solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 30 de enero de 2017

[179] Metamorfosis de la parra



“Volver a los 17”, de Violeta Parra (1962), por Camila Gallardo (2015)


Como cuarta y penúltima entrega de la serie “Original versus cover”, regreso a la luz tras una semanita en el infierno y les presento mi tema favorito de la grandísima Violeta Parra, “Volver a los 17”, una especie de sirilla metamorfoseada, compuesta en 1962 y grabada en el 66 como parte del disco Las últimas composiciones (considerado por muchos el mejor disco chileno de todos los tiempos, y del que ya reseñé, en mayo de 2013, “Mazúrquica modérnica”, en mi posteo 30).



Yo le tengo cariño a Violeta y me gusta su voz (quebradita por momentos, vulnerable) y su tonadita chilena, pero ni aun sus fans podemos proponer que era una gran cantante: su fuerte no era ese. Y aunque esta canción tuvo buenos covers, ninguno nunca me convenció demasiado (ni siquiera los de Mercedes Sosa o mi tío Joan), pero en mi habitual repaso de todos los realitys musicales de todos los países del mundo (ser Vago es un trabajo full-time, qué se piensan) escuché un cover de Camila Gallardo, jovencísima cantante chilena, una de las finalistas (aunque era mi candidata, no ganó) del reality “The Voice - Chile” en 2015, y me encantó.



Además, como el primer verso de la canción es “Volver a los diecisiete después de vivir un siglo”, me pareció una señal celeste que estemos casi casi a un siglo del nacimiento de Violeta, y que Camila tenga casi casi diecisiete (uno más apenas cuando grabó su cover, al día de hoy tendrá 19).

Aunque Serrat cantó esta canción en su regreso a Chile tras diecisiete años de estar proscrito por la dictadura pinochetista, este “Volver a los 17” de la canción no es, en realidad, como el del tango “Volver”, un regreso a un lugar (“con la frente marchita”) después de transcurrida una culada de años en el exilio (“que veinte años no es nada”, etcétera): aquí lo que se plantea es que una persona (el cantor, la cantora) que ya tiene cien años (o, más probablemente, no llegue a tanto, pero se sienta viejísimo/a) regresa a la juventud, a cuando tenía decisiete años.

Seguramente es la trama de una comedia pedorra hollywoodense que por suerte no vi (protagonizada por Adam Sandler o algo así), pero más bien, en este caso, una transformación mitológica, una metamorfosis (“Ovidio”, me susurra mi hermana la tercera mientras me pasa un mate y entorna los ojos en súbito pestañeo, por lo que supongo que está haciendo una referencia literaria).

Violeta plantea esta metamorfosis mítica, por momentos, con imágenes y palabras religiosas (aunque no lo son del todo), como salidas de una escritura sagrada (“frente a Dios”, “el arco de las alianzas”, “pureza original”, “serafín”, “alma”, “peregrino”, “querubín”), en décimas de octosílabos, casi como una payada, cinco estrofas bordadas con la repetición del estribillo, que es genial.

Esta canción fue incorporada, apenas compuesta, en el listado de canciones prohibidas por la dictadura de Pinochet. A diferencia de “Què volen aquesta gent?” (vean dos posteos atrás), este tema no toca, ni de costadito, la actualidad ni la política. ¿Por qué prohibirlo, entonces? Tal vez lo censuraron porque no lo entendieron: no me extrañaría. O tal vez sí entendieron que una canción que toca tan bella y sutilmente temas tan importantes como el amor, el tiempo y el cambio no puede ser otra cosa que arte (subversivo del poder y lo establecido, como todo arte que se precie), y por eso la prohibieron. ¿O habrán pensado que era anti-católica? No importa, no perderé más tiempo intentando descular qué pensaron los momias pinochos.

