solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 25 de noviembre de 2013

[54] ¿Querías monedas? ¡Acá tenés monedas!


“Minnie the Moocher”, de Cab Calloway (1931)


No podía terminar la serie “¿Lo qué?” sin incluir algo de skat. No, no es la patineta, sino cuando los cantantes empiezan a cantar con palabras sin sentido, como imitando el sonido de un instrumento musical. En el jazz se usa mucho. Luisito Armstrong era muy bueno en eso; Ella Fitzgerald y Sarah Vaughan eran más que muy buenas. Bobby McFerrin es como el barroco del skat.

Pero elegí “Minnie the Moocher”, un viejo hit de los años 30.

[Esto significa que quedarán afuera de esta serie dedicada a trabalenguas y sinsentidos, entre muchos otros temas:
· “Tutti frutti”, de Little Richard
· “Brown Eyed Girl”, de Van Morrison.
· “Do Wah Diddy Diddy”, de Manfred Mann
· “De do do do”, de The Police

Pero es lo que hay, quevachaché.]

Uno de los principales méritos de Calloway fue que en este tema inventó la “interactividad de recital”: la idea de que el cantante emite unos sonidos cualesquiera y el público los replica:

Eo-eo-é (dice el cantante)        Eo-eo-é (contesta el público)
Oie-ieaieié (el cantante)           Oie-ieaieié (el público)

Y así hasta el infinito y más allá.

En realidad, no estoy seguro-seguro de si Calloway inventó esto, pero me da mucha fiaca confirmarlo, así que créanme, o refútenme si es que tienen suficiente energía investigativa.

Con esa innovación, Calloway se hizo famosísimo. Vendió más de un millón de discos (¡en la década de 1930!), y se pasó toda su vida (su larga vida) cantando el mismo tema, una y otra vez, cual maldición griega. Y siempre con ese pelo horrible, y esa cara de dibujito animado.


La letra cuenta la historia (de hecho, comienza aclarando: “Voy a contarles la historia…”) de Miniie the Moocher (traducción aproximada: “La Garronera”, es decir, “una muchacha pedigüeña”. A lo largo de la canción, uno tiene la idea de que siempre se está haciendo referencia a otra cosa, como en los temas de Los Redondos, pero nunca uno está del todo convencido de qué carajo se está hablando en realidad, y quiénes son el Rey de Suecia, La Vaca Cubana, el Perro o “Smokey”. Pero guiñemos el ojo como haciendo que entendemos la referencia, y sigamos adelante.

En la primera estrofa, entonces, se presenta a Minnie, quien (tal vez) es una prostituta de gran corazón (lo que ya era un cliché hace noventa años). Ella se enamora de un cafiolo que se hace llamar “Humito”, y que la lleva al Barrio Chino para enseñarle a fumar opio (aparentemente, eso quiere decir “patear el gong”; de hecho, el tema estuvo prohibido en varios lados por “incitar al consumo de drogas”, a causa de este verso…).

Mientras está “viajando” por el opio, Minnie tiene un sueño: sueña con un tipo rico (“El Rey de Suecia”) que le da “todo lo que necesita”. Lo que necesita no es cariño, respeto ni nada por el estilo, sino objetos y posesiones materiales lujosas y absurdas: autos de diamante, casas de oro, caballos de carrera y un millón de dólares… pero en monedas de 5 y 10 centavos. Y ella se sienta a contar esas monedas, y las cuenta (así como está, soñadora) un millón de veces.


Y esa es toda la historia, excepto por el verso final, en el que el cantante se conduele de la protagonista: “Pobre, pobre, pobre Minnie”. ¿Por qué “pobre”? ¿Por quedarse soñando con sus monedas y su rey de Suecia? ¿Por despertarse y volver a la realidad, tan distinta de sus sueños? ¿Por ser garronera? ¿Por no poder seguir los últimos versos de skat de Cab? Lo dejo a vuestro criterio.

Minnie sería, entonces, una especie de mezcla entre la granjera-que-va-al-mercado-a-vender-su-jarra-de-leche y Madame Bovary. Más Julia Roberts en “Mujer bonita” y algún personaje del Indio Solari.

