitos, que elija boliche. O que lea las reseñas de las últimas películas y recomiende una buena en un cine lindo y a la hora exacta. No solo invitarla a cenar, sino elegir el restaurante.

Y ahí empieza todo a naufragar, porque ya bastante insufrible es ir a sufrir horas de música tecno-caribeña cuya calidad es inversamente proporcional a su volumen (y su volumen está al límite del sangrado timpánico), como para encima tener él que elegir lugares y mover contactos, como condenado que elige la mejor cuchilla para que lo guillotinen.

O a vestirse combinado y planchado aun para salir a comprar al Coto.
O a avisar (cada vez) adónde uno no va a ir, con antelación.
O a escucharla (lo que es fácil) y contarle cosas (lo que no es tan fácil) y hablar constantemente de la mutua relación (lo que es casi imposible sin cometer, rápidamente, errores decisivos).

Hay muchas exigencias, en el universo femenino. Al menos, en el sector de ese universo que se me acerca, atraído por mis brillante cabello y mi conversación ídem.

Lo cierto es que, por cómo está organizada la humanidad, en el ámbito de las relaciones interpersonales, las mujeres nos dan a los varones mil vueltas.  Bueno, no sé si mil, pero varias seguro. Donde nosotros nos acercamos con una maza de 15, ellas empuñan una pinza de depilar. Mientras nosotros nos subimos a una carreta, ellas se teletransportan como Jeff Goldblum en La mosca (a veces, con iguales resultados). Y saben quién es el asesino (y lo peor: saben por qué mata) a los catorce minutos de comenzada la película, mucho antes de que muera la primera víctima, mientras nosotros todavía no distinguimos al detective del comisario.

Para que vean que no soy rencoroso, y para completar este mes de canciones europeas, acá va una de las mejores canciones de la talentosa Luz Casal, española ella, en su quinto disco, titulado Luz V (ya sabemos de quién pudo Adele copiar la forma de titular sus obras). En la tapa del disco la vemos a Luz con su pinta mitad dark-mitad bailarina clásica, y con el pelo tan fines de los ochenta, onda Tormenta, en una pose muy extraña, al punto que no se sabe si está por salir a correr los cien metros llanos o le dieron unas ganas impostergables de cagar.


"No me importa nada" es un tema implacable, que está entre los punteros en mi ránking de canciones de desamor (ya se los pasaré: no me presionen).

Tras la intro (el tema es en 4/4 y con una especie de ritmo semi-tropical, pero tranqui), comienza ella (acá no hay posibilidad de equivocarse: la narradora es una ella, y el tú es un él) poniendo los puntos sobre las íes y sobre todas las vocales: ella sabe que él está jugando, pero lo que él no sabe es que ella no solo descubrió su juego, sino que juega al mismo juego, pero está tan adelantada en los movimientos que parece que jugara a otra cosa, que jugara con él (Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. / ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza / de polvo y tiempo y sueño y agonía? J. L. Borges, en “Ajedrez”, me sopla mi hermana la tercera).

Las primeras estrofas son impecables y feroces. Mientras él juega a quererla (y los varones somos animales muy capaces de creernos nuestras propias mentiras), ella juega a que él crea que es correspondido, pero en realidad lo está usando, toma de él lo que él da, y tiene que esforzarse para mostrar que cree sus excusas y que no ve sus engaños.  Y lo escucha mostrando interés, mientras piensa que los conceptos que vierte sobre el amor y el deseo son puras bobadas (y probablemente así sea).

Él toma la relación como un juego; al mismo tiempo ella juega, pero con él; es capaz de inventar las palabras más hirientes sin perder la sonrisa ni despeinarse. Y cuando la relación termina (o está terminando), y mientras él parece querer olvidarla sin poder lograrlo, ella sigue haciéndole creer que todo el asunto le importa, cuando en realidad no le importa nada. Nada nada, repite ella con delicado énfasis, lo cual es mucho peor todavía: que no te importe es una cosa, pero que no te importe nada nada es lapidario.

