solo un tema por semana,
y con que le guste al diyei alcanza

lunes, 26 de junio de 2017

[186] Resumen Lerú del Proyecto Blair Witch


“In the woods somewhere”, de Hozier (2014)




Hoy, continuando la serie “Es una jungla allá afuera” (de la que ya hubo tres posteos antes y quedarán dos después), va el único tema del lote que no habla de la ciudad como selva, sino que ocurre, efectivamente, en una selva o bosque: “En algún lugar del bosque”, sería una traducción aceptable del título, canción de Hozier en su disco homónimo, de 2014.

Hozier (nombre artístico de Andrew Hozier-Byrne) es un joven cantautor irlandés que alcanzó un discreto renombre con su tema “Take me to church” (“Llévame a la iglesia”), número 2 en los charts de Irlanda, vendió varios millones de copias y fue candidata al Grammy como “Canción del año”, pero no ganó (le ganó Sam Smith con “Stay with me”, pero si me preguntan, le robaron el premio, a Hozier).



Tengo una debilidad por los cantautores irlandeses, como saben (al igual que por los neocelandeses y los uruguayos, es decir, los artistas del hambre, diría Kafka, los genios de la periferia). Hozier tiene buenas canciones, y se mueve por afuerita de los cánones del rock-pop internacional (para el cual, por ejemplo, los latinoamericanos estamos condenados a morir en una debacle nuclear de reguetón arjónico).

Así como a lo largo de este largo blog les presenté temas policiales (“El testament d´ Amelia”, posteo 7, y los de la serie “Si se mata al cantor”, 120 a 123) y temas de ciencia ficción (como “Space Oddity”, posteo 146, y los cuartetos cordobeses de los posteos 56 y 57), este es, me parece, el primer tema de terror que aparece en el blog. Hubo temas malos, ya sé, ya sé, pero no me refiero a eso: este es un tema de miedo, de terror-terrorífico. Concentrada en cinco minutos, como si fuera un resumen Lerú, tenemos aquí toda una película siniestra, un thriller inquietante que, si te lo ponés a pensar mucho, probablemente te impida dormir esta noche o quién sabe por cuánto.

No hay videoclip, aquí: lo que da miedo no es eso (como sí dan miedo los videoclips de “Enter Sandmann”, posteo 2, “3 a.m.”, posteo 19, o “Lamento della Ninfa” en la versión de Anna Prohaska, posteo 77). Pero desde la musicalización (sencilla, machacona, repetitiva) y las palabras (breves, sugerentes, sin un gramo de descripción) Hozier va construyendo un clima. Y lo va armando tan bien, y tan poco a poco, que uno entra en ese bosque como por un tubo, y cuando se quiere dar cuenta, ya está tan adentro que no puede escapar, como les pasa a los pobres chicos infelices que quieren hacer un documental sobre una bruja boscosa, en la película “El proyecto de la Bruja de Blair” (spoiler: terminan mal). Si uno va escuchando, es realmente como una película, esta canción, llena de escenas que generan inquietud, misterio y/o puro miedo.



De entrada, el cantor está afiebrado, y en sus desvaríos solamente repite un nombre (¿el de su amada/amado?, ¿el de su dios? nunca queda claro). Cuando la fiebre cede, él despierta para encontrarse inmerso en una noche con Luna pero, a pesar de ello, “tan oscura que la oscuridad tarareaba” (me gusta mucho esa imagen):

Mi cabeza estaba caliente,
mi piel estaba empapada.
Dije tu nombre
hasta que la fiebre cedió.

Cuando desperté
la Luna seguía colgando.
La noche tan oscura
que la oscuridad tarareaba.

El cantor se levanta, débil, y tiene miedo, ya de entrada, de que la lucidez lo abandone y lo alcance la locura: le suplica a su propia mente que se porte bien.

Me levanté,
mis piertas estaban débiles.
Le supliqué a mi mente:
“Sé buena conmigo”.

Entonces escucha un “horrible ruido”, una “voz de mujer”, y decide correr hacia ella, adentrándose en lo profundo del bosque (algo que no sé ustedes, pero yo intentaría evitar, en lo posible: como dice el lema de mi escudo, “Preferiría no hacerlo”).



Un horrible ruido
llenó el aire.
Escuché un grito
en algún lugar del bosque.

Una voz de mujer,
rápido corrí
hacia los árboles
con las manos vacías.