Aquí va la versión elegida, por Cab Calloway:




Y algunas más, como curiosidad:


En el corto animado de Betty Boop (otra “garronera de gran corazón”), de 1932:



Por Dr. House (como me gusta llamar a Hugh Laurie):




Minnie the Moocher

Hey folks here's the story
'bout Minnie the Moocher
She was a red-hot hoocie coocher
She was the roughest toughest frail
But Minnie had a heart
as big as a whale

Hidehidehidehi (Hidehidehidehi)
Hodehodehodeho (Hodehodehodeho)
Hedehedehedehe (Hedehedehedehe)
Hidehidehideho (Hidehidehideho)

She messed around with a bloke named Smokie
She loved him though he was cokey
He took her down to Chinatown
And showed her how to kick the gong around

Hidehidehidehi (Hidehidehidehi)
Whoah (Whoah)
Hedehedehedehe (Hedehedehedehe)
A hidehidehideho (Hidehidehideho)

She had a dream about the king of Sweden
He gave her things that she was needin'
He gave her a home built of gold and steel
A diamond car with platinum wheels

A hidehidehidehidehidehidehi (Hidehidehidehidehidehidehi)
Hodehodehodehodehodehodeho (Hodehodehodehodehodehodeho)
... (...)
... (...)

He gave her his townhouse and his racing horses
Each meal she ate was a dozen courses
Had a million dollars worth of nickels and dimes
She sat around and counted them all a million times


Hidehidehidehi (Hidehidehidehi)
Hodehodehodeho (Hodehodehodeho)
Hedehedehedehe (Hedehedehedehe)
Hidehidehideho (Hidehidehideho)

Poor Min, poor Min, poor Minnie
Minnie la Garronera

Hey amigos, acá va la historia
de Minnie la Garronera,
era una cuchicuchi al rojo vivo,
la más ruda y dura de las delicadas,
pero Minnie tenía un corazón
grande como una ballena.

Hidehidehidehi
Hodehodehodeho
Hedehedehedehe
Hidehidehideho

Se enredó con un tipo llamado Smokie,
ella lo amaba aunque era un engreído.
Él la llevó al Barrio Chino
y le mostró cómo dar vuelta el gong de una patada.

Hidehidehidehi (Hidehidehidehi)
Whoah (Whoah)
Hedehedehedehe (Hedehedehedehe)
A hidehidehideho (Hidehidehideho)

Ella tuvo un sueño con el rey de Suecia,
Él le daba las cosas que ella necesitaba.
Le daba una casa hecha de oro y acero,
un auto de diamante con ruedas de platino.

A hidehidehidehidehidehidehi (Hidehidehidehidehidehidehi)
Hodehodehodehodehodehodeho (Hodehodehodehodehodehodeho)
... (...)
... (...)

Le daba su quinta y sus purasangres,
cada comida que comía era una docena de platos.
Tenía un millón de dólares en monedas de 10 y de 5:
se sentaba y las contaba a todas un millón de veces.

Hidehidehidehi (Hidehidehidehi)
Hodehodehodeho (Hodehodehodeho)
Hedehedehedehe (Hedehedehedehe)
Hidehidehideho (Hidehidehideho)

Pobre Min, pobre Min, pobre Minnie.


Se despide a voz en cuello (y esperando la respuesta):


Didididiyeiyeiyeiyeiieiii Vavagogó ! ...

lunes, 18 de noviembre de 2013

[53] El viejo truco




“En la prisión de Nantes”, anónimo francés del siglo XVII


Los prisioneros (en especial los que se escapaban) eran lo más, en el siglo XVII. Y continuaron de racha hasta bien avanzado el siglo XIX. Para avalar mi opinión, mi hermana la tercera me mensajea dos ejemplos tan famosos como franceses: Edmond Dantés (El conde de Montecristo) y Jean Valjean (Los miserables). El sistema penitenciario funcionaba tan mal como ahora, y parece que era bastante probable terminar engayolado con un nivel razonable de inocencia (y sabemos que todo preso reclama para sí el derecho de proclamarse inocente).



Después, los presos fueron desbancados por piratas, vampiros, magos, asesinos seriales y otros personajes semifantásticos.



En Catalunya estaba la “Canço del lladre” (“cuando junté suficiente dinero / me robé también una muchacha; / la robé con falsedad / diciéndole que me casaría”); en Castilla, el “Romance del prisionero” (“que ni sé cuándo es de día / ni cuándo las noches son / sino por una avecilla / que me cantaba al albor”). De forma similar, en Bretaña (norte de Francia) este tema sonaba en todos los boliches, desde los 1600 largos.