Para él, por supuesto, sería mucho mejor que ella lo amara, o que lo odiara, o que se pusiera furiosa, o que llorara, o que se riera a carcajadas. Pero ella está mucho más allá de eso: como en el video, va de acá para allá, aprovechando a los distintos “él” para que la acerquen a su destino, que es un lugar donde puede estar al sol, sola y brillante, rodeada de árboles, y no le importa lo que carajos él haga (que suba o baje, que entre o salga…). Incluso, como dirían en mi barrio, ella lo bardea, diciéndole que no solo no le importa nada, sino que hasta se esfuerza por que le importe algo de él, pero que no le sale, sorry, beibi.

Al llegar el final de la canción, sin embargo, uno empieza a sospechar: ¿por qué tanta sinceridad, tanta insistencia? ¿No será que en el fondo sí le importa? ¿No será que, despechada, quiere hacerle creer que está más allá de todo, cuando en realidad sufre más que el oso blanco del zoo de Jamaica?

Eso te dejaría más tranquilo, ¿no? Pero no. No le importa nada en serio. De verdad que no. Ni tratando.

Y no tiene ningún problema en decírtelo feis tu feis. Por eso esta canción es una reivindicación, para todas las ellas (pero lo extendería: para todas las personas) que sufrieron o sufren por otro que no los trata bien.

O que les exige cosas cuasi imposibles, como organizar salidas, cuidar el colesterol y conversar sobre lo nuestro.

Por eso este tema sonará toda la semana en mi winco: porque a mí tampoco me importa nada (o puedo llegar a creérmelo, si escucho la canción lo suficiente).

http://www.youtube.com/watch?v=YkS-ttHspLs


No me importa nada

Tú juegas a quererme;
yo juego a que te creas que te quiero.
Buscando una coartada,
me das una pasión que yo no espero

y no me importa nada.

Tú juegas a engañarme;
yo juego a que te creas que te creo.
Escucho tus bobadas
acerca del amor y del deseo

y no me importa nada nada
que rías o que sueñes,
que digas o que hagas,
y no me importa nada.
Por mucho que me empeñe,
estoy jugando y no me importa nada.

Tú juegas a tenerme;
yo juego a te creas que me tienes.
Serena y confiada
invento las palabras que te hieren

y no me importa nada.

Tu juegas a olvidarme;
yo juego a que te creas que me importa.
Conozco la jugada,
sé manejarme en las distancias cortas

y no me importa nada nada
que rías o que sueñes,
que digas o que hagas,
y no me importa nada.
Por mucho que me empeñe,
que digas o que hagas,
y no me importa nada.

Y no me importa nada
que rías o que sueñes,
que digas o que hagas.
Y no me importa nada
que tomes o que dejes,
que vengas o que vayas.
Y no me importa nada
que subas o que bajes,
que entres o que salgas.

Y no me importa nada.




Mientras espera (sentado) al amor de su vida, se despide (sereno y confiado) 
hasta la próxima,

DJ Vago

martes, 19 de febrero de 2013

[17] Le mer estebe serene


“El Moldava”, de Bedrich Smetana, en su poema sinfónico Mi patria (1874)



Para Bruno Terraneo y Paula Galdeano.


La dama blanca albana va a la casa, cansada. Ata al can, tranca la trampa, arranca la Mac, manda cartas chanchas a Alan Alda (gran fan MASH). Acapara la palabra, malhablada: agranda la mala fama. Danza zarabandas, canta ABBA. ¡Andá a la cancha, a cantar rap! Acá la banda canta tap, papá. La dama cala la banana, la marca para asarla, alza llamaradas (la dama ama las bananas asadas). La banana, pasada: mal karma. Masca naranja amarga, traga manzana blanda. Jamás habrá paz para Canadá: abrazá al mapa. Rajá, flaca tarambana.

