solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 17 de abril de 2017

[183] La luz es sepultada por cadenas y ruidos


“Concrete jungle”, de Bob Marley (1973), y “Jungla de cemento”, de Annie y sus Amazonas (1989)


La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

(Federico García Lorca. Estrofa final de “La aurora”, en Poeta en Nueva York.)


Empiezo hoy una nueva serie, titulada “Es una jungla allá afuera”, dedicada a canciones sobre la ciudad como un lugar lleno de ferocidad y peligro, una selva gris dispuesta a engullir al débil o ahogar al incauto.



Como primera entrega de la serie, van dos canciones con el mismo título, “Jungla de cemento”. La primera canción es un temazo genial; la segunda es muy mala, pero su bizarrez al menos, me juego, les arrancará una sonrisa.

Empecemos con la canción buena, “Concrete jungle”: en mi humilde opinión, una de las mejores del gran Bob Marley y The Wailers, primer corte de su LP Catch a fire. No la compuso Bob, pero él hizo la única, la mejor versión del tema. Yo soy fan de Bob, así que no seré muy subjetivo: es un músico que no solo hizo grandes temas, sino que tiene algunos grandes discos, buenísimos de principio al final, como Exodus, Rastaman Vibration, Natty Dread, Survival, Uprising, Kaya… En ese listado, Catch a fire (lanzado en abril del 73, hace 44 años ya, increíble) nunca fue uno de mis discos favoritos, pero sí tiene esta joya de canción.

Elegí la versión que grabaron en vivo en Londres, en el programa The Grey Old Whistle Test, donde en general tocaban roqueros; muchos tiraron la bronca por la aparición en el programa de The Wailers, porque se creía que el reggae no era “música seria” (jaja, ¡como si el rock fuera música seria! Siempre hay un roto para un descosido, se ve). De entrada en el clip uno lo ve a Aston Barrett en el bajo, y en el segundo 12 del clip se abre el encuadre para mostrar a los demás Wailers (“gimientes”, “lamentadores”), entre ellos a Bunny Wailer, disfrazado de Dictador de Costapobre mezcla Cirque du Soleil con un balde en la cabeza y bailando con tanta tranquilidad como desvergüenza, y al enorme Peter Tosh en guitarra, con su gorrito rojoamarilloverde y lentes oscuros (diría: innecesarios).

Pero no se distraigan con la facha de los músicos, porque esa intro es espectacular, tan rítmica como inquietante, y desemboca como van a dar los ríos en la mar justo en la inconfundible voz de Bob, que abre con los hermosos y bajoneantes versos iniciales: 

“Ningún sol brillará en mi día hoy, la alta luna amarilla no saldrá a jugar”.

En cada verso, los Wailers, a la vez que tocan sus respectivos instrumentos (salvo Bunny, que casi tiene la batería de adorno) hacen los coros, contrapunteando el desesperado ruego del cantor que, hundido en una jungla de cemento donde siempre es de noche, no puede encontrar el amor, aunque intuye, espera, ruega que esté en algún lado, escondido en medio de la jungla gris donde “vivir es más difícil” y donde “tenés que hacer lo que puedas”.

El cantor pide ayuda, ayuda de cualquiera, de alguien que le dé una mano, pero se ve que ya están, como en “Yira yira”, “secas las pilas de todos los timbres que vos apretás” y solo recibe, como respuesta a sus súplicas, silencio e indiferencia.

A pesar de que no tiene grilletes, él sabe que no es libre: la ciudad es la cárcel, y las paredes de los edificios lo mantienen en cautiverio, aunque él esté del lado de afuera.
Anuncia, en unos versos hermosos y trágicos, que “nunca conocí la felicidad, nunca supe qué es una  caricia” y sin embargo, como en “Vesti la giubba” (vean el posteo 34), se ríe “como un payaso”, cuando lo que debería hacer es llorar.

La ciudad, la jungla personificada, es quien le grita, quien no lo deja en paz, quien lo amenaza con una eterna maldición indefinida: “Jungla de cemento: ¿qué me tenés preparado ahora?”.


