solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

martes, 24 de febrero de 2015

[113] El que avisa no es traidor


“You know I´m no good”, de Amy Winehouse, en su álbum Back to black (2007)



Esta es la penúltima entrega de la serie “Mujeres del jazz”, y vamos con Amy Winehouse.

Podrán decirme que Amy Winehouse no hacía exactamente jazz.

Podrán decirme que es irrespetuoso poner a Amy Winehouse en esta serie antes que a Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Shirley Horn, Julie London, etc.

Podrán decirme que este blog es cualquier cosa.

Digan, nomás.

¿Ya terminaron? Bueno, sigo.

Ella Fitzgerald no puede faltar en una serie dedicada a las voces femeninas del jazz, pero ya la convoqué en el posteo de poteito-potato, así que la doy por presente. Billie Holiday tampoco puede faltar, y por eso cerraré con ella la serie la semana que viene.

Amy Winehouse hacía jazz. Porque lo digo yo, y punto. Hoy no está el horno para bollos.

Y este blog es casi cualquier cosa, lo acepto. Pero nadie te está torciendo el brazo.



Sigo, entonces. Amy Jade Winehouse nació en 1983 en Inglaterra, sacó dos discos (Frank en 2003 y Back to black en 2006) y murió en 2011, a los 28 años, por un colapso debido al síndrome de abstinencia, lo que resulta trágicamente paradójico o paradójicamente trágico (si es que es legal juntar semejante esdrujulerío) considerando que la canción más famosa de Amy fue “Rehab”, en la cual anunciaba que de ninguna manera iba a ir a rehabilitación, que no tenía 70 días para perder y que lo que necesitaba era un amigo, no dejar el alcohol y las drogas.

El álbum Back to black (no confundir con el excelente Back in black de AC/DC) es, hasta ahora al menos, el segundo álbum más vendido en Gran Bretaña durante el siglo XXI (el primer puesto lo tiene el disco 21, de Adele). Muy meritorio para una cantante de jazz disfrazado de pop-rock-ska o lo que sea que quería que pareciera Amy lo que hacía. Y es sin dudas una gran pena que se haya muerto tan tan joven Amy, porque tenía una gran voz, y cuando estaba más o menos sobria, era una gran intérprete. No pasaba seguido, eso sí.



A pesar del aparente caos de mi propuesta, acabo de descubrir una notable cohesividad en la sucesión de temas elegidos: “Tiempo de verano”, “Quiero ser mala”, “Sintiéndome bien”, “Sabés que no soy buena”. Creo que mi mayor defecto es que soy muy coherente.

Acá la cantora ya logró ser mala y salirse con la suya, sintiéndose bien (momentáneamente), y le llega el momento de arrepentirse. Por un rato, al menos.

La canción está dirigida al novio, que es, pareciera, el amor de su vida, y sin embargo, ella no puede dejar de engañarlo (con el ex y con cualquiera), es casi como una adicción: no una adicción al sexo ni al engaño, sino una adicción a fallar, a no cumplir con lo que se espera, a “no ser buena”. Pero ella le avisó que era así, él no puede alegar que no sabía cómo eran las cosas.

La letra presenta tres escenas, y cada una termina con el estribillo en que ella anuncia que más que engañarlo a él, se engañó a sí misma, pero que ya sabía que eso iba a ocurrir, porque somos pocos y nos conocemos mucho, ella es problemática y lo saben los dos: “sabés que no soy buena”. Yo te avisé, pelado, y vos no me escuchaste.

Las escenas, simpáticas y descriptivas, son variantes de lo mismo: ella lo engaña, y él se muestra increíblemente comprensivo con la situación.

a) Él entra al bar, haciéndose el malo, y le pregunta “¿por qué lo hiciste con él hoy?” y la olisquea como si fuera ginebra fina (Tanqueray), ella intenta cambiar el tema, “sos mi amigo, mi hombre”, él le dice “pásame tu cerveza y volá de acá”, y apenas salen del bar, él “la baja” como si fuera Roger Moore, el más blandito y galán de los actores que interpretaron a James Bond. Primero pensé que él la bajaba de un golpe, pero la verdad, considerando como viene toda la canción, me parece que acá “tear me down” (“derribar, bajar”) remite más bien a bajar amorosamente, a bajar la caña. Él se hace el malo, pero la perdona, porque la quiere. (El perdón y la comprensión, curiosamente, no es la reacción que ella busca, como veremos más adelante: ella preferiría que él la bajara de un golpe, que la castigara por su engaño.)