Ese nene mequetrefe, ¿qué pretende? ¿Meter el pene en el té verde? ¡Que se queme! ¿Sed? Bebe tereré. En el neceser mete leche G-G en gel, ¡que se encreme! Él vende lentes de X-men. Leve, ve el éter celeste, se cree E.T. Se ve célebre en el set de tevé (el referente es Petete). Sé que es gente decente, se le ve. Lee Genet en el tren, qué mente excelente. En el frente, cede el retén. Deseé que entrene en FedEx; en vez, él es chef (metre) en el Med de Lens. Le repele el gerente meterete, se mete en el freezer. Ve el Excel en red, qué vejete nerd. Selene es el gen regente. Es zen: teme el leve ente del ser.

Etcétere.

¿Se acuerdan de “La mar estaba serena”: se van cambiando las vocales, sobre una misma melodía. Aunque busqué (un poco), no pude hallar si esa melodía era anónima o tenía un autor. Como no encontré más datos, y al menos hasta que alguien se tome el trabajo de rebatirme, lanzaré esta sentencia: “La mar estaba serena” se hizo a partir del tema principal de “El moldava”, de Smetana. Ja, ahí tenés, si esto no es blogueo de investigación, me corto las venas con un disco de Julieta Magaña.





(Digresión: ayer no escribí porque fue el cumpleaños de mi hermana la Pota, y tuve que ir a su quinta en Banfield, tras lo cual quedé agotado. Pero se ve que a nadie le importa mucho que digamos lo que mando, porque nadie echó en falta el tema semanal. Ingratos. Ah, y quiero agradecer, con una semana de atraso, a mi hermana la Peti, que me ayudó a buscar los cuadros de “70 millions”, y que se enojó bastante cuando no le di el crédito correspondiente: ingrato).

Este tema no tiene letra, pero no la necesita tampoco, porque la música fluye como agua clara, contando un relato más que transparente: el recorrido de un río (el Moldava) en la patria checa del compositor.

Es música clásica, sí: escuchala igual, te juro que no te vas a dormir. Un buen consejo para oír mejor este tipo de música es siempre prestar atención al “atrás” de la melodía, concentrarse en los sonidos más graves y suaves que suenan “por debajo” de la melodía principal (que casi siempre es llevada por los violines, las trompetas [o similar] y/o el piano). Porque la melodía la escucharemos igual aunque no querramos; pero si solo escuchamos eso, nos quedamos con la superficie de la música, y nos perderemos las demás “capas” que, como una cebolla, integran la obra. Esto es especialmente beneficioso para la música barroca, donde hay varias melodías superpuestas; pero vale también para la música clásica (buena) en general.





Má vlast (“mi patria”) es una obra compuesta por seis poemas musicales.El segundo de ellos, en mi menor, titulado Vltava (el río Moldava), fue compuesto en 1874 y estrenado al año siguiente. Es, sin dudas, la obra más reconocida y reconocible de Smetana, que sin ser un gran músico, se lució con esta pieza breve (para lo que suelen durar las obras de música clásica). En apenas doce minutos, el autor nos muestra una serie de paisajes, y casi podemos verlos, con poco esfuerzo y sin haber viajado hasta Praga.



Entonces, nuestro recorrido comienza con el nacimiento del río, un hilo de agua de manantial apenas, que se va extendiendo, en melodía llevada por dos flautas. Hasta el minuto 1 y monedas, cuando entra, majestuoso, nuestro conocido tema, tan parecido a “La mar estaba serena” (pero este es mejor).


Se dice que Smetana se inspiró para este línea melódica en un tema folclórico sueco: “Ack Värmeland sköne”. No sé sueco, pero lo intuyo con un 65% de eficacia, y diré (no creo que nadie se tome el trabajo de rebatirme) que significa “Ay, patria hermosa”. Lo cual lo haría especialmente apropiado para que se lo haya apropiado Smetana en su poema sinfónico “Mi patria”. Dicen también que el tema sueco, o la versión de Smetana, sirvieron como inspiración para el Hatikya, el himno de Israel. Acá van clips de ambas referencias musicales.

