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martes, 1 de julio de 2014

[85] Me voy (a quedar acá)


 
“Islands”, por The xx, en su disco xx (2009)


A Mariana Furiasse.


Ningún hombre es una isla, entero por sí mismo; cada persona es un pedazo del continente, una parte del todo. Si un montoncito de tierra es llevado por el mar, toda Europa queda reducida, como si se hubiera perdido un promontorio, o la casa de tu amigo, o tu propia casa. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy involucrado en la humanidad; y por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas: están sonando por ti.

John Donne (1572-1631), en Meditaciones sobre ocasiones emergentes.



Pedí vacaciones adelantadas en la oficina y me confiné durante diez días en un rincón de la Isla de los Estados, esperando no ser rescatado y que al volver el mundial de fútbol hubiera concluido. Volví en mi balsa hoy martes, y no había un alma en la ciudad. Pensé que había concluido no solo el mundial, sino también la humanidad. Una bomba de neutrones, un virus zombie eran opciones a considerar. Pero enseguida se escuchó una tromba y salió la gente a los gritos, como bichos de una madriguera incendiada, y todos gritaban porque (aparentemente) el equipo argentino le ganó un partido a alguien. Y todos hablaban del Papa, de Dios, de un Ángel y de María. Y agitaban carteles con la foto de Kafka vestido de celeste y blanco.



Ahí me di cuenta de que el mundial es más largo de lo que pensaba, y por lo tanto, de que me adelanté en regresar de mi isla. Pero ya que estoy, y como no estoy seguro aún de si voy a regresar a mi oficina o voy a quemar los puentes, acá va el posteo semanal.

Que comenzó con la cita de John Donne, que me pasó mi hermana la tercera. Es una frase muy bella, por cierto, pero no tiene nada que ver con el tema de esta semana. O tal vez sí, pero me da fiaca buscar las conexiones.

La canción de hoy no es especialmente alegre. Aunque para el género del que forma parte, bastante alegre es. Pertenece al grupo indie británico “Los equis equis” (“The xx”), integrado por tres veinteañeros emos: Romy Madley Croft (la chica que canta), Oliver Sim (el guitarrista que canta, pobre, tiene apellido de jueguito de realidad virtual) y Jamie Smith, también conocido como Jamie xx, callado y concentrado en los teclados. Forma parte de su primer disco, titulado, ultraimaginativamente: xx.



El tema habla, pareciera, de una relación amorosa. Y habla de esa relación como de un lugar: una isla. Una isla conocida, a la que (después de mucho andar y recorrer) se regresa; y se descubre, al hacerlo, que es nuestro lugar en el mundo y que, puesto que llegamos aquí, ya nunca deberemos viajar a ningún otro lado. Y entonces se quema el único puente (que podría conducir a otros lugares, a otras relaciones amorosas) y se acepta el riesgo de que, si la isla se hundiera, uno se hundiría también con ella. Y se aclara que “ya nunca exploraré”, pues “soy tuyo ahora” (o “tuya”, por supuesto: la letra es válida para cualquier género humano). Y todas las personas somos, cierta forma, islas a punto de hundirnos. No es una forma alegre de ver el asunto, pero no está mal tampoco.

Todo esto, cantado en un tono tirando a lánguido, sin abrir mucho la boca y sin esforzarse mucho, sobre una base rítmica siempre igual, en 4/4, sin estridencias.

El videoclip es súperinteresante también, y en cierta forma contradice a la propia canción, poniendo en duda eso de “ya no necesito irme más”, y haciendo que nos preguntemos si no hubiera sido más prudente dejar el puente en pie.



Sobre un escenario blanco y negro con un fondo de letras equis y con un sillón por toda escenografía, nueve personas hacen una compleja coreo. Los tres integrantes de la banda están sentados en el sillón, con una cara de embole total, como si les hubieran metido un gol en el alargue. Alrededor, seis bailarines; dos de ellos se dan un beso, y luego ese beso genera, como una onda expansiva, el baile y los movimientos de todos los demás. Esos movimientos duran exactamente cuatro compases.

Al comenzar el quinto compás, la escena vuelve a iniciarse. Y luego, cuatro compases después, otra vez la misma escena. Y así, vez tras vez, un nuevo beso (que es siempre el mismo beso), un nuevo baile (el mismo baile).

Hay 19 besos en dos minutos: es, propongo, el récord Guinnes de besos en un videoclip (pero como de costumbre, me da fiaca comprobarlo, y mucho más informarle a don Guinnes sobre el asunto).

Y todo se repite siempre igual, como en “El día de la marmota” (otra de las películas favoritas de mi hermana la quinta). Pero a la vez, en cada repetición de la escena hay pequeñas diferencias, cosas que no son exactamente igual que antes. Y esas pequeñas diferencias se van acumulando, hasta que de pronto ya no hay beso, el engranaje de movimientos y relaciones se hunde irremediablemente, la gente se harta y se va, y al final de todo, de los nueve que había quedan solamente dos (y ninguno de ellos es de los besuqueadores), rodeados de llamas, bailando en el Titanic, o similar.



Islands

I don't have to leave anymore
What I have is right here
Spend my nights and days before
Searching the world for what's right here

Underneath and unexplored
Islands and cities I have looked
Here I saw
Something I couldn't over look

I am yours now
So now I don't ever have to leave
I've been found out
So now I'll never explore

See what I've done
That bridge is on fire
Back to where I've been
I'm froze by desire
No need to leave

Where would I be
If this were to go under?
That's a risk I'd take
I'm froze by desire
As if a choice I'd make

And I am yours now
So now I don't ever have to leave
I've been found out
So now I'll never explore

I am yours now
So now I don't ever have to leave
I've been found out
So now I'll never explore

So now I'll never explore.
Islas

Ya no tengo que irme más.
Lo que tengo está aquí mismo.
Gasté mis noches y días, antes,
buscando por el mundo lo que está justo acá.

Debajo e inexplorado.
Por islas y ciudades busqué.
Aquí veo
algo que no puedo pasar por alto.

Soy tuyo ahora,
así que nunca deberé irme.
He sido descubierto,
así que ya nunca exploraré.

Mirá lo que hice:
ese puente está en llamas.
De vuelta donde había estado,
congelado por el deseo,
no hay necesidad de irse.

¿Adónde iría
si esto se viniera abajo?
Es un riesgo que voy a tomar,
estoy congelado por el deseo,
como si fuera una elección mía.

Y soy tuyo ahora,
así que nunca deberé irme.
He sido descubierto,
así que ya nunca exploraré.

Soy tuyo ahora,
así que nunca deberé irme.
He sido descubierto,
así que ya nunca exploraré.

Así que ya nunca exploraré.



Es un clip de contradicción, para una canción de seguridades. El resultado es conflictivo/conflictuado, como la vida misma. Y algo interesante se podría concluir a partir de todo esto, pero me da fiaca averiguar qué.

Prefiero irme hacia aquí mismo y nunca más explorar.

Hasta la próxima isla,

DJ Vago


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