solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 30 de diciembre de 2013

[59] Es una libertad encarcelada

 

“Por lo que yo te quiero”, de Rodrigo, en su disco “A 2000” (1999)



Termina hoy, casi junto con el año, la serie dedicada al cuarteto cordobés. Y tenía que terminar sí o sí con un tema de Rodrigo Bueno, cantautor que en muy pocos años, entre 1997 y 2000, abandonó el merengue, la cumbia y el pelo largo, se dedicó por completo al cuarteto y revolucionó el género por completo. Cuando llegó el fin del milenio, él vivía “a 2000”, daba unos 50 shows por semana (sí, ¡por semana!), y se mató en un confuso accidente automovilístico mientras viajaba de un recital al siguiente. Tenía 27 años.


[Digresión: este es uno de los casos en que uno (yo) más se lamenta ante la muerte de un músico. Digo: me encantan Bach, Nina Simone, Serrat, Pete Townshend y León Gieco, y por más que sus pasadas o futuras muertes me entristezcan, uno cree que tuvieron tiempo de hacer lo que querían hacer, de dar lo que tenían que dar. En cambio, siempre tendremos la duda de qué podría haber llegado a hacer Rodrigo con quince años más. ¿Cómo sería un tema “de madurez” de Rodrigo? Nunca se sabrá. Tristeza.]

Como comenté en semanas previas, Rodrigo le imprimió al cuarteto una onda que hasta entonces no tenía (o al menos, no en el grado e intensidad que le dio él): sentimental, frenética (fernética), enfática, empática, carismática. Dejando de lado las temáticas del humor y la sana diversión, caballitos de batalla del cuarteto desde sus comienzos. Reivindicando su cordobesidad tan cándida y constantemente que hizo que todo el país se sintiera un poco de allí (quién no habrá coreado el estribillo de “Soy cordobés”, en algún momento de los últimos quince años…). Retomando el melodrama, pero a diferencia de los cuartetos “clásicos”, en los que el drama se narraba en tercera persona, Rodrigo se lamentaba en primera, sin olvidar el ritmo incesante, siempre con la sonrisa canchera a mano y guiñando los ojito clarelis bajo las cejas pobladas.

Adelanté también, semanas atrás, la temática favorita de varios de los grandes hits de Rodrigo: una historia de amor correspondido pero a la vez frustrado. Los dos amantes están respectivamente casados, pero se encuentran a escondidas para vivir “lo mejor del amor”; están mutuamente ultraenamorados y sin embargo, no pueden escapar de las ataduras del “otro” amor, el formal, el institucionalizado: y el amor verdadero sigue escondido, vivo solamente en el recuerdo y en la esperanza de un futuro encuentro fugaz.

Hay una decena de canciones, todo un corpus poético, que explora de alguna forma la temática descripta (“Lo mejor del amor”, “Cómo olvidarla”, “La trampa”, “Si tú supieras”, “Cómo le digo”, “Qué ironía”, etc.).

La canción que elegí es “Por lo que yo te quiero”, que me parece una de las más logradas poética y musicalmente: estrofas de versos breves y contundentes desembocan en un estribillo inolvidable, dominado por la repetición de esa frase que titula el tema: “Por lo que yo te quiero”.


Al igual que pasaba con Elvis o Sandro, Rodrigo no debía tener problemas en que le creyeran las chicas. Pero si uno se pone a analizar la letra, sin embargo, se da cuenta de que hay algo que falla en el planteo.

De entrada, le reprocha a ella que “no sabe lo que es” tener que amarla a escondidas, al estilo de los Bee Gees en “To love somebody” (aunque en realidad ella sí lo sabe, porque, al menos a partir de lo que se dice en las estrofas siguientes, ella está exactamente en la misma situación: casada pero enamorada de su amante furtivo).

No sabes lo que es
tener que andar así,
robándote los momentos
cansándome de fingir
callando mis sentimientos,
amándote para mí.

En la segunda estrofa propone, inmediatamente, la solución a su mutuo problema: “tener valor”, y decirles a sus cónyuges la verdad, para “dejar libre al corazón”.

No puedo sonreír
tragándome tu amor;
si estamos enamorados,
¿por qué no tener valor?
Decirles que nos queremos,
dejar libre al corazón.

Bueno, ya está arreglado el tema, parece. Apagá la luz, cerrá la llave del gas y vámonos. Pero no. Por el contrario, inmediatamente llega el estribillo que es, a pesar de que dan ganas de gritarlo con un ferné en la izquierda y la camisa en la derecha, tremendamente depresivo:

Por lo que yo te quiero
tendré que acostumbrarme,
por lo que yo te quiero, amor,
a no tenerte aquí.
Por lo que yo te quiero
tendré que conformarme;
por lo que yo te quiero, amor,
he terminado así.

O sea: no sabemos (aún) por qué no pudieron “tener valor”, pero por si fuera poco, él ya está totalmente resignado a que ese “dejar libre al corazón” nunca sucederá. Y lo peor es que la razón que se da a ese “tendré que acostumbrarme / a no tenerte aquí” es el propio amor. Él le dice a ella: “Si me tengo que acostumbrar a no estar con vos, es porque te quiero tanto”. La única forma de que funcione este argumento es que lo diga Rodrigo, aplicando toda su simpatía rea, sonriendo y poniendo cara de Bueno (e igualmente no creo que le haya funcionado mucho tampoco: es demasiado, la humanidad no está preparada para que triunfe tanta caradurez).


