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miércoles, 24 de junio de 2015

[129] Un jardín de madreselvas



“El gigante de ojos azules”, letra de Nazim Hikmet, por Dina Rot (1973)






Hoy, como penúltima entrega de la serie “Sobrenaturales”, presento “El gigante de ojos azules”, canción de Dina Rot sobre un texto del poeta turco Nazim Hikmet.

Nazim, gran poeta turco, fue amigo de Juan Gelman y de Roque Dalton, y por su militancia comunista y por el compromiso social de sus palabras, pasó muchos años de su vida preso. Al igual que otros grandes poetas: la poesía es un crimen terrible, para los poderosos del mundo. Murió en el exilio, en Moscú y como ciudadano polaco, a comienzos de la década del sesenta.

Dina Rot es una gran cantautora argentina. Es la madre de la actriz Cecilia Roth. Dina musicalizó, a lo largo de su carrera, poemas de grandes de la poesía como Gelman, Vallejo, Lorca, Neruda, etc. Ella y Paco Ibáñez (a quien presenté en el posteo sobre “La mala reputación” de Brassens) son a mi gusto quienes más y mejor musicalizaron poemas en castellano. La canción elegida hoy forma parte del disco “Yo canto a los poetas”, de 1973. Esta canción la suele cantar Juan Carlos Baglietto, así que muchos piensan que la compuso él; pero no.


El tema de hoy presenta, como un breve cuento de hadas y con una onda de canción infantil, una historia de amor frustrado: un gigante que se enamora de una mujer pequeñita. Lo que frustra el amor no es, sin embargo, la diferencia de altura física, sino una incompatibilidad de objetivos: él la quiere a ella, y ella quiere una casita con jardín. Y no cualquier jardín: un jardín de madreselvas, es decir, de flores delicadas, exóticas, silvestres y gráciles.


Y ese jardín de madreselvas es a la vez el estribillo de la canción y el eje de la historia. Hay dos amores en pugna: el amor “elevado” del gigante por ella, y el amor “bajo” de la mujer pequeña por el ansiado jardín.

En el poema de Hikmet hay una estrofa extra, que quizá Dina sacó en la canción para no extenderla demasiado. En esa estrofa, el gigante intenta construir la casita con jardín (al menos, se lo plantea como posibilidad), pero no le sale ni a palos:

El gigante amaba en gigante.
Su mano, a grandes obras hecha,
mal podía construir los muros
ni usar el timbre de la puerta
de una casita con jardín,
un jardín de madreselvas.

Uno imagina los dedos de pionono del gigante intentando construir las paredes de la pequeña casita, intentando levantar las persianas o cuidando las delicadas madreselvas, y es evidente que sus esfuerzos están destinados al fracaso: resulta gracioso imaginar la torpeza del gigante ante las delicadezas de la construcción en miniatura.

En la tercera estrofa (la segunda de la canción), ella se cansa de esperar al gigante, que no termina nunca con la casa ni, menos que menos, con el jardín. Y en la cuarta estrofa, “con gracia muy voltereta” (me encanta ese verso) ella deja al gigante y se consigue un enano rico que tiene éxito en aquello en que falló aquel.

La última estrofa presenta la conclusión desengañada del gigante, quien comprende que un amor tan grande como el suyo no cabría jamás en una casita tan pequeña, y se queda más o menos como la zorra que no alcanza las uvas y dice “Igual, están verdes”.

Aquí va la letra y el link (no está aún en Youtube, ojalá puedan entrar a este link y escuchar la canción, el iconito es el último de abajo a la derecha). Después sigo con el comentario:

https://bluemp3.ru/mp3-dina-rot-online


El gigante de ojos azules

Un gigante de ojos azules
amaba a una mujer pequeña
cuyo sueño era una casita
pequeña, como para ella,
que tuviera al frente un jardín:
un jardín de madreselvas.

El gigante de ojos azules
amaba a esa mujer pequeña
que muy pronto ya se ha cansado
de tan desmesurada empresa
que no terminaba en jardín,
en jardínde madreselvas.

Adiós ojos azules, dijo,
y con gracia muy voltereta
del brazo de un enano rico
entró en la casita pequeña
que en el frente tenía un jardín,
un jardín de madreselvas.

El gigante comprende ahora
que amores de tanta grandeza
no caben, siquiera muertos,
en esas casas de muñecas
que en el frente tienen jardín,
un jardín de madreselvas.