b) En la segunda escena, ella está en la cama con su ex, en pleno acto, y le suena el celu para avisarle que está llegando tarde a la cita con el novio. Se encuentra con él en un macdonalds o similar (papas envueltas en pan pita es un clásico del fast food indo-británico actual), y él, aunque se da cuenta de por qué ella está llegando tarde, no le hace una escena, e incluso menciona, como al pasar, la frase “cuando nos casemos”. Ella, más tarde y ya sola, se jura a sí misma que dejará su adicción, que ya no habrá nada con ninguno más, mientras llora por el novio (el actual, no el ex) en el piso de la cocina.

c) En la última escena, están los dos muy románticos, ella en la bañera y él al lado, y entonces él ve una reveladora manchita en la alfombra, que demuestra que ella anduvo haciendo sus cosas con otro en ese mismo lugar. Él ve la mancha, y ella ve que él la vio: pero mientras a ella, al saberse descubierta, se le viene el mundo abajo, él levanta los hombros, como diciendo “no pasa nada”, quitándole importancia al asunto. Y ella aclara que esa forma de reaccionar es lo peor, porque es como girar el cuchillo después de haberlo clavado.



Ella, en síntesis, lo quiere a él, y él la quiere a ella. Sin embargo, ella no puede dejar de engañarlo con otros (en tanto él es “el amor de su vida”, ella, al acostarse con otros, considera que se autoengaña, que se mete los cuernos a sí misma). No puede hacer otra cosa: ella ya es así (como dice el tango: “Si soy así / qué voy a hacer”, etcétera). No es buena. Ni lo va a ser, por más que lo intente.

Al menos, ella se anota un poroto a su favor: le avisó de entrada. El que avisa no es traidor, dicen.
Y no tengo mucho más para comentar hoy. La canción es lánguida, morosa, en 4/4, y el videoclip muestra a Amy, puro peinado y delineador de ojos, siendo interrogada como en una escena policial, y ella no tiene problema en confesarlo todo, porque espera ansiosa que la castiguen, pero no lo consigue.

Hay una canción de Taylor Swift que se titula “Sabía que no eras bueno”  (“I knew you were trouble”, en el que una “nena bien” se metejonea con un “nene malo” y se arrepiente el día después) y que podría funcionar como contrapartida musical al posteo de hoy; lástima que el tema de Swift es más insulso que una lata de picadillo, así que no tengo corazón para incluirlo acá.

Ni ganas. Ya saben cómo soy.



You know I'm no good

Meet you downstairs in the bar and heard
Your rolled up sleeves in your skull t-shirt
You say, "Why did you do it with him today?"
And sniff me out like I was Tanqueray

'Cause you're my fella, my guy
Hand me your Stella and fly
By the time I'm out the door
You tear me down like Roger Moore

I cheated myself
Like I knew I would
I told ya I was trouble
You know that I'm no good

Upstairs in bed with my ex-boy
He's in the place, but I can't get joy
Thinking of you in the final throes
This is when my buzzer goes

Run out to meet your chips and pitta
You say “when we're married”
'cause you're not bitter
There'll be none of him no more
I cried for you on the kitchen floor.

I cheated myself
Like I knew I would
I told ya I was troubled
You know that I'm no good

Sweet reunion, Jamaica and Spain
We're like how we were again
I'm in the tub, you're on the seat
Lick your lips as I soak my feet

Then you notice likkle carpet burn
My stomach drops,
and my guts churn
You shrug, and it's the worst
To truly stuck
the knife in first

I cheated myself
Like I knew I would
I told ya I was troubled
You know that I'm no good.
Sabés que no soy buena

Te encuentro abajo en el bar y escucho
que te arremangás la remera de calavera,
decís “¿por qué lo hiciste con él hoy?”
y me olisqueás como si fuera Tanqueray.

Porque sos mi amigo mi hombre,
pasame tu Stella y volá,
en el momento en que salgo por la puerta
me bajás como Roger Moore.

Me engañé a mí misma
como sabía que haría.
Te dije que yo era un problema,
sabés que no soy buena.

Arriba en la cama con mi ex novio
él está en su sitio pero no obtengo alegría
pensando en vos en los últimos lances
es cuando mi ring suena.