En la tercera estrofa (probablemente ante la insistencia de ella, que no se creyó de una eso de “me voy porque te quiero”) él explica finalmente el motivo de por qué deben seguir callando sus verdaderos sentimientos:

Ni él, ni tú, ni yo
sabemos renunciar
al juego de la mentira
—maldita comodidad—
por ir a vivir la vida
huyendo de la verdad.

Ninguno de los implicados puede renunciar al “juego de la mentira” (el matrimonio formal), que es definido como “la verdad”, para ir a vivir el amor, definido como “la vida”. Pareciera que el amor verdadero no es suficientemente verdadero: el “no-amor” formal, en cambio, es de verdad, y es inconmovible, no se puede escapar de él.

¿Por qué no se puede escapar? La respuesta es de una honestidad brutal: por inercia. Es más cómodo seguir como estamos.

En general, yo tiendo a simpatizar muy bien con los argumentos “ab esfuerzum”. Pero si venís definiendo tan positivamente al amor, y tan negativamente al “no-amor”, no podés después decir que lo único que te separa de la felicidad eterna es que te queda más cómodo seguir como hasta ahora. Como si estuvieras eligiendo seguir comprando en el supermercado chino de la esquina, porque queda más cerca, en vez de en el Coto que está a dos cuadras, a pesar de que allá tienen la marca de yogur que te gusta más.

Y ahí insiste con lo de “por lo que yo te quiero”, pero pensándolo en frío, ahora ya no parece que la quiera tanto tanto, si prefiere quedarse donde está, frustrado, mintiendo y fingiendo, solo porque en la casa tiene aire acondicionado en vez de ventilador de techo.

Pero bueno, es muy fácil perderse de esas sutilezas mientras uno está en medio de la pista meta ferné, meta mano y meta cuartetazononón. Eso sí: no recomiendo a mis lectores incorporar esta argumentación para la vida verdadera. Salvo que sean Rodrigo, Elvis, Sandro o similar (o sus versiones femeninas).

Las mejores grabaciones de Rodrigo son todas en vivo, y la elegida sucedió en el Luna Park en 2000. Empieza con una emocionante definición cuasi-troskista sobre la pertenencia del arte al pueblo y no a los artistas, y lanza el eslogan “Cuarteto: ¡te quieeeeroooo!” con el que encabezaba sus recitales. Entre el minuto 3:39 y 3:50 del clip dedica dos veces el tema al club Instituto de Córdoba (“¡In-tituto!”, “¡La Gloria!”), de quien era hincha reconocido, como al menos una de las dedicandas de esta serie de cuartetos.


En el segundo link no está tan buena la versión, pero lo pueden ver a él, y comprobar si los convence más la letra dicha por Rodrigo cara a cara, o no les afecta para nada.



Por lo que yo te quiero

No sabes lo que es
tener que andar así,
robándote los momentos
cansándome de fingir
callando mis sentimientos
amándote para mí.

No puedo sonreír
tragándome tu amor;
si estamos enamorados,
¿por qué no tener valor?
Decirles que nos queremos,
dejar libre al corazón.

Por lo que yo te quiero
tendré que acostumbrarme,
por lo que yo te quiero, amor,
a no tenerte aquí.
Por lo que yo te quiero
tendré que conformarme;
por lo que yo te quiero, amor,
he terminado así.

Ni él, ni tú, ni yo
sabemos renunciar
al juego de la mentira
—maldita comodidad—
por ir a vivir la vida
huyendo de la verdad.

No puedo sonreír
tragándome tu amor;
si estamos enamorados,
¿por qué no tener valor?
Decirles que nos queremos,
dejar libre al corazón. 

Por lo que yo te quiero
tendré que acostumbrarme,
por lo que yo te quiero, amor,
a no tenerte aquí.
Por lo que yo te quiero
tendré que conformarme;
por lo que yo te quiero, amor,
he terminado así.


Y se acabó el año nomás. Pásenla lindo, fresco y bailando, y nos vemos el año que viene, siempre y cuando no me haya derretido. O conformado con quedarme quieto. Maldita comodidad.


DJ Vago

lunes, 23 de diciembre de 2013

[58] Yo te avisé, y vos no me escuchaste

  

“Azul quedó”, por el Cuarteto Berna (1971)


Está haciendo acá 35 grados de térmica, así que para enfriar el asunto va, como tercera entrega de la serie “Cuartetazononones”, este clásico del gran boom cuartetero entre fines de los sesentas y comienzos de los setentas. Es del cuarteto de Berna “El Pibe de Oro” (nombre real: Bernardo Bevilacqua), quien a los 16 años, en 1967, comenzó su carrera musical liderando en piano su propio cuarteto, en el cual comenzó a cantar nada menos que Carlitos Jiménez, de 15 años, quien se convertiría con el tiempo en La Mona. Completaban el cuarteto Daniel Franco en acordeón (11 años), su hermanito menor Dante (8 años) en guitarra, y Horacio Luna, de 15, en violín.