No era una mujer, al final, sino una zorra. O zorro. En algunas mitologías, como la japonesa, el zorro es el disfraz de presencias angelicales o demoníacas, y siempre, como bien saben la gente del campo, un zorro esconde astucias y peligros muy cercanos a lo humano. Este zorro tiene rota la pata, y el cantor, apiadado, lo mata de un piedrazo para evitar que siga sufriendo. La escena es muy intensa y te llena (me digo yo a mí mismo) de inquietud.



Era un zorro,
se sacudía temeroso.
No dije palabra,
no hizo ningún ruido.

Su hueso expuesto,
su pata estaba coja.
Levanté una piedra
para terminar su dolor.

Acá podría terminar la canción, pero no: esto recién empieza. Porque al matar al zorro herido, el cantor empieza a reflexionar: ¿qué animal, qué bestia pudo haber causado una herida así, como la que tenía el zorro? Y entonces siente que en el bosque hay unos ojos que lo miran…

¿Qué causó la herida?
¿Cuán largos los dientes?
Vi que nuevos ojos
me estaban mirando.

Y acá de golpe, como en canción medieval, ya se nos dice que hay una criatura (¿de qué tipo de criatura hablamos, Hozier? No, dejá, mejor no me contestes) que comienza a perseguirlo, y él se da vuelta y empieza a correr a todo lo que da, para “salvar una vida que no tenía”. ¿Qué quiere decir, “que no tenía” la vida que quiere salvar? ¿Que ya la da por perdida, o que estaba muerto de antes? Solo podemos conjeturar, pero en la canción nada queda definido.

La criatura arremetió,
me di vuelta y corrí
para salvar una vida
que no tenía.

Él vuela como un ciervo en la huida, y pierde las esperanzas de reunirse con ese amor-dios al que le habla desde el comienzo.

Ciervo en la cacería
era mientras volaba.
Olvidé todas las plegarias
de reunirme contigo.

Y aquí, en las dos últimas estrofas, llega el final, que es lejos lo más inquietante e indefinido de la canción. Él se aferra a su vida, y le anuncia a su amor que “aún no he terminado”. Y sin embargo, al final, hace una pregunta muy extraña: “¿Por cuántos años sé que soportaré?”. Y la única respuesta es una afirmación qus sintetiza toda la historia: “Encontré algo en algún lugar del bosque”.

Me aferré a mi vida
y deseé mantenerla.
Mi anhelado amor,
aún no he terminado.

¿Por cuántos años
sé que soportaré?
Encontré algo
en algún lugar del bosque.

Nos quedan montones de preguntas: ¿qué es lo que “soportará” el cantor durante tantos años? ¿Qué es exactamente lo que encontró en el bosque? ¿Está vivo, el cantor? ¿Lo estaba al encontrar a la zorra herida? ¿Lo alcanzó, la criatura que lo perseguía? Si no lo alcanzó, ¿cómo es que dejó de perseguirlo? ¿Cuál es el precio que él debe pagar por “aferrarse a su vida” y no darla por perdida?

Estas y muchas más preguntas que ustedes puedan hacerse, no serán respondidas en este blog, porque tengo miedo, como Macbeth, de asesinar mi propio sueño y no poder dormirme más, lo que para ustedes podría ser un contratiempo, pero en mi caso sería una tragedia total, porque dormir es la luz de mis ojos.

Así que si ustedes encuentran alguna respuesta, o encuentran algo en algún lado, por favor, no me avisen.




In The Woods Somewhere

My head was warm
My skin was soaked
I called your name
‘Til the fever broke

When I awoke
The moon still hung
The night so black
That the darkness hums

I raised myself
My legs were weak
I prayed my mind
Be good to me

An awful noise
Filled the air
I heard a scream
In the woods somewhere

A woman's voice
I quickly ran
Into the trees
With empty hands

A fox it was
He shook afraid
I spoke no word
No sound he made

His bones exposed
His hind was lame
I raised a stone
To end his pain

What caused the wound?
How large the teeth?
I saw new eyes
Were watching me

The creature lunged
I turned and ran
To save a life
I didn't have

Deer in the chase
There as I flew
I forgot all prayers
Of joining you

I clutched my life
And wished it kept
My dearest love
I'm not done yet

How many years
I know I'll bare?
I found something
In the woods somewhere
En algún lugar del bosque

Mi cabeza estaba caliente,
mi piel estaba empapada.
Dije tu nombre
hasta que la fiebre cedió.

Cuando desperté
la Luna seguía colgando.
La noche tan oscura
que la oscuridad tarareaba.