Concrete jungle

No sun will shine in my day today
The high yellow moon won't come out to play
I said darkness has covered my light,
and has changed my day into night.
Where is the love to be found?
Won't someone tell me?

'Cause my sweet life
must be somewhere to be found
Instead of concrete jungle
Where the living is harder
Concrete jungle.
Man, you got to do your best.

No chains around my feet,
but I'm not free,
I know I am bound here in captivity;
G'yeah, now - I've never known happiness;
I've never known what sweet caress is -
Still, I'll be always laughing like a clown;
Won't someone help me?
'cause I, I've got to pick myself
from off the ground

In this a concrete jungle,
I said, what do you got for me now?
Concrete jungle,
won't you let me be now?

I said that life
it must be somewhere to be found
Oh, instead: concrete jungle,
collusion, confusion,
Concrete jungle: baby, you've got it in.
Concrete jungle,
what do you got for me now?
Jungla de cemento

Ningún sol brillará en mi día hoy,
la alta luna amarilla no saldrá a jugar.
Digo que la oscuridad cubrió mi luz
y transformó mi día en noche.
¿Dónde podré encontrar el amor?
¿Alguien me lo dirá?

Pues mi dulce vida
debe estar en algún lado
en vez de esta jungla de cemento
donde vivir es tan difícil.
Jungla de cemento: hombre,
tenés que hacer lo que puedas.

No hay cadenas en mis pies,
pero no soy libre.
Sé que estoy atado aquí, en cautiverio.
Nunca conocí la felicidad,
nunca supe qué es una dulce caricia,
e igual siempre me río como un payaso.
¿Es que nadie va a ayudarme?
Porque tengo que levantarme
del suelo.

En esta jungla de cemento
digo: ¿qué tienes guardado para mí ahora?
Jungla de cemento:
¿ya no me vas a dejar en paz?

Digo que la vida
debe estar escondida en algún lado
en vez de esta jungla de concreto,
confabulación, confusión,
Jungla de cemento: nene, estás adentro.
Jungla de cemento:
¿qué tienes guardado para mí ahora?


Pasemos ahora a la otra “Jungla de cemento”, esta vez en castellano, por el grupo de rock-pop peruano ochentoso Annie y sus Amazonas.

Ya de entrada, por los peinados y la pinta de Annie y por la musicalización, nos damos cuenta enseguida de que estamos en los ochenta. Aquí la idea es un poco diferente que en “Concrete jungle”. La protagonista, secundada por sus dos cómplices al mejor estilo “Los Chunguitos”, ya vive en la jungla, y viaja a la ciudad con una misión concreta: capturar a un varón-león, a ese “rey de la selva”, un feroz animal macho.

Ella, Annie, tiene miedo del león feroz, porque no sabe “cómo reaccionará” (aunque no parece difícil, la verdad, imaginar cómo reaccionaría un león feroz al ser capturado, ¿no?). En su camino por la jungla de cemento, va encontrando diferentes animales (en el clip se ve claramente que esos animales son los varones, uno que cambia una rueda de auto, otros que bailan, otros que simplemente están ahí mirándolas y peleando “al andar” “en sus carros de acero” (el clip aclara, aunque no hacía falta, que son automóviles).

Annie y sus Amazonas sacan fuerza de flaqueza y avanzan hacia la guarida del feroz león, anunciando que “no debo echarme atrás”. A partir del minuto 3 del videoclip, se meten las tres, ahora vestidas de gala, en una casa, donde encuentran al tipo con máscara que, no sabemos por qué, se está riendo: lo atacan a pleno baile y Annie le tira un besito fatal, él se quiere escapar pero lo tienen rodeado, lo golpean sin golpearlo, lo empujan escaleras abajo, hasta donde están, quién sabe por qué, los demás varones sentados, y todos bailan.