El tema elegido, “Azul quedó”, no tiene que ver con el film “Avatar” ni con los pitufos: es un cover de un tema compuesto por el humorista uruguayo Wimpi en los años 50, para ser cantado por el también uruguayo (y posteriormente “Rey del Verano”) Juan Carlos “Pinocho” Mareco. Este había popularizado ya la frase mediante su personaje “El Funebrero”, quien se la pasaba contando anécdotas que terminaban invariablemente con el protagonista muerto, lo que se expresaba cromáticamente mediante la frase “Azul, azul quedó” (en referencia, claro, al tono cadavérico del fiambre frío).



La canción original es un bahión, y el cover-cuarteto mantiene bastante el ritmo, aunque lo hace menos cadencioso y un poco más rápido. Se distinguen perfectamente los cuatro instrumentos: piano, violín, guitarra, acordeón (más alguna maraca o similar).

El yo poético se plantea de entrada como la voz de la razón y el sentido común, y recuerda un diálogo con un amigo, en el que le advierte que el verano tórrido no es una buena época del año para disfrazarse de oso pardo. El amigo, por su parte, está contentísimo con su elección de disfraz, y no escucha ninguna sugerencia.



Inmediatamente, el diálogo se corta en forma abrupta, y estamos de repente en otro lugar y en otro momento: pronto nos damos cuenta de que es un funeral, y de que el pintoresco rejunte de dolientes (entre los que hay un oso marrón, que no sabemos si será un oso pardo de verdad u otro negreli del barrio, rebeldón y disfrazado) se completa con la figura del muerto, que no es otro que el “amigo”, que no escuchó los avisos y terminó, inevitablemente, azul. Azul.

La canción podría terminar allí, pero viene otra estrofa, en la que el mismo yo poético, pura sensatez, aconseja otra vez a un amigo. Suponemos que a otro diferente, a menos que el mismo amigo tenga la capacidad de morir varias veces, como Kenny en los dibujitos de South Park. El amigo, esta vez, está muy concentrado escuchando música en la radio, y no se digna distraerse del aparato ni siquiera para cruzar la avenida, y le responde al aguafiestas que la corte de una vez, que no le arruine el bahión...

En la versión original de Mareco (ver link abajo) no está la estrofa del carnaval, pero sí otra, bastante repulsiva, en el que el amigo decide operarse por su cuenta de apendicitis, y responde a la sugerencia de que vaya al hospital (o al menos se baje el pantalón) con “pa´ operar de apendiciti no hace falta tanto lío, ¡por favor!”.

Y así le va, claro.



Por eso quiero pedirles encarecidamente que eviten, después de escuchar este cuarteto, vestirse con disfraces de plush y/o felpa y salir al sol de la tarde cunicular a danzar cuartetos animales. Sé que les va a costar, pero sofrenensé, se los pido, que tengo pocos lectores y podría perderlos a todos en una sola ola de osos insolados.





Azul quedó
(¿Y su amigo? Azul quedó.)

Le dijimos: “No te disfracés de oso,
que es en verano que cae el carnaval”,
y nos dijo: “Qué me importa, me hago el oso,
y van a ver pero qué bien lo he de pasar”.

Le dijimos: “Che, cuidao que la alpillera
es inflamable, mirá si te quemás”,
y nos dijo: “Terminala, derrotista,
que estás hablando con el gran rey del disfraz”.

La manija de adelante la llevaba el presidente
de la digna Comisión del Carnaval;
la del medio, el que tiró el cigarrillo,
y la de atrás, un oso de color marrón.

¿Y su amigo? Azul quedó.
¿Y su amigo? Azul azul, azul azul quedó.

(Báilalo, báilalo.
¡Abrázame mi amoooorrrrr!
¿Y su amigo? Azul quedó.
¡Uajúuuu!)


Le dijimos: “No cruces la avenida
escuchando la radio transistor”,
y nos dijo: “Me divierte el aparato,
vamos viejito, por favor, finishelá”.

Le dijimos: “Mirá la rayas blancas,
tené cuidado, que ahí viene ese camión”,
y nos dijo: “Dejenmé que estoy oyendo
a transistores este último bahión”.

La manija de adelante la llevaba el camionero,
muy elegante iba vestido de overol;
la del medio el marinero rubiecito
que le vendiera la radio a transistor.

¿Y su amigo? Azul quedó.
¿Y su amigo? Azul azul, azul azul quedó.

Azul quedó.

No, no, no.



Va la versión de Mareco:


Y como bonus track, uno de los temas más divertidos entre los que aparecen en el Index Cuartetorum Prohibitorum del INADI: “La maratón del gordo”, por el Cuarteto de Oro:



 Se despide hasta la próxima (si hubiere), acalorado pero feliz en su terquedad,

DJ Vago






martes, 17 de diciembre de 2013

[57] Manezcamu, querí?

“La cabaña”, de La K´onga (2008)


Aclaro, antes de adentrarme en el universo paralelo del cuarteto cordobés (del que es tan fácil salir que ya me fui mil veces), que este posteo se atrasó por culpa de terceros, y del clima. Ayer estaba listo, a pesar de los 37 grados, para abocarme a mi única tarea semanal, cuando descubrí que:
a) no tenía internet;
b) 5 minutos después, no tenía luz;
c) 5 minutos después del después, no tenía más ganas.