Sí recuerda un poco, la onda de la canción (me dice mi hermana), a esos poemas místicos cristianos, tipo los de Santa Teresa de Jesús, que si en vez de estar dedicados a Jesús estuvieran dedicados a otro tipo, serían considerados literatura erótica hasta las verijas.
Las primeras dos estrofas plantean la metamorfosis: la cantora (digamos que es una ella, por comodidad, pero la letra en unisex) no vuelve físicamente a tener 17 años (no es una canción sci-fi), sino que se siente de nuevo como si tuviera 17, con esa fragilidad, con esa profundidad de los sentidos y lucidez sorprendida de quien recién abre los ojos a la vida y, sobre todo, al amor.

Volver a los 17
Volver a los diecisiete
después de vivir un siglo
es como descifrar signos
sin ser sabio competente,
volver a ser de repente
tan frágil como un segundo,
volver a sentir profundo
como un niño frente a Dios:
eso es lo que siento yo
en este instante fecundo.

Porque aunque las primeras estrofas no lo dicen, uno pronto entiende que el agente de esta transformación milagrosa es el Amor: él es quien logra que esta persona ya grande se sienta de nuevo como un adolescente (“Like a virgin”, diría Madonna en su canción, que es como si fuera un mal cover de este tema). De forma que a ella siente todo nuevo, liviano y diferente: hasta la pesada y oscura cadena del destino se percibe “como un diamante fino que alumbra mi alma serena”.

Mi paso ha retrocedido
cuando el de ustedes avanza,
el arco de las alianzas
ha penetrado en mi nido,
con todo su colorido
se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena
con que nos ata el destino
es como un diamante fino
que alumbra mi alma serena.

Y es el Amor quien, ya metido en ella, va creciendo como una planta, enredándose en su ser como una enredadera sobre una pared, como un musgo en una roca, hasta que ya no hay forma de separarlos: una preciosa analogía vegetal (de prosapia clásica, como las metamorfosis del Ovidio ese, y que no sé por qué, me suena muy femenina también) que resalta, con la repetición de los gerundios (enredando - brotando) una acción en proceso: esto está sucediendo a medida que canto, segundo a segundo. Y el entusiasta verso final del estribillo, con ese “ay sí sí sí” precipitado, es sencillamente delicioso. Me mata, ese verso. Y me resucita.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra.
Como el musguito en la piedra, ay sí sí sí.

En la tercera estrofa, por si quedaban dudas, se devela el enigma: es el Amor el causante de todo, el que consigue lo que no pudo (ni quería) lograr la Razón:

Lo que puede el sentimiento
no lo ha podido el saber,
ni el más claro proceder,
ni el más ancho pensamiento,
todo lo cambia al momento
cual mago condescendiente
nos aleja dulcemente
de rencores y violencias,
solo el amor con su ciencia
nos vuelve tan inocentes.

La cuarta estrofa describe los efectos del huracán Amor, un torbellino que trastoca todo y redime a las fieras (incluidas las humanas):

El amor es torbellino
de pureza original,
hasta el feroz animal
susurra su dulce trino,
detiene a los peregrinos,
libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros
al viejo lo vuelve niño
y al malo sólo el cariño
lo vuelve puro y sincero.

La estrofa final, a diferencia de todas las anteriores, es narrativa, cuenta una escena que es la que “explica” (sin explicar realmente) lo que pasó, y que resuena fuertemente a un episodio bíblico (como el de la Anunciación, por ejemplo): el Amor entra por la ventana, como si fuera un ángel, cubierto por su amplio manto (“¿No ves qué blanco soy, no ves?”, dice en “Eiti Leda”, otro tema mítico, posteo 127). Este Ángel viene con su propia música de fondo (“al son de su bella diana”), y, como para demostrar su poderío, hace brotar el jazmín sin necesidad de varita mágica.

