solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 26 de noviembre de 2012

[5] Tanto nadar para morir en la orilla


“Catharsis”, de Natalie MacMaster, en su álbum No boundaries (2007)


a Isabel Vassallo 


Siempre nos toca perder, en algún momento. O en muchos momentos. A veces no lo merecíamos, otras puede que lo merecíamos, pero igual no lo queríamos. Para todos aquellos que casi casi ganaron pero perdieron por poquito y se quedaron sin habla, vaya esta canción sin palabras para hacer un poco de catarsis.

Este tema podría definirse como un ejemplo del nuevo "rock celta", si existiera tal cosa. La autora es la violinista Natalie MacMaster, quien, a pesar de su apellido de superhéroe de cómic, es una simple chica de campo canadiense de Nueva Escocia; y como todos sabemos, en el campo en Canadá no hay otra cosa que hacer, en los largos meses de invierno, que tocar el violín (en el verano se puede tocar la gaita, también, pero en invierno no, porque es muy ruidosa, no es un instrumento de interiores). Entonces, desde los cinco años, Natalie comenzó a tocar el violín en su pueblito canadiense, Troya (si hay alguien ideal para hacer catarsis y superar adversidades son los troyanos, no hay duda). En treinta años de carrera musical, Natalie ganó millones de discos de oro, doctorados honoris causa, un premio Juno, decenas de premios de música canadiense y hasta un Grammy (por su participación en el proyecto de Yo-Yo Ma "Canciones de alegría y paz").




A pesar de que creció en un ambiente de pura música celta, Natalie afirma que ama todo tipo de música, incluyendo rock, pop, country, clásica, jazz, bluegrass, latina... "Crecí escuchando a Michael Jackson, Whitney Houston, Def Leppard, AC/DC, Anne Murray... Si escucho algo que realmente me gusta, quiero ser parte de eso". Ese gusto amplio, esa "falta de límites" (no boundaries)  inspiró, según ella, algunas melodías como la de "Catharsis", en su primer trabajo de rock (el rock es como el peronismo, admite casi cualquier cosa entre sus filas).

Vamos al tema. Su única palabra es la del título, así que detengámonos un instante en él: "catarsis" es una purificación ritual. Para los griegos, al ver una tragedia puesta en escena, el espectador siente compasión, temor u horror y otras emociones, que producen en él, al finalizar el drama, una purificación, liberación o transformación interior. Al menos, eso me contó mi hermana la tercera, la profesora de lengua y literatura, cuando le pregunté.

Pongan el volumen alto y escuchen. El tema, a 4/4 (no, no es "impreso a cuatro colores", sino "ritmo de cuatro tiempos"), presenta ocho compases introductorios con guitarra y percusión, hasta que entra el violín con un largo tema, muy rápido, casi frenético, que se extiende durante cuatro compases, como si fuera una línea de conversación: uno casi podría imaginarse las notas como palabras, como sílabas que van formando una historia, una explicación, una propuesta. "Catharsis" tiene una cierta onda a los tangos de Piazzolla (aunque claro que el ritmo no cuadra, no es 2/4, que es el ritmo de los tangos y las marchas). El violín repite el tema, acompañado por la batería y por otro violín que hace los estacatos de fondo. Hacia la mitad de la canción, responden, más lentamente, un teclado y una guitarra, y el violín se detiene, pero luego, como para completar la espiral dialéctica, ahí vuelve el violín con su melodía incansable, que permite cerrar de una vez el breve pero efectivo tema y la inesperada pero bienvenida catarsis. Porque tal vez "Catharsis" no sea una gran canción, pero, al menos yo, cuando termino de escucharla me siento un poquito mejor que antes. Y eso ya es mucho. Gracias, troyanos.

https://www.youtube.com/watch?v=-jn4yHnSh60




Nada más por esta semana.

Se despide con un pestañeo,

DJ Vago 


lunes, 19 de noviembre de 2012

[4] Ma sí, andá y que te garúe finito


“Take it all”, de Adele, en su álbum 21 (2011)



A los 19 años, Adele lanzó su disco 19, y se perfiló como una de las más prometedoras figuras de la música joven mundial. A los 21, sacó su disco 21 y confirmó, por un lado, que no es muy ingeniosa para los títulos; y por otro, que ya no era ninguna promesa, sino una realidad avasallante. Ganó todos los premios que se puedan imaginar, vendió carradas de discos y barrió con otras estrellas “brit” como Katie Perry (cuyo principal talento musical parece ser un notable escote) y Lady Gaga (que sabe de música, pero no deja de ser una imitadora de Madona).