Me levanté,
mis piertas estaban débiles.
Le supliqué a mi mente:
“Sé buena conmigo”.

Un horrible ruido
llenó el aire.
Escuché un grito
en algún lugar del bosque.

Una voz de mujer,
rápido corrí
hacia los árboles
con las manos vacías.

Era un zorro,
se sacudía temeroso.
No dije palabra,
no hizo ningún ruido.

Su hueso expuesto,
su pata estaba coja.
Levanté una piedra
para terminar su dolor.

¿Qué causó la herida?
¿Cuán largos los dientes?
Vi que nuevos ojos
me estaban mirando.

La criatura arremetió,
me di vuelta y corrí
para salvar una vida
que no tenía.

Ciervo en la cacería
era mientras volaba.
Olvidé todas las plegarias
de reunirme contigo.

Me aferré a mi vida
y deseé mantenerla.
Mi anhelado amor,
aún no he terminado.

¿Por cuántos años
sé que soportaré?
Encontré algo
en algún lugar del bosque.



Se despide hasta la semana que viene, tarareando entre los ruiditos del bosque nocturno,

DJ Vagowitch


martes, 20 de junio de 2017

[185] Yo animal, y a mucha honra



“Selva”, de La Portuaria (1993) y “Rumba del perro” de Andrés Calamaro (2000)


Como tercera entrega de la serie “Es una jungla allá afuera”, vamos con un tema que supo ser famoso a mediados de los noventa, y luego se olvidó. Es “Selva”, el hit más icónico de La Portuaria, banda liderada por Diego Frenkel que desplegó un repertorio con fuertes influencias del R&B, el blues y el jazz. El tema apareció incluido en el disco más famoso y vendido de la banda, Devorador de corazones (1993), con el que alcanzaron el disco de platino.

Comienza con un riff de acordeón, al que pronto se suman los vientos, luego la batería y la guitarra, y finalmente, en el segundo 17, la voz de Frenkel en un grito tarzanesco de “¡Seeeeellllvaaaaa!”.

Al igual que en las canciones previas, estamos en la selva. Y aunque aquí no se aclara, uno imagina que no es la selva-selva, sino la jungla-ciudad, la selva de cemento. Y esos “ruidos de animales salvajes” que se describen de entrada pronto serán nuestros propios ruidos al movernos, al bailar: el cantor nos propone que bailemos “hasta salir del cuerpo”, y asumir así una nueva condición (o, más bien, aceptar la condición que ya teníamos de antes, pero sin darnos cuenta): “somos animales en celo”.

Lo de “en celo” no sé, pero que somos animales, somos. Pregúntenle a cualquier biólogo decente y se los confirmará: los humanos somos monos. Monos africanos, para más exactitud. Los humanistas podrán objetar: “Momentito: no somos unos monos cualesquiera”. Y tienen razón. Aunque el carácter “especial” de nuestra monez puede ser, según cómo lo veamos, un atenuante o un agravante; podemos alegrarnos de todo lo que conseguimos a pesar de ser unos simples monitos, o deprimirnos por cómo desperdiciamos y arruinamos nuestros “dones” tan supuestamente superiores en armarnos un mundo tan así, como el que hicimos. Lo dejo a vuestro monil criterio.

En esta canción, bailar no nos sacará de la selva, pero nos hará sentir más a gusto, más como en casa: basta de bajonearse como Bob en “Concrete Jungle”, basta de sentirse felizmente corrompido como en “Welcome to the Jungle” de Guns n´ Roses. Llegar a la selva es, aquí, volver a casa: al hogar de nuestro propio interior. No es un lugar feliz (“Hay un mundo distinto: selva y dolor”), pero es nuestro.

Y llegaremos, parece, bailando. Por qué la danza, actividad humanizada-semiotizada-cultural si las hubiere, nos animalizaría, se los debo: pregúntenle a Frenkel. En todo caso, yo no llegaré a esa selva, porque no soy lo que dice un buen bailarín. Soy lo que dice un bailarín horrible. Pero con lo lindo que soy, imagínense si además bailara bien: sería demasiado, el mundo colapsaría. Así que mejor así: vayan ustedes, bailando des-pa-ci-to hacia la selva, y yo los miraré de acá de lejos.

En la segunda mitad de la canción, Frenkel quiso hacer una especie de estrofa a lo Nicolás Guillén, con sonidos “t” y “r” que, al parecer, dan una cosa de tambor, y el tambor da una idea de selva:

Ruge, Tantor.
Ruge Tantor, Terán, tantor de acero.