Corro a encontrar tus papas en pita,
decís “cuando nos casemos”
porque no estás enojado,
no habrá nada con ninguno más,
lloré por vos en el piso de la cocina.

Me engañé a mí misma
como sabía que haría.
Te dije que yo era un problema,
sabés que no soy buena.

Dulce reencuentro, Jamaica y España,
de nuevo somos como sabíamos ser,
estoy en la bañera, vos en la silla
relamo tus labios mientras me mojo los pies,

entonces notás la mancha en la alfombra,
se me cae el estómago y se me revuelven las entrañas,
vos te encogés de hombros y es lo peor,
de verdad como clavar y dar vuelta el cuchillo.

Me engañé a mí misma
como sabía que haría.
Te dije que yo era un problema,
sabés que no soy buena.




Y como bonus track, para que vean que no soy taaaan malo, el mencionado "Rehab", de Amy Winehouse ("quieren hacerme ir a rehab, pero yo les digo: no, no, no"):

https://www.youtube.com/watch?v=KUmZp8pR1uc


Eso es todo, la semana próxima termina mi breve homenaje a las voces femeninas del jazz y tal vez, para ahorrar, comience también al mismo tiempo una nueva recaída.

Aquí los espero, si me perdonan,


DJ Vago

martes, 17 de febrero de 2015

[112] Marmota que hiberna sabés cómo me siento


“Feeling good”, por Nina Simone (1965)


A Calisto.



Vamos ya por la tercera semana de “Mujeres del jazz”, y aquí voy con Nina Simone, otra de mis muy favoritas cantantes del universo, a quien ya presenté con su versión de “To love somebody” en el posteo 38 (hace un año y medio ya, increíble).

Con “Summertime” vimos que el mundo era un lugar engañosamente fácil, y con “I want to be evil” vimos que hay distintas formas de buscar sentirse mejor. Siguiendo (más por casualidad que por intención) la línea marcada por las canciones previas, aquí vemos el resultado, el objetivo de esa búsqueda existencial: llegamos adonde queríamos ir, y nos sentimos tan bien que nuestra dicha es casi criminal, y podemos pedir, como el romano aquel del que me contó mi hermana la quinta, que cuando llegue el momento de compensar, la desgracia que nos mande el destino sea pequeña. Mientras tanto, tiramos manteca al techo, porque estamos en uno de los pocos e increíbles momentos de gloria, y nos dan ganas de cantarlo a los cuatro vientos.



Y esta es la canción ideal para hacerlo: es épica, es tierna, es budista, es optimista. Y cantada por Nina, es surrealista, porque esa voz que tenía parece extraída de una realidad alternativa y/o directamente de otro planeta.


La canción fue compuesta por Anthony Newley y Leslie Bricusse en 1965 para un musical llamado El rugido del maquillaje - el olor de la muchedumbre. No sé ustedes, pero yo a un musical que se titule así no lo voy a ver ni que me paguen, me lleven en helicóptero y la Mona Giménez me sirva ferné con coca en el entreacto. Pero la canción es notable, y por suerte ese mismo año Nina Simone la escuchó y la grabó, en una versión tan genial que por más que este es un tema que se sigue versionando mucho y muy bien, es el listón con el que todos se comparan y es considerada unánimemente como “la versión original” de la canción. Abajo pondré, si junto energía positiva, un par de covers como ejemplo: Adam Lambert (una versión que me gusta) y el potato-face de Michael Bublé (una versión que me genera ganas de organizar una marcha en el obelisco solo para exigir su cabeza o, al menos, su mudez).

El mensaje de la letra es tan simple que puede condensarse en el título. El cantor o la cantora se siente bien, y lo expresa conversando con bichos, astros y otros fenómenos de la naturaleza, que son quienes pueden entender exactamente lo bien que se siente, lo libre, lo feliz.


El estribillo es tan breve como efectivo: “Es un nuevo amanecer, es un nuevo día, es una nueva vida para mí, y me siento bien”. Está al comienzo de una vida nueva y llena de color y de buenos augurios. Diría “color esperanza”, pero ese sintagma me trae malos recuerdos. Y quiere aprovechar ese nuevo día (tan largo que capaz que dura hasta la muerte) sin perder un solo segundo de sol, y recién cuando termine “descansar en paz”, con la satisfacción grabada en la sonrisa imborrable.