De par en par la ventana
se abrió como por encanto,
entró el amor con su manto
como una tibia mañana
al son de su bella diana
hizo brotar el jazmín,

Y entonces, en los últimos versos, el Amor hace dos cosas imposibles e impensadas, transformaciones de la naturaleza a cuál más maravillosa: le pone aros al cielo (¡me encanta esa imagen!) y convierte los tantísimos años de la cantora… en apenas 17 (con lo cual la canción se cierra simétricamente con el verso inicial).

volando cual serafín
al cielo le puso aretes
y mis año´ en diecisiete
los convirtió el querubín.

Y se cierra el tema con la última repetición del estribillo, para que lo último que escuchemos sea ese “sí sí sí”.

Se va enredando, enredando,
como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando,
como el musguito en la piedra.
Como el musguito en la piedra, ay sí sí sí.

Va la grabación original de Violeta Parra:

Y el cover de Camila Gallardo, con una voz más bella, más urgente intensa, poderosa (una voz más joven también, en esta canción eso no es un dato menor). Me gusta cómo se come algunas “s” y cómo, a pesar de sus años juveniles, puede mostrar cierta fragilidad también (como cuando dice “competente” en la primera estrofa) y luego, una potencia cuasi roquera en el estribillo final. Si bien enlentece la canción, lo hace apenitas, no llega a abandonar el ritmo:



Bonus track: cover en vivo por Mercedes Sosa, Caetano Veloso, Gal Costa, Chico Buarque y Milton Nascimento: el cover no sé si es bueno (demasiado multitudinario y bullanguero para una canción tan íntima), pero escucharlos y verlos a todos estos juntos hace que valga la pena.

https://www.youtube.com/watch?v=krEMw8E5ZAg


Volveré a verlos la semana que viene, con el cierre de la serie dedicada a las preguntas sin respuesta. Para que me reconozcan: seré el pibe ese con un jazmín en el ojal.

DJ Vago



martes, 24 de enero de 2017

[178] Otro hermoso día en el infierno


“Highway to hell” (1979) y “Back in black” (1980), de AC/DC


Hoy, como cuarta entrega de la serie “Voces”, vuelvo al negro y hablaré de dos temas de la famosa banda metalera australiana AC/DC.
Modestia aparte (como siempre), pocos blogs musicales (o, más probablemente, ninguno) ha hecho, como este, tanto por valorar y valorizar (“poner en valor”, me sopla mi hermana la quinta) el heavy metal y el rock pesado, semi-pesado y pesadito en general. Desde mi posteo 2 (sobre “Enter Sandman” de Metallica) en adelante reseñé canciones de Black Sabbath, Led Zeppelin, Pantera, Nirvana, Sex Pistols, 2 Minutos, Heart, Dead Kennedys y muchos más. Así que este regreso no debería extrañar a mis seguidores, que saben que si no volví antes es porque en realidad nunca me fui.



¿Y por qué dos temas? Porque hablaré de las dos grandes voces que cantaron en AC/DC: el enorme Bon Scott y el gran Brian Johnson.

Los hermanos escoceses Malcolm Young y Angus Young (cuya familia había emigrado a Australia buscando un porvenir menos mishiaduresco que el que les esperaba en Glasgow) formaron AC/DC (para los despistados: no es la sigla de “antes de Cristo/después de Cristo”, sino de “corriente alterna/corriente directa”, y el nombre se inspiró en la inscripción que tenía el interruptor de la máquina de coser de mamá Young) y anduvieron varios años intentando encontrar una línea, pero recién lo consiguieron en el 74 cuando llegó Bon Scott, y poco después la formación se estabilizaría con Mark Evans en el bajo y Phil Rudd en la batería.

Aunque la imagen icónica de la banda fue y es el look “chavo del ocho” del energético Angus Young, vestido de colegial, con gorrito y pantalones cortos (todavía hoy, a los sesenta y pico),

fue Bon Scott, quien ya había pasado tiempo en la cárcel y había sido echado del ejército por ser un “inadaptado social”, quien le dio a la banda energía, creatividad, humor y una onda lumpen-criminal-violenta que los hizo tomar velocidad y fama con rapidez. Y además, claro, tenía una voz de la san puta, Bon. Aguda, filosa, intensa. No muchas bandas en la historia (ni de metal ni de cualquier otro género) lograro conseguirse una voz así. Piensen en las cinco bandas preferidas por ustedes, y probablemente solo una de esas cinco (o ninguna) podría tener un cantante del calibre de Bon. ¡Y qué onda! Mírenlo en el comienzo del clip de “Highway to hell”, con sus guiños de loco reo, chaleco de jean sin camisa y pelo ochentoso camioneril.




