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martes, 16 de junio de 2015

[128] Alive, alive, oh


“Molly Malone”, de James Yorkston (hacia 1880), por The Dubliners y por Sinead O´Connor




A Patricio Killian.


Por fin terminé mi serie de rock nacional (argentino), por lo cual ya no sentiré la presión de los oyentes-lectores que conocen los temas e intérpretes y, por lo tanto, se dan cuenta de que el 70% de lo que digo es puro invento, y el 30% restante, muy discutible. No es tampoco que me afecte tanto el quedirán, eh, no se crean. Pero con el superyó de mi madre vasca ya tengo suficiente.

Pero sigue a pleno la serie “Sobrenaturales”, esta vez con una antigua, sencilla y pegadiza canción irlandesa, “Molly Malone”. Que se hizo famosa con los años, hasta adquirir el status de himno no oficial de Dublín y, tal vez, de Irlanda toda. Para que se den una idea, en Dublín hay una estatua de Molly con su carro de mariscos (y su escote):




Y la canción fue y es cantada, obviamente, por montón de artistas. La interpretación promedio del tema, que agrupa el 90% de las veces que “Molly Malone” es entonada, resulta intrascendente y simpaticona, con dos variantes principales:

· Variante A: por cantantes semisobrios en pubs adornados con propagandas de cerveza Guinness, Kilians o similar; u otra locación que se considere típicamente irlandesa. Por ejemplo, esta versión de Johnny Logan:



· Variante B: por borrachos (preferentemente irlandeses, aunque no es requisito obligatorio). Por ejemplo, la versión que se oye en la primera escena de la película “La naranja mecánica”, de Stanley Kubrick (basada en la novela de Anthony Burgess):


Ambas variantes no explican, por supuesto, la fama de esta canción. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de ese 90% de los intérpretes, resulta que “Molly Malone” es una canción bella e inquietante, y emocionante. Y hay un 10% de los cantantes que le hace honores al tema.

La letra, que pueden leer a continuación, es sencilla y directa. En la primera estrofa se presenta el lugar (Dublín) y el personaje: Molly Malone, una chica que vende pescado (más precisamente, mariscos) con un carro. Y lanzando su consigna de vendedora ambulante: “¡A los berberechos y mejillones vivos! ¡Vivos!” (en inglés son menos sílabas y suena mejor, la consigna). Obviamente, que los mariscos estén vivos es prueba de su frescura: imagino que si hoy en día no es conveniente consumir mariscos no refrigerados, en el siglo XVI-XVII podías morir tranquilamente, por comer un berberecho a quien no hubieras conocido mientras vivía.

El cantor, bastante baboso él, dice que Dublín es una ciudad caracterizada porque sus muchachas son bellas, y entre ellas, lo deslumbra especialmente la marisquera.


Molly Malone

In Dublin's fair city,
Where the girls are so pretty,
I first set my eyes on sweet Molly Malone,
As she wheeled her wheel-barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, "Cockles and mussels,
alive, alive, oh!"

"Alive, alive, oh,
Alive, alive, oh",
Crying "Cockles and mussels,
alive, alive, oh".

She was a fishmonger,
But sure 'twas no wonder,
For so were her father and mother before,
And they each wheeled their barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, "Cockles and mussels,
alive, alive, oh!"

She died of a fever,
And no one could save her,
And that was the end of sweet Molly Malone.
Now her ghost wheels her barrow,
Through streets broad and narrow,
Crying, "Cockles and mussels,
alive, alive, oh!"

"Alive, alive, oh,
Alive, alive, oh",
Crying "Cockles and mussels,
alive, alive, oh".

Molly Malone

En la bella ciudad de Dublín,
donde las muchachas son tan bonitas,
vi por primera vez a la dulce Molly Malone
mientras ella empujaba su carro
por calles amplias y angostas
al grito de: “¡Berberechos y mejillones
vivos, vivos, oh!”.

“¡Vivos, vivos, oh!
¡Vivos, vivos, oh!
Al grito de: “¡berberechos y mejillones
vivos, vivos, oh!”.

Era una pescadera,
pero claro, no es para sorprenderse,
porque también lo fueron su padre
y su madre antes,
y cada uno empujó su carro
por calles amplias y angostas
al grito de: “¡Berberechos y mejillones
vivos, vivos, oh!”.