21 es un gran disco, y tiene una particularidad que nadie que lo haya escuchado entero pudo dejar de percibir: casi todas las canciones tratan del mismo tema. Es un disco temático, y hay pocos de esos; ahora me viene a la mente, como ejemplo, solo 21th Century Breakdown (“La crisis del siglo XXI”) de Green Day, que curiosamente comparte cifra con el disco de Adele.

¿Cuál es el tema de las canciones de 21? El amor contrariado. Recontracontrariado. La historia es más vieja que la escarapela, pero claro, eso no se le puede decir a una piba de 21 años. Ellos se amaban, pero aparentemente algunos aportaban más que otros a ese verbo, porque él la dejó por otra mucho más alta, más flaca y mejor vestida: una modelo de Burberry (marca inglesa de ropa lujosa). Adele no la pasó bien, pero al menos se las ingenió para que el peor año de su vida, como lo definió mientras recibía su sexto Grammy, le dejara un puñado de canciones espectaculares. Nunca divulgó a la prensa el nombre del tipo que la dejó, pero ese nombre se filtró cuando el muchacho se presentó lo más orondo en los tribunales para exigir que Adele le diera un buen porcentaje de sus ganancias, puesto que él la había “ayudado” a crear esas canciones. Qué caradura.

Adele declaró: “Aparentemente, él creyó que siendo un cretino hijo de puta había colaborado con el proceso creativo”. El punto no recibió dinero, pero sí cierta visibilidad: se supo, por ejemplo, que se hace llamar Slinky Sunbeam. “Slinky” es el nombre de ese resorte de juguete que, bien dirigido, es capaz de bajar escaleras por sí solo (hasta ahí llega su capacidad de diversión). No sé si tiene nombre en castellano, eso, pero ponele que lo bauticemos “resortín”. Si junto ganas, abajo verán una foto del adminículo en cuestión.


Entonces, tenemos a este tipo, Resortín Rayodesol, que es el amor de la vida de Adele. Ahora, con el diario de ayer, es fácil decirle a Adele que no se puede esperar compromiso, lealtad y amor eterno de alguien que se llama Resortín Rayodesol; pero bueno. El hecho es que ella pensaba que “lo tenían todo”, pero él la engañó con la modelo, ella quedó en banda y la pasó mal, y compuso las canciones que juntó en su disco: entre canción y canción, va pasando de la estupefacción al odio, al despecho, al rencor, al dolor, al deseo de venganza, a la resignación, hasta llegar a una especie de semi-superación en el último tema del disco (“Someone like you”). En el medio, como para que no sea demasiado, mechó un par de canciones positivas, pero que quedan ahogadas en el mar de lágrimas de los demás temas.

Podría haber elegido casi cualquiera de las canciones del disco, que son muy buenas; opté por una de las menos conocidas: “Take it all”. No es “toma todo”, como la perinola, sino más bien “llevate todo, infeliz”. El infeliz está elidido, en la oración, pero se escucha igual. Seguramente no es la mejor canción del disco, ni la más memorable, pero me gustaron algunas cositas de ella.

Comenzando, por supuesto, por la voz de Adele, resaltada por el minimalista acompañamiento de piano (varias de las canciones del disco tienen solo voz y piano, como si Adele nos señalara que no se necesita más que eso, si la canción es buena). Es impresionante, esa voz de Adelita. No solo canta bien, tiene dos octavas y media de registro y un volumen de voz como para romper ventanas, sino que es tan vulnerable, tan sincera, que uno no puede evitar conmoverse, y dan ganas de ir a buscar a Resortín y patearle el culo hasta gastar las botas. Por ejemplo, cuando Adele dice “todo lo que hago es por ti”, es casi la misma línea de la empalagosísima y mediocre canción de Bryan Adams “Everything I do, I do it for you” que sirvió de tema musical para la también malísima versión fílmica de Robin Hood protagonizada por el maderísimo Kevin Costner; sin embargo, mientras que a Adams uno no le cree ni la hora, es casi imposible no creerle a Adele que todo lo que hace es por él, y que se está derrumbando.