http://www.youtube.com/watch?v=kXPPMYyJl-g


El río sigue, atravesando pastizales hasta el minuto 3, cuando llega al bosque y suenan los cuernos de caza; luego pasa por donde se celebra una boda campesina (4:10 en el reloj: valsesito en 4 tiempos, juguetón). Sigue el esplendor del río, la ciudad de Praga, el castillo medieval. Danza de las náyades (ninfas de río), un remanso (6:40). A los 8:50 vuelve el tema principal a encauzar el rumbo. A los 9:40 ya se prepara el desenlace, y al llegar a los rápidos de San Juan, la música se vuelve dramática, desde el minuto 10: hay platillos que resuenan como truenos, y trompetas asesinas. A los 10:50 suenan moscardones y el agua llega, con el tema principal asomándose en el fondo, a su majestuoso final (11:20), la desembocadura.

La música es la menos representativa de las artes: una melodía, por lo general (a diferencia de un dibujo o un cuento o una escultura) no quiere significar otra cosa que sí misma. Aquí, sin embargo, la obra se conecta brillantemente con un elemento natural (aunque afectado visiblemente por la cercanía humana): un río. Y el resultado es, en mi humilde opinión, memorable.

El Moldava seguirá su curso durante todo el día, y con eso me daré por bañado.

Son otro portocolor, so dospodo hosto lo próxomo:

DJ Vogo

lunes, 11 de febrero de 2013

[16] Ni que pintado


“70 millones”, de Hold Your Horses!, en su álbum Perdón! familia (2011)


A Silvia Lanteri


Este tema tiene un videoclip memorable, y aunque la canción fuera horrible, tal vez el videoclip alcanzaría igual para elegirlo como tema de la semana. Pero ocurre que la canción, además de ser pegadiza y simpática, tiene una letra interesante y no exenta de profundidad, aunque intente disimularlo.

Hold Your Horses! (“aguantá tus caballos”, frase hecha inglesa que podría traducirse como “sofrenate” o, más modernamente, “rescatate”) es una banda franconorteamericana de siete integrantes que cuenta apenas con cuatro añitos de carrera (tres discos a la fecha), y que, desde su base en París, mezclan guitarra eléctrica con violín, tuba y clarinete, en una especie de pop progre descontracturado. Ellos mismos se presentan de la siguiente forma, en Internet:

Charles toca la guitarra, canta. Él es Tintín, así que andate a la puta que te parió.
Florence toca la batería, la guitarra y canta. Usa el alcohol como una muleta y sueña en franglés.
Robin toca el bajo. Le gustan los Beatles y Motorhead y se parece a Kurt Kobain, lo que está bien.
Gregory toca el nerd retardado. A veces, la batería. A veces canta como Jane Birkin.
Gilles toca el violín y los teclados. Fue reclutado en un grupo de folclore celta, después de una fiesta de baile hawaiano.
Simon acosa a su chelo y no puede sentarse y le gusta pisar el pedal del embrague.
Igor está en la sección de vientos: trompeta, clarinete y tuba. También puede hacerte llorar con su sierra musical.

En el video de este tema, los músicos se incluyen en una larga sucesión de famosas pinturas occidentales, que cobran movimiento y ritmo mientras el tema avanza en una especie de limericks que, sin embargo, no son tales, porque la canción va formando una idea: el narrador empieza diciendo que esto (el presente, la realidad) difícilmente es como una novela, y él (digamos que es él, por comodidad, pero podría ser una mujer) difícilmente se ve como un héroe, y ella estaba blanca como la nieve (Tengo un cohete en el pantalón / y vos estás tan blanca / como la nieve a mi alrededor, “Mil horas”, A. Calamaro) y él también estaba blanco, pero del susto, mientras ella bajaba a su encuentro, en un vestido negro y fuera de moda: o sea, todo es raro, todo es extraño, y sin embargo, la ciudad invita al encuentro, a compartir una taza de café, a iniciar una historia personal, irrepetible, a decirse cosas en un idioma nuevo que solamente ellos dos entiendan. Porque (acá llega el estribillo) 70 millones (la población de Francia, ponele: es decir, el resto del país, el resto del mundo) no se enterarán nunca de lo que pasa entre ellos dos, y se equivocarían al definirlos, y nunca sentirán lo que ellos sintieron (“nunca saborearon la nieve”).

