solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

miércoles, 19 de julio de 2017

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo


“Stayin´ alive”, de los Bee Gees (1977)


Hoy terminamos, aullando lamentos bajo la cambiante luz de una bola de espejos, la serie “Es una jungla allá afuera”, que nos paseó desde el rock peruano ochentoso, el reggae, el rock pesado, el pop-indie y ahora, como cierre, la música disco, con “Stayin´ alive”, una de las canciones más famosas, si no la más, de los famosos Bee Gees, que durante las primeras décadas de mi vida me causaron mucha gracia, porque no entendía la necesidad de cantar así, en falseto todas las canciones, como ardillitas. Pero al final entendí, me tomó tiempo nomás. Y aunque me sigue costando escuchar varios temas seguidos de ellos, ¡qué grandes compositores! Tienen canciones espectaculares. Acá en el blog ya los comentamos al hablar de “To love somebody”, en el posteo 38 (allá por la primera temporada).

Paralelamente y por el mismo precio, estamos inaugurando (hoy me sale solo el plural mayestático, a lo Maradona) una nueva serie, la penúltima de esta cuarta temporada que ya entró (lentamente) en su recta final, dedicada a canciones de película, y titulada… no sé, no se me ocurrió título aún, ponele que se llame “Canciones de película” y ahorramos pensamiento.

Porque “Stayin´ alive” fue compuesta especialmente para la película “Fiebre de sábado por la noche”, protagonizada por un jovencísimo John Travolta, que sabía bailar muy bien pero actuaba francamente mal, pobre. Al menos, en su juventud. 



La película comienza con esta canción de fondo, mientras Travolta, en este orden, camina por la calle con un tarro de pintura, le mira el culo a una chica que pasa, pide una porción de pizza para llevar, sigue caminando mientras come la pizza, deja una seña por una camisa celestita (que luego lucirá gallardamente en la pista de baile, al avanzar la película), sigue caminando, le mira el culo a otra chica que pasa, decide que no alcanza con mirarle el culo sino que además necesita cargosearla un rato, finalmente deja a la pobre chica en paz y llega a la ferretería donde trabaja, para darle a la clienta que espera, con anteojos dentro del local, desde hace una eternidad el bendito tarro de pintura, y aunque le dice que le hace “precio de amigo” en realidad le está cobrando de más, el chanta de Travolta.



La película no es la gran cosa, les aviso. Lo mejor que tiene probablemente sean, además de la coreo en el boliche disco, las canciones de los Bee Gees.

Y esta en particular es un temazo. La música es alegre y rítmica, y aunque la batería da lástima (de hecho, lo que suena es una caja de ritmos, ni siquiera es un ser humano, los Bee Gees se habían quedado sin baterista unos días antes de grabar este tema), las voces de los trillizos de oro del rock-disco destacan como nunca, y la letra es muy buena.

Pero si uno no presta atención o no caza un fulbo de inglés, podría pensar que es una canción alegre, y sería un gran error, porque el tema es nada que ver: se habla de sobrevivir en la gran ciudad, de necesitar ayuda y no encontrarla, de intentar seguir aunque los demás miren para otro lado, de confiar en los pies para vivir un día más, de temblar porque a pesar de que “está todo OK”, no está todo OK y no sabemos si mañana seguiremos aún aquí.