La canción es musicalmente sencilla, como todas las de AC/DC: un rock cuadradito en 4/4, sin mayores logros ni particularidades salvo el riff inicial. Desde hace cuarenta años hacen canciones así, desde hace cuarenta años los critican por eso, desde hace cuarenta años responden: “Nos gusta no complicarnos. Hacemos canciones para los laburantes pobres, ellos aprecian nuestra sencillez”.

Pero lo que mejora 100% la cosa es el cantante: no solo suena genial, sino que, como dirían en Córdoba, tiene un ondón. Exuda alegría de vivir y uno al escuchar tiene también ganas de pagar el peaje y subir a esa autopista que va todo en bajada, directo al infierno.

Que es, en esta canción, un lugar encantador. Nada de torturas ni castigos: allí están los amigos, allí está por comenzar la fiesta (y sospechamos que durará eones). El cantor está feliz por ir hacia el infierno: “No haría nada diferente”. Tiene todo listo, pagó su peaje (a Satán, y lo hizo “tocando en una banda de rock”) y se dirige a la mamá, con la alegría del chico que cuenta que aprendió a manejar la bici sin manos: “Mirá vieja: ¡me voy a la tierra prometida!”.

Porque este infierno al que conduce la autopista, claramente, es la Tierra Prometida, es la recompensa eterna: es el cielo. Y por eso esta canción no es melancólica ni pomposa ni satánica (AC/DC jamás fueron satanistas ni nada por el estilo) sino puramente alegre, feliz, entusiasta.

(Al describir el infierno, dice algo muy lindo: "todos mis amigos estarán allá". Al igual que el Adán de Mark Twain dice, de Eva: "el Edén era allí donde ella estaba", este cantor prefiere las buenas compañías al aire acondicionado. Antes que ir al cielo, prefiero ir allí donde estarán mis amigos. Me gusta eso.)

https://www.youtube.com/watch?v=l482T0yNkeo


Highway to hell

Living easy, living free
Season ticket on a one-way ride
Asking nothing, leave me be
Taking everything in my stride

Don't need reason, don't need rhyme
Ain't nothing I would rather do
Going down, party time
My friends are gonna be there too

I'm on the highway to hell
On the highway to hell

No stop signs, speed limit
Nobody's gonna slow me down
Like a wheel, gonna spin it
Nobody's gonna mess me around

Hey Satan: paid my dues
Playing in a rocking band
Hey mama: look at me
I'm on my way to the promised land.

I'm on the highway to hell
Highway to hell

Don't stop me
I'm on the highway to hell

And I'm going down
All the way
I'm on the highway to hell
Autopista al infierno

Viviendo fácil, viviendo gratis
abono de temporada para un viaje de ida
No pido nada, dejame en paz
todo lo llevo a mi ritmo.

No necesito motivo, no necesito rima
no hay nada que haría distinto
voy para abajo, empieza la fiesta
mis amigos también estarán allí.

Estoy en la autopista al infierno
en la autopista al infierno.

No hay carteles de pare, límite de velocidad: nadie me va a frenar
como una rueda voy a dar vuelta
nadie me va a romper las bolas

Hey, Satán: pagué mis cuentas
tocando en una banda roquera
Hey, mamá: mirame,
voy camino a la tierra prometida.

Estoy en la autopista al infierno
en la autopista al infierno.

No me pares,
voy en la autopista al infierno

Y voy bajando
todo el camino:
estoy en la autopista al infierno.



