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lunes, 3 de febrero de 2014

[64] Por algo no se ponía el Sol



“Chapirón de la reina”, anónimo español de 1532, por Joaquín Díaz



A Silvia Calero y Silvia Lanteri



Empieza aquí la serie “Hits bailables del medioevo”, con un tema muy divertido y a la vez muy valiente. Porque hoy en día, con el derecho a la libertad de expresión y con la noción tan contemporánea de que “si no es serio, no es en serio”, cualquiera puede hacer sátira política sin riesgo (no en todos lados, claro: en algunos países nomás).

Pero a fines de la Edad Media aún se sabía que no hay nada más serio que una comedia. Aunque todavía se recuerda cada tanto en algunos lados, y podemos leer noticias “medievales” como “la Iglesia católica prohibe la película Habemus papam de Nani Moretti”.

Hacia 1532 no había diarios (lo contrario hubiera sido, además de anacrónico, inútil, considerando que casi nadie sabía leer), y el principal medio de comunicación masivo (masivito) era el canto popular. Aquí, el juglar entona una alegre danza (el “tono de chapirón” era un tipo de danza en Aragón), basándose en una noticia de actualidad, para burlarse de uno de los seres humanos más poderosos de la historia de la humanidad (incluyendo los cinco siglos que no habían sucedido todavía): el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Más conocido, para los amigos, como “el rey Carlos Quinto”.


La noticia: el rey Carlos deja el país con rumbo a Austria, para ayudar a su hermano Fernando en su lucha contra los turcos del poderoso sultán Solimán. Como esto ocurrió en 1532, y la canción hace referencia a ese hecho preciso en tiempo presente, es bastante probable que la canción haya sido compuesta en ese mismo año: un raro caso en que se puede fechar con exactitud un tema medieval.

Con ese marco, el anónimo juglar comienza un tema alegre y, sobre todo, breve. Es, de hecho (y por amplio margen) el tema más breve que glosé desde que comenzó este blog: 58 segundos. Para los punks que se jactan de componer canciones breves: chúpense esta mandarina. En los 58 segundos, le alcanza al juglar para mandarse una intro con laúd, cantar cinco veces el estribillo, entonar tres estrofas y, por si alguien quería un bis, repetir la primera.

Por un lado, ya comenté otras veces que en la Edad Media no había tiempo para demorarse con detalles, y por eso las canciones suelen ser más breves y directas que las actuales. Por otra parte, creo que, considerando el tema y el sujeto de esta canción, al intérprete le convenía no demorarse demasiado: cosa que, cuando llegaran las autoridades para apresarlo, él ya estuviera bien lejos.

Pues el referente de la cantiga es nada más y nada menos que el rey, a quien se critica con gracia impiadosa. ¿Por qué? Por ser suelto de bragueta. Además de sus seis hijos legítimos, Carlitos Quinto era conocido (y se ufanaba de ello) por sus muchos hijos bastardos, de los cuales son bien conocidos cinco o seis que tuvo con damas nobles de diversas nacionalidades, pero hay muchos más que no llegaron a la fama o no fueron reconocidos, así que no se sabe, y probablemente nunca se sepa, la cantidad exacta de hijos que tuvo. Mucho menos, la de amantes. Considerando que a Carlos le gustaba hacer todo a lo grande, podríamos aventurar que la lista sería tan larga como diversa: es que el rey no le hacía asco a nada.

Y de eso se burla el juglar. No le habla al rey, sino a las damas. En primer lugar, a las de Toledo, es decir, las de la corte del rey Carlos, las “locales”. Comenta que ahora que el rey se va, cuando queden embarazadas ya no van a saber quién es el padre (es decir: hasta entonces, cada hijo que nacía en la corte era casi con seguridad del rey).

Mozas de Toledo,
ya se parte el rey:
quedaréis preñadas,
no sabréis de quién.

Esto no habla muy bien de las damas de la corte tampoco; pero el juglar, en tanto le está dando con un caño al todopoderoso rey de media Europa y de casi toda América, en cuyo imperio nunca se pone el Sol, no se va a preocupar por enemistarse con unas cuantas damas de Toledo.