Porque se está desmoronando, y lo dice con todas las letras: “crumbling”. Utiliza “crumble”, el mismo verbo que Gloria Gaynor en “I will survive”: Did you think I crumble? Did you think I´d lay down and die? (“¿Pensaste que me desmoronaría? ¿Pensaste que me echaría y moriría? ¡Minga!” ([el minga está elidido]). Mientras Gloria se niega a desmoronarse, Adele se derrumba, y lo confiesa. Pero al menos le queda un poco de dignidad como para no ponerse a rogar como Jacques Brel (“Ne me quitte pas”), y le dice a Resortín que se vaya nomás, que se lleve todo, dejando el edificio en llamas y la llave del gas abierta. Ese “andá y llevate todo” recuerda un poco al “Ahora vete” de Pimpinela, pero en versión no bizarra.

A mí, esta y otras canciones de Adele me llevan invariablemente a los cuentos de Rulfo, esas historias de desierto incendiado en que el personaje que perdió todo ruega a su verdugo que se acuerde de lo que compartieron antes, que no lo mate, que lo deje al menos vivir. Pero se da cuenta de que no es posible, igual que Adele se da cuenta también: ya la decisión está tomada, él se va a ir aunque ella no se lo diga, se va a ir aunque ella cambie, se adapte y espabile en tiempo récord.

Si la Eneida tuviera banda de sonido, esta canción sería el tema de Dido, que no puede creer que Eneas la deje: “¿Se terminó, entonces? ¿De verdad?”. Primero no puede creerlo, y después no puede soportarlo; se convierte, como Adele, en una “tonta que se desmorona”, y que se queda sin nada, al llevarse el ingrato su amor “sin mirar atrás”, para no quedar convertido en estatua de sal con una mirada de amor despechado.
La repetición constante de este tema puede deprimirte un poco, así que prácticamente no me despegué de la cama en varios días. El delivery de la pizzería se está volviendo mi relación más consolidada: espero que nunca me deje.





Take it all

Didn't I give it all?
Tried my best,
gave you everything I had,
everything and no less,
Didn't I do it right?
Did I let you down?

Maybe you got too used to,
having me around.
Still, how can you walk away,
from all my tears?
It's gonna be an empty road,
without me right here.

But go on and take it,
take it all with you,
don't look back
at this crumbling fool.
Just take it all,
with my love.
Take it all,
with my love.

Maybe I should leave,
to help you see
nothing is better than this,
and this is everything we need.
So is it over?
Is this really it?
You're giving up so easily,
I thought you loved me more than this.

But go on, go on and take it,
take it all with you,
don't look back
at this crumbling fool.
Just take it all,
with my love.
Take it all,
with my love.

I will change if I must,
slow it down and bring it home,
i will adjust.
Oh, if only,
if only you knew,
everything I do is for you.

But go on, go on and take it,
take it all with you,
don't look back,
at this crumbling fool.
Just take it,
take it all with you,
don't look back
at this crumbling fool.
Just take it all,
with my love.
Take it all,
with my love.
Take it all,
with my love.
Llevátelo todo

¿No lo di todo?
Hice lo mejor que pude,
te di todo lo que tenía,
todo y no menos.
¿No lo hice bien?
¿Te defraudé?

Tal vez te acostumbraste demasiado
a tenerme cerca.
Igual, ¿cómo pudiste alejarte
de todas mis lágrimas?
Va a ser un camino vacío
sin mí por acá.

Pero andá y llevátelo,
llevátelo todo,
no mires atrás
a esta tonta que se desmorona.
Solo llevátelo todo,
con mi amor.
Llevate todo,
con mi amor.

Tal vez yo debería irme,
para ayudarte a ver
que nada es mejor que esto
y que esto es todo lo que necesitamos.
¿Se terminó, entonces?
¿De verdad?
Te rendís tan fácilmente,
pensé que me amabas más que esto.

Pero andá, andá y llevátelo,
llevátelo todo,
no mires atrás
a esta tonta que se desmorona.
Solo llevátelo todo,
con mi amor.
Llevate todo,
con mi amor. 

Cambiaré si debo hacerlo,
bajaré un cambio y me espabilaré,
me adaptaré.
Oh, si solo,
si tan solo supieras
que todo lo que hago es por vos.