Es difícil de traducir el título,”Stayin´ alive”. Porque la traducción más sensata sería “Sobreviviendo”, pero no es exactamente eso, lo que se dice. Comparemos con el otro gran himno a la supervivencia, “I will survive”: “Sobreviviré”. No hay duda allí. La canción habla de una hecatombe, de un tsunami, en la forma de un tipo que la deja a Gloria Gaynor y ella, aunque parecía hecha mierda (y lo estaba), decide que no va a “echarse a morir” sino que sobrevivirá para ver otro día. Aquí, en cambio, no hay ningún cataclismo, ninguna tragedia puntual: la vida en la gran ciudad es la tragedia. Una tragedia constante, una jungla cotidiana en la que nosotros, los de entonces que ya no somos los mismos, no sobrevivimos, sino más bien la piloteamos: seguimos estando vivos. Ese, por más que suene muy mal en nuestro idioma, sería el título exacto de la canción: “Seguir estando vivos”, “Siguiendo estando vivos”, “Siguiendo vivos”… Como prefieran. La idea es esa, diría el Chapulín. Y no es algo que me pasó solo a mí: es algo que nos pasa a todos los que vivimos en la ciudad, “tanto si sos un hermano como si sos una madre”; todos tenemos que seguir estando vivos, haciendo lo necesario para vivir un día más a pesar de todas las dificultades. Como dirían Rubén o Darío, uno de los dos:

“Dichoso el árbol que es apenas sensitivo
y más la piedra dura, porque ella ya no siente,
que no hay mayor dolor que el dolor de estar vivo
y me olvidé y me da fiaca guglear el verso siguiente”.

Esa sería una traducción poética aproximada de “Stayin´ alive”. Como ven, una idea bastante amarga y pesimista de la vida urbana actual. Tal vez por eso el videoclip “oficial”, además de toda la facha glamur-disco-hippie-conurbano bonaerense de los hermanos Gibb (con pantalón blanco y dientes blancos de Barryen el centro), nos muestra el glamoroso entorno de unos edificios en ruinas y abandonados. No es exactamente la idea de sobrevivir en la ciudad, pero al menos no nos encandila con las luces de una pista de baile: la canción no va por ahí.



En ese sentido, los hermanos Gibb tenían sentimientos encontrados, respecto de esta canción: los hizo más famosos que nunca, fue número uno (uno de tantos que tuvieron) y ganaron mucha plata con ella; pero a la vez los etiquetó como “músicos de música disco”, cuando fueron, sin duda alguna, unos de los mejores cantautores de los últimos cincuenta años. La canción esta se te pega, no hay duda alguna. Así que deberemos seguir vivos con ella a cuestas.


Stayin' alive

Well, you can tell by the way I use my walk
I'm a woman's man: no time to talk
Music loud and women warm,
I've been kicked around
Since I was born
And now it's all right, it's okay
And you may look the other way
We can try to understand
The New York Times' effect on man

Whether you're a brother
or whether you're a mother
You're stayin' alive, stayin' alive
Feel the city breakin'
and everybody shakin'
And we're stayin' alive, stayin' alive
Ah, ha, ha, ha, stayin' alive, stayin' alive
Ah, ha, ha, ha, stayin' alive

Well now, I get low and I get high
And if I can't get either, I really try
Got the wings of heaven on my shoes
I'm a dancin' man and I just can't lose
You know it's all right, it's okay
I'll live to see another day
We can try to understand
The New York Times' effect on man

Whether you're a brother
or whether you're a mother
You're stayin' alive, stayin' alive
Feel the city breakin'
and everybody shakin'
And we're stayin' alive, stayin' alive
Ah, ha, ha, ha, stayin' alive, stayin' alive
Ah, ha, ha, ha, stayin' alive

Life goin' nowhere,
somebody help me
Somebody help me, yeah
Life goin' nowhere,
somebody help me
Somebody help me, yeah,
I'm stayin' alive.
Sobreviviendo

Bueno, ya lo ves por la forma en que camino:
soy un seductor, no tengo tiempo para hablar.
La música fuerte y las mujeres tibias,
me han empujado
desde que nací.
Y ahora está todo bien, está OK
y tú puedes mirar hacia otro lado,
podemos intentar entender
el efecto New York Times en el hombre.

Tanto si eres un hermano
como si eres una madre,
estás sobreviviendo, sobreviviendo.
Siento la ciudad romperse
y todos temblar
y nosotros estamos sobreviviendo.
Ah, sobreviviendo, sobreviviendo.
Ah, ah, ah, ah, sobreviviendo.