El disco Highway to hell fue un gran éxito para AC/DC, que ya era una banda conocida y reconocible. Y sin embargo, seis meses después Bon Scott apareció muerto en su auto tras una noche de copas en un pub con otros amigos escoceses. Un golpe terrible para todos sus amigos y, obvio, para la banda. Pensaron en disolver la banda, hasta en dejar la música (según dicen), pero finalmente decidieron continuar. Además, como dijo Angus, “Si hubiéramos dejado, Bon nos habría pegado una patada en el culo”.

Y entonces, organizan un casting. El 90% de los que audicionan cantan “Smoke in the water” y son entre flojitos y olvidables. Pero llega un tal Brian Johnson, que canta en una banda pero se gana la vida arreglando techos (por eso usa siempre una gorra, para que no le queden pegamento o cachos de cielorraso en el pelo). No elige cantar “Smoke on the water”, sino blues. Los hermanos Young se miran y se dicen: “¡A la mierda! Este pibe sabe cantar”. A Brian, sin embargo, no le dicen nada, sino que lo convocan a una segunda audición, que también marcha bien. Al día siguiente, sale en un diario la noticia de que el puesto de cantante de AC/DC se lo dieron a otro cantante. Brian piensa que es lógico: no se tenía fe. Pero un par de horas más tarde lo llaman y le avisan que el puesto es suyo.


Y Brian no defrauda. No sé cuáles son, matemáticamente, las chances de conseguir en un casting a un cantante tan bueno como Brian Johnson, pero diría que son tendientes a cero. En la misma línea que Bon, la voz de Brian es aguda y filosa; un poco más rasposa tal vez, con un poquito menos de color tal vez: una gran voz, en todo caso, que nos sorprende al acompañar a ese tipo con inconfundible pinta de obrero y con la elegancia y gracia de un frankenstein. No tenía la onda canyengue y atractiva de Bon, pero sí la energía y el estilo, y AC/DC le abrió los brazos.

Pocos meses después, a mediados de 1980, con tapa negra y sin otra imagen que el logo de la banda, sale el disco Back in black (de nuevo en negro), un juego de palabras con “otra vez de luto” y “de regreso en negro” (el color icónico del heavy metal), y se convierte no solo en el mayor éxito de la banda, sino en el segundo disco más vendido en toda la historia (tras Thriller de Michael Jackson) y, sin dudas, uno de los mejores discos metaleros que hay.




Un hermoso homenaje a Bon Scott, y a la vez, un disco de madurez, de confirmación de ese estilo de canciones cuadraditas pero poderosas. Así es también el tema “Back in black”,  que empieza con un genial riff, súper memorable, y en el que el cantor anuncia que, tras un largo tiempo de haber estado “dormido”, está por fin de regreso en lo suyo, en la negrura (que es la luz de sus ojos, obviamente). Estuvo a punto de estirar la pata, pero zafó de la soga que lo tenía agarrado del cuello y, agrandado, anuncia que tiene nueve vidas y que mejor le den licencia al de la carroza fúnebre, porque tiene para largo. Y aunque nadie lo vea (porque está de negro y es de noche) está otra vez en las pistas y pulverizando marcas.





Back in black

Back in black
I hit the sack
I've been too long
I'm glad to be back

Yes, I'm let loose
From the noose
That's kept me hanging about

I've been looking at the sky
'Cause it's gettin' me high
Forget the hearse
'cause I never die

I got nine lives
Cat's eyes
Abusin' every one of them
and running wild

'Cause I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back, back
Yes, I'm back in black

Back in the back
Of a Cadillac
Number one with a bullet,
I'm a power pack

Yes, I'm in a bang
With a gang
They've got to catch me
if they want me to hang

'Cause I'm back on the track
And I'm beatin' the flack
Nobody's gonna get me on another rap

So look at me now
I'm just makin' my play
Don't try to push your luck, just get out of my way

'Cause I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back
Yes, I'm back
Well, I'm back, back
Yes, I'm back in black