En el minuto 4, Annie y sus Amazonas regresan de la jungla de cemento, con el varón-león ya capturado, atado y acarreado como lo que es: como un animalito. En el 4:10, tras decir que “Veo que ha quedado medio muerto”, Annie le mueve la cabeza y hace un gestito como diciendo: “Qué se le va a hacer”. Y entonces, aclara que al ex-rey “le espera la peor condena”.

Acá uno imagina que, por lo menos, se lo van a comer vivo: ese Comando Terrorista Natural Femenino arrasa con el patriarcado y vence a las malignas fuerzas de la urbanización y el machismo. Pero no. En una total decepción (para mí al menos), la “peor condena” es: … “conmigo se casará” (y el videoclip muestra, para asustarnos, ¡un títere de cura católico! Y en el minuto 5, Annie y sus Amazonas aparecen vestidas de blanco, arrastrando al “león” aún atado y con antifaz hasta la iglesia, donde quedará condenado a ser el marido de esa salvaje, que, como toque final, tira el ramo hacia atrás, muy contenta. Marley intuía que el amor estaba escondido en algún lado de la jungla: Annie no duda, ella va, entra y lo atrapa y lo saca a la fuerza e incluso obtiene papeles para su unión. 

Más allá del derrape final y de el alto octanaje de bizarrez, “Jungla de cemento” tiene, considero, algo interesante: la idea de que hay vida fuera de la jungla de cemento, y que uno puede entrar y salir de esa selva, que no estás condenado a malvivir allí, rodeado de animales feroces y de asfalto gris (como sucede en la canción de Marley y en las que seguirán en las próximas semanas); un cierto optimismo de que podés vencer a la jungla, aunque al igual que Annie, uno puede terminar, al vencer, convertido sin saber bien cómo en un animalito más.



Jungla de cemento
Camino en la jungla de cemento
estoy buscando un león.
Dicen que se esconde muy adentro
y tiene fama de feroz.
Confieso que tengo miedo,
no sé cómo reaccionará.
Será el rey, pero yo lo capturaré.

Encuentro animales diferentes,
pelean siempre al andar,
van corriendo en sus carros de acero,
el más recio ganará.
Es todo tenebroso,
no debo echarme atrás.
Será el rey, pero yo lo capturaré.

Regreso de la jungla de cemento,
he capturado al león.
Veo que ha quedado medio muerto
ese animal feroz.
Le espera la peor condena:
conmigo él se casará.
Será el rey, pero yo lo capturaré.
¡Y lo capturé!
Y conmigo se casará.
Será el rey, pero yo lo capturaré.
¡Ya lo capturé!


Y eso es todo por hoy.

Se despide hasta la próxima, mientras se balancea entre las lianas con la canción de Baltimora de fondo:


DJ Vago

martes, 11 de abril de 2017

[182] No es tintorería


“The House of the Rising Sun” (“La Casa del Sol Naciente”), original del siglo XIX, versión de The Animals (1964) y diversas versiones entre 1933 y 2014



Hace mucho que no posteo, se habrán dado cuenta. Es que en marzo escuché que iba a haber paro aunque aún no se había definido la fecha, así que por las dudas paré todo el mes y una semanita de yapa. Me podrán decir muchas cosas, pero carnero nadie me va a decir.

Aquí vuelvo, entonces. Después de haber ido a mi propio entierro solo y llorando, regreso con toda la energía que me caracteriza, para cerrar la serie de “Grandes voces” y también la de “Original versus cover”, que les dije que ya había terminado en el posteo anterior (sobre “Total eclipse of the heart”) pero me arrepentí, así que cierra hoy también y mano a mano hemos quedado.

La canción elegida hoy es “La Casa del Sol Naciente”, una canción que muy probablemente conocen, y seguramente en la archifamosa versión de The Animals de 1964 que es, sin dudas, espectacular, con la gran voz de Eric Burdon, un puñal de acero en tus oídos.