Es, digamos, una canción romántica: ellos bailan y bailan, y él dice que lo que pasa entre ellos dos no es una guerra y no hay, por lo tanto, que racionar lo que sienten ni lo que hacen, que deben vivir el presente y rendirse a él, y ella le toma la mano que, en ese momento, deja de ser extranjera, aunque el resto del mundo nunca se entere ni saboree la nieve jamás.

Es una linda letra, ¿no?

Obvio que yo estoy parafraseando e interpretando como se me canta a mí, pero al escucharla por primera vez, a ritmo muy rápido en 4/4, la letra puede parecer como una sucesión de frases inconexas y ridículas. Así como podría parecer inconexa la sucesión de cuadros, que sin embargo tienen en común que son algunas de las obras pictóricas más famosas de la historia mundial (occidental) entre el siglo XV y el siglo XX. Y son obras, además de preciosas y valiosas, irrepetibles: verdaderas obras de arte, únicas. Como única es la relación entre él y ella. Eso conecta el videoclip con la letra de la canción: no renegamos de nuestro país ni de nuestra historia, pero queremos vivir esto que nos pasa hoy, y que va más allá de lo que piensen o sepan los 70 millones de desconocidos que nos rodean, y el presente también es precioso, único.

Acá va, entonces, la canción con su letra traducida.



70 million

And it hardly looked like a novel at all,
I hardly look like a hero at all
And I'm sorry, you didn't publish this
And you were white as snow;
I was white as a sheet
When you came down in this black dress
In your mom's black maternity dress
And so,
Though it hardly looked like a novel at all,

And the city treats me, it treats me to you
And a cup of coffee for you
I should learn it's language and speak it to you

And 70 million should be in the know
And 70 million don't go out at all
And 70 million wouldn't walk this street
And 70 million would run to a hole
And 70 million would be wrong wrong wrong

And 70 million never see it at all
And 70 million haven't tasted snow

And we dance dance dance like the children dance
Imply thought: are we taking the chance?

With the light still on, and will we ever reach the tower

And after you came down in this black dress

I don't know what took so very long
And this,
And this isn't a war, we don't have to ration

Now wave white flag, and you kept it at home
And words I wrote from a foreign land

You're holding my no longer foreign hand

And 70 million should be in the know
And 70 million don't go out at all
And 70 million wouldn't walk this street
And 70 million would run to a hole
And 70 million would be wrong wrong wrong

And 70 million never see it at all
And 70 million haven't tasted snow
70 millones

Y esto difícilmente se parece a una novela,
yo difícilmente me parezco a un héroe
y lo siento, vos no publicaste esto
y estabas blanca como la nieve;
yo estaba blanco como una sábana
cuando bajaste en ese vestido negro
en el vestido negro futura mamá de tu mamá
y así,
aunque esto difícilmente se parezca a una novela
y la ciudad me invita, me invita a vos
y una taza de café para vos
Debería aprender su idioma y hablártelo

Y 70 millones deberían estar enterados
y 70 millones no salen para nada
y 70 millones no caminarían esta calle
y 70 millones correrían a un agujero
y 70 millones estarían equivocados, equivocados, equivocados
y 70 millones no lo ven para nada
y 70 millones nunca saborearon la nieve.

Y bailamos bailamos bailamos como bailan los niños
Pensamiento implícito: ¿estamos aprovechando la oportunidad?
Con la luz aún encendida, y nunca alcanzaremos la torre

Y después de que bajaste en ese vestido negro
no sé qué es lo que lleva tanto tiempo
y esto,
y esto no es una guerra, no tenemos que racionar
ahora flameá bandera blanca, y te la dejás en casa
y las palabras que escribí de una tierra extranjera
estás sosteniendo mi ya no extranjera mano

Y 70 millones deberían estar enterados
y 70 millones no salen para nada
y 70 millones no caminarían esta calle
y 70 millones correrían a un agujero
y 70 millones estarían equivocados, equivocados, equivocados
y 70 millones no lo ven para nada
y 70 millones nunca saborearon la nieve.