Back
Back in black
Yes I'm back in black
Out of the sight
De nuevo en negro

De nuevo en negro
me fui a torrar
fue hace tanto que
estoy contento de volver

Sí, me zafé
de la soga
de la que estaba colgado

Estuve mirando al cielo
porque me hacía volar
olvidá la carroza
porque nunca moriré

Tengo nueve vidas
ojos de gato
me aproveché de cada una
y salí rajando

Porque volví
sí, volví
bueno, volví
sí, volví,
bueno, estoy de vuelta, volví
sí, de nuevo en negro.

De nuevo atrás
en un cadillac
número uno con una bala
soy la fuente de energía

Sí, estoy en un boom
con una banda
van a tener que atraparme
si quieren que salga

Porque volví a la pista
y estoy rompiendo marcas
nadie me va a cazar
con las manos en la masa

Así que mirame ahora
yo hago mi jugada
no tientes tu suerte
solo salí de mi camino

Porque volví
sí, volví
bueno, volví
sí, volví,
bueno, estoy de vuelta, volví
sí, de nuevo en negro.

De nuevo
de nuevo en negro
sí, de nuevo en negro
fuera de vista



Y eso es todo por hoy: fuimos directo al infierno y, como la cigarra de María Elena (posteo 119), volvimos a tiempo para nuestro propio funeral. Donde todos la están pasando bomba, por cierto.



Nos veremos de nuevo la próxima, aunque tal vez de blanco, para eludir el calor infernal.



DJ Vago

jueves, 19 de enero de 2017

[177] El extraño caso del chico pájaro


“Què volen aquesta gent?”, de Maria del Mar Bonet (1968)



Hoy, como cuarta entrega de la serie “Preguntas sin respuesta”, vamos con el primer tema en catalán de la temporada (para quienes son nuevos por aquí, sepan que mi apellido (Vagot), mi padre (Josep) y mis sueños y mis pesadillas vienen todos de tierras catalanas).

La canción elegida es “Què volen aquesta gent?” (“¿Qué quiere esta gente?”), compuesta por una jovencísima Maria del Mar Bonet a partir de un poema de Lluís Serrahima, en 1968. Si uno la escucha descuidado, sin embargo, parece una canción mucho más antigua, porque está armada muy parecida a las musicalizaciones de los romances medievales (recuerden, por ejemplo, el posteo 102, de diciembre 2014, en el que comenté sobre “El enamorado y la muerte”). Y la letra también tiene esa onda medieval de contar una historia con pocas palabras, con muchos sobreentendidos, y con la tragedia sobrevolando en cada verso.

Pero no, la canción es de fines de los sesentas (plena época de un tal Franco, allá en la península Ibérica), compuesta por dos jóvenes talentos de la incipiente nova cançó catalana. La historia que se relata (porque es una canción narrativa) es tan trágica como extraña, y deja, en la voz de Maria del Mar, la mar de dudas. Y resulta, hoy de hoy, de una actualidad innegable aquí, allá y en todas partes.

Todo comienza con alguien que llama a la puerta. Lo que podría derivar en una canción de Pimpinela, si no fuera por la hora: es plena madrugada. Alguien atiende ese llamado y abre la puerta: es una madre (lo que ya nos indica, con la típica economía informativa medieval, que en algún lugar hay un hijo o una hija) y lleva la bata puesta (porque claro, no tuvo tiempo ni ganas de cambiarse).

Y ahí nomás comienza el memorable estribillo, de brevedad también medieval, que es una simple pregunta:

¿Qué quiere esta gente
que llama de madrugada?

Es una sola pregunta, pero inmediatamente se desdobla en dos, porque lo primero que uno se pregunta al escuchar esto es: ¿quién es “esta gente”?

