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miércoles, 6 de diciembre de 2017

[199] En busca del tiempo escapado


“Who knows where the time goes?”, de Sandy Denny, con Fairport Convention (1969)



¿Puede un ministerio de Educación decir que cerrará todos los profesorados “para que haya más docentes” y que alguien le crea?

Esa era fácil, Turandot (posteo 131). Vamos con otra más complicada.

¿Puede una canción ser tristísima y alegre al mismo tiempo, ser lenta y pegadiza a la vez, ser filosóficamente profunda y de lo más sencilla, ser una de las mejores canciones de todos los tiempos y que no la conozca casi nadie?

Y sí. Puede.



Además de lo (indirectamente) dicho, la canción que presento hoy, locataria fiel de mi top 5 personal de canciones, fue compuesta e interpretada por una de las más hermosas voces de la canción mundial, una talentosísima cantautora que murió demasiado joven, con 31 años recién cumplidos, y es considerada la primera cantautora inglesa.

(Parece absurdo, ¿no? Uno pensaría que tuvo que haber cantautoras siempre, en un país con tanta historia musical como Gran Bretaña. Pensar que hubo una primera cantautora y que se sabe su nombre suena muy raro, como decir “X fue el primer delantero zurdo” o “Z fue el primero en ponerle kétchup a las papas fritas”.)

Hablo de Sandy Denny. Probablemente no la conozcan, y eso es a la vez triste e insólito. ¿Será la mejor cantante inglesa de todos los tiempos? Quizá. 



La pelea estará entre ella, Ann Wilson, Adele, un par más. Pero yo le voto a Sandy dos de cada tres veces, por más que Ann Wilson me parece más linda, como ya mencioné cuando hablé de “Barracuda” (posteo 12).

Y hablo de “¿Quién sabe adónde se va el tiempo?”, una de las más extrañas y memorables canciones de… ¿amor? ¿Filosofía? ¿Pachorra friolenta? Decidan ustedes mismos.

Sea lo que fuere, es una canción bellísima, conmovedora. Si no les parece bella y conmovedora, váyanse ya mismo de acá y no vuelvan más, ya no los quiero, ya llegó para ustedes la hora de partir.

(No, mentira, se pueden quedar, incluso si no les gusta la canción. Claro que puede no gustarles: es una canción lenta y tristona. A mí me eriza la piel y me enloquece, pero puedo aceptar que a otras personas no. Es más: puede no afectarme eso. He hecho, en mi vida, de la no afectación por conductas y opiniones ajenas una vocación.)

La letra de la canción: tres estrofas de seis versos que repiten una misma estructura (afirmación general, pregunta; afirmación personal, pregunta). Es una letra melancólica que gira todo el tiempo alrededor de un tema fundamental. Bah: es EL tema. El principal tema de todos, el tema humano por excelencia: el tiempo.

Todas las historias de amor son historias de amor y tiempo. Todas las historias de muerte son historias de muerte y tiempo. Cada impulso humano busca recobrar el tiempo perdido, retener el amado tiempo huyente. Todo lo humano es de tiempo, el tiempo es lo único que tenemos y a la vez no es nada, se nos escapa, se nos escurre más incorpóreo que el aire, más vacío que un cero, fugazmente infinito, burlonamente omnipresente, poderoso y esquivo. Es lo que no hay. Es lo que hay.

Esta reflexión poética sobre el tiempo comienza así:

Por el cielo atardecido, todos los pájaros se están yendo.
Pero ¿cómo saben que es su hora de partir?

Una muy buena pregunta, que no tiene respuesta (al menos, no en la canción). En lugar de intentar responder por qué se van los pájaros migratorios al terminar el otoño, la cantora contrapone su propia situación: ella no se va a ningún lado. Ella se quedará frente a la chimenea, para protegerse del frío del invierno. “No tengo idea del tiempo”, declara, y enseguida expresa y repite la pregunta del título: “¿quién sabe adónde se va el tiempo?”.

Frente al fogón del invierno yo seguiré soñando:
no tengo idea del tiempo.
Pues ¿quién sabe adónde se va el tiempo?
¿Quién sabe adónde se va el tiempo?

Una pregunta que se repetirá al final de cada estrofa y que no tiene, como toda gran pregunta, una respuesta general, satisfactoria y definitiva. Si se quiere una respuesta, cada uno debe ensayarla y encontrarla. Sandy no sabe adónde se va el tiempo; yo tampoco lo sé. Arreglensé ustedes, loco.

Pero la canción, mientras tanto, sigue. La segunda estrofa empieza con la memorable frase “sad deserted shore” (“triste costa desierta”), que en cinco sílabas te describe un paisaje y a la vez te establece todo un clima para la canción. Esta estrofa es más genial incluso que la primera: ahora son los amigos los que, al igual que las golondrinas, se marchan, y la cantora sigue allí, sin ninguna intención de irse (además, afuera hace frío, adentro está la chimenea encendida…). “Yo no cuento el tiempo”, dice ella, y es una maravilla de verso. Yo tampoco cuento el tiempo, Sandy. No sabés cómo te entiendo.

Triste costa desierta, tus inconstantes amigos se están yendo.
Ah, mas tú bien sabes que es su hora de partir.
Pero yo seguiré aquí, no tengo intención de irme:
yo no cuento el tiempo.
Pues ¿quién sabe adónde se va el tiempo?
¿Quién sabe adónde se va el tiempo?