Por si les interesa (o saben casi todos, menos dos), acá están todos los cuadros que aparecen citados visualmente en el video, por orden de aparición. Son 25:

-          “La última cena”, de Da Vinci.

-          “El nacimiento de Venus”, de Boticelli.

-          “La lección de anatomía” de Rembrandt.

-          “Retrato de Enrique VIII”, de Holbein.

-          “Muchacha con aro de perla”, de Vermeer.

-          “El naufragio de la Medusa”, de Gericault.

-          “La muerte de Marat”, de Jacques Louis David.

-          “La creación de Adán”, en la Capilla Sixtina, de Miguel Ángel.

-          “El hijo del hombre”, de Magritte.

-          “Composición”, de Mondrian.

-          “Autorretrato” de Frida Kahlo.

-          “Retrato de Dora Maar sentada”, de Picasso.

-          “El grito” de Munch.

-          “Autorretrato con oreja vendada” de Van Gogh.

-          “Marilyn Monroe”, de Warhol.

-          “Gabriele de Estrées y su hermana la duquesa de Villar”, anónimo.

-          “Virgen en majestad”, de Cimabue.

-          “Salomé con la cabeza del Bautista”, de Caravaggio.

-          “Olimpia”, de Manet.

-          “La Libertad guiando al pueblo”, de Delacroix.

-          “Retrato de la periodista Sylvia von Harden”, de Otto Dix (este es de los difíciles, je)

-          “El beso” de Klimt.

-          “La novia” de Chagall.

-          “Las meninas” de Velázquez.

-          “Los girasoles” de Van Gogh (el único artista que “se repite” en el video).


Con esto termina el muy visual tema de esta semana, y yo me voy a descansar, merecidamente.

Recién acaba de renunciar el papa Benedicto XVI, así que, en su honor, vaya este bonus track: “La canción del Papa”, de Tim Minchin.

http://www.youtube.com/watch?v=7TMuujd3q18


Sin otro particular, se pinta en fuga:
DJ Vago

lunes, 4 de febrero de 2013

[15] ¿Esos son cañonazos, o es el latir de mi corazón?

“La Marsellesa”, de Rouget de Lisle (1792)


A los valientes que irán de las lomitas de Plaza Irlanda 
al Cruce de los Andes: 
Nancy, Karen, Daniela, Laura, 
Diego, Alejandro, Fabián, Ariel.

Vi “Casablanca” al menos sesenta veces. Cómo odio esa película.

No solo es una sucesión interminable de clichés, sino que la trama es históricamente incorrecta e inverosímil; Víctor me parece un agrandado sin causa, Ilsa una tontuela nórdica (bella tontuela, eso sí) y Rick un nada heroico y sí bastante pelotudo seudorrebelde.

Por qué la vi tantas veces entonces, se preguntarán. O no se preguntarán, pero igual les voy a decir: porque me obligó mi hermana la quinta, la Pata. Ella A-MA esa película (así, en dos sílabas mayúsculas). Desde que tenía doce años, pone cara de arrobamiento cada vez que Bogart le dice “Kiddo” a Bergman, llora con cada atisbo de sentimiento y desde los quince va moviendo los labios repitiendo, palabra por palabra, cada frase de la película, con especial énfasis en esas cursilerías del tipo “¿Eso que se escucha son cañones, o es mi corazón que late?”, o “Lo recuerdo perfectamente: los alemanes vestían de gris, tú vestías de azul”… Pero a la Pata no le gusta mirar sola “Casablanca”, y no teniendo mejor opción (al menos, en los años de nuestra infancia), me obligaba, so pena de boicotear corporativamente con las demás hermanas mis privilegios de hermanito-menor-varón-mimado, a que mirara la película con ella. Así que me banqué sesenta veces, al menos, cómo el capitán Renault se hace el mujeriego pero sutilmente (o no tanto) le tira los galgos a Bogart durante toda la película (y se queda con él, al final, venciendo a la indecisa noruega de sombrero estrafalario). Sesenta veces cómo Rick, increíblemente, decide que no, que mejor le deja voluntariamente el amor de su vida a un desconocido (que no parece demasiado interesado en ella tampoco), “por el bien de la humanidad” (?). Sesenta veces el avión levanta vuelo con niebla y todo, sin banderillero ni torre de control, rumbo a Lisboa, para ir de allí a Estados Unidos con su valiosa carga de líder antinazi + esposa sumisa, lo que resolverá, evidentemente, la Segunda Guerra Mundial a favor de los Aliados (?). En fin.