El clip es buenísimo también, pura simplicidad: ellos de traje gris, moviéndose muuuy leeentooo en una pausada coreografía minimalista. Eric tiene esa cara de Jaimito malcriado que va bien con la canción, pero esa voz de barítono es inesperada y notable. Alan Pryce es quien toca ese tecladito de iglesia enloquecedor. Seguro la recuerdan a la canción, pero aquí va:



Por su duración de más de 4 minutos, las radios se negaron casi unánimemente a pasar la canción, que sin embargo supo escalar hasta el tope de los charts. Es que esa voz de Eric es un mazazo al mentón. La canción es un cover de Bob Dylan (el Premio Nobel, sí), quien la había grabado en el 62 y a su vez la había tomado de un arreglo de Dave Van Ronk (que tampoco es el creador de la canción original). Antes de eso la había grabado también Joan Baez y por esos años la grabó también Nina Simone, y otros más. Pero todas esas versiones, algunas buenísimas, quedaron opacadas por la contundencia y la fama de la versión de The Animals. El mismo Bob Dylan, de quien seguramente The Animals tomaron el tema, dejó de cantarla después del 65, porque la gente lo acusaba de estar robándole la canción a The Animals…

Desde los sesentas en adelante, todos los covers que se hicieron (abajo les compartiré cuatro, de Johnny Hallyday en francés en 1964, de Frijid Pink en 1970, de Dolly Parton en los ochentas y de la banda heavy metal Five Finger Death Punch en 2014, pero hay montones de covers) fueron y son hechos a partir de la versión de Los Animales.

Volviendo a la canción, en la versión de The Animals: la letra no habla, como podríamos pensar, del país del Sol Naciente, Japón. Habla de un local que se llama “La Casa del Sol Naciente”, pero no es una tintorería japonesa ni un expendio de sushi. Se trata de un cabarute, una “casa de mala vida” ubicada en el sur de los Estados Unidos, en Nueva Orleans (no casualmente la cuna del blues, del jazz y, por qué no, de todo lo que vino después).

El cantor (varón, en esta versión) comenta cómo esa casa maligna fue su perdición, al igual que la de muchos otros jóvenes, pobrecitos, que cayeron por la canaleta del vicio y el juego:

The House of the Rising Sun

There is a house in New Orleans
they call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy
and God, I know I’m one.

My mother was a tailor,
sewed my new blue jeans,
My father was a gambling man
down in New Orleans.

Now the only thing a gambler needs
is a suitcase and a trunk
And the only time he’s satisfied
is when he’s on a drunk.

Oh mothers tell your children
not to do what I have done,
Spend your life in sin and misery
in the House of the Rising Sun.

Well, I’ve got one foot on the platform,
the other foot on the train
And I’m going back to New Orleans
to wear that ball and chain.

Well, there is a house in New Orleans they call the Rising Sun
And it’s been the ruin of many a poor boy and God, I know I’m one.

La Casa del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans,
la llaman del Sol Naciente,
y ha sido la ruina de muchos pobres chicos
y dios, sé que soy uno de ellos.

Mi madre era costurera,
cosió mis nuevos blue jeans.
Mi padre era un apostador
abajo en Nueva Orleans.

Bueno, lo único que necesita un jugador
es una maleta y un baúl
y el único momento en que está satisfecho
es cuando está de borrachera.

Oh madres, díganles a sus niños
que no hagan lo que hice yo:
gastar su vida en pecado y miseria
en la Casa del Sol Naciente.

Bien, tengo un pie en el andén
y el otro pie sobre el tren,
y estoy volviendo a Nueva Orleans
para llevar esa bola y esa cadena.

Bien, hay una casa en Nueva Orleans
que llaman del Sol Naciente
y ha sido la ruina de muchos pobres chicos
y dios, sé que soy uno de ellos.