Pues bien, estoy abajo y estoy arriba
y si no puedo ninguno, realmente lo intento.
Tengo las alas del cielo en mis zapatos,
soy un bailarín y no puedo perder.
Sabes que todo está bien, está OK.
Viviré para ver otro día,
podemos intentar entender
el efecto New York Times en el hombre.

Tanto si eres un hermano
como si eres una madre,
estás sobreviviendo, sobreviviendo.
Siento la ciudad romperse
y todos temblar
y nosotros estamos sobreviviendo.
Ah, sobreviviendo, sobreviviendo.
Ah, ah, ah, ah, sobreviviendo.

La vida no va a ninguna parte,
que alguien me ayude.
Que alguien me ayude, sí.
La vida no va a ninguna parte,
que alguien me ayude.
Que alguien me ayude, sí.
Yo sigo estando vivo.

Y creo que dejo aquí, ya seguí vivo demasiado por el día de hoy. La próxima vez, seguiré con otra canción asociada fuertemente a una película. Imagino que cada uno tiene en mente al menos dos o tres de esas canciones ligadas a películas tan fuertemente que no pueden separarse una de otra; yo tengo las mías, claro, y como el blog es nuestro pero al decir “nuestro” quiero decir: “mío”, las películas y canciones que elegiré serán las que me gustan a mí. Ustedes sobrevivan como puedan.

Ah, ah, ah, ah, ¡adiós!


BeeGee Vago

sábado, 8 de julio de 2017

Buen día, Lexotanil


“Ciudad de pobres corazones”, de Fito Páez (1987)


Hoy, como penúltima entrega de la serie “Es una jungla allá afuera”, vamos con un amargo y duro tema de Fito Páez, “Ciudad de pobres corazones”, parte del disco homónimo que editó en 1987 y que fue, según definiera él mismo, “el disco que nunca quise haber hecho” y es también, en mi ranking al menos, el mejor de él. Para muchos, lo mejor de Fito es El amor después del amor, pero a mí me parece que allí, aunque hay algunos temas muy buenos, comenzó la debacle de Fito, que se volvió más blando, más universal, más conforme con la reallidad y con su lugar en ella: cayó en las “Tumbas de la gloria”, que es lo que él temía y quería evitar, y terminó haciendo canciones sobre mariposas primaverales y colores alegres. 



Si comparan, por ejemplo, la versión original de este tema con la versión que Fito eligió para subir a Vevo (abajo aparecerán ambas), verán que esta última es más sosa, mucho menos afilada, peor cantada y suena, en líneas generales, como una canción de Airbag o de cualquier grupucho juvenil sin la menor idea musical propia. Lo que es una pena, porque Fito sí tiene idea, es un gran compositor (aunque un muy mal cantante, pero bueno, tenemos ahora un Premio Nobel cantor que es peor cantante que Fito, así que no seré yo quien le reclame).

Y esta canción pide a gritos una versión como la original: cruda, directa como un cross a la mandíbula, con piano aporreado, con guitarra maltratada.



Es conocido el contexto en que se produjo todo el disco: mientras Fito estaba de viaje en Brasil, en noviembre de 1986, en Rosario asesinaron a su abuel y a su tía abuela, del lado paterno, que vivían juntas, y a la mujer que trabajaba como empleada doméstica (que estaba embarazada). Pero para Fito no eran solo sus abuelas: eran quienes lo habían criado, pues su madre murió en un accidente cuando Fito tenía apenas ocho meses. Así que eran como sus madres.

Fito, previsiblemente, se sumió en una profunda depresión. Profundizada porque no había pistas del asesino y la fiscalía intentaba echarle a él la culpa del crimen. Se fue a Tahití y allí compuso todos los temas de “Ciudad de pobres corazones”, que salieron pocos meses después.