En la versión de Nina, la primera estrofa es sin música, a capella. Pero esa voz trae mucha tela para cortar, y recién cuando escuchamos las trompetas con su “tan, tará, tará, tará-taratatatá” nos damos cuenta de que hasta entonces era pura voz lo que sonaba. En el 2:16 de la canción, Nina demuestra, con un solo de skat de 25 segundos que funciona como coda antes del verso final, que podría perfectamente haber suplantado a los demás instrumentos, de haberlo querido.

No es frecuente sentirse tan bien, así que cuando sucede hay que aprovecharlo. Por ejemplo yo hoy, como es feriado, estoy dispuesto a disfrutar de una siesta épica que me ponga en sintonía con el universo, y despertarme tan tarde que ya sea la hora de dormir de nuevo. Ustedes saben cómo me siento.



Feeling good

Birds flying high you know how I feel
Sun in the sky you know how I feel
Breeze driftin' on by you know how I feel.

It's a new dawn
It's a new day
It's a new life for me
And I'm feeling good.

Fish in the sea you know how I feel
River running free you know how I feel
Blossom on the tree you know how I feel

It's a new dawn
It's a new day
It's a new life for me
And I'm feeling good

Dragonfly out in the sun you know what I mean, don't you know
Butterflies all havin' fun
you know what I mean
Sleep in peace when day is done
that's what I mean
And this old world is a new world
And a bold world for me

Stars when you shine you know how I feel
Scent of the pine you know how I feel
Oh freedom is mine
And I know how I feel

It's a new dawn
It's a new day
It's a new life for me
And I'm feeling good.

Sintiéndome bien

Pájaros volando alto ustedes saben cómo me siento.
Sol en el cielo sabés cómo me siento.
Brisa que pasa sabés cómo me siento.

Es un nuevo amanecer,
es un nuevo día,
es una nueva vida para mí
y me siento bien.

Pez en el mar sabés cómo me siento.
Río corriendo libre sabés cómo me siento.
Flor en el árbol sabés cómo me siento.

Es un nuevo amanecer,
es un nuevo día,
es una nueva vida para mí
y me siento bien.

Libélula al sol sabes de qué hablo,
¿no es cierto?
Mariposas pasándola bien,
ustedes saben lo que quiero decir.
Descansar en paz cuando el día se acabe,
a eso me refiero,
y este viejo mundo es un nuevo mundo
y un mundo audaz para mí.

Estrellas cuando brillan saben cómo me siento.
Aroma del pino sabés cómo me siento.
Oh, la libertad es mía,
y sé cómo me siento.

Es un nuevo amanecer,
es un nuevo día,
es una nueva vida para mí
y me siento bien.



· Versión de Adam Lambert:



· Versión de Michael Bublé:


Se despide hasta un nuevo amanecer,


DJ Vago

jueves, 12 de febrero de 2015

[111] Para mi cumple quiero una granada



“I want to be evil”, por Eartha Kitt, en “That Bad Eartha” (1953)



A Dolores Giménez, Ana Lucía Salgado y Susana Aime.



A pesar de mi siesta tan extensa que en un momento sentí que de verdad me perseguían guerreros aztecas y solo soñaba con ser un esforzado bloguero musical, aquí estoy de nuevo, tarde pero sin culpa.

Y sí, podría haber hecho esta nota antes, pero en honor al tema elegido para esta semana, decidí que la bondad está sobrevaluada y que no era necesario cumplir con las altas expectativas de los escasos lectores, si total allá nel horno se vamo a encontrar.
Así que esto es lo que hay. Sufran.

La canción de hoy es “Quiero ser malvada”, por Eartha Kitt, que nació en 1927 en Carolina del Sur (un viejo enclave esclavista en los Estados Unidos). Tuvo una niñez tan terrible que en comparación Oliver Twist la pasó bomba.



La bautizaron Eartha Mae Keith (ella misma lo cambió luego a “Kitt”, que suena igual, pero se acerca más a “gatita”). Nació en una plantación de algodón (continuamos con el paisaje presentado la semana pasada), donde trabajaba de sol a sol su madre negra, quien fue violada por el patrón blanco. Su madre la dio a una tía, quien la crió diciéndole que era su madre, y que le pegaba continuamente, hasta que la vendió como esclava (no "oficialmente" esclava, pero la esclavizaban) a una familia donde, además de explotarla, abusaban de ella. Ya más grande, cuando murió la tía, supo sobre su madre biológica y viajó-escapó a Nueva York para buscarla. Consiguió trabajo como bailarina, pero pronto su gran voz y su enorme capacidad interpretativa y actoral la hicieron destacar, y comenzó una fulgurante carrera como actriz y cantante de jazz y de canciones de cabaret (géneros muy conectados).