Pero andá, andá y llevátelo,
llevátelo todo,
no mires atrás
a esta tonta que se desmorona.
Solo llevátelo,
llevátelo todo,
no mires atrás
a esta tonta que se desmorona.
Solo llevátelo todo,
con mi amor.
Llevate todo,
con mi amor. 
Llevate todo,
con mi amor. 



Con un gesto de la ceja izquierda, se despide:
DJ Vago


lunes, 12 de noviembre de 2012

[3] Dime si el gato está vivo


“Revolución”, de Julieta Venegas, en su álbum Otra cosa (2010)


La mexicana Julieta Venegas es una de las mejores exponentes de la canción mundial en mi ránking (lo agregaré al margen, más adelante; les anticipo que no están Shakira ni Beyoncé ni Britney). Aunque ella es muy femenina, en la mayoría de sus canciones románticas toma la postura que tradicionalmente se asigna, en una relación, al varón: ella es la decidida, la que lleva las riendas del asunto, mientras que él (el destinatario de la canción) duda, no sabe qué hacer, tiene miedo, piensa que no es el momento indicado… ella le dice que confíe, que lo va a proteger y a cuidar, y que vayan para adelante. Pero lo tiene que repetir bastante, porque él, además, es medio lento de entendederas.

Otro grupo de canciones de Julieta tematiza el momento de la espera: ella ya se declaró, y ahora está esperando que le digan que sí o que le digan que no (escuchar, por ejemplo, “Bien o mal”, del mismo disco). En el universo poético de Julieta V, la palabra es esencial, es el inicio de todo (como en la Biblia); por eso es tan importante pronunciarla. La palabra es el cemento de la realidad, y una palabra puede generar (en una persona, y en el mundo entero) una revolución, un necesario borrón y cuenta nueva: ese “volver a empezar” que aparece en varias de sus canciones, y aquí.  



Aquí, en “Revolución”, eligió plantear una marcha, con su tambor redoblante y todo, símil las marchas-marchitas de banda militar, como para recalcar que esta canción de amor no es solamente una canción de amor, sino también un manifiesto político. Sin embargo, el tema no está en un compás de 2/4, como las típicas marchas (y los tangos), sino en uno de 6/8, es decir, un ritmo de dos tiempos (fuerte-suave, fuerte-suave, …), pero ternario: cada tiempo está dividido en tres partes (eso se nota bien cuando comienza a sonar el charango, que es el que marca las tres corcheas de cada tiempo). [No sé si se llega a escuchar bien en la compu la entrada de cada instrumento; por las dudas, pongan el tema con volumen alto.] El resultado es una especie de “marcha valseada”, lo que le quita marcialidad y la hace parecer más bien una retahila o ronda infantil, que es, en definitiva, lo que termina siendo, cuando los niños comienzan a cantar a coro. Porque la revolución es también cosa de niños; aunque no sean ellos los encargados de “incendiar el mundo”, seguramente tendrán que caminar sobre las brasas.

O “incendiar AL mundo”, como dice Julieta, que hace gala en muchas de sus canciones de una sintaxis deficitaria, que quizá tiene que ver con lo mexicano y seguramente con lo popular. No dice “El amor puede hacernos mejores”, sino “puede hacernos mejor”. O como en la canción “Me voy”, donde no dice “puede ser que lo merezca”, sino “puede que lo merezco”. No le importa mucho la gramática.

Y hablando de gramática, la primera estrofa de la canción (que se repite luego tres veces más) es imposible de transcribir correctamente, porque hay tres formas válidas de colocar la puntuación:

Forma 1
Dime si te causo una revolución,
dime si te hago cambiar tu canción,
dime si te hago suspirar,
dime si te haré volver a empezar.

Si se elije la primera forma, se interpreta que el yo poético (digamos ella, para abreviar) le pide a la segunda persona (digamos él) que le confirme si está afectándolo tanto como ella piensa.

Forma 2
Dime “Sí, te causo una revolución”,
dime “Sí, te hago cambiar tu canción”,
dime “Sí, te hago suspirar”,
dime “Sí, te haré volver a empezar”.