Les resumo en un párrafo cómo se resolvió el caso policial: un año después del crimen, a una travesti del barrio le encontraron un collar que había pertenecido a la abuela de Fito, y al preguntarle un agente encubierto por el collar, ella confesó que “me lo regaló mi novio Walter”. Pronto llegaron a la casa de Walter De Giusti (a pocas cuadras de la casa de los Páez), compañero de colegio de Fito y músico frustrado, y encontraron allí el grabador que Fito le había regalado a su abuela. Se comprobó que De Giusti no solo era el autor del triple asesinato, sino que también, una semana atrás, había matado a otras dos mujeres en el barrio. Y que una semana después de su raid criminal, se había anotado en la Policía Federal para cubrir sus huellas, y desde entonces era policía. Lo condenaron a cadena perpetua, y durante siete años siguió cobrando su sueldo como policía, en la cárcel. A los nueve años de reclusión, en 1997, pidió que lo dejaran cumplir su condena en su casa, considerando que había contraído VIH-sida en la cárcel, y que estaba prácticamente ciego. Le dieron ese beneficio. Un año después, un amigo del juez de la causa le contó al juez que De Giusti caminaba lo más tranquilo por las calles del barrio, pasándose todas las tardes en un bar, contándoles a todos que “ya había cumplido su condena” e, incluso, manejando su auto (algo muy loable, para un ciego). En el 98 lo exoneraron de la policía, le exigieron que devolviera lo que había cobrado como sueldos y lo llevaron de nuevo a la cárcel para que cumpliera su condena en forma efectiva; sin embargo, un par de meses después murió a causa de una complicación de salud derivada de su enfermedad.

Volviendo a la canción: rebosa de furia e impotencia, y eso se nota desde el primer verso, que es terrible y a la vez fantástico: “En esta puta ciudad”. Como en varios de los temas anteriormente reseñados, la ciudad es una selva; pero aquí la culpa no la tienen los leones, somos los humanos los que hicimos este desastre, este lugar oscuro donde “todo se incendia y se va” y donde “matan a pobres corazones”, por lo que “no hay que seguir ni parar” para no terminar asesinado, como un pobre corazón más.

Tras esos primeros versos vienen dos estrofas más: en la primera, el cantor enumera las cosas que no quiere hacer (porque no quiere rendirse a la puta ciudad, ni conformarse, ni curarse): “No quiero salir a fumar, / no quiero salir a la calle con vos”. Me encantan especialmente los versos “No quiero empezar a pensar / quién puso la yerba en ese viejo cajón”, que enuncian la rebelión a encuadrarse en una problemática cotidiana e intrascendente, mientras allá afuera en la calle matan a pobres corazones solo porque sí, porque pueden.

Y en la otra estrofa, el cantor, muy educado, comienza a saludar a los vecinos y a los terapeutas y también a sus medicamentos: “Buen día, Lexotanil, / buen día, señora; / buen día, doctor.” Pero esa amabilidad es una máscara, porque inmediatamente se enuncia lo que en realidad piensa, una maldición que cubre con su manto a toda la ciudad: “Maldito sea tu amor, tu inmenso reino y tu ansiado dolor.”

El cantor pregunta, como un Cristo crucificado o como Isabel Sarli mientras intenta taparse, qué es lo que quieren de él, y aunque no sabe la respuesta, anticipa que “No me verás arrodillado”, que aunque lo crean cada vez más loco, no se asimilará sin luchar a la locura criminal de esa “sucia ciudad”.

Para este disco, Fito hizo un mediometraje de casi una hora de duración en el que se incluyen los videoclips de casi todos los temas. Lo que se llama ahora “un álbum visual”; algo que, según los milennials, inventó Beyoncé hace dos años, y Juanes hizo por primera vez este año en castellano. Se ve que Fito lo aprendió de Beyoncé y Juanes y volvió con su máquina del tiempo a 1987 para copiarlos, qué jodido. 