No era la típica “chica bien” de los cuarentas y cincuentas, sino que tenía una actitud rebelde inusual, lo que la hacía también atractiva y notable. Su primer trabajo discográfico, con el que saltó a la fama, fue “That Bad Eartha” (“la mala de Eartha”), y allí aparecía, entre varias otras, la canción elegida hoy, “Quiero ser mala”. Pero a lo largo de su vida, Eartha continuó cantando e interpretando y mantuvo intacta su veta rebelde e independiente, mientras se buscaba (y conseguía) esposos millonarios y oyentes poderosos. Solo por mencionar una anécdota, la invitaron a cenar en la Casa Blanca en plena guerra de Vietnam, y la boluda de la primera dama (la esposa de Lyndon Johnson) le preguntó, como para romper el hielo, qué opinaba de la guerra, a lo que Eartha, con esa vocecita tan dulce que tenía, le contestó: “Están enviando a las mejores personas del país al culo del mundo para que los maten de un tiro”. A lo cual la primera dama se puso a llorar desconsoladamente, y Eartha fue tan duramente criticada por la derecha conservadora y patriotera yanqui que su carrera en Estados Unidos entró en un stand by y tuvo que irse a Europa para poder encontrar trabajo.

Quienes vieron la vieja serie de Batman, esa en que Batman recitaba moralejas cada dos minutos y Robin exclamaba cosas como “¡Santos Calcetines, Batman!”, tal vez recuerden a la primera Gatúbela, de piel morena: era Eartha Kitt. Lo mejor de su personaje era, lamentablemente, lo que nunca se oyó por estos pagos (la serie era religiosamente doblada al español): la voz, el ronroneo y el maullido de Eartha. Escuchen, por ejemplo, en el 1:23 del siguiente video.



Pero ya basta de preludios, y vamos a la canción de hoy. Los autores son Lester Judson y Raymond Taylor (ilustres desconocidos), pero hacía falta alguien como Eartha para adueñarse del tema y hacerlo propio y memorable. Y vaya si lo hizo. Incluiré la versión de estudio, de los años cincuenta, y alguna de las interpretaciones en vivo que siguió haciendo durante cuarenta años, y la verdad, le salía mucho mejor de grande que de jovencita.

La canción funciona junto con un personaje. Una vez la escuché a Liza Minelli que contaba que para cantar una canción, antes se armaba el personaje de quien la canta. ¿Por qué canta esto? ¿Qué quiere decir? ¿Qué siente? ¿Qué piensa? ¿Qué hizo antes de cantar, qué hará después? Cuando sabía bien la historia de ese personaje, recién entonces cantaba la canción. Así hizo carrera Liza Minelli, que no tenía una gran voz, pero sí era una excelente intérprete. De forma similar, Eartha se presenta como una nena bien, inmaculada, buena, sumisa… pero que se muere por ser exactamente lo contrario: una malvada en toda regla.

El tema está lleno de frases hechas y referencias históricas que le dan un tono “canyengue” y de época a la canción, como:

· “Posé para fotos de jabón Marfil”,unos jabones que ponían en sus anuncios pálidas modelos angelicales y usaban la frase “ese look Marfil”.


· “Fui elegida Miss Rheingold aunque nunca tomé cerveza”. La cerveza Rheingold tenía un famosísimo concurso de belleza; la ganadora del concurso aparecía en los avisos de la marca y hasta en las latas de cerveza.




· “Los únicos grabados que vi fueron tras un vidrio”. Esta es una referencia a la frase: “¿Querés subir a ver mis grabados (pinturas)?”, que se usaba, en un programa de televisión, como una invitación velada a mantener relaciones sexuales.

· “Lo más cerca que estuve de una barra (“bar”) fue en la clase de ballet”.

· “Cheat at jacks” significa a la vez trampear en los naipes y engañar a los tipos.