El cantor describe la casa, cuenta la triste historia de su padre apostador (que, indirectamente, parece ser culpable del destino del hijo) y les aconseja a las madres (a todas las madres en general) que eviten que sus hijos hagan lo que hizo él: pasárselo de joda en el cabarute. Lo curioso es que después de toda esa intro y del raconto y de la advertencia moral-maternal, la conclusión es: me vuelvo para Nueva Orleans para retomar esa vida de disipación (suponemos que yendo todas las noches al mismo tugurio). Él lo dice como si fuera una condena que debe cumplir (incluso utiliza una metáfora carcelaria: “voy a ponerme esos grilletes y atarme esa bola de plomo”). Pero objetivamente, no hay nadie que lo esté obligando, pareciera, a volver a la Casa del Sol Naciente a chupar y apostar y putañear. Sería algo así como una adicción que le agarró, y que ya no puede abandonar: “Si soy así, qué voy a hacer”, etcétera.

Pero en su versión original (y en todos los covers previos a 1964, incluyendo los de Dylan, Baez y Simone), la letra es un poco distinta. Un poco, pero importantemente: porque la cantora es mujer. Y en este tema, ese cambio de género en el narrador es esencial (pasaba también, si recuerdan, en “Las chicas solo quieren divertirse”, que comenté recientemente). 
La canción original nació en algún lugar de Inglaterra, en algún momento del siglo XIX, y era una canción de suburbios que cantaban los trabajadores de clase baja, sobre una chica que cayó en la mala vida y se lamenta por ello (eso emparenta esta canción con la hermosa canción irlandesa “Siúil a rún”, que comenté en el posteo 60 en enero de 2014).

De Inglaterra viajó a los barrios bajos sureños de los Estados Unidos, y allí adquirió, a partir de los años 30, su ritmo de blues, aunque deberían llegar los años 40 para que se le pegara la melodía nueva, la que conocemos hoy. Abajo les pondré un popurrí de links correspondientes, por si quieren pispear cómo era la melodía original y cómo, en los 40, Josh White le cambió la letra y la melodía pero no le pegó bien con el ritmo.

Lo que me interesa, para ir cerrando este posteo, es comparar esta letra original con la que leyeron arriba: aquí es una chica la que cuenta su triste historia. Acá queda muy claro, enseguida, que ella no tuvo mucha elección en su destino: fue engañada por un varón (un atorrante borracho y malagente), que la sedujo y la llevó, siendo ella tan joven y tan tonta, pobrecita (lo dice ella misma, eh, no la estoy bardeando yo) a desoir los consejos de la madre costurera (“si la hubiera escuchado, hoy estaría en mi casa”) y terminar prostituyéndose en un burdel (la famosa Casa del Sol Naciente). Esta es la hija de la costurerita que dio el mal paso, entonces, y su “enamorado” se la pasa emborrachándose de pueblo en pueblo, con ella siguiéndolo, porque así y todo se ve que lo quiere igual, o que no lo quiere pero no puede dejarlo. Y hacia el final, ya con su vida perdida (por más que ella aún es joven, considera que está cerca de morir) se vuelve, porque no tiene otra opción en la vida, a Nueva Orleans, de regreso al burdel, para terminar sus días como prostituta en la casa del Sol Naciente. En el medio, antes de despedirse, le ruega a quien escucha que le avise a su hermanita que no siga sus pasos, que nunca vaya a esa casa maldita en Nueva Orleans.

O sea: aquí sí se entiende la historia, aquí sí podemos compadecernos del terrible destino de la cantora y darnos cuenta de que es una canción tristísima esta, y probablemente (muy probablemente) basada en hechos reales, porque el mundo es un lugar terrible e injusto, pero más todavía lo es si sos mujer y joven y pobre.

The House of the Rising Sun

There is a house in New Orleans
they call the Rising Sun.
It’s been the ruin of many a poor girl
and me, O God, for one.

If I had listened what Mama said,
I’d be at home today.
Being so young and foolish, my Lord,
let a rambler lead me astray.

Go tell my baby sister
never do like I have done
To shun that house in New Orleans
they call the Rising Sun.

My mother she’s a tailor,
she sewed these new blue jeans.
My sweetheart, he’s a drunkard, Lord God, drinks down in New Orleans.

The only thing a drunkard needs
is a suitcase and a trunk.
The only time he’s satisfied
is when he’s on a drunk.