Son varios, como indica la palabra “gente”. Y no son muy amistosos, como indica que ya en la segunda estrofa entren a hacer preguntas, en vez de aclarar quiénes son y qué quieren. Y uno pronto deduce, aunque la canción no lo dice, que son parte de las fuerzas represivas del Estado. La policía, tal vez; aunque bien podría ser un “grupo de tareas” paraestatal, en tanto en ningún momento se aclara que sean policías ni que lleven uniforme (y, además, se los llama “esta gente” y se pregunta qué querrán, cosa que, si fueran policías de uniforme, sería innecesario).

Los tipos preguntan por el hijo, y la madre, que es medio boluda o está aún medio dormida, les contesta que el pibe está adentro en su habitación. Les repregunta a “esa gente” que qué quieren con su hijo, y mientras el hijo ya escuchó y se despierta, el estribillo vuelve a recalcar esa pregunta:

¿Qué quiere esta gente
que llama de madrugada?

La tercera y la cuarta estrofas, en vez de responder, abren un paréntesis para explicar quién es el hijo: es un estudiante que “está muy comprometido” (se supone que ante la ley) debido a “todas sus esperanzas” (y ya sabemos, si recuerdan el posteo sobre la “Zamba de mi esperanza” (153), que nada genera más temor en los tiranos que la esperanza). Este estudiante, entonces, es un militante de la esperanza que, últimamente, sabe que lo están buscando y teme lo que está sucediendo desde el primer verso: que lo vayan a buscar en la madrugada.

¿Y para qué lo fueron a buscar? ¿Qué quiere “esa gente”?

La canción jamás lo dice, y eso me parece una de las cosas más geniales que tiene, porque el que escucha es quien tiene que aventurar una respuesta. Yo les doy algunas opciones:

Tema 2. “Esa gente” va a la casa del estudiante a la madrugada porque...

a) pasaban por ahí y decidieron pedir un vaso de agua;

b) quieren invitar al estudiante a salir juntos a un boliche, y no se acordaban el teléfono;

c) cursan juntos Historia del Arte en la uni y vinieron a pedirle los apuntes, porque ellos justo faltaron la última clase;

d) quieren atraparlo, meterlo preso sin orden judicial, torturarlo y matarlo.

Mientras ustedes piensan dónde poner la crucecita, les cuento que Serrahima y Bonet escribieron esta canción para dar a conocer (visto el total silencio de los medios de comunicación) un caso real, el de Rafael Guijarro, un joven estudiante chino (no por asiático, sino por militante de un grupo comunista-maoísta) de 23 años que, al ser “visitado” por la policía en plena madrugada, decidió de pronto que era un buen momento para ver si le habían crecido alas, y decidió lanzarse desde un sexto piso. No, no le habían crecido alas.



Muy poquito después de salida esta canción, hubo otro caso parecido, el del estudiante Enrique Ruano, de 21 años, que fue llevado preso (acusado de ser militante de izquierda y de repartir propaganda política entre los obreros) y decidió también “volar” desde la ventana de la comisaría. La familia denunció que a Enrique lo habían torturado y le habían pegado un tiro y luego lo habían tirado por la ventana; los oficiales fueron juzgados (para que vean qué bien funcionan las instituciones, loco) y absueltos (oh, quelle surprise!). Lo curioso es que, pasada la época de Franco, en los noventas se reabrió el caso y los oficiales fueron nuevamente absueltos; y se apeló y fueron nuevamente absueltos (por la Corte Suprema de España), deben ser los policías más absueltos de la historia (pero igual yo les juro que no querría que tocaran a mi puerta de madrugada).

Esta cancioncita, en la exquisita voz de Maria del Mar Bonet, apenas fue cantada una vez y enseguida fue prohibida por la censura franquista, tachada doble para cualquier radio, recital, y si te escuchaban cantándola en la bañadera seguro que algo te decían también. A veces intentaban hacerla pasar disimuladamente cambiándole el nombre (“De madrugada”, “Al alba”), pero en general, tarde o temprano a algún cerebro estatal le tincaba la neurona de que era esta canción y la censuraban igual.