Lo gracioso es que Tantor es, en la historia de Tarzán, el nombre del elefante, así que Tantor no podrá “rugir”, por más que se lo pidan. Frenkel debería haberle pedido: “Barrita, Tantor”. En cuanto a Terán, es un pueblo y el apellido de un filósofo, y no sé qué hace aquí esa palabra, excepto sumar una “t” y una “r” más. O sea: la próxima, dejémosle a Nicolás Guillén, eso de songorocosonguear, que es menos fácil de lo que parece.

En todo caso, es una canción muy rítmica, muy pegadiza, muy bailable y seguramente muchos de ustedes la recordarán con feliz añoranza, de los años en que eran medio bestias, o bestias enteras, y la pasaban bomba.

https://www.youtube.com/watch?v=1dSUsySK9YI


Selva
Selva, ruido de animales salvajes.
Jungla.
Baila, baila,
baila hasta salir de tu cuerpo.
Danza, danza,
somos animales en celo.

Voy buscando un oasis donde nadar,
si tu cuerpo se enfría, buscas calor.
Va bailando mi corazón,
siento risa, siento temor.
Hay un mundo distinto: selva y dolor.

Selva, selva.
Jungla, ruido de animales salvajes.
Ruge, Tantor.
Ruge Tantor, Terán, tantor de acero.

Danza, danza,
somos animales en celo.

Voy buscando un oasis donde nadar,
si tu cuerpo se calla, busca parar.
Va bailando mi corazón,
siento risa, siento temor.
Hay un mundo distinto: selva y dolor.


Y como complemento, me tincó incluir en el posteo de hoy una canción de Andrés Calamaro tan simpática como desconocida, perdida en el centenar de temas del quíntuple disco El salmón (2000) y titulada “La rumba del perro”. Esta poco esforzada canción (ya expliqué, en antiguos posteos que me da fiaca referenciar, que Calamaro es amigo mío y, en comparación, yo soy el que más se esfuerza) no tiene nada que ver con el famoso tema calamarense “El perro” (ese que comienza “Muerto el perro, se acabó la rabia / ya no sos el amigo de los turcos de Malabia”). Aquí, en un tema alegre e infantil, se empiezan a enumerar animales (mientras, en el coro, se escuchan trinos, rugidos y demás voces animalísticas) y luego el cantor anuncia que:

A veces me confundo
con un ave migratoria en extinción,
esa es mi historia.

En esos test psicológicos en los que se pregunta “Si fueras un animal, ¿qué animal serías?”, la mayoría de las personas contesta “águila”, “león”, bichos imponentes o elegantes o simpáticos. Calamaro se siente más bien golondrina, eternamente desarraigado y huyente.

(Digresión: yo respondía “perezoso”.)


Ese hombre-ave, entonces, se vuela, se pierde en horizontes lejanos, siempre a punto de extinguirse en una realidad hostil: se transforma, se vuelve animal y lo asume con entereza, en un estribillo gracioso y, de alguna manera, tierno:

Yo soy un animal también, soy un animal
casi como todos los demás:
si falta lo primordial,
como cualquier animal,
puedo desaparecer igual.


No sabemos qué será “lo primordial” para este animalito que canta, pero cada uno de nosotros puede pensar qué sería lo primordial para nosotros: eso que nos hace humanos, que nos mantiene atados a esta humanidad, que nos impide volar y convertirnos en aves migratorias y, al alejarnos, extinguirnos (al menos, en lo que refiere a nuestro humano fuego). Sin eso primordial, ¿qué sería de nosotros, compañeros animales?

Se los dejo como reflexión. Rúmienlo y rujan, Tantores.




Rumba del perro

La rumba del gato, la rumba del perro
y de todos los animales del ancho mundo.
A veces me confundo
con un ave migratoria en extinción,
esa es mi historia.

La rumba del pato, la rumbita del ratón
y de todas las especies animales
que cura todos los males
como un ave migratoria en extinción
y una canción.

Yo soy un animal también, soy un animal
casi como todos los demás:
si falta lo primordial,
como cualquier animal,
puedo desaparecer igual,
puedo desaparecer también,
puedo desaparecer igual.
Igual.


Y eso es todo por hoy. Hasta la próxima semana en la jungla,

DJ Tantor



lunes, 5 de junio de 2017

[184] Mi casa es tu casa


“Welcome to the jungle”, de Guns n´ Roses (1987)



Hace como un mes y medio que no posteaba nada por aquí. Ya se habrán dado cuenta. O, más probable, no se dieron cuenta nada hasta que les dije recién: igual los perdono.