Fills his glasses to the brim,
passes them around.
Only pleasure he gets out of life
is hoboin’ from town to town.

One foot is on the platform
and the other one on the train.
I’m going back to New Orleans
to wear that ball and chain.

Going back to New Orleans,
my race is almost run.
Going back to spend the rest of my days beneath that Rising Sun
La Casa del Sol Naciente

Hay una casa en Nueva Orleans,
la llaman del Sol Naciente,
y ha sido la ruina de muchas pobres chicas
y yo, oh dios, soy una de ellas.

Si hubiera escuchado lo que decía mi madre
estaría en mi casa hoy;
por ser tan joven y tonta, mi dios,
dejé que un viajero me llevara a la perdición.

Vayan y díganle a mi hermanita
que no haga nunca lo que yo hice:
que le huya a esa casa en Nueva Orleans
que llaman del Sol Naciente.

Mi madre era costurera,
cosió estos nuevos blue jeans.
Mi enamorado es un borracho, oh dios,
que bebe abajo en Nueva Orleans.

Lo único que necesita un jugador
es una maleta y un baúl.
El único momento en que está satisfecho
es cuando está de borrachera.

Llena sus vasos hasta el borde
y los pasa alrededor,
el único placer que tiene en lavida
es vagabundear de pueblo en pueblo.

Un pie está en el andén
y el otro está arriba del tren,
y estoy volviendo a Nueva Orleans
para llevar esa bola y esa cadena.

Me vuelvo a Nueva Orleans,
mi carrera está casi terminada.
Regreso a pasar el resto de mis días
tras aquel Sol Naciente.


En síntesis: interesante cómo cambió la letra, ¿no? Musicalmente, el cover de The Animals la mejoró un montón; pero la letra quedó edulcorada y perdió, diría yo, toda su fuerza. Así que la conclusión sería: qué sé yo, cuál sería la conclusión. Solo sé que soy un pobre chico, no me atosiguen.

Con esto termina mi comentario, me despido con los links a los diferentes covers (en muchos  casos, alcanza con escuchar pocos segundos para cazar por dónde va la onda).

Por Tom Clarence Ashley, Doc Walsh y Gwen Foster, la primera grabación conocida del tema, en 1933:


Por Woody Guthrie, en los 40:


Por Libby Holman, con arreglo de Josh White, en los años 40. Fíjense que la melodía ya se parece a la “actual”, pero Libby la cantaba tan lento que es difícil reconocerla:


Por Leadbelly, cerca de los años 50:


Bob Dylan, en 1961, ya con la nueva melodía pero aún con la letra en femenino:


Por Joan Baez en 1960:


Por Nina Simone en 1962, con todo el ritmo y con una clase magistral de skat al final, una gran versión:


Ahora las versiones post-Animals:


“Le penitencier”, por Johnny Hallyday, de fines del 64. Musicalmente, idéntica a la versión de The Animals, incluso en el tecladito básico de fondo. La letra, además de estar en francés, está totalmente cambiada, porque acá ya no hay Casa del Sol Naciente, sino un presidiario condenado a cadena perpetua que se lamenta de su suerte y advierte a las madres que lleven a sus hijos con rienda corta para que no les pase lo mismo que a él:



Por Frijid Pink, en 1970, más funky y flowerpower, también con un buen vocalista, pero no como Eric:



Por Dolly Parton, con música de película mala de comienzos de los ochenta (para usar el nombre técnico: una musicalización chotísima) y una letra modificada por ella para hacerla más melodramática, por si hacía falta. Si no fuera por esos detalles, no estaría mal la versión, porque Dolly tiene muy buena voz:


Cover metalero de Five Finger Death Punch (2014), con un videoclip mezcla Mad Max con espaguetti western (tarda como dos minutos en empezar el cover, no se impacienten):


Si vienen por los suburbios, sepan que hay allí una casa que llaman del Sol Poniente, que es donde paso la mayor parte de mis días, oh dios, durmiendo para mi perdición.

Desde allí los saludo hasta quién sabe cuándo:


DJ Vago