En la segunda forma, ella pide que él le confirme que va a empezar la revolución. Quiero que me revoluciones, pero avisame antes. Puede parecer forzada esta interpretación, pero en la misma canción, más adelante, aparece otro discurso directo similar (Dijiste “Ven hacia mí”…). Además, aquí es ella la revolucionada, la que cambia la canción, suspira y vuelve a empezar (en la misma canción, con la retahila). Así que no sería “loco” interpretar la letra con esta segunda forma.

Forma 3
Dime “Sí” y te causo una revolución,
dime “Sí” y te hago cambiar tu canción,
dime “Sí” y te hago suspirar,
dime “Sí”: te haré volver a empezar.

En la tercera forma, nuevamente es ella la que actúa, pero antes pide permiso: solo hace falta que me digas que sí, y entonces zácate, te revoluciono todo. Nuevamente, hay varias canciones de Julieta que responden a este esquema semántico, así que no sería “loco” interpretarlo así.

Al transcribir la letra, hay que elegir una de las tres formas, lo que necesariamente empobrece la canción. ¿Por qué? Porque mientras no sepamos cómo se escribe la letra, podemos interpretar la estrofa de las tres formas a la vez (esta vez sí puse las itálicas, porque no tuve más remedio).

Como el famoso gato de Shrödinger. ¿Lo conocen? Schrödinger puso un gato (un gato mental, digo, eh, no se crean que usó un gato de verdad) en una caja herméticamente cerrada, con una lata de gas venenoso controlada por un dispositivo que tiene exactamente un 50% de probabilidades de accionarse al cumplirse un minuto. Pasa un minuto y medio. Si el dispositivo se accionó, el gas se liberó y el gato murió; si el dispositivo no se accionó, el gas se quedó en la lata y el gato vive. Si abrimos la caja, vemos al gato vivo o al gato muerto, una de dos. Pero lo que dice Schrödinger es que, mientras no abramos la caja, no podemos decir que el gato está vivo ni que murió: el gato está vivo y muerto al mismo tiempo. Suena equivocado, ¿no? Nuestro sentido común nos dice que todo el planteo es una patraña. Schrödinger, por cierto, no era veterinario, sino que buscaba ejemplificar y jutificar algunos resultados anti-intuitivos que se obtienen en física cuántica. Pero a mí me gusta creer en ese gato: la realidad muchas veces nos deja, como a él, en bolas, vivos y muertos a la vez adentro de una caja a oscuras.



En la canción pasa algo parecido: mientras no la transcribamos, dice muchas cosas a la vez.
Igual, yo la transcribo abajo, porque soy un rebelde; pero alternando las posibilidades de puntuación.

Un comentario extra: ¿no es encantadora la forma en que Julieta dice “sonrisa”?
Y una tarea para la semana: ¡Vamos a incendiar al mundo, gato!


Dime si te causo una revolución,
dime si te hago cambiar tu canción,
dime si te hago suspirar,
dime si te haré volver a empezar.

Apareciste y todo se movió,
el piso por donde camino se abrió.
Dijiste “Ven hacia mí” y algo me empujó.
Lo que estaba vacío se llenó.

Dime “Sí” y te causo una revolución,
dime “Sí” y te hago cambiar tu canción,
dime “Sí” y te hago suspirar,
dime “Sí”: te haré volver a empezar.

Pensaba que no existía el amor,
ya no creia que era cosa de dos.
Es dificil llevar al mundo encima así
si no hay alguien que me haga sentir.

Vamos a incendiar al mundo
con la convicción
de que solo el amor
puede hacernos mejor.
Mientras todo a nuestro alrededor se deshace
la fe en tu sonrisa
me levantará,
me levantará.

Dime “Sí, te causo una revolución”,
dime “Sí, te hago cambiar tu canción”,
dime “Sí, te hago suspirar”,
dime “Sí, te haré volver a empezar”.