Lo que pasó fue que me tomé estas semanitas para pulir un paper monográfico que presenté a la revista Cientific American, en el que analizo variables y patrones semántico-lingüísticos en el reguetón latinoamericano de la última década; mi investigación se titula “Culos y gerundios”, y será publicada en la mencionada revista a la brevedad, cuando terminen de traducir el paper (“Asses & gerunds: semantic-linguistic patterns in latin-american reggaeton”).

Pero ahora que estoy libre de nuevo, vamos entonces con mi regreso a las pistas, con la ya muy demorada continuación de la serie “Es una jungla allá afuera”. Hoy les daré la “Bienvenida a la selva” (“Welcome to the jungle”), el primer corte del segundo disco, Apetito por la destrucción, de la famosa banda hard-rock, o seudo-hard, Guns n´ Roses, que por algún momento, allá a comienzos de los noventa, fueron la banda más famosa del mundo, basándose para ello en un muy buen cantante bonito (Axl Rose), un muy decente guitarrista sin cara (Slash), un estilo heavy pero a la vez suavecito y amable, y un excelente asesor de imagen que los lookeó a todos para que cosecharan suspiros y espíritus adolescentes.



“Welcome to the jungle” es sin dudas uno de los temas icónicos de la banda. Fue también su primer videoclip, con el que entraron a MTV, cuando todavía era un canal de música y no de realitys sobre jóvenes cuyo mayor anhelo en la vida es llegar a las tres de la mañana sin haber vomitado demasiado. MTV se resistió a pasar el clip, que era algo controversial, y solo aceptó ponerlo censurado y por la madrugada, a pesar de lo cual tuvo una amplia aceptación por parte del público, que lo empezó a pedir y pedir y se inició así el período de fama del grupo.



Al igual que en el tema reseñado en el posteo anterior, “Concrete jungle”, aquí la ciudad es presentada como una selva, donde habitan las fieras, donde “la vida es difícil” y donde cada esquina oculta una emboscada fatal. Pero mientras en el tema de Bob el cantor, perdido en la ciudad-selva, intentaba de alguna forma encontrar un rayito de luz y esperanza en medio de la oscuridad, aquí el cantor está feliz, o al menos muy conforme, con esa selva en la que se encuentra, y dedica la canción a hacerle de guía turístico-comité de bienvenida a una pobre ingenua que viene de lejos y que no sabe bien aún lo que le espera.

Esta es, entonces, una canción alegre, o al menos mucho más alegre que la del posteo anterior. Como un Mefistófeles con pantalones de cuero, el cantor le anuncia a la jovencita-bambi, luego de darle la bienvenida, que allí tienen “diversión y juegos” y “lo que sea que puedas necesitar”… siempre que ella esté dispuesta a pagar el precio.

El anfitrión, que abre las puertas de la selva mientras dice “Mi casa es tu casa”, se presenta entonces como un dealer, aquel dispuesto a proveer todo lo necesario y satisfacer los deseos más ocultos. A cambio, la pueblerina recienllegada deberá dar su dinero y algo más: deberá perder su dignidad y sangrar, enfermarse y quedar de rodillas; lo que alude a la vez a sufrir los peligros de la violencia, de las drogas y del sexo (que son, claro, desde el punto de vista del cantor, las mejores cosas que la ciudad-selva tiene para ofrecer):

En la selva, bienvenida a la selva,
Mira cómo te pone de rodillas.
Voy a verte sangrar.


Las referencias sexuales cruzan toda la letra de la canción, constantemente, a veces en forma velada y otras, más bien burda, como cuando el cantor chanta: “Siente, siente mi serpentina”.

Hay que decir, a favor de este anfitrión-tentador, que no intenta engañar a su Fausta: le aclara las cosas tal cual son, y le anuncia que allí en la selva de cemento “las cosas empeoran día a día” hasta que “aprendes a vivir como un animal”. Y que termine como termine, seguramente terminará muy mal (aunque quizás eso le guste). Y su discurso de bienvenida culmina con un simpático consejo, que le pone límites al hambre de la fierecilla novata:

Puedes tener todo lo que quieras
pero más vale que no me lo quites a mí.