Y así.  Pero aunque alguna imagen no se entienda, la idea es clara: ella está cansada de ser pura y modosita, y quiere “buscar su nivel” de maldad. No solo quiere hacer maldades: quiere ser mala, todo lo mala que pueda ser. Quiere pensar "Qué ganas de tener una ametralladora y acribillarlos a todos" y, al menos por una vez, hacerlo.

¿Por qué? Porque sí. O porque en comparación, es más interesante que ser buena, lo que, al menos en la forma en que lo plantea Eartha, suena bastante aburrido. Y porque la maldad trae consigo la promesa de sentirse mejor, de sentirse bien. Ya que el mundo es un lugar feo, caluroso y malo, y vivir no es fácil, quizás siendo uno malo la pasa un poco mejor. Vale la pena intentarlo, al menos, y en todo caso, arrepentirémonos después.



En las versiones que siguen escucharán, además de la excepcional voz de Eartha, su peculiar e inolvidable forma de interpretar. Que lo disfruten (todo lo que nos gusta nos hace mal, como dicen).




I want to be evil

I've posed for pictures with Iv'ry Soap,
I've petted stray dogs,
and shied clear of dope,
My smile is brilliant, my glance is tender
But I'm noted most
for my unspoiled gender

I've been made Miss Reingold,
though I never touch beer,
And I'm the person to whom they say, "Your sweet, My Dear."
The only etchings I've seen have been behind glass,
And the closest I've been to a bar, is at ballet class.

Prim and proper, the girl who's never been cased,
I'm tired of being pure and not chased.

Like something that seeks it's level
I wanna go to the devil.

I wanna be evil,
I wanna spit tacks
I wanna be evil, and cheat at jacks
I wanna be wicked, I wanna tell lies
I wanna be mean, and throw mud pies

I want to wake up in the morning
with that dark brown taste
I want to see some dissipation in my face
I wanna be evil, I wanna be mad
But more that that I wanna be bad

I wanna be evil, and trump an ace,
Just to see my partner's face.
I wanna be nasty, I wanna be cruel
I wanna be daring, I wanna shoot pool

And in the theatre
I want to change my seat
Just so I can step on
Everybody's feet

I wanna be evil, I wanna hurt flies
I wanna sing songs
 like the guy who cries
I wanna be horrid, I wanna drink booze
And whatever I've got
I'm eager to lose

I wanna be evil, little evil me
Just as mean and evil
as I can be
Quiero ser malvada

Posé para fotos de jabón Marfil,
salvé perros de la calle
y me mantuve limpia de drogas.
Mi sonrisa es brillante, mi mirada es tierna
pero por lo que más me destaco
es mi género intacto.

Fui electa miss Rheingold
aunque nunca toco la cerveza,
soy la persona a quien dicen
“tu dulce, mi querida”.
Los únicos grabados que vi
fueron tras el vidrio
y lo más cerca que estuve de una barra
es en la clase de ballet.

Formal y correcta,
la chica que nunca fue atrapada…
estoy cansada de ser pura e inalcanzada.

Como algo que busca su nivel
quiero irme al diablo.

Quiero ser malvada,
quiero escupir maldiciones
quiero ser malvada y engañar a los tipos,
quiero ser perversa y decir mentiras
quiero ser malévola y tirar tortas de barro.

Quiero despertar en la mañana
Con ese oscuro sabor marrón,
Quiero ver algo de disipación en mi cara.
Quiero ser malvada, quiero estar loca
pero sobre todo quiero ser mala.

Quiero ser malvada y arrojar un as
solo para ver la cara de mi compañero,
quiero ser antipática, quiero ser cruel,
quiero ser atrevida, quiero jugar al pool.

Y en el cine
quiero cambiarme de asiento
solo para poder pararme
sobre los pies de todo el mundo.

Quiero ser malvada, quiero herir moscas,
quiero cantar canciones
como el tipo que llora,
quiero ser horrenda, quiero chupar licor
y tenga lo que tenga
estoy ansiosa por perder.

Quiero ser malvada, malita de mí,
tan mala y malvada
como pueda ser.


Y para comparar, un par de versiones en vivo, ya con una Eartha ya madura:





Y eso es todo, mis malévolos gatitos. Nos vemos la semana que viene, si es que no me atrapan antes,



DJ Malo

martes, 3 de febrero de 2015

[110] Vivir es fácil, el pez está saltando


“Summertime”, de George Gershwin, por Sarah Vaughan (1957)




A Laura Escudero, Iris Rivera, Florencia Gattari,
Paula Bombara, Germán Machado y Mario Méndez.