Y la tercera y final estrofa le da un giro decisivo a la historia. Es una estrofa romántica y alegre (sin salir del aire melancólico que envuelve toda la canción). Ella declara: “No estoy sola mientras mi amor está cerca”, y así sabemos que alguien la acompaña, cuando se van los pájaros y los amigos inconstantes. Y ella sabe (no lo cree: lo sabe a ciencia cierta) que su amor seguirá con ella hasta “la hora de irse” (si estás distraído: se está hablando de morir, aquí, no de viajar al Caribe para pasar el invierno). 

Con su amor al lado, ella, envalentonada, desafía: “vengan nomás las tormentas heladas del invierno”, y luego que vuelvan los pájaros otra vez: “no le tengo miedo al tiempo”. Porque mi amor es tan fuerte, crece tanto, que vence al tiempo día a día, y lo vencerá hasta el final y para siempre (en el posteo 105, sobre “Come what may”, aparecía también el soneto de Quevedo sobre el amor, que es otra forma de decir esto mismo).

Y no estoy sola mientras mi amor está cerca.
Sé que será así hasta que sea hora de irse.
Así que vengan tormentas del invierno y luego los pájaros primaverales nuevamente:
no le tengo miedo al tiempo.
Pues ¿quién sabe cómo mi amor crece?
Y ¿quién sabe adónde se va el tiempo?

Es una estrofa profundamente alegre, esperanzada, feliz, y tiñe un poco de eso a toda la canción, que venía hasta llegar aquí más bien rumbeada para el derrape en la tristeza más sola, fané y descangallada que uno pudiera imaginar. En todo caso, igual se cierra sin afirmaciones, con una pregunta, con la misma pregunta de siempre: “¿quién sabe adónde se va el tiempo?”.

Si alguno tiene la respuesta, avise. Los que no, escuchen la canción con oído amable y arrímense al fuego, que hace frío.

https://www.youtube.com/watch?v=n2xODjbfYw8


Who knows where the time goes?

Across the evening sky, all the birds are leaving
But how can they know it's time for them to go?
Before the winter fire, I will still be dreaming
I have no thought of time
For who knows where the time goes?
Who knows where the time goes?

Sad, deserted shore, your fickle friends are leaving
Ah, but then you know it's time for them to go
But I will still be here, I have no thought of leaving
I do not count the time
For who knows where the time goes?
Who knows where the time goes?

And I am not alone while my love is near me
I know it will be so until it's time to go
So come the storms of winter and then the birds in spring again
I have no fear of time
For who knows how my love grows?
And who knows where the time goes?
¿Quién sabe adónde se va el tiempo?

Por el cielo atardecido, todos los pájaros se están yendo.
Pero ¿cómo saben que es su hora de partir?
Frente al fogón del invierno yo seguiré soñando:
no tengo idea del tiempo.
Pues ¿quién sabe adónde se va el tiempo?
¿Quién sabe adónde se va el tiempo?

Triste costa desierta, tus inconstantes amigos se están yendo.
Ah, mas tú bien sabes que es su hora de partir.
Pero yo seguiré aquí, no tengo intención de irme:
yo no cuento el tiempo.
Pues ¿quién sabe adónde se va el tiempo?
¿Quién sabe adónde se va el tiempo?

Y no estoy sola mientras mi amor está cerca.
Sé que será así hasta que sea hora de irse.
Así que vengan tormentas del invierno y luego los pájaros primaverales nuevamente:
no le tengo miedo al tiempo.
Pues ¿quién sabe cómo mi amor crece?
Y ¿quién sabe adónde se va el tiempo?


Como mencioné, Sandy murió con apenas 31 años, temprana y trágicamente, en 1978, tras haberse golpeado la cabeza al caer por una escalera y tras que le recetaran dextropropoxifeno, un analgésico con potenciales efectos secundarios fatales en pacientes alérgicos, depresivos, con arritmias, que beben alcohol o que tienen ansiedad (99% de la humanidad, bah).

Con los muchachos de la banda folk Fairport Convention, Sandy estuvo apenas dos años, a fines de los sesentas. Si bien ella había compuesto la canción un par de años antes, y Judy Collins (que no era nada lenta pa los mandados, como ya vimos en el posteo 138) ya la había covereado en el 68, es con la mencionada banda, en su excelente disco Unhalfbricking, de 1969 (aquí abajo pueden ver la tapa), 



que Sandy Denny grabó la versión más famosa, la que incluí y comenté aquí. Hubo algunos covers de grandes cantantes, como mi querida Nina Simone o Mary Black: pero nadie le llega a Sandy ni a los tobillos, al menos en lo que a esta canción se refiere.

Eso es todo por hoy: esto que ya pasó, aunque no se hayan dado cuenta, fue el comienzo de mi despedida. Solo queda un posteo más en esta larguísima temporada, sobre un par de canciones que también tratan, cada una a su manera, sobre el tiempo. Y luego me iré, quién sabe adónde.

(Digresión: una vez me anoté en el Profesorado de Ocio, pero me quedé libre por faltas.)

Como una oscura golondrina se aleja el

DJ Vago



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