La película de “Ciudad de pobres corazones” (también la incluyo abajo) es un policial negro oscuro, filmado a colores pero con amplio predominio del blanco y el negro (inclusive en el vestuario de Fito) que muestra cómo unos personajes bastante siniestros se van pasando una caja afelpada de color rojo (y que, aunque no es “heart-shaped”, como la de Nirvana, simboliza claramente un corazón, el corazón del cantor). Los personajes se van matando para robarse esa caja, hasta que finalmente, tras varios episodios violentos, la caja roja termina en el camarín de Fito, quien la abre, ve que está vacía y no le presta más atención; sin embargo, en una toma digna de David Lynch, la cámara entra en la oscuridad del interior de la caja vacía y de allí, de esa negrura, sale el clip de la canción de hoy, “Ciudad de pobres corazones”, con Fito (pálido como un muerto) vestido con campera de cuero negra y aporreando el piano con furor.

El clip original y la letra de la canción:


Ciudad de pobres corazones
En esta puta ciudad
todo se incendia y se va,
matan a pobres corazones.

En esta sucia ciudad
no hay que seguir ni parar,
ciudad de locos corazones.

No quiero salir a fumar,
no quiero salir a la calle con vos.
No quiero empezar a pensar
quién puso la yerba en ese viejo cajón.

Buen día lexotanil,
buen día señora, buen día doctor.
Maldito sea tu amor,
tu inmenso reino y tu ansiado dolor.

¿Qué es lo que quieren de mí,
qué es lo que quieren saber?
No me verás arrodillado.

Dicen que ya no soy más yo,
que estoy más loco que ayer,
y matan a pobres corazones.
  
En esta puta ciudad
todo se incendia y se va,
matan a pobres corazones.

La película completa:


La versión “moderna”, en Vevo:


Y como bonus tracck, un buen cover de Romaphonic Session, muy bien cantado e instrumentado, pero más lento, y sin ninguno de esos sentimientos oscuros tan creíbles que uno escucha en la versión original de Fito:


Y eso es todo por hoy, señor Lexotanil. La próxima semana, si sobrevivo, terminará la serie “Es una jungla allá afuera” y, al mismo tiempo, comenzará otra serie, la penúltima de esta temporada y, quizás, de mi vaga vida.


DJ Vago

lunes, 26 de junio de 2017

Resumen Lerú del Proyecto Blair Witch


“In the woods somewhere”, de Hozier (2014)




Hoy, continuando la serie “Es una jungla allá afuera” (de la que ya hubo tres posteos antes y quedarán dos después), va el único tema del lote que no habla de la ciudad como selva, sino que ocurre, efectivamente, en una selva o bosque: “En algún lugar del bosque”, sería una traducción aceptable del título, canción de Hozier en su disco homónimo, de 2014.

Hozier (nombre artístico de Andrew Hozier-Byrne) es un joven cantautor irlandés que alcanzó un discreto renombre con su tema “Take me to church” (“Llévame a la iglesia”), número 2 en los charts de Irlanda, vendió varios millones de copias y fue candidata al Grammy como “Canción del año”, pero no ganó (le ganó Sam Smith con “Stay with me”, pero si me preguntan, le robaron el premio, a Hozier).



Tengo una debilidad por los cantautores irlandeses, como saben (al igual que por los neocelandeses y los uruguayos, es decir, los artistas del hambre, diría Kafka, los genios de la periferia). Hozier tiene buenas canciones, y se mueve por afuerita de los cánones del rock-pop internacional (para el cual, por ejemplo, los latinoamericanos estamos condenados a morir en una debacle nuclear de reguetón arjónico).

Así como a lo largo de este largo blog les presenté temas policiales (“El testament d´ Amelia”, posteo 7, y los de la serie “Si se mata al cantor”, 120 a 123) y temas de ciencia ficción (como “Space Oddity”, posteo 146, y los cuartetos cordobeses de los posteos 56 y 57), este es, me parece, el primer tema de terror que aparece en el blog. Hubo temas malos, ya sé, ya sé, pero no me refiero a eso: este es un tema de miedo, de terror-terrorífico. Concentrada en cinco minutos, como si fuera un resumen Lerú, tenemos aquí toda una película siniestra, un thriller inquietante que, si te lo ponés a pensar mucho, probablemente te impida dormir esta noche o quién sabe por cuánto.