Me cago en Dios.
(graffiti de Arthur Rimbaud en varios
bancos de plaza del pueblo de Charleville)



Se acabó la joda, basta de tatuajes, pestañeos y minifaldas.

Empiezo aquí una serie dedicada a grandes cantantes femeninas de jazz, titulada, muy creativamente, “Mujeres del jazz”. Como primera entrega, voy con Sarah Vaughan, una de mis favoritas cantantes del mundo, y “Summertime”, la canción de jazz más famosa y versionada del mundo.


“Summertime” significa, ponele, “tiempo de verano”, “clima veraniego”. Podría traducirse “verano” simplemente, pero sería inexacto, porque para eso le hubieran puesto “summer” a la canción y listo. La música fue compuesta por el gran George Gershwin (a quien ya presenté en el posteo 76, con la canción de poteito-potato), y la letra es una colaboración entre DuBose Heyward, Dorothy Heyward e Ira Gershwin, reunión que podríamos bautizar “El Infierno de la Ortografía”, o tal vez, “Gershwins y Heywards: deme dos de cada” (DuBose H. es el autor de la novela Porgy, que sirvió de inspiración para la ópera de Gershwin Porgy & Bess).

(Digresión: la tengo acá a mi hermana la tercera en el teléfono, y otra vez me está protestando por el título del posteo, dice que lo afané de una cosa medieval, el Castillo de Abelardo, pobre, quedó chapita mi hermana tercera, demasiados libros.)

Sarah nació el 27 de marzo (como un amigo mío) de 1924, y debe haber cantado “Summertime” todos los días de su vida, a partir de los diez años (antes no podía, porque no se había compuesto Porgy & Bess). Así que hay un buen puñado de grabaciones diversas de “Sassy” Vaughan entre las cuales elegir, y las versiones son bastante diferentes entre ellas. 

La más difundida es la de 1949, con la orquesta de Joe Lippman (va link abajo). Pero la que elegí es la de 1957, con la orquesta de Hal Mooney. Más adelante, en los sesentas y setentas, Sarah fue haciendo la canción más lenta, más “pesada” (ella también ganaba kilos), como para alardear sus capacidades vocales, pero claro, se pierde bastante el ritmo original y un poco la melodía también (pondré, si me queda energía, un link de esa época también).

En todo caso, Sarah tenía una gran, gran voz, y era una gran intérprete. Podía hacer agudos como María Callas, pero cuando bajaba la voz largaba unos graves que erizaban los pelos, y manejaba un vibrato que hacía sonrojar a los violonchelos. Vale la pena escucharla hasta en el feliz cumpleaños.

Y mucho más en “Summertime”, probablemente la canción de cuna más famosa del mundo, después del arrorró.

Si leen la letra, esta presenta una situación ideal, de clase alta. Una escena del sur de los Estados Unidos, onda El Gran Gatsby, con una pareja blanca vestida de ídem, tomando limonada (ella) y whisky (él) bien helados mientras se sientan a mirar el atardecer en la reposera de mimbre mientras reflexionan sobre lo pintorescos y simpáticos que son los negritos esos que lo apantallan, y ella se mira el esmalte de las uñas y él cuenta los billetes que ganará con la próxima cosecha de algodón, pues el precio está alto en el mercado de futuros.

Hace calor, pero el calor es agradable: todo es fácil, los peces saltan a la red, el algodón está listo para dar ganancias sin mayores esfuerzos. Y encima, tu papá es rico y tu mamá es linda. Así que no llores, nene: no seas aguafiestas. No tenés motivo para llorar, pues nada puede dañarte. No llores, dije.


Eso dice la letra. Pero resulta que esta canción no viene sola: viene con imágenes (es parte de una ópera). Y como en ciertos libros ilustrados (libros-álbum, me dijo mi hermana la tercera que hay que llamarlos, pero no le creo), la ilustración va por un camino diferente que las palabras, y cambia radicalmente su sentido. Y sucede que, cuando se canta esta canción de cuna, lo que vemos no es la escena high-class del Gran Gatsby, sino todo lo contrario: un suburbio turbio lleno de pobreza, violencia, alcohol barato, injusticia, cocaína, desamparo, mosquitos y un calor del orto que te derrite hasta la esperanza y solo te hace pensar una y otra vez, como Rimbaud: me cago en Dios.