Inmediatamente, en las siguientes estrofas, se dirige a las otras damas, las de Viena y otras ciudades que recibirán al rey como visitante. A ellas les advierte que no tengan miedo pero tengan cuidado, porque el rey está siempre tan alzado que les será difícil contener sus embates amorosos (“tener” significa aquí “retener”, “detener”), inclusive si se les presentara apenas como un relieve en la cara de las monedas:

Mozas de ciudade,
guardaros de él,
que aun ni en moneda
podréisle tener.



Y continúa el aviso con un consejo de etiqueta y, a la vez, prudencia: cuando el rey se les presente, pónganse en pie; pero que el pie sea lo único que pongan, porque si llegan a poner cualquier otra parte del cuerpo, el rey se les abalanzará y hará lo suyo:


En tanto que entre
poneros en pie,
mas otros primores
no habréis de poner.



Cada estrofa se enmarca con el muy breve estribillo, que solo anuncia “Chapirón de la reina, chapirón del rey”. La interpretación de ese estribillo es bastante ambigua, porque la palabra “chapirón” tiene diversos sentidos.
· Por un lado, es el nombre de una danza, como se dijo.
· Por otra parte, chapirón es, claro, el origen de la palabra actual (en desuso) chaperón: una persona que acompaña y vigila a una joven pareja para evitar que realicen cualquier acto indecoroso o que atente contra la honra, en especial la de la señorita. En ese sentido, la canción funcionaría como un chaperón, “cuidando” a las damas y previniéndolas de los ataques sexuales del Emperador Que le Da a Todo lo que se Mueve (inclusive, llegado el caso, al Sol, por lo cual este tenía el cuidado de no ponerse nunca en los dominios de Carlitos).
· Chapirón es también origen de las palabras “caperuza” (“caperucita roja” = “Le petit chaperon rouge”), una prenda de vestir que hoy podría traducirse como “buzo con capucha”. También es origen de la palabra capirote, que es también una caperuza-capucha, en especial, en cetrería, la que se le colocaba a las aves de rapiña (halcones, águilas) para que no vieran, y así no tuvieran deseos o posibilidades de salir volando a cazar sus presas. La canción “caperuza” funcionaría igualmente como una forma de taparle (por un rato al menos) la bragueta al rey, para evitar que se cebe con nuevas presas indefensas.



La única versión que circula de este tema es excelente, de Joaquín Díaz (que musicalizó montón de canciones de la picaresca española medieval). Comienza, como intro a la canción, con la lectura de un bando imperial, en el que, tras pedir atención a la audiencia, se anuncia que el rey parte de viaje “para combatir al moro” y se advierte que no será tolerado que los juglares compongan, en su ausencia, cánticos de burla hacia su real persona. Lo cual ocasiona, por supuesto, que inmediatamente comience el burlesco chapirón.

(en el link, "Chapirón de la reina" comienza en el minuto 4:20.)

https://www.youtube.com/watch?v=aYFnMMywxIo




Chapirón de la reina,
chapirón del rey.

Mozas de Toledo,
ya se parte el rey:
quedaréis preñadas,
no sabréis de quién.

Chapirón de la reina,
chapirón del rey.

Mozas de ciudade,
guardaros de él,
que aun ni en moneda
podréisle tener.

Chapirón de la reina,
chapirón del rey.

En tanto que entre
poneros en pie,
mas otros primores
no habréis de poner.

Chapirón de la reina,
chapirón del rey.

Mozas de Toledo,
ya se parte el rey:
quedaréis preñadas,
no sabréis de quién.

Chapirón de la reina,
chapirón del rey.



Eso es todo por esta semana. La semana próxima, en vez de continuar con los hits medievales, inauguraré otra serie diferente (canciones de cuna insomnes, probablemente), e iré alternando las temáticas. Así que los temas medievales continuarán, pero en dos o tres semanas recién. Estén atentos. Y sobre todo, tengan cuidado.

Sin ponerse en pie, se despide cautamente,


DJ Vago

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