Ella murió de una fiebre
y nadie pudo salvarla,
y ese fue el final de la dulce Molly Malone.
Ahora su fantasma empuja el carro
por calles amplias y angostas
al grito de: “¡Berberechos y mejillones
vivos, vivos, oh!”.

“¡Vivos, vivos, oh!
¡Vivos, vivos, oh!
Al grito de: “¡berberechos y mejillones
vivos, vivos, oh!”.



La segunda estrofa apela a las tradiciones, y es la que resalta en las buenas versiones colectivas, como la que elegí de The Dubliners, prestigioso conjunto de música irlandesa, en un recital en vivo: esta estrofa es la que resuena mejor en los estadios. Allí se explica que no es raro que Molly fuera vendedora de pescado, porque lo mismo hacían su padre y su madre, y cada uno tenía un carro igual al de ella y lanzaban el mismo pregón.

Escuchen la muy buena versión de The Dubliners:


La tercera estrofa es la más interesante, y es la que permite que esta canción forme parte de la serie “Sobrenaturales”: Molly murió de una fiebre. Pero ni la muerte puede impedir que ella continúe, como fantasma, recorriendo las calles de la ciudad y pregonando sus fantasmales mariscos, anunciados aún como vivos (y ese “Alive, alive oh”, que en el pregón remite solo a los mejillones y berberechos, aquí ya aplica también a ella, a Molly, que a pesar de haber muerto sigue viva, viva).

Entre todas las interpretaciones de “Molly Malone”, hay una, una sola, que para mí representa a la perfección lo inquietante y terrible de la escena descripta. Y la desgracia y la pena de ese destino de muchacha pobre que sigue trabajando aún después de muerta. Me refiero a la genial versión de Sinead O´Connor (quien ya apareciera en el blog con su canción “Troya”, posteo 62).

Hay un videoclip, para esta versión, en el que se ven imágenes documentales de la vieja ciudad de Dublín; pero el clip que tienen que ver es este que linkeo acá abajo, que muestra únicamente a Sinead en primer plano (la cámara solamente se aleja y se acerca un paso, en oleadas). Con una musicalización muy sutil y leve, que no compite con la cantora, de forma que la sensación es estar escuchando, casi, una canción a capella.

Ya Sinead, ella misma, tiene una belleza que resulta inquietante y casi sobrenatural, con esos ojos rasgados cromados de ciborg y el pelo cortado al ras (aunque el lunar bajo la boca la humaniza). Y el clip permite ver los posicionamientos de la lengua y el paladar que usa, y las diferentes aperturas de la boca, que le permiten pronunciar unos sonidos que lo que tienen de hermoso lo tienen de cuasi alienígenas. Sinead no gritar ni demuestra volumen de voz, excepto en el estribillo: por el contrario, uno de sus logros es poder mantener esos vibratos y sonidos redondos en un volumen muy bajo, apenas audible.

Este videoclip me pone la piel de gallina cada vez que lo veo. Y es palpable la empatía de Sinead con Molly: no está contenta ni pensando en la siguiente cerveza, cuando cuenta que la marisquera murió joven y que su fantasma no descansa en paz. Está conmovida por Molly, y por eso conmueve también a quien la escucha. Un gran videoclip para una gran interpretación. No creo que yo viva lo suficiente como para escuchar una mejor versión de “Molly Malone” (aunque quizá sí, si mi fantasma sigue durmiendo la siesta en siglos venideros; quién te dice).

Por Sinead O´Connor:


Y eso es todo por hoy. Hasta la semana que viene, donde incansablemente pregonaré una nueva canción, si es que para entonces sigo vivo, vivo oh.

DJ Vagone


3 comentarios:

  1. Qué versión tan hermosa la de Sinead O'Connor. Cuando llega a

    "She died of a fever,
    And no one could save her,
    And that was the end of sweet Molly Malone."

    se ve que realmente lo siente.

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  2. El folk de origen celta-irlandés es increíblemente trágico. Me recordó otra canción, cantada por Levon Helm en Dirt Farmer, Anna Lee. Por lo trágico, digo.

    https://youtu.be/oJMMUZOq3OU

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