La música es muy bella, como lo es la voz de Dina: una gran, dulce voz. Por si no pudieran ingresar al link, va la versión de Baglietto:


Es obvio que el poeta defiende la posición del gigante. Sus ojos son azules como el cielo tan cercano a ellos. Está a un nivel muy superior al de la mujer, que es presentada en forma bastante negativa, pues su pequeñez física es correlato de una pequeñez de miras y de objetivos: ella quiere cosas materiales, seguridad y tranquilidad, mientras él abarca grandiosas obras, objetivos y sentimientos trascendentes. Ella está dispuesta a cambiar al gigante por un enano adinerado (“¿qué tendrá el petiso?...” suena de música de fondo), con tal de cumplir sus pequeños (pero difíciles) objetivos.

Ella es una “cazafortunas interesada”, como diría Ceelo Green. Así la presenta la canción, pareciera.

Y sin embargo, yo al menos, no puedo evitar considerarla la heroína de la canción. Ella quiere el jardín: ese es su amor. Lo quiere tanto tanto, y finalmente lo consigue. Y no lo quiere porque eso implique tener dinero o poder, sino simplemente para poder contemplar la belleza temblorosa y frágil de las madreselvas reunidas. Tal vez el amor a un jardín no sea algo grandioso ni trascendente, pero uno puede perfectamente identificarse con ese gran amor pequeño a la belleza de unas flores.

El amor del gigante, en cambio, queda en la nada: es puro aire. Al final de cuentas, no es claro ni siquiera que sea realmente amor, en tanto lo abandona a mitad de camino, renunciando a él en el momento en que implica poner manos a la obra para construir una simple casita. Siempre me parece un pavote bárbaro, el gigante de ojos azules, cada vez que escucho la canción, y siempre me gusta imaginar a la pequeña mujer feliz en su jardín, tomando mate (o té, si prefieren) al atardecer, rodeada por el aroma de las flores silvestres.

Es la eterna lucha entre la metáfora y la metonimia, entre el aquí y el más allá, entre el ser y el estar, entre idea y materia. A mi modo de ver, estar es más que ser; y por eso, para mí, la pequeña jardinera es la preferida de esta canción, aunque quien aparezca en el título sea el gigante soñador. El amor no necesita ser gigantesco para ser real. Por el contrario, sabemos que el amor se alimenta de pequeñas cosas, gestos, momentos y sensaciones que arden como hojitas secas en una salamandra.

Esto me recuerda a una de mis canciones favoritas de las del tío Joan, la “Canción del amor pequeño”. Iba a aparecer en una serie dedicada a pequeñeces, pero ya veo que la temporada me está quedando chica y no va a entrar, así que aquí les presento ese tema, como bonustrack, y como argumento a favor del valor de lo pequeño. La canción es en catalán y está en el espectacular disco que lanzó Serrat en 1980, Tal com raja; allí se aclara que ese amor que él tiene, y que le rebalsa por las costuras, no es trágico ni mágico ni eterno, pero sí jugoso, inquieto y vivo en su pequeñez presente.



Cançó de l´amor petit

Jo tinc un amor petit
i llaminer
com un infant.

Un amor escadusser
que mossegal'esquer
i no s'empassal'ham.

Jo tinc un amor rumbós,
vermell i sucós
com una magrana.

Jo tinc un amor amic
que mata de gust
i que es mor de ganes.

Ni cec, ni tràgic, ni pactat.
Ni etern, ni màgic, ni llogat.
Rajant-me pelsdescosits,
tinc un amor petit,
tinc un amor petit.

Jo tinc un amor petit
noucom el temps
de la saó

que es crema coml'encenall,
arriba a cavall
is'enfilaalsbalcons.

Jo tinc un amor company
que no duu records
nideixapenyores.

Jo tinc un amor per tu
que es posa a ballar
quan li donen corda.

Canción del amor pequeño

Yo tengo un amor pequeño
y goloso
como un niño.

Un amor huidizo
que muerde la carnada
y no traga el anzuelo.

Yo tengo un amor rumboso,
rojo y jugoso
como una granada.

Yo tengo un amor amigo
que mata por gusto
yse muere de hambre.

Ni ciego, ni trágico, ni pactado.
Ni eterno, ni mágico, ni alquilado.
Desbordándome por las costuras,
tengo un amor pequeño,
tengo un amor pequeño.

Yo tengo un amor pequeño,
nuevo como el tiempo
de la sazón

que se enciende como la viruta,
llega a caballo
yse trepa a los balcones.

Yo tengo un amor compañero
que no trae recuerdos
ni deja prendas.

Yo tengo un amor por ti
que se pone a bailar
cuando le dan cuerda.


Y eso es todo por hoy. Como hoy, a fin de cuentas, presenté dos canciones, y me cuido mucho con los gastos, creo que la semana que viene me tomaré franco y recién dentro de quince días presentaré el cierre de la serie “Sobrenaturales”.

Aquí y ahora, mis azules ojos ya andan soñando con la siesta.

Hasta la próxima,

DJ Vago





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