Esta triple imposibilidad (como en “Scarborough fair” (ver mi semana más esforzada: "Bouquet garni de lo imposible")) me impidió postear a tiempo. Estuve a punto de dejarlo para el lunes próximo, pero ahora estoy en el exilio, en casa de mi espónsor en Vagos Anónimos, que me prestó su netbook y me conminó a no recaer, a mandar nomás el tema semanal, aunque sea solo por hoy.

Vamos entonces, antes de que llegue la tormenta, con “La cabaña”, de La K´onga, un grupo de Villa Dolores exponente del “nuevo cuarteto cordobés”. Bah, lo de “nuevo cuarteto” lo acabo de inventar, no es que sea un movimiento o nada parecido; solo quiero diferenciar entre el cuarteto “clásico” (de quien La Mona Jiménez sería, digamos, el Mozart) y el cuarteto posterior a Rodrigo (el Beethoven cordobés). Y no te extiendo la analogía porque no da, compararlo a Bach con Carlitos Rolán, que si no…


Lo cierto es que, según me parece a mí, Rodrigo influyó muchísimo en el género (más o menos como Manzanero en el bolero). Tras Rodrigo, el cuarteto se volvió, a fuerza de admiración e imitación, más sentimental, dramático, complejo y enfático, en oposición al “típico” cuarteto de siempre, más racional (sí, no me miren así), humorístico, alegre y directo. Los temas más complejos de Carlitos Rolán se describen desde el título y no requieren más de dos líneas; y comentarlos detalladamente llevaría apenas otras dos líneas más.
En cambio, este tema, el más famoso del grupo La K´onga, es, a pesar de su aparente bizarra sencillez, muy complejo.

Empieza con una intro de saxofón a lo Kenny G, bien melosa, y luego el cantante (que tendrá, con toda la furia, 25 años) plantea una situación de ciencia ficción (también este es un cuarteto futurista, sí), pero de un subgénero distinto de “¿Quién se ha tomado todo el vino?”. Esta es una historia en la que se confunden los tiempos y espacios, como en “La noche boca arriba” de Cortázar (me contaron), o como en la peli “Volver al futuro” (esa la vi). Empieza el yo poético explicando:

Perdóname si te busco tantas veces,
hoy necesito verte, contigo quiero estar.

O sea, le habla a un tú femenino que no está presente. ¿La llamará por teléfono, quizás? Puede ser (aunque hay otra posibilidad, que exploraré más adelante). ¿Por qué la llama? Para anunciarle que…

Afuera está lloviendo, anunciando un ciclón:
es el día perfecto para hacerte el amor.

Misterio. No sabemos por qué una catástrofe natural, como un ciclón, se convierte en la ocasión perfecta para un encuentro sexual. Aparentemente, a los cordobeses le gustan las emociones fuertes y el mate con adrenalina, y por eso un día de lluvia y tornados es ideal para el amor cordobés.

Hasta aquí, la letra es extraña, exagerada tal vez, pero entonces se llega a los versos que hacen que la historia se vuelva totalmente desconcertante:

Y hoy quiero amanecer en una cabaña
viendo la lluvia caer frente a mi ventana.



Él quiere encontrarse con ella (en medio del ciclón), encontrar una cabaña (tarea potencialmente complicada, según la zona en donde se hallen ambos) y amanecer en dicha propiedad campestre. Pero él quiere amanecer HOY en esa cabaña, con ella. Uno podría pensar que esta situación debería estar sucediendo, entonces, de noche, antes del alba, entre las 24 y las 4 de la mañana… Pero si fuera así, ¿cómo tuvo tiempo de “buscarla tantas veces” porque “hoy necesito verte”…? ¿Cómo ve que el cielo nocturno “anuncia un ciclón”, en plena noche? Y sobre todo, ¿por qué dice que “es el día perfecto”, si están en plena noche?

Estas preguntas no parecen tener respuesta válida, excepto si pensamos que el yo poético dispone de una máquina del tiempo, un dispositivo que le permitirá, a él y a una acompañante buenaza, retroceder unas cuantas horas y amanecer hoy nuevamente, “aprovechando” que ya sabemos que a media mañana hay un ciclononón.

(Otra posibilidad sería que no estuvieran en la Tierra sino en un planeta pequeño, como el del Principito, y les alcanzara con hacer retroceder unos pasos la silla para volver a contemplar el amanecer; pero no quise ponerme fantasioso con las interpretaciones, este blog es serio, loco.)

La explicación por el viaje del tiempo nos permitiría, de paso, responder a la otra gran pregunta que plantea esta letra: si están en una cabaña, ¿cómo va él a ver la lluvia caer “frente a su ventana”? Suponemos que la ventana suya es la de su casa, no la de una cabaña que todavía no conoce. ¿Puede bilocarse, como los santos? Algo parecido: si él puede retroceder en el tiempo, tranquilamente puede estar, al mediodía, mirando la lluvia caer frente a su ventana, con la esposa al lado, mientras al mismo tiempo, pero unas cuantas horas antes, está con la chichí de cuerpo ardiente, maneciendo en la cabaña que aún no buscó. Y vive en los dos lugares y los dos tiempos a la vez.