No hay videoclip, aquí: lo que da miedo no es eso (como sí dan miedo los videoclips de “Enter Sandmann”, posteo 2, “3 a.m.”, posteo 19, o “Lamento della Ninfa” en la versión de Anna Prohaska, posteo 77). Pero desde la musicalización (sencilla, machacona, repetitiva) y las palabras (breves, sugerentes, sin un gramo de descripción) Hozier va construyendo un clima. Y lo va armando tan bien, y tan poco a poco, que uno entra en ese bosque como por un tubo, y cuando se quiere dar cuenta, ya está tan adentro que no puede escapar, como les pasa a los pobres chicos infelices que quieren hacer un documental sobre una bruja boscosa, en la película “El proyecto de la Bruja de Blair” (spoiler: terminan mal). Si uno va escuchando, es realmente como una película, esta canción, llena de escenas que generan inquietud, misterio y/o puro miedo.



De entrada, el cantor está afiebrado, y en sus desvaríos solamente repite un nombre (¿el de su amada/amado?, ¿el de su dios? nunca queda claro). Cuando la fiebre cede, él despierta para encontrarse inmerso en una noche con Luna pero, a pesar de ello, “tan oscura que la oscuridad tarareaba” (me gusta mucho esa imagen):

Mi cabeza estaba caliente,
mi piel estaba empapada.
Dije tu nombre
hasta que la fiebre cedió.

Cuando desperté
la Luna seguía colgando.
La noche tan oscura
que la oscuridad tarareaba.

El cantor se levanta, débil, y tiene miedo, ya de entrada, de que la lucidez lo abandone y lo alcance la locura: le suplica a su propia mente que se porte bien.

Me levanté,
mis piertas estaban débiles.
Le supliqué a mi mente:
“Sé buena conmigo”.

Entonces escucha un “horrible ruido”, una “voz de mujer”, y decide correr hacia ella, adentrándose en lo profundo del bosque (algo que no sé ustedes, pero yo intentaría evitar, en lo posible: como dice el lema de mi escudo, “Preferiría no hacerlo”).



Un horrible ruido
llenó el aire.
Escuché un grito
en algún lugar del bosque.

Una voz de mujer,
rápido corrí
hacia los árboles
con las manos vacías.

No era una mujer, al final, sino una zorra. O zorro. En algunas mitologías, como la japonesa, el zorro es el disfraz de presencias angelicales o demoníacas, y siempre, como bien saben la gente del campo, un zorro esconde astucias y peligros muy cercanos a lo humano. Este zorro tiene rota la pata, y el cantor, apiadado, lo mata de un piedrazo para evitar que siga sufriendo. La escena es muy intensa y te llena (me digo yo a mí mismo) de inquietud.



Era un zorro,
se sacudía temeroso.
No dije palabra,
no hizo ningún ruido.

Su hueso expuesto,
su pata estaba coja.
Levanté una piedra
para terminar su dolor.

Acá podría terminar la canción, pero no: esto recién empieza. Porque al matar al zorro herido, el cantor empieza a reflexionar: ¿qué animal, qué bestia pudo haber causado una herida así, como la que tenía el zorro? Y entonces siente que en el bosque hay unos ojos que lo miran…

¿Qué causó la herida?
¿Cuán largos los dientes?
Vi que nuevos ojos
me estaban mirando.

Y acá de golpe, como en canción medieval, ya se nos dice que hay una criatura (¿de qué tipo de criatura hablamos, Hozier? No, dejá, mejor no me contestes) que comienza a perseguirlo, y él se da vuelta y empieza a correr a todo lo que da, para “salvar una vida que no tenía”. ¿Qué quiere decir, “que no tenía” la vida que quiere salvar? ¿Que ya la da por perdida, o que estaba muerto de antes? Solo podemos conjeturar, pero en la canción nada queda definido.

La criatura arremetió,
me di vuelta y corrí
para salvar una vida
que no tenía.