Dime si te causo una revolución,
dime si te hago cambiar tu canción,
dime si te hago suspirar,
dime si te haré volver a empezar.

 http://www.youtube.com/watch?v=8N4G98PQWmA



Agotado, se despide hasta la próxima semana:

DJ Vago

lunes, 5 de noviembre de 2012

[2] Dormí tranquilo, que viene el Cuco


“Enter Sandman”, por Metallica, en su disco The Black Album (1991)


(Dedicado a Marco Terraneo y a Silvia Saucedo: mis metaleros favoritos)

Antes que todo: no me vengan con “no me gusta el rock pesado”.  Esas declaraciones de principios lo único que hacen es que nos perdamos de disfrutar buenos temas. OK, a mí no me gusta el reguetón, pero si alguna vez se hiciera un reguetón con una gota de talento musical y cuya letra incluyera una idea un poco más compleja que “agitá el culo”, estoy dispuesto a escucharlo y hasta a retractarme, si amerita. No me gusta Arjona, pero si un día Arjona se olvida de sí mismo, es poseído por el espíritu vivo de Bob Dylan y se le ocurre componer un buen tema, ponele que lo escucho (pero es un escenario poco probable). No me gusta la bailanta, en líneas generales, pero hay varios temas bailanteros buenos o al menos interesantes (curiosamente, o no, varios fueron creados por músicos que vienen de otro palo, como el rock, el pop o la canción melódica; solo por mencionar algunos: “Un lugar”, de Julieta Venegas; “Pizza conmigo”, de Alfredo Casero; “Las tres marías”, de Andrés Calamaro; otro día les paso el listado completo).

En síntesis: les recomiendo lo mismo que a los chicos que no quieren comer las verduras o el pescado: que prueben primero, y escupan después.

El metal tiene, como todos los géneros, grandes fiascos, bandas comerciales ultra-sobreestimadas (como Kiss), grupos que se repiten a sí mismos constantemente y exprimen al máximo sus limitados recursos (como AC/DC)… pero también buenos exponentes, bandas imperdibles, grandes músicos.

Metallica no es la mejor banda, ni son los más talentosos. Sin embargo, hicieron varios temas decentes, y este en particular, “Enter Sandman” (es difícil lograr una buena traducción de este título: “Entra Cuco” sería erróneamente aceptable) es una de las mejores canciones de rock (no solo “pesado”, sino de todo el rock). Está entre las diez mejores de mi ranking. Si me dan ganas, después se los paso.

El autor de la letra es James Hetfield, el cantante; pero antes de existir la letra, todo comenzó con el famoso y siniestro riff que inicia y domina el tema (tan, tara-tatum), compuesto por el guitarrista de la banda, Hammett. En una primera instancia, Hetfield había hecho una primera versión de la letra, que trataba sobre el espinoso tema de la muerte súbita de los bebés. La letra era tan mala que el baterista Lars Ulrich y el productor Bob Rock (ojalá sea un alias) decidieron dejar de lado el urbanismo y la amabilidad amistosa que los caracterizaba: encararon a Hetfield y le dijeron que se pusiera las pilas, que pensaban que era capaz de escribir algo un poco mejor que esa mierda. Esto impactó a Hetfield: como nadie nunca había criticado sus letras, pensaba hasta entonces que era muy bueno escribiendo (es increíble cómo la mayoría de la gente que agarra una lapicera cree que sabe escribir bien, cuando en realidad solamente unos pocos son buenos de verdad).

En su segundo intento, sin embargo, James logró una joyita de letra, tomando como eje los sueños infantiles y el Sandman, el Hombre de Arena, sumándole referencias a las plegarias nocturnas al Ángel de la Guarda, las canciones de cuna, cuentos de hadas y hasta Peter Pan.

En la tradición yanqui, el Sandman da sueños felices o pesadillas, echándoles arena mágica en los ojos. Pero een su origen alemán, der Sandmann camina sobre pesados pies arenosos, les echa arena a los ojos abiertos de los niños para enceguecerlos, les arranca esos ojos irritados y se los lleva [a los ojos] en un saco para alimentar a sus niños-cuervos, que viven en la Luna. La idea es que, para evitar todo esto, los chicos cierran los ojos y se duermen. Mucho mejor que andar aportando argumentos o entrar en discusiones con los infantes sobre la hora de dormir. Al menos, eso pensaban los padres alemanes del siglo XIX. Así les fue. Recomiendo el excelente cuento largo Der Sandmann (“El hombre de Arena”) de E.T.A. Hoffmann, una de las cumbres de la literatura siniestra.

Metallica tomó la versión más dark de la leyenda, evidentemente: este Sandman no va a soplar sueños felices en los ojos de nadie, sino sueños de guerra, de fuego y de moscas (la letra oficial dice “dreams of lies” [mentiras], pero suena igual que “dreams of flies” [moscas], que es una pesadilla mucho más efectiva). Ah, y sueños de “cosas que morderán”, es genial eso.