Ma qué “Bleid Raner” ni “Encuentros Cercanos del Tercer Coso”: después díganme que el cuarteto no es profundo.

Porque al entrar el coro griego (villadolorino, en este caso) nos enteramos de que ella no es la esposa de él, sino una potencial (desde antes) amante.

Este es, en mi hipótesis de doctorado, otro de los aportes de Rodrigo al “nuevo cuarteto”: él tiene una enorme cantidad de temas dedicados al amor “de trampa”. En su universo conceptual, el matrimonio es siempre una cáscara, y el verdadero amor se encuentra en otro lado, con otra persona, a escondidas. Sin embargo, ese matrimonio vacío de sentimientos no puede abandonarse, y el “verdadero amor” debe mantenerse siempre oculto y escondido. Es una propuesta muy específica, muy discutible y muy personal de Rodrigo; y sin embargo, después de su muerte, decenas de grupos cuarteteros reprodujeron y reproducen, hasta el hartazgo, la misma idea.

Tú escondida de tu marido,
yo escondido de mi mujer,
en un cuarto de cabaña
vamu` a manecer.

Por como venía la canción, parece totalmente innecesario complicar (más) la trama, explicándola como una infidelidad conyugal. Lo tomo como una impronta rodrigueana.
Además, si ven a los pibes de La K`onga, no parece que hayan tenido tiempo de casarse y de aburrirse de la esposa (a menos, claro, que vuelvan muy seguido el tiempo atrás y tengan 50 años, a pesar de la carucha imberbe).

Pero es notable la propuesta "vamu a manecer", porque se centra en lo esencial de esta canción que es, como vimos, el tiempo, en todas sus acepciones.

Me queda una pregunta más, relacionada con el “cuarto” que se menciona: porque las cabañas, por definición, no suelen tener “cuartos”, son más bien unidades constructivas indivisas.

Si recuerdan, estamos en medio de un ciclón, así que lo más fácil y sensato es concluir que el viento se llevó el resto y dejó solamente en pie la cuarta parte de la cabaña, y a ellos dos, en bolas, al aire libre, pero contentos y sin darse cuenta de los árboles que vuelan alrededor. Y sin frío, porque por suerte ella es como una X-woman de cuerpo ardiente.

Para terminar, comento mínimamente dos cositas:
-          Cómo el cantante cambia las “n” por “r”, igual que hacía Gardel: “suavemerte”, “cor mis manos”. Y dice "jolvidar", probablemente en honor a Doña Jovita. ¿No es genial?
-          Cómo el grupo se define como “conga”, y a su propio tema como “mambo”: eso no significa que esto no sea un cuarteto cordobés, sino que el cuarteto, al igual que el rock y el peronismo, admiten en su interior una gama muy amplia de posibilidades y líneas teóricas. Hay cuarteto bahión, cuarteto merengue, cuarteto mambo y varios más: y todos son más cordoobeses que el ferné con manise.

Acá va el tema:


Y otro link de ellos actuando en vivo, para que vean la imperdible y compleja coreografía:



La cabaña
Perdóname si te busco tantas veces,
hoy necesito verte, contigo quiero estar.
Afuera está lloviendo, anunciando un ciclón:
es el día perfecto para hacerte el amor.
Y hoy quiero amanecer en una cabaña
viendo la lluvia caer frente a mi ventana.
Y hoy voy a besarte suavemerte
y a cariciar cor mis manos
todo tu cuerpo ardiente.
Y hoy quiero amanecer en una cabaña
viendo la lluvia caer frente a mi ventana.
(¡Y ese coro!:)
Tú escondida de tu marido,
yo escondido de mi mujer,
en un cuarto de cabaña
vamu` a manecer.
Tú con lo tuyo,
yo con lo mío,
si no juntamo
formamo un lío.
Tú escondida de tu marido,
yo escondido de mi mujer,
en un cuarto de cabaña
vamu` a manecer.

(¡Krrrosssty!) ?
(¿Y qué es lo que quieres tú? ¡La K`on-ga!)
(¡Tá bueno este mambo! ¡Tá bueno!)

Y hoy quiero amanecer en una cabaña
viendo la lluvia caer frente a mi ventana.
Y hoy voy a besarte suavemerte
y a cariciar cor mis manos
todo tu cuerpo ardiente.
Y hoy quiero amanecer en una cabaña
viendo la lluvia caer frente a mi ventana.
(¡Y ese coro!:)
Tú escondida de tu marido,
yo escondido de mi mujer,
en un cuarto de cabaña
vamu` a manecer.

Y los amartes que se quieren
no se pueden jolvidar.

(¡Mambo!)
(¡Eso me gusta, sí!)
(¡Se va!)


Y me fui nomás, hacia un próximo pasado más fresco y luminoso,


DJ Vago

lunes, 9 de diciembre de 2013

[56] Solo quiero saber

“¿Quién se ha tomado todo el vino?”, de La Mona Jiménez (1986).


Toda la serie va dedicada
a Patricia Leguizamón,
Laura Escudero
y Susana Aime.
  