Como corresponde a la medievalidad, las estrofas son más que suscintas: apenas una frase de dos versos, que se repiten. La primera estrofa, por ejemplo, nos dice:



En las prisiones de Nantes

había un prisionero.




 Y eso es todo, informativamente hablando. Claro que ahí, inmediatamente después del primer verso, aparece el trabalenguas que permite incluir esta canción en la serie “¿Lo qué?”. Lo transcribí como:



langdililang landilandi landilililang



, pero es una traducción aproximada, y cambia con cada intérprete, y hay muchísimas versiones diferentes, incluso tan diferentes como:



eh yup lalala trilaralá



En la versión que elegí, la del célebre grupo nantesco Tri Yann (que hace poco cumplieron 40 años, y hasta salió una estampilla en Francia para conmemorarlo), el ritmo frenético con que avanza la canción hace que el langdililang sea realmente difícil de pronunciar sin perder el tempo o morir por anudamiento súbito de lengua. O tal vez me pasa solo a mí, y ustedes no tienen ningún problema: prueben y me avisan.





En todo caso, en el siglo XVII fue sin duda una osadía, incluir este verso que nunca se permitirían los compositores cortesanos, pero sí el autor popular y anónimo que decidió contar la pícara historia de este prisionero.



En la canción aparecen algunos modismos bretones, como /vuer/ en lugar de /vuar/ y /mué/ en lugar de /muá/, lo que remarca el carácter popular y regional de la propuesta.



En las siguientes estrofas nos enteramos de que nadie va a visitar al prisionero, excepto la hija del carcelero. En la versión elegida no se aclara más sobre el tema, pero en otras versiones se explica que la hija del carcelero le lleva de comer y de beber, “y camisas limpias / cuando se quiere cambiar”. Hay una relación intensa, sutilmente erótica, digamos, entre los dos. E imagino que el prisionero se cambiaría ahí mismo la ropa, para satisfacción de la jovencita.



Un día, él le pregunta a la chica “¿Qué se cuenta de mí, en el pueblo?”. Y ella (supongo que con los ojos llorosos) le dice que se dice que lo van a colgar. En otras versiones, se aclara el importante detalle de la fecha de la ejecución:



Se dice de ti en el pueblo

que mañana morirás.



Entonces, el prisionero, con una lógica deficiente, pero valiéndose seguramente de su encanto personal, le propone a la carcelerita:



Si van a colgarme mañana,

desátame los pies.



O sea, un último deseo del condenado: estirar un poco los pies antes de morir. ¿Quién puede negarse a ese pedido inocente?



No la hija del carcelero, que “era jovencita”, como se aclara para disculpar que es medio boluda (o está embobada, mejor dicho) y acepta quitarle al prisionero los grillos de los pies.



Cae así, la hija del carcelero, en el viejo truco (ya viejo en ese entonces) de “haceme un favorcito nomás”. Desata al prisionero, y este (supongo que después de cambiarse otra vez la camisa [o de que ambos se la intercambiaran]) se tira por el ventanuco, directo al río.

            
 

Un escape osado, casi suicida, porque la torre de la prisión es alta, y el río Loira es tumultuoso y ancho. En algunas versiones, se aclara que “con la primera zambullida estuvo a punto de ahogarse”, pero “con la segunda zambullida, el río atravesó”.



Entonces, ya cruzado el río, el prisionero, sintiéndose libre por fin, no puede evitar ponerse a cantar. ¿Canta sobre la libertad, como los cantautores vascos? ¿Canta sobre el mal funcionamiento del poder judicial bretón, o sobre lo fría que estaba el agua del Loira? No señor: canta sobre las muchachas bellas, “en especial, la hija del carcelero”.



Y termina asegurando: “Si alguna vez vuelvo a Nantes, / seguro me casaré con ella”. Digamos que optimismo no le falta, ¿no? Está libre hace cinco minutos, empapado, sin un mango, a menos de 100 metros de la prisión, y ya está haciendo planes para el futuro.



Y no cualquier plan: nada menos volver a la ciudad donde lo saben prófugo, y casarse con la hija del carcelero (a quien, ya que estamos, engañó y acaba de dejar plantada y, probablemente, castigada por el padre). Solo hay una forma de lograr tal hazaña: convertirse en otra persona. Como hicieron, cada uno a su manera, Jean Valjean y Edmond Dantés. No hay dos sin tres, pensará, anacrónico y optimista, nuestro prisionero de Nantes, mientras corre alejándose del río y va pensando el texto de las invitaciones a la boda.