Musicalmente, el tema tiene lo que James Hetfield llamó “una pared de sonido”, obtenida al sumar el fragor simultáneo de tres guitarras. Para mantener constantemente la energía que buscaban durante toda la canción, se realizaron innumerables tomas de sonido, grabando una y otra vez cada parte de la canción, y probando infinitas configuraciones de micrófonos; luego se seleccionaron las mejores partes de cada toma y se las fue juntando, hasta llegar al resultado final.

El video, contraindicado para epilépticos, está a la altura del tema: es el videoclip más creepy de la historia, y da más miedo que el promedio de las películas de terror hollywoodenses. No sé de dónde sacaron a ese viejo, pero es terrorífico. Capaz que era más bueno que el pan, el tipo, quién te dice; pero qué pinta, eh [estoy suponiendo que el viejo ya murió, porque parece que tuviera 120 años, y el videoclip tiene ya más de 20; pero si vive todavía, sabrá disculpar mi desliz, ¡espero!). En comparación con ese viejo, los músicos peludos, encuerados, enojados y recios de Metallica parecen los personajes del Trencito Feliz barrial. Al pobre pibe que protagoniza el video, vestido enteramente de blanco (como para entrar al loquero sin escalas) le pasan más cosas que al Coyote: se ahoga, cae desde arriba de un edificio, el flete lo deja en medio de la nada, lo persigue un camión en pleno desierto, se queda sin cama, las frazadas se le convierten en serpientes, dios no le responde las plegarias ni por correo, lo rodean los músicos sudados de una banda metalera y, por si fuera poco, un viejo siniestro y pelado lo vigila mientras reza. No es vida. Pero el pibe sobrevivió (aunque andá a saber a qué se dedica ahora de grande; lo averiguaría, pero me da pereza).




Hace tres días que tengo puesto este tema a todo volumen, y hoy me crucé en el ascensor a la señora del sexto F que movía la cabeza para adelante y atrás, agitándose convulsa al ritmo de la música en su mente. Me dio un poco de miedito, la verdad.


Say your prayers little one
don't forget my son
to include everyone
I tuck you in
warm within
keep you free from sin
'til the sandman he comes

Sleep with one eye open
gripping your pillow tight

Exit light
enter night
take my hand
off to Never Never-Land

Something's wrong, shut the light
heavy thoughts tonight
and they aren't of snow white
dreams of war
dreams of lies
dreams of dragons fire
and of things that will bite, yeah

Sleep with one eye open
grippin' your pillow tight

Exit light
Enter night
take my hand
off to never never-land

Now I lay me down to sleep
pray the lord my soul to keep
and if I die before I wake
pray the lord my soul to take

Hush little baby, don't say a word
and never mind that noise you heard
it's just the beast under your bed
In your closet in your head

Exit light
enter night
grain of sand

Exit light
enter night
take my hand
off to never never-land
Di tus plegarias, pequeño;
no olvides, hijo mío,
incluir a todos.
Te arropo,
el calor dentro
te mantendrá libre de pecado
hasta que llegue el Hombre de Arena

Duerme con un ojo abierto
agarrando fuerte tu almohada

Fuera luz
entra noche
toma mi mano
hasta la tierra de Nunca Nunca Jamás

Algo está mal, apaga la luz
pensamientos pesados esta noche
y no son de Blancanieves.
Sueños de guerra
sueños de mentiras
sueños de fuego de dragón
y de cosas que morderán, sí

Duerme con un ojo abierto
agarrando fuerte tu almohada

Fuera luz
entra noche
toma mi mano
hasta la tierra de Nunca Nunca Jamás

Ahora que me acuesto a dormir
ruego a dios mi alma seguir
y si muero antes de despertar
ruego a dios mi alma llevar

Shh, chiquito, no digas una palabra
y no hagas caso a ese ruido que escuchaste
es solo la bestia bajo tu cama
en tu ropero en tu cabeza

Fuera luz
entra noche
grano de arena

Fuera luz
entra noche
toma mi mano
hasta la tierra de Nunca Nunca Jamás


Se despide con un parpadeo hasta la próxima,
DJ Vago