En una semana en que Córdoba está necesitada de afecto y buena onda, comienzo aquí la serie “Cuartetazononones”, dedicada al cuarteto cordobés. En un primer momento pensé en titularla “Cuartetos” y mechar cuarteto cordobés con cuartetos de cuerdas de Beethoven, bandas de cuatro integrantes (como los Beatles) o canciones con estrofas de cuatro versos; pero después pensé que habiendo tantísimos cuartetos cordobeses geniales, sería poco respetuoso no dedicarles al menos un mes de mi escasa energía.

Aclaro por las dudas que no soy experto en el género, y que no pretendo hacer un recorrido histórico ni valorativo ni comparativo ni nada en particular: solo compartiré y comentaré algunos cuartetos que me gustan. Y si a ustedes no les gustan o conocen otros mucho mejores, no me enojo: no se me acuaartelen, chichis ni negrazones.

Empiezo por un clásico: “¿Quién se ha tomado todo el vino?”, del mayor prócer del cuarteto cordobés, Juan Carlos “La Mona” Jiménez, que cuenta con 82 discos editados, 36 millones de discos vendidos, 62 años (aunque uno podría asignarle cualquier edad). Que cuando lo invitaron a Cosquín en el 88, convocó a 100.000 personas en un anfiteatro con capacidad para 20.000, y a las 10 de la noche ya se habían acabado los choripanes, la cerveza y el vino de toda la ciudad, lo que generó un acabóse de proporciones bíblicas.



Porque, como ya anticipaba este tema, no hay nada peor que se te acabe el vino.

Esta es una canción que por lo general no es muy considerada por los “académicos” de la música nacional. Sin embargo, además de que es muy de calidad, es, en mi humilde opinión, una canción de ciencia ficción. Más precisamente, una propuesta de ciencia ficción distópica, que muestra un futuro oscuro y apocalíptico.

El yo poético está en una ciudad del futuro, o en un mundo posible alternativo, en el cual toda el agua desapareció. No hay nada para beber. Tal vez se la llevaron los extraterrestres. Tal vez un gobierno totalitario y corrupto la esconde. Faltando agua, solo es posible obtener líquidos potables de las especies vegetales. Pero ante la demanda insaciable en toda Córdoba, se acabaron también el fernet y la cerveza, por lo cual solo es posible tomar vino. Desde niños de dos años a ancianas beatas de 90, todos toman vino, por necesidad.



Pero el narrador llega a una ciudad desértica en la que, por si la situación no fuera ya grave (“estoy a punto de morir de sed”, anuncia, dramático), alguien se tomó todo el vino. “Y si no hay vino, no podemos tocar”, aclara el narrador, como diciendo una total obviedad. En especial, si está a punto de morir, porque es muy difícil ejecutar una pieza musical después de muerto (aunque ahora que lo pienso, tal vez en el futuro en donde se ambienta este tema no sea tan difícil, y haya, por un decir, Cuartetos Zombis). ¿O será que los instrumentos funcionan a vino también, como si fuera una nafta? Todo es posible, en la Córdoba del futuro.

Ante este panorama desolador y reseco, el desesperado yo poético no exige venganza ni justicia: solamente pide conocer la identidad del culpable, de aquel que se tomó todo el vino de la ciudad, condenando al resto de la población a una horrible muerte, sin líquido ni música: muerte por inanición y por embole.

No es claro por qué el yo quiere saber quién fue el culpable. ¿Eso resolverá la situación? ¿Calmará su sed? Obviamente que no. Pero al menos, mientras fenece, sabrá el por qué, verá a los ojos al culpable de su destino, y en voz baja y con la lengua reseca, le reclamará en un susurro: “Sentime vo, negreli engominado con techesco, Indio Malo que te bajaste como mil blancos, te he oiservado, culiao: ¿nués que nos hai dejao sin bebestible, inrenposable? ¿Por qué, Bruto Estralarsh?”.



Es conmovedora esta apelación al conocimiento aun en las situaciones más extremas. Me recuerda a la frase de Martin Luther King: “Aunque supiera que el mundo se terminará mañana, igual plantaría mi manzano”. O su versión cordobesa: “Aunque supiera que el ferné se terminará mañana, igual sacaría entrada para ir a ver a La Mona”.



¿Quién se ha tomado todo el vino? 

No sé que pasa en esta ciudad.
No sé que pasa, no puedo entender.
Estoy a punto de morir de sed
porque no encuentro algo para tomar.
Díganme, solo quiero saber:
¿quién
se ha tomado todo el vino? O-o-o-o.

Oye nena, ¿me quieres decir
por qué no puedo ya calmar mi sed?
Esta ciudad parece un desierto,
y si no hay vino no podemos tocar.
Díganme, solo quiero saber:
¿quién
se ha tomado todo el vino? O-o-o-o.

¿quién
se ha tomado todo el vino? O-o-o-o.


Moviendo la mano hacia atrás y hacia adelante con la palma alternativamente hacia arriba y hacia abajo, se despide hasta la próxima vendimia,


DJ Vago

lunes, 2 de diciembre de 2013

[55] Guerra y paz. Y vodka. Y un caballo



“Cuando estábamos en la guerra”, anónimo ruso de comienzos del siglo XX, por Babkiny Vnuki




Esta es la “Semana Rusa” (porque lo digo yo, y punto), así que elegí un tema anónimo de comienzos del siglo pasado, que muestra una de las principales virtudes rusas: el aguante.