Por lo tanto, la realidad contradice la letra. La vida no es fácil, el pez no está saltando. Pero el objetivo de la canción es que el bebé deje de llorar, así que se intenta tranquilizarlo cueste lo que cueste. La realidad es horrible, así que mejor la escondemos, así el bebé se tranquiliza y deja de llorar (onda la película “La vida es bella”, ponele). Ya tendrás tiempo de crecer y de extender tus alas, nenito; mientras tanto, quedate tranquilo (y callado, en lo posible).

Este tema me recuerda a las “Nanas de la cebolla”, de Miguel Hernández (ver posteo 71), donde también se le asignan alas al niño y se expresa la voluntad de que no sepa nada de lo que pasa ni lo que ocurre a su alrededor (en la España de la Guerra Civil salta todo menos los peces y el algodón se usa todo en vendas).

Uno podría pensar que es enternecedor, que los padres le oculten la realidad al hijo para protegerlo. Y lo es, no digo que no. También podría pensarse que es inútil, porque los niños no son tan tontos y crédulos como podrían parecer, y como bien dijo mi tío “les vamos transmitiendo nuestras frustraciones / con la leche templada y en cada canción”. Y la música de “Summertime” es hipnótica, casi alienígena, y al menos en mi opinión, inquietante. Es difícil escucharla y creer realmente que está todo bien y que tenemos acciones de un pool algodonero en la Bolsa.

La diferencia entre las “Nanas de la cebolla” y esta canción: Miguel le dice al niño que no crezca nunca, que no salga de la cuna; aquí en “Summertime” en cambio se acepta que en algún momento el bebé va a crecer (va a volar, como pájaro que es) y que entonces ya no estará a salvo; pero mientras tanto está junto a su papi y su mami, dentro de la “distancia de rescate”, es decir, la distancia desde la cual los padres creen que pueden salvar al hijo de cualquier accidente o cosa mala que los amenace.


Remito aquí a la novela corta Distancia de rescate, de Samanta Schweblin, que me contaron (yo no leo, me cansa) que es un muy buen libro y habla, creo, de esa distancia de rescate y de cómo es, más que nada, una ilusión, una auto-canción-de-cuna de los padres para creer que los hijos están a salvo, cuando la realidad es que no, que la cercanía extrema de papá y mamá no te exime de nada, y hasta uno podría postular que es en sí una fuente de peligros.

Como una amiga mía, entonces, recomiendo fervientemente lo que nunca leí: lean Distancia de rescate, con “Summertime” de fondo, y después me cuentan cómo les fue.

Tengo hasta ahí. Les dejo la letra y las versiones prometidas.

1957 (con la orquesta de Hal Mooney):


Summertime

Summertime,
And the livin' is easy
Fish are jumpin'
And the cotton is high

Oh, Your daddy's rich
And your mamma's good lookin'
So hush little baby
Don't you cry

One of these mornings
You're going to rise up singing
Then you'll spread your wings
And you'll take to the sky

But until that morning
There's a'nothing can harm you
With your daddy and mammy standing by

Summertime,
And the livin' is easy
Fish are jumpin'
And the cotton is high

Your daddy's rich
And your mamma's good lookin'
So hush little baby
Don't you cry

Tiempo de verano

Tiempo de verano
y la vida es fácil:
los peces saltan
y el algodón está alto.

Oh, tu papi es rico
y tu mami es bonita,
así que sh, bebito,
no llores.

Una de estas mañanas
vas a levantarte cantando,
extenderás tus alas
y te irás por el cielo.

Pero hasta esa mañana,
no hay nada que pueda dañarte
con tu papi y tu mami al lado.

Tiempo de verano
y la vida es fácil:
los peces saltan
y el algodón está alto.

Tu papi es rico
y tu mami es bonita,
así que sh, bebito,
no llores.



· Versión de “Sassy” de 1949, con la orquesta de Joe Lippman:
https://www.youtube.com/watch?v=BYsals4Z1gU


· Versión en vivo, en los setentas (con un redundante e intenso calor veraniego):
https://www.youtube.com/watch?v=C4QKCZW9GgE


Me despido hasta el martes próximo, pero quédense tranquilos que me quedo cerquita.


DJ Vago