Él vuela como un ciervo en la huida, y pierde las esperanzas de reunirse con ese amor-dios al que le habla desde el comienzo.

Ciervo en la cacería
era mientras volaba.
Olvidé todas las plegarias
de reunirme contigo.

Y aquí, en las dos últimas estrofas, llega el final, que es lejos lo más inquietante e indefinido de la canción. Él se aferra a su vida, y le anuncia a su amor que “aún no he terminado”. Y sin embargo, al final, hace una pregunta muy extraña: “¿Por cuántos años sé que soportaré?”. Y la única respuesta es una afirmación qus sintetiza toda la historia: “Encontré algo en algún lugar del bosque”.

Me aferré a mi vida
y deseé mantenerla.
Mi anhelado amor,
aún no he terminado.

¿Por cuántos años
sé que soportaré?
Encontré algo
en algún lugar del bosque.

Nos quedan montones de preguntas: ¿qué es lo que “soportará” el cantor durante tantos años? ¿Qué es exactamente lo que encontró en el bosque? ¿Está vivo, el cantor? ¿Lo estaba al encontrar a la zorra herida? ¿Lo alcanzó, la criatura que lo perseguía? Si no lo alcanzó, ¿cómo es que dejó de perseguirlo? ¿Cuál es el precio que él debe pagar por “aferrarse a su vida” y no darla por perdida?

Estas y muchas más preguntas que ustedes puedan hacerse, no serán respondidas en este blog, porque tengo miedo, como Macbeth, de asesinar mi propio sueño y no poder dormirme más, lo que para ustedes podría ser un contratiempo, pero en mi caso sería una tragedia total, porque dormir es la luz de mis ojos.

Así que si ustedes encuentran alguna respuesta, o encuentran algo en algún lado, por favor, no me avisen.




In The Woods Somewhere

My head was warm
My skin was soaked
I called your name
‘Til the fever broke

When I awoke
The moon still hung
The night so black
That the darkness hums

I raised myself
My legs were weak
I prayed my mind
Be good to me

An awful noise
Filled the air
I heard a scream
In the woods somewhere

A woman's voice
I quickly ran
Into the trees
With empty hands

A fox it was
He shook afraid
I spoke no word
No sound he made

His bones exposed
His hind was lame
I raised a stone
To end his pain

What caused the wound?
How large the teeth?
I saw new eyes
Were watching me

The creature lunged
I turned and ran
To save a life
I didn't have

Deer in the chase
There as I flew
I forgot all prayers
Of joining you

I clutched my life
And wished it kept
My dearest love
I'm not done yet

How many years
I know I'll bare?
I found something
In the woods somewhere
En algún lugar del bosque

Mi cabeza estaba caliente,
mi piel estaba empapada.
Dije tu nombre
hasta que la fiebre cedió.

Cuando desperté
la Luna seguía colgando.
La noche tan oscura
que la oscuridad tarareaba.

Me levanté,
mis piertas estaban débiles.
Le supliqué a mi mente:
“Sé buena conmigo”.

Un horrible ruido
llenó el aire.
Escuché un grito
en algún lugar del bosque.

Una voz de mujer,
rápido corrí
hacia los árboles
con las manos vacías.

Era un zorro,
se sacudía temeroso.
No dije palabra,
no hizo ningún ruido.

Su hueso expuesto,
su pata estaba coja.
Levanté una piedra
para terminar su dolor.

¿Qué causó la herida?
¿Cuán largos los dientes?
Vi que nuevos ojos
me estaban mirando.

La criatura arremetió,
me di vuelta y corrí
para salvar una vida
que no tenía.

Ciervo en la cacería
era mientras volaba.
Olvidé todas las plegarias
de reunirme contigo.

Me aferré a mi vida
y deseé mantenerla.
Mi anhelado amor,
aún no he terminado.

¿Por cuántos años
sé que soportaré?
Encontré algo
en algún lugar del bosque.



Se despide hasta la semana que viene, tarareando entre los ruiditos del bosque nocturno,

DJ Vagowitch