Porque aunque el país funcionara perfecto, hay que bancárselo, al frío de la estepa, que te congela hasta las intenciones. Pero además, casi todo nunca funciona bien (como en casi ningún país, de hecho), y las calamidades en Rusia son siempre terribles. Cuando tenés rey, te toca un zar. Cuando toca dictador, tenés un Stalin. Si cae un meteorito en un pueblito de Siberia, te elimina a todos los dinosaurios para siempre. El verano dura lo que se tarda en pronunciarlo, y visitar a la abuela por su cumpleaños puede requerir atravesar 20.000 verstas de caminos escarchados.

Así que el ruso típico es una persona muy sufrida. Y en esta canción de cosaco (o similar), el protagonista sufre. Se la banca (apenas) y disimula (todo lo que puede), pero sufre como un chancho adolescente.

El yo poético cosaco, descansando en la barraca entre guerra y guerra (porque el servicio militar ruso duraba 23 años, promedio) o entre batalla y batalla, mientras fuma y bebe (pero lo del vodka no se cuenta, porque no está legalizado su consumo), dice que mientras estaba en las trincheras “podría estar pensando en ella” y en cómo lo traicionó, pero no,“yo no pensaba en nada, solo fumaba [y chupaba como lo que soy]”.

La “traición” de ella es que no lo esperó eternamente a que volviera de la guerra, y entabló una relación amorosa con otro. Eso pasó porque ella tiene un “corazón inquieto”. No es, se ve, la típica rusa, que aguantaría años y años hasta que volviera nuestro soldado, o lo que quedara de él.

Él alega que no pensaba en ella para nada, pero es obviamente una mentira, porque inmediatamente cuenta, muy suelto de cuerpo, que está tan pero tan deprimido que solamente espera “una bala certera” que termine con la pelea entre ellos dos y con su tristeza. No hay nada más tanguero que un ruso despechado.

Así que formula, inmediatamente, su nuevo proyecto de (corta) vida: la próxima vez que estén en batalla, “volará hacia las balas” en su caballo negro. Esa acción se verá, desde afuera, como valentía (el coraje es otra de las tradicionales virtudes rusas), pero será nomás falta de aguante y despecho al mango, disimulados.

Pero al menos hay un ser vivo sensato en esta historia, y el caballo negro, que no comparte las penas amorosas de su jinete, escapará de las balas que este tanto busca, y rescatándose, el equino rescatará (no tiene más remedio) también al soldado, cuya tristeza, entonces, sobrevivirá al final de la canción, y por lo tanto no terminará nunca. Para el yo poético hay bastante guerra, pero no tiene paz.



Noten cómo la letra repite cada verso, de forma que todo se dice dos veces, como en las canciones vascas (“pero las canciones vascas son mejores”, me susurra con voz potente mi madre, cómodamente instalada en su amplio sillón en el centro de mi superyó).

La canción es muy agradable de oir, y mucho más en la versión elegida, que es, con lejos, la mejor de todas las que escuché. El grupo folklórico Babkiny Vnuki es, podríamos decir, el equivalente ruso de Los Palmeras. Se visten como extraterrestres recién bajados del plato volador, y tocan unos instrumentos que parecen de ciencia ficción también (como la babalaika eléctrica), y la voz del rubio líder de la banda es increíble e inesperada. Pero a pesar de todo lo dicho (o a causa de eso mismo) consiguen darle a la canción un ritmo amable, una calidez cuasi-cumbiera y una energía positiva admirables, manteniendo los ejes fundamentales del tema: la melodía pegadiza y el uso del acordeón (aparentemente, si no cantás esta canción acompañándote con acordeón, te encanan, en Rusia).


El ruso es uno de los idiomas que me cuesta intuir, así que le pedí ayuda a un par de amigos para la traducción de la letra. Pero ellos tampoco son rusos-rusos, así que sepan disculpar las fallas que seguramente encontrarán en la transcripción fonética y en la traducción al castellano. Aguantaré sus críticas con rusa estoicidad.




Когда мы были на войне


Когда мы были на войне,
Когда мы были на войне,
Там каждый думал о своей
Любимой или о жене.
Там каждый думал о своей
Любимой или о жене.


И я, конечно, думать мог,
И я, конечно, думать мог,
Когда на трубочку глядел,
На голубой ее дымок,
Когда на трубочку глядел,
На голубой ее дымок.


Как ты когда-то мне лгала,
Как ты когда-то мне лгала,
Что сердце девичье свое
Давно другому отдала.
Что сердце девичье свое
Давно другому отдала.


Но я не думал ни о чем,
Но я не думал ни о чем,
Я только трубочку курил
С турецким горьким табачком.
Я только трубочку курил
С турецким горьким табачком.


Я только верной пули жду,
Я только верной пули жду,
Чтоб утолить печаль свою
И чтоб пресечь нашу вражду.
Чтоб утолить печаль свою
И чтоб пресечь нашу вражду.


Когда мы будем на войне,
Когда мы будем на войне,
Навстречу пулям полечу
На вороном своем коне,
Навстречу пулям полечу
На вороном своем коне.