Uno pensaría entonces que la canción cuenta la posta, la verdad de lo que sucedió con esos estudiantes “voladores”. Pero no. En otra decisión notablemente lúcida, la canción relata simplemente lo que se ve desde afuera, la “historia oficial”: el estudiante se tiró él mismo por la ventana.

Todavía no bien despierto
siente clara la llamada
y se lanza por el ventanal
al asfalto, de un vuelo.

Los que llaman se quedan mudos
excepto uno, quizás quien manda,
que se inclina por la ventana.
Detrás chilla la madre.

Y “casualmente”, el jefe de la partida se asoma luego por la ventana, seguramente “sorprendido” por el insólito impulso volador del estudiante.

La última estrofa presenta la conclusión: “ahora el estudiante está muerto”. Y el motivo: “muerto de una llamada al alba”.

De madrugada han llamado,
la ley una hora señala.
Ahora el estudiante está muerto,
muerto de una llamada al alba.

Claro, cualquiera puede, conociendo cómo son las cosas (aquí, allá, entonces, siempre) hilar uno más uno y darse cuenta de qué pasó realmente, de qué verdad se esconde tras esa “versión oficial” de lo sucedido y tras las razones y absoluciones de la ley. Y por eso, por supuesto, es que esta cancioncilla tan alegre y medieval-friendly fue prohibidísima por la dictadura franquista.

Hoy, casi cincuenta años después, si te asomás un poquito por la ventana, la represión estatal está a la orden del día. Pero no se reprime a cualquiera. Tenés más (muchas más) chances de que te repriman si sos:
- pobre,
- joven,
- de piel no muy clara,
- de una religión sin cruces (o sin religión),
- mujer,
- inmigrante,
- de izquierda.

Y si sos todo eso junto, bueno, imaginate que estás en “Los juegos del hambre” y méi de ods bi in ior féivor, porque estás nominada.

De última, andá juntando plumas para armarte unas alas.



Què volen aquesta gent?

De matinada han trucat,
són al replà de l'escala;
la mare quan surt a obrir
porta la bata posada.

Què volen aquesta gent
que truquen de matinada?

"El seu fill, que no és aquí?"
"N'és adormit a la cambra.
Què li volen al meu fill?"
El fill mig es desvetllava.

La mare ben poc en sap,
de totes les esperances
del seu fill estudiant,
que ben compromès n'estava.

Dies fa que parla poc
i cada nit s'agitava.
Li venia un tremolor
tement un truc a trenc d'alba.

Encara no ben despert
ja sent viva la trucada,
i es llença pel finestral,
a l'asfalt d'una volada.

Els que truquen resten muts,
menys un d'ells, potser el que mana,
que s'inclina pel finestral.
Darrere xiscla la mare.

De matinada han trucat,
la llei una hora assenyala.
Ara l'estudiant és mort,
n'és mort d'un truc a trenc d'alba.
¿Qué quiere esta gente?

De madrugada han llamado,
están en el rellano de la escalera,
la madre cuando sale a abrir
lleva la bata puesta.

¿Qué quiere esta gente
que llama de madrugada?

“¿Su hijo está aquí?”
“Está durmiendo en la habitación,
¿qué quieren de él?”
Mientras el hijo se desvelaba.

La madre sabe muy poco
de todas las esperanzas
de su hijo estudiante
que bien comprometido estaba.

Hace días que hablaba poco
y cada noche se agitaba,
le venía un temblor
temiendo una llamada al alba.

Todavía no bien despierto
siente clara la llamada
y se lanza por el ventanal
al asfalto, de un vuelo.

Los que llaman se quedan mudos
excepto uno, quizás quien manda,
que se inclina por la ventana.
Detrás chilla la madre.

De madrugada han llamado,
la ley una hora señala.
Ahora el estudiante está muerto,
muerto de una llamada al alba.


Hasta la próxima, los dejo porque me tocaron el timbre (¡a la hora de la siesta!).


DJ Vago