La excelente versión de Try Yann va acelerando estrofa a estrofa, comenzando a capella e incorporando, primero, un redoble frenético de palillos de tambor, y luego, de a poco, el resto de los instrumentos.





Por Tryann:


Dans les prisons de Nantes



Dans les prisons de Nantes
langdililang landilandi landilililang
dans les prisons de Nantes
y avait un prisonnier,

y avait un prisonnier.



Personne ne vint le "vouère"

langdililang landilandi landilililang
personne ne vint le "vouère"

que la fille du geôlier,

que la fille du geôlier.



Un jour, il lui demande

langdililang landilandi landilililang
un jour, il lui demande

et que dit-on de "moué",

et que dit-on de “moué”?



On dit de vous en ville

langdililang landilandi landilililang
on dit de vous en ville

que vous serez pendu,

que vous serez pendu.


Mais s'il faut qu'on me pende
langdililang landilandi landilililang

Mais s'il faut qu'on me pende

Déliez-moi les pieds,

Déliez-moi les pieds!



La fille était jeunette
langdililang landilandi landilililang

la fille était jeunette:

les pieds lui a délié,

les pieds lui a délié.



Le prisonnier alerte
langdililang landilandi landilililang

le prisonnier alerte

dans la Loire s'est jeté,
dans la Loire s'est jeté.



Dès qu'il fût sur l'aut' rive
langdililang landilandi landilililang

dès qu'il fût sur l'aut' rive

il se mit à chanter

il se mit à chanter



“Je chante pour les belles

langdililang landilandi landilililang

je chante pour les belles

surtout celle du geôlier,

surtout celle du geôlier.”



“Si je reviens à Nantes
langdililang landilandi landilililang

si je reviens à Nantes

oui je l'épouserai, 

oui je l'épouserai!”

Dans les prisons de Nantes
langdililang landilandi landilililang
dans les prisons de Nantes
y avait un prisonnier,

y avait un prisonnier.

En las prisiones de Nantes

En las prisiones de Nantes
langdililang landilandi lalililang [o algo así]
en las prisiones de Nantes
había un prisionero,
había un prisionero.

Nadie iba a visitarlo
langdililang landilandi landilililang
nadie iba a visitarlo
salvo la hija del carcelero,
la hija del carcelero.

Un día, él le pregunta
langdililang landilandi landilililang
un día, él le pregunta
“¿Y qué se dice de mí,
y qué se dice de mí?”

“Se dice de vos en la ciudad
langdililang landilandi landilililang
se dice de vos en la ciudad
que serás colgado,
que serás colgado.”

“Pero si tienen que colgarme,
langdililang landilandi landilililang
pero si tienen que colgarme,
desátame los pies,
¡desátame los pies!”

La chica era jovencita
langdililang landilandi landilililang
la chica era jovencita:
los pies le desató,
los pies le desató.

El prisionero, alerta,
langdililang landilandi landilililang
el prisionero, alerta,
al Loire se lanzó,
al Loire se lanzó.

Cuando emergió en la otra orilla
langdililang landilandi landilililang
cuando emergió en la otra orilla
se puso a cantar,
se puso a cantar.

“Yo canto por las bellas
langdililang landilandi landilililang
yo canto por las bellas
en especial la del carcelero,
en especial la del carcelero.”

“Si yo vuelvo a Nantes,
langdililang landilandi landilililang
si yo vuelvo a Nantes,
con ella me casaré,
¡con ella me casaré!”

En las prisiones de Nantes
langdililang landilandi landilililang
en las prisiones de Nantes
había un prisionero,
había un prisionero.



Incluyo algunas versiones más, que pueden resultar interesantes.



a) Por la joven bretona Nolwenn Leroy: similar melodía, similar trabalenguas.





b) Versión para (corromper a los) niños: melodía totalmente distinta, otro trabalenguas.





c) Por Edith Piaf: otra melodía más totalmente distinta, lánguida y sin trabalenguas; encima, con un final alternativo y no precisamente feliz.






Arrojándose al tumultuoso río del tiempo se despide, por ahora libre:



DJ Vago