Pero sí hay una escena que cada vez que la veo me emociona un poquito. Y no es por la escena en sí (aunque está bastante bien armada), sino por la música. Es la escena en que, mientras los alemanes cantan una marcha (típica 2/4 de marchita militar), se interpone Víctor Laszlo y ahí nomás mete, con orquesta y todo, “La Marsellesa”, que pronto es entonada por todos los paisanos del bar (incluidos los paisanos árabes y la cantante española, que seguramente aprendieron “La Marsellesa” por ósmosis), produciendo una especie de orgasmo patriótico-musical colectivo que opaca la marcha alemana y arranca lágrimas dentro y fuera del celuloide. Para mi hermana, medio paquete de carilinas solo en esa escena. Yo me aguanto el llanto, sobre todo por ahorrar energías, pero me emociono, porque tengo mi corazoncito, y la canción lo amerita.

http://www.youtube.com/watch?v=Z6EP-AtizRU


“La Marsellesa” es, según muchísima gente, el himno nacional más lindo del mundo. Yo acuerdo, ponele, aunque no me interesa mucho ese ránking. Muchos otros dicen que el himno argentino es el más lindo del mundo, pero claro, los que dicen eso son, en un 99,9%, argentinos, así que no se les puede creer demasiado. Tienen en común, ambos, que no son canciones en 2/4 sino en 4/4, es decir, no son “marchas”, sino que sostienen su épica nacionalista en un ritmo menos marcial, más “cantable”. La música de “La Marsellesa” es notablemente inflamable, y va conduciendo al cantor de consigna en consigna hasta llegar al “¡marchad! ¡marchad!”, ante el cual uno difícilmente puede quedarse acostado tomando mate (yo sí puedo).

El autor de la canción, Claude Joseph Rouget de Lisle, es un curioso caso de militar-ingeniero-músico. Resulta que el alcalde de Estrasburgo le encargó a Claude, oficial del cuerpo de ingenieros del ejército, que compusiera una canción para las tropas que marcharían contra los austríacos. Rouget de Lisle, casi sin esfuerzo, se despacha con su “Canto de guerra para el ejército del Rhin”. Tres meses después, un general marsellés escuchó el tema en un funeral militar y lo presentó a sus soldados, mientras se preparaban para concentrarse en París. Entonces, los soldados marselleses, mientras entraban en la Ciudad Luz, entonaron, a voz en cuello, la marcha patriótica, que gustó inmediatamente a todos quienes las escucharon y pasó a ser conocida, de allí para siempre, como “La Marsellesa”, aunque por cierto que ni la canción, ni su autor ni nadie relacionado con su creación era de Marsella ni de sus alrededores.

A lo largo de la historia conoció períodos de popularidad y de relativo olvido, e incluso prohibiciones; por ejemplo, entre 1940-1945 no se podía cantar en territorio francés, pues era considerada, como en “Casablanca”, una canción “subversiva” y anticolaboracionista.

Va, ya que estoy, cuadro de Rouget de Lisle entonando por primera vez su “Canto de guerra”. 


El cuadro es parecido a su equivalente argentino, con Mariquita Sánchez de Thompson, aunque este último cuadro muestra una escena mucho más high-class y menos enfervorizada (el fervor se mide, por ejemplo, en la cantidad de manos levantadas [Francia 3, Argentina 0] y en que Mariquita tiene la letra de la canción escrita en una hoja, mientras que Rouget dejó caer la hoja equivalente en el piso y no necesita mirarla).