Но видно смерть не для меня
Но видно смерть не для меня
И снова конь мой вороной
Меня выносит из огня
И снова конь мой вороной
Меня выносит из огня
Кaguedа мue bueli nа vuayenie

Кaguedа мue bueli nа vuayenie
Кaguedа мue bueli nа vuayenie
Там каzhdîy duмаl о svuaiey
lyubiмuay ili о zhenie.
Там каzhdîy duмаl о svuaiey
lyubiмuay ili о zhenie.


I ya, nuetushe, duмаsh моg,
I ya, nuetushe, duмаsh моg,
Кôguedа nа drugоtsку glyadiel,
nа galуbоy ieio dîмок,
Кôguedа nа drugоtsку glyadiel,
nа galуbоy ieio dîмок,


Как тî кaguedа-тa мnie lgаlа,
Как тî кaguedа-тa мnie lgаlа,
Tsто sieрdshie dievitsie svaio
drogovnо drogо agdаlа.
Tsто sieрdshie dievitsie svaio
drogovnо drogо agdаlа.


Nо ya nie duмаl ni о shieм,
nо ya nie duмаl ni о shieм,
Ya тоlко drubоtsкu кuril
sтurieshкiм gоruкiм таbаshкó.
Ya тоlко drubоtsкu кuril
sтurieshкiм gоruкiм таbаshкó.

Ya тuliкa viernоy puli zhdu,
Ya тuliкa viernоy puli zhdu,
Isтob iтaliтi shalima yiub
i piesietsi shugierme shubrartshu.
Isтob iтaliтi shalima yiub
i piesietsi shugierme shubrartshu.


Кaguedа мue buiemа na vоyenie
Кaguedа мue buiemа na vоyenie.
Nаvspretshu pulyaм palietshu
nа varanом svaioм кanie,
nаvspretshu pulyaм palietshu
nа varanом svaioм кanie,


Nо svirnо sмierni nie dlya мienya
nо svirnо sмierni nie dlya мienya.
I snоvа коni моy varanоy
mienya vuinоsiт ie saguiña,
I snоvа коni моy varanоy
mienya vuinоsiт ie saguiña.

Cuando estábamos en la guerra


Cuando estábamos en la guerra,
cuando estábamos en la guerra,
cada uno pensaba en su amante o en su mujer,
cada uno pensaba en su amante o en su mujer.




Y yo también podría haber pensado,
y yo también podría haber pensado,
mientras miraba en mi pipa
el humito azulado,
mientras miraba en mi pipa
el humito azulado,




en cómo hace tiempo me mentías,
en cómo hace tiempo me mentías
y tu corazón inquieto
le entregabas a otro,
y tu corazón inquieto
le entregabas a otro.



Pero yo no pensaba en nada,
pero yo no pensaba en nada,
solo fumaba la pipa
de amargo tabaco turco,
solo fumaba la pipa
de amargo tabaco turco.



Tan solo espero una bala certera,
tan solo espero una bala certera,
para saciar mi tristeza
y terminar nuestra enemistad,
para saciar mi tristeza
y terminar nuestra enemistad.




Cuando estemos en la guerra,
Cuando estemos en la guerra,
volaré hacía las balas
sobre mi caballo negro,
volaré hacía las balas
sobre mi caballo negro.



Pero se ve que la muerte no es para mí,
pero se ve que la muerte no es para mí,
y mi caballo negro otra vez
me rescata del fuego,
y mi caballo negro otra vez
me rescata del fuego.


Como bonus track (y como complemento pacífico a la canción guerrera), aquí va la muy bizarra pero también inolvidable “Juguémosle a nuestro amor” (Давай поиграем в любовь, “Dаvoy vieriт nаshu lyubоi”), de Jaak Joala, “El Facha Martel Soviético”, que le está haciendo juicio a J.K. Rowling porque considera que la idea de que los personajes de los cuadros hablaran entre sí la tomó del videoclip de esta canción.


Jaak (no, no tiene nada que ver con los chocolatines) es estonio, pero gran parte de su carrera la hizo cantando en ruso. No tengo el año exacto de este videoclip, pero por el saco blanco, la cara de goma, el organito sintético y el logo del canal, pueden darse una idea bastante exacta de la época.
No transcribo toda la letra para no extender demasiado este posteo, pero la idea es que él arma una especie de juego (juego de jugar y también de “apostar”, de tomar un riesgo: por eso al título, que podría traducirse como “juguemos”, preferí dejarle “juguémosle”, como si fuera una quiniela, para destacar que se necesita arriesgarse para entrar a ese juego. Entonces, en el juego, él se hace amigo de ella, y le cuenta todo, y dejará de ver a otras muchachas, y se pondrá celoso de ella, y un día abrirá “la puerta conocida, que ya no será la puerta de alguien más”, y la encontrará a ella y le dirá que la extrañaba. Y ella, sorprendida, le contestará con una pregunta: “¿Por qué inventaste este juego?”. Y él, sonriente, con esa cara de nabo total pero sintiéndose un galán de la san puta delante de la pared verde, responde, concluyendo la canción: “Porque te quiero tanto, y no voy a ocultarlo más”. Notable.



Podría despedirme cálidamente, pero no es el caso. Da svidánia.

DJ Vagov


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