En el videoclip, mientras comienzan los arpegios de la memorable intro, Axl Rose hace el papel de pueblerino que llega a la ciudad, baja del micro y solo pasan dos segundos hasta que un dealer vestido como si estuviera en Matrix le ofrezca algún trato turbio, que él (con su cara de pibe de quince años) rechaza, pero enseguida pasa una chica en minifalda y él se da vuelta para mirarle el culo y entonces llaman su atención unos televisores en el escaparate de una tienda, delante de los cuales el guitarrista Slash bebe licor tirado en la calle; en las pantallas, el mismo Axl, atado a una silla eléctrica, comienza a gritar, y entonces (0:40 en el clip) culmina la intro y comienza la primera estrofa, a partir de la cual se alternan imágenes de la banda tocando en vivo con breves flashes documentales que muestran represión policial, publicidades con referencias sexuales y alusiones a diversos consumos, consumismos y consuminajes. Si no conocían la banda Guns n´ Roses (“Pistolas y rosas”), les llamará la atención la facha “Tío Cosa” del guitarrista Slash, con su galera y su melena enrulada tapándole por completo la cara, si es que hay una cara allá abajo. En el 1:05, antes de decir “knees” (“rodillas”), Axl larga un “nanananananananá” muy simpático y bastante difícil de reproducir a esa velocidad sin lenguarse la traba, la primera de una larga serie de onomatopeyas y soniduchos semiorgásmicos que van contrapunteando toda la larga serpentina de la letra, mientras se desenrolla. Hacia el final del clip, aquel muchachito pueblerino ya no existe, ya fue absorbido y deglutido por la ciudad-selva, y hacia el final del clip vuelve a mirar los televisores de la tienda, pero ahora es un roquero perdido (aunque bastante glam, diría).



Guns n´ Roses nunca estuvo entre mis bandas favoritas, pero esta canción es en mi parecer de las tres o cuatro que valen la pena escuchar, entre las que hicieron.




Welcome to the jungle

Welcome to the jungle
we got fun and games
We got everything you want honey,
we know the names
We are the people that can find
whatever you may need
If you got the money honey we got your disease

In the jungle, welcome to the jungle
Watch it bring you to your sha na na na na knees knees
I wanna watch you bleed

Welcome to the jungle
we take it day by day
If you want it you're gonna bleed
but it's the price you pay
And you're a very sexy girl
very hard to please
You can taste the bright lights
but you won't get there for free
In the jungle welcome to the jungle
Feel my, my, my, my serpentine
I,I wanna hear you scream

Welcome to the jungle
it gets worse here everyday
You learn to live like an animal
in the jungle where we play
If you got a hunger for what you see
you'll take it eventually
You can have everything you want
but you better not take it from me

In the jungle, welcome to the jungle
Watch it bring you to your sha na na na na knees knees
I'm gonna watch you plead

And when you're high
you never ever want to come down
So down, so down, so down, yeah

You know where you are?
You're in the jungle baby,
you gonna dieee

Down in the jungle welcome to the jungle
Watch it bring you to you
It's gonna bring you down, ha!
Bienvenida a la selva

Bienvenida a la selva,
tenemos diversión y juegos
Tenemos todo lo que quieras, nena,
sabemos los nombres.
Somos las personas que pueden encontrar
lo que sea que puedas necesitar,
si tienes el dinero, cariño,
tenemos la enfermedad para ti.

En la selva, bienvenida a la selva,
Mira cómo te pone de
rodillas, rodillas.
Voy a verte sangrar.

Bienvenida a la jungla
lo llevamos día a día,
si lo quieres vas a sangrar
pero es el precio por pagar
Y eres una chica muy sexy
muy difícil de complacer
Puedes probar las luces brillantes
pero no llegarás hasta allí gratis
En la selva, bienvenida a la jungla
Siente, siente mi serpentina.
Yo, yo voy a oirte gritar.

Bienvenida a la selva
empeora cada día
aprendes a vivir como un animal
en la selva donde jugamos.
Si te dan ganas de comer lo que ves
lo obtendrás, eventualmente.
Puedes tener todo lo que quieras
pero más vale que no me lo quites a mí.

En la selva, bienvenida a la selva,
Mira cómo te pone de
rodillas, rodillas.
Voy a verte rogar.

Y cuando estés volado,
nunca querés volver abajo,
tan abajo, tan abajo,sí…

¿Sabes dónde estás?
Estás en la selva, nena:
¡vas a morir!

Abajo en la selva, bienvenida a la selva,
Mira cómo te pone
Te va a derribar, ¡ja!


Y eso es todo: nos vemos la semana que viene. Compren su pasaje y los espero en la terminal. Seré el de sobretodo negro con una guía Filcar.


DJ n´ Vago