Al igual que en el caso argentino, la letra original es interminable: siete estrofas de amor sacro de la patria, brazos vengadores, libertad libertad querida, banderas victoriosas, enemigos moribundos y valientes arremetidas triunfales y gloriosas: un plomazo.

Lo que quedó como himno en la actualidad es, por suerte, solo la primera estrofa y el estribillo, que ya bastante violento es: básicamente, se dice a los ciudadanos que se pongan las pilas, porque están llegando los tiránicos enemigos, que planean quitar de nuestros brazos a los hijos y compañeras/os y, lisa y llanamente, degollarlos, porque son sanguinarios y feroces. Por lo tanto, hay que tomar las armas, marchar y formar batallones, hasta lograr que la “sangre impura” de los enemigos corra por los surcos de los campos (yo preferiría agua de lluvia, para las cosechas, pero se ve que había sequía ese año, en la France). Con lo cual, resulta que nosotros no éramos tanto menos feroces y sanguinarios que los tiránicos enemigos, al fin y al cabo. A menos claro, que esa sangre con la que pensamos teñir los campos no sea en ningún caso de mujeres ni de niños, tema sobre el cual no se hace ninguna aclaración específica en la letra de la canción. Pero digamos que sí, que los tiránicos son los otros y nosotros solamente nos defendemos. Cosa que no aplica mucho que digamos a Francia, que se la pasó conquistando cuanto país pudo, desde el mil ochocientos en adelante; pero la música siempre ayuda a la causa, sea esta cual sea. Ya lo dijo el mismo Napoleón, hablando de “La Marsellesa”: “Esta música va a ahorrarnos muchos cañonazos”.

A los fans de Harry Potter no se les habrá pasado por alto lo de los “sangre impura”. Pero no se hagan ilusiones: no creo que se esté diciendo que los austríacos y prusianos son magos hijos de padres no-magos (“muggles”). En todo caso, los franceses, que son tan celosos de la grandeza de su patria, tendrían aquí un antecedente para enjuiciar a Rowling por plagio y declarar que “Jarrí Pottér cest francés ossí”.

Hay, por supuesto, innumerables versiones de “La Marsellesa”, pero elijo la siguiente, tomada de la película “La vie en rose”, sobre la vida de Edith Piaf, en la que se muestra a una Edith pequeñita ganándose la vida cantando “La Marsellesa” en un pueblito. Porque esta canción adquiere, para mí, su verdadera dimensión cuando es cantada a capella, y la fuerza de la voz humana es la que sostiene, por sí sola, todo el sentido y la potencia de la patria. Puede ser la voz de muchos soldados marselleses, o la de los borrachines de un bar africano, o la voz de una sola niña: cuando este tema suena así, desnudo de trompetas y banderas, es cuando más hondo cala y nos empuja a cruzar montañas y encarar proezas impensables. 


https://www.youtube.com/watch?v=EIzzugI7Tdo




O a seguir tomando mate en la cama, que también tiene lo suyo.

La Marsellaise
Allons, enfants de la patrie,
le jour de gloire est arrivé!
Contre nous, de la tyrannie,
l'étendard sanglant est levé.
L'étendard sanglant est levé:
entendez-vous dans les campagnes
mugir ces féroces soldats?
Ils viennent jusque dans vos bras,
Égorger nos fils, nos compagnes!

Aux armes, citoyens!
Formez vos bataillons!
Marchons, marchons,
qu'un sang impur
Abreuve nos sillons!
La Marsellesa
Marchemos, hijos de la patria,
¡el día de gloria ha llegado!
Contra nosotros, de la tiranía,
el estandarte sangriento se ha alzado.
El estandarte sangriento se ha alzado:
¿escucháis en las campiñas
rugir a esos feroces soldados?
Vienen para, en vuestros brazos,
degollar a nuestros hijos, a nuestras compañeras!
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formad vuestros batallones!
Marchad, marchad,
¡que una sangre impura
alimente nuestros surcos!

Saluda patrióticamente hasta